13 MUERTOS EN 1986

Se cumple el 30 aniversario del año más trágico del K2

El año 1986 fue histórico en todos los sentidos en el K2. Por un lado, los polacos abrieron dos rutas nuevas, y por el otro hasta 13 alpinistas perdieron la vida, cinco de ellos en un cambio inesperado del tiempo entre el 6 y el 10 de agosto.

K2 por su cara sur (vertiente pakistaní)
K2 por su cara sur (vertiente pakistaní)
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La historia del alpinismo tiene situado uno de sus capítulos más trágicos y a la vez épicos en el K2 (8.611 m) durante el verano de 1986. Fue una temporada histórica en todos los sentidos. Por el lado positivo, fue el año con más cumbres (27) hasta la fecha, incluida la primera nacional a cargo de Mari Abrego y Josema Casimiro, así como la apertura de dos nuevas rutas: los polacos Jerzy Kukuczka y Tadeusz Piotrowski por la parte central de la cara sur, y sus compatriotas Przemyslaw Piasecki, Wojciech Wróz y el checoslovaco Peter Bozík, por la famosa Magic Line. Por el lado negativo, se registraron un total de 13 alpinistas fallecidos. Kurt Diemberger se salvó milagrosamente, en una aventura que cuenta en el famoso libro K2. El nudo infinito, una de las grandes obras de la literatura de montaña.

Primer acto… 4 muertos en junio

Aquel año, el gobierno pakistaní otorgó muchos permisos de ascensión para el K2, convirtiendo el campo base en un hervidero con unas 150 tiendas. A ello se unió el hecho de que la acción comenzó muy pronto y los éxitos, también. El primer ataque a cima comenzó todavía en primavera. En él, el 21 de junio fallecieron a consecuencia de una avalancha los estadounidenses John Smolich y Alan Pennington, una de las cuatro expediciones que intentaban abrir la Magic line.

El 23 de junio, seis alpinistas hollaban la cumbre. Entre ellos, los dos españoles, así como las dos primeras mujeres de la historia: la polaca Wanda Rutkiewicz y la francesa Liliane Barrard, que compartían expedición con Maurice Barrard y Michel Parmentier. En el subsiguiente descenso, y después de dos vivacs a unos 8.300 metros y de haberse quedado sin gas para el hornillo, Michel Parmentier se adelantó para pedir algo de gas a Mari Abrego y Josema Casimiro, que estaban algo más abajo –pero también lo habían agotado–. Tras él, descendió Wanda Rutkiewicz y por detrás, el matrimonio Barrard. Nadie volvió a ver a Maurice Barrard y Liliane Barrard, mientras que Michel Parmentier completó el descenso guiado por radio desde el campo base en plena tormenta.

Segundo acto… 4 muertos más hasta el 4 de agosto

El 5 de julio de 1986, otra ventana de buen tiempo permitía a un grupo de ocho alpinistas hacer cumbre en el K2. Fue la misma ventana elegida por Jerzy Kukuczka y Tadeusz Pietrowski para lanzarse por una nueva ruta por el centro de la cara sur. Hicieron cima el día 8 de julio, tras cuatro vivacs (los dos últimos sin agua, comida ni saco de dormir). Realizaron el descenso por los Abruzzos, totalmente exhaustos. Dos días más tarde, seguían bajando cuando Tadeusz Pietrowski perdió uno de sus crampones y cayó sin que su compañero pudiera hacer por él nada más que acompañarle con la mirada ladera abajo.

La siguiente víctima mortal fue el italiano Renato Casarotto quien, pocos días después del regreso de Jerzy Kukuczka al campo base, lanzó un intento en solitario por la Magic Line. Se quedó a unos 300 metros de la cima, donde no lo vio claro y se dio la vuelta. Tras completar el difícil y largo descenso por la misma ruta, llegó al glaciar y, a escasos minutos del campo, cayó en una grieta. Se le pudo ver con prismáticos desde el CB cayendo y un equipo se coordinó rápidamente para rescatarlo de la grieta, de unos 40 metros de profundidad. Consiguieron sacarlo después de trabajar toda la noche, dio unos pasos, se recostó sobre su mochila… y falleció.

La Magic Line se cobraría una víctima más ese verano. El 3 de agosto, dos expediciones coincidieron en la cima del K2. Tres coreanos ascendieron por la ruta normal en estilo pesado, mientras el eslovaco Peter Bozík y los polacos Przemyslaw Piasecki y Wojciech Wróz lo hacían por la Magic Line, anotándose uno de los grandes retos pendientes del himalayismo de la época y ganándose el respeto de todo el mundo. Sin embargo, la ascensión no acabó bien y el agotado Wojciech Wróz falleció durante el descenso al soltarse de una cuerda fija esa misma noche.

El día siguiente, 4 de agosto, el porteador pakistaní Mohammad Ali, de la expedición coreana, perdía la vida a los pies de la montaña, al ser alcanzado por un desprendimiento de rocas.

Tercer acto… cinco muertos del 6 al 10 de agosto

Sin embargo, el cúmulo de tragedias no había alcanzado todavía el punto álgido de la temporada. Nada hacía presagiar el drama que se desarrolló lentamente entre el 6 y el 10 de agosto de 1986. Los protagonistas fueron los integrantes de un improvisado grupo internacional que se habían unido para un ataque conjunto por la ruta normal tras la marcha de sus respectivas expediciones. Iban un día por detrás de los coreanos, sirviéndose de las cuerdas fijas y campamentos de estos. En él figuraban los británicos Alan Rouse, Julie Tullis, los austriacos Willi Bauer, Alfred Imitzer, Hannes Wieser, Kurt Diemberger y la polaca Dobroslawa Wolf.

El día 4 de agosto, todos excepto Wieser lanzaron su asalto definitivo a cumbre desde el C4 (8.000 m). Los primeros en partir fueron Alan Rouse y Dobroslawa Wolf. La polaca se agotó rápidamente y fue quedando atrás, mientras el británico abrió huella casi hasta la cumbre, cuando Willi Bauer y Alfred Imitzer lo alcanzaron y los tres llegaron juntos a la cumbre a las 16:00 horas.

Por detrás, Kurt Diemberger y Julie Tullis partieron todavía más tarde. A unos 200 metros de la cumbre, alcanzaron a Wolf, que estaba dormida sobre la nieve. La despertaron y los tres continuaron su ascenso. En su descenso, Alan Rouse, Willi Bauer y Alfred Imitzer trataron de convencer a Kurt Diemberger, Julie Tullis y Dobroslawa Wolf de darse la vuelta, debido a lo tardío de la hora. Wolf les hizo caso, mientras Diemberger y Tullis continuaban hacia arriba y ambos alcanzaron la cima hacia las 17:30 horas.

Cinco minutos más tarde iniciaban el descenso, que enseguida se vio interrumpido por un incidente. Julie Tullis sufrió un resbalón y, en su caída, arrastró a Kurt Diemberger. La cuerda a la que iban fijados no aguantó y ambos estuvieron a punto de precipitarse por el borde de un precipio, aunque por suerte se detuvieron justo a tiempo. Antes de arriesgarse a más sustos, decidieron vivaquear en un hueco en la nieve a unos 8.200 metros.

Por la mañana, la tormenta que se veía venir desde hacía más de un día se había desatado. Julie Tullis sufría congelaciones y problemas de visión. Así y todo consiguieron llegar al C4, donde se encontraron con los otros cinco alpinistas, que esperaban a una mejoría del tiempo para retomar el descenso. Sin embargo, la tormenta no cesó, con vientos huracanados y temperaturas en descenso, y desplomó la tienda que ocupaban Rouse, Tullis y Diemberger, que se repartieron entre las otras dos tiendas (Diemberger con Wolf y Tullis y Rouse con Bauer, Imitzer y Weiser).

Julie Tullis no resistió la siguiente noche, y falleció en la tienda víctima de la altura, el frío y las vicisitudes sufridas durante el asalto a cumbre y el vivac anterior. Ese día, 6 de agosto, los seis supervivientes agotaron la comida y el combustible que les quedaban. La tormenta no decayó durante los tres días siguientes, llevando hasta el extremo de la resistencia a los alpinistas, que no disponían de agua ni de comida.

Finalmente, el 10 de agosto amaneció con el cielo despejado, aunque con mucho viento y una temperatura de -25ºC. Todos vieron claro que era su única posibilidad y decidieron moverse para intentar el descenso desde esos 8.000 metros. Todos excepto Alan Rouse, que no tuvo fuerzas para levantarse y se quedó para siempre en la tienda mientras Willi Bauer, Alfred Imitzer, Hannes Wieser, Kurt Diemberger y Dobroslawa Wolf partían a por una incierta salvación.

Tenían que abrirse paso a través de una capa de nieve fresca que les llegaba hasta la cintura. Alfred Imitzer y Hannes Wieser se desplomaron unos cientos de metros más adelante, víctimas del esfuerzo. El resto continuó, con Willi Bauer en cabeza abriendo huella. Unas horas más tarde, Dobroslawa Wolf se había ido retrasando y dejaron de verla. También cayó víctima del esfuerzo y quedó tendida junto a las cuerdas fijas, según descubrió una expedición posterior.

Willi Bauer y Kurt Diemberger llegaron al C3 (7.300 m), que era su esperanza, para encontrarlo destruido por una avalancha. Ya de noche, lograron alcanzar el C2 (6.400 m), donde encontraron comida y combustible. Allí descansaron para, al día siguiente, proseguir la marcha. Willi Bauer llegó al CB por su propio pie, ya de noche y en un estado lamentable. Tres alpinistas salieron de inmediato a buscar a Kurt Diemberger, que finalmente fue ayudado a descender hasta el campo base el 16 de agosto por la tarde.

La historia de Kurt Diemberger y Willi Bauer es una de las mayores aventuras de supervivencia de la historia del Himalaya, en el contexto del año más mortífero de la historia del K2. Una tragedia que suscitó encendidos debates sobre los límites en el himalayismo.

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