ZANSKAR (HIMALAYA INDIO)

Primera del Rungofarka (6.495 m) para Alan Rousseau y Tino Villanueva

El dúo de guías estadounidenses completan su objetivo y abren una difícil ruta en la arista norte de esta montaña del Zanskar (Himalaya indio) que fue abierta para el alpinismo en 2009.

Alan Rousseau y Tino Villanueva en el Rungofarka (Himalaya indio)  (Col. A. Rousseau/T. Villanueva)
Alan Rousseau y Tino Villanueva en el Rungofarka (Himalaya indio)
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Alan Rousseau y Tino Villanueva son de ese tipo de nombres que suelen moverse fuera del área de los radares mediáticos en el mundo del alpinismo comprometido y creativo. De hecho, han sido incluidos en varias ocasiones en la lista preliminar de los Piolets d’Or: en 2013 por la primera ascensión del Langmoche Ri (6.552 m) en Nepal, y en 2015 por su nueva ruta en la cara oeste del Parchamo (6.279 m), también en Nepal, y que concluyeron con la travesía de la montaña.

Este otoño se habrían superado a sí mismos, al completar la presumible primera ascensión absoluta del Rungofarka (6.495 m) en la zona del Zanskar (Himalaya indio). A finales del año pasado recibieron una de las prestigiosas becas Mugs Stump Award para explorar el valle del Suru e intentar una difícil ruta mixta en la cara norte del Rungofarka y así lo han hecho. También recibieron el Copp-Dash Inspire Award por ello.

En realidad, han ascendido la arista norte, a través de un itinerario de unos 1.200 metros de desnivel, con dificultades máximas situadas alrededor de una cotación de VI, M6, WI4+. El Rungofarka es una montaña que estuvo vetada al alpinismo hasta 2009, cuando el gobierno de India la abrió junto a otro centenar de picos.

Cinco días de aventura vertical

Los dos alpinistas invirtieron cinco días en la pared para completar su ascensión, que ellos mismos relatan en sus respectivas cuentas de Instagram y que califican de muy sostenida. Aunque inicialmente intentaron una ruta por la cara norte, se bajaron después de 500 metros y tras constatar que la total inexistencia de cualquier espacio para vivaquear, en un muro que comparan más con un big wall que con una vertiente alpina. Ese hecho, unido a las sostenidas dificultades de hasta AI5+ y M5 que hallaron, les hicieron darse la vuelta.

Tres días de descanso más tarde, volvieron a partir del campo base, esta vez con la idea de centrarse en la arista norte, que parecía algo más clemente… aunque no demasiado. Los tres primeros días de escalada, los pasaron mayoritariamente en terreno mixto de dificultades de entre M5 y M6, con notables alejes y secciones de difícil protección sobre roca mala. Al cuarto día, y después de 20 largos, superaron en ensamble la última sección de 60º de hielo antes de alcanzar la arista somital. Ese mismo mediodía, se plantaron en la cima.

Pero la aventura no acabó ahí. Alan Rousseau y Tino Villanueva todavía tenían por delante un descenso de una veintena de rápeles, muchos de ellos por terreno desplomado y amenazado por seracs. Nueve horas más tarde, llegaban a la base.

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