EXPLORANDO

Òscar Cadiach: “Usar oxígeno es un arma de doble filo”

El alpinista catalán escaló en libre y sin oxígeno el Segundo Escalón (V+ a 8.700 m) del Everest en 1985. Acaba de regresar sin cumbre del Kangchenjunga, donde decidió darse la vuelta antes de poner en riesgo a sus compañeros de expedición.

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  Col. Rosa Fernández

Siempre es enriquecedor intercambiar ideas y charlar con Òscar Cadiach. Su larga experiencia en las grandes montañas del planeta se remonta a principios de los años ochenta, e incluye la apertura de rutas en el Cho Oyu, en el Broad Peak Central y una variante en el Nanga Parbat, así como el liderazgo de una expedición histórica para nuestro alpinismo como la de la Magic Line del K2 en 2004.

Todo ello obtenido a partir de un estricto sentido de la ética de la montaña, en la que no interviene la utilización de oxígeno artificial más que para casos de seguridad en el descenso. Cadiach es crítico con determinados tipos de actitud en los ochomiles, aunque es también respetuoso con todas las opciones.

Acaba de regresar del Kangchenjunga, donde participó en la expedición internacional en la que también estaban integrados Rosa Fernández o Mingma Sherpa, entre otros. El catalán no hizo cumbre, sino que se dio la vuelta antes de que pudiera llegar a ser una carga para el resto de expedicionarios y no solo bajó al campo base por su propio pie, sino que encima pudo ayudar a quienes descendían con problemas.

¿Cómo fue en el Kangchenjunga?
Al Kangchenjunga he ido integrado en una expedición internacional muy correcta y a la vez muy grande, con muchas nacionalidades, con alpinistas procedentes de Irán, Turquía, Australia, Escocia, Estados Unidos, Italia, España, Rumanía, Polonia, China, India, Rusia, Kazajstán… Estaba todo muy claro, y el sherpa Mingma –que aquí consiguió completar su lista de los catorce ochomiles- era uno más de la expedición.

¿Cómo surge la opción de ir al Kangchenjunga con una expedición tan heterogénea?
Tuve la idea de hacer una película sobre los catorce ochomiles de Mingma y venir al Kangchenjunga con él era una buena oportunidad para poder narrar su interesante historia. Él ha tenido una gran suerte de poder subir a todas las montañas de más de 8.000 metros sin necesidad de haber repetido ninguna de ellas. Primero, subió siete u ocho en el equipo de uno de los coreanos que hicieron los catorce. En 2004, coincidí con él en el K2, pero tuvo una enfermedad y se retiró a Japón durante cuatro años para recuperarse. A su regreso, en 2009, consiguió subir cinco cumbres más… muchas de ellas con oxígeno.


 

Yo ya tenía unas 15 horas filmadas de mis dos anteriores experiencias en el Kangchenjunga –esta ha sido mi tercera vez en esta montaña- y la idea es hablar de la historia de esta cumbre, la de los cinco tesoros, por los cinco picos que tiene. Además, Mingma me hará llegar imágenes del resto de ascensiones.

Es esta expedición, usted se dio la vuelta y no alcanzó la cumbre, como sí hicieron muchos de sus compañeros. ¿Por qué?
También me hubiera gustado subir, pero ellos eran 20 alpinistas con oxígeno y todos con sus sherpas personales y yo iba sin oxígeno. Su estrategia prácticamente sólo era factible con la utilización de oxígeno, ya que montaron un último campo a 7.500 m y un ataque a cumbre demasiado largo para mí. Piensa que sin oxígeno sólo hicieron cumbre el italiano Marco Panzeri, con muchos problemas, y el fortísimo iraní Azim Qeychisaz.

Todavía no sentía frío en pies y manos, pero sí en el cuerpo en general y decidí tirar para atrás antes de que me diera algo y poner al resto de la gente en un marrón. Pero estoy contento, porque contribuí a mi manera a la expedición y además tengo la satisfacción de haber ayudado a bajar al serbio Doctor Dragan, que venía con problemas.

Es curioso que gente que iba con oxígeno tuvieran problemas y tuvieran que ser socorridos por alguien que iba sin oxígeno como usted…
El oxígeno es un arma de doble filo, que también se tiene que saber utilizar e ir disminuyendo poco a poco. No se puede subir con el oxígeno a tope y, cuando ya has hecho cumbre, desconectarte de golpe porque el cuerpo se resiente. Y eso pasa muchas veces. Como tampoco puede uno decir que va a subir a una gran montaña sin oxígeno y luego hacerlo con los bolsillos llenos de jeringuillas de dexametasona, como dicen los guías americanos que ha pasado este año en el Lhotse. Fue un milagro que allí se salvaran todos…

Usted no utiliza oxígeno en sus ascensiones, ¿por qué?
Es un tema de ética. Mi idea es la de hacer mi actividad sin utilizar oxígeno. En 1985 fui el primer español en ascender el Everest sin oxígeno y seguiré en esa línea. Yo probé el oxígeno en una expedición anterior al Everest, en 1982, pero lo encontré muy engorroso y saqué todo ese peso de encima a pesar de que en esa época había pocas referencias. El primer hombre en subir al Everest sin oxígeno fue Messner en 1978 y los médicos todavía decían que médicamente era imposible.

En esa expedición de 1985, yo ya fui capaz de superar la escalada libre más alta del mundo –antes del boom de la escalada libre de finales de los años ochenta-, al escalar el Segundo Escalón y sus cuarenta metros verticales a 8.700 m de altura (sería un V+ a nivel del mar). Tuve que hacer un juego de malabarismo con el piolet y escalada allí arriba para superar aquella cornisa que me dominaba la salida de la fisura.

¿Qué opinión le merecen las expediciones comerciales?
Para mí, no son expediciones comerciales, sino expediciones profesionales y me merecen todo el respeto. Son mucho mejores que las expediciones amateurs, por la cuestión de que aseguran más la seguridad de sus clientes, ya que son responsables de ellos. Por ejemplo, este otoño llevaré un grupo al Manaslu, con la idea de ascender todos sin oxígeno, pero llevaremos un sherpa de apoyo y situaremos oxígeno en un punto estratégico de la montaña por si hay necesidad durante el descenso, nunca durante el ascenso.

Mi ética es hacer mi actividad sin oxígeno, pero tampoco creo que tengas que prohibir nada a nadie. Y tampoco vale que te bajen en helicóptero varias veces desde 6.000 m. Además, eso nos perjudica a todos, por el coste de los seguros y porque cada vez hay menos compañías que nos aseguren. Estas montañas son cada vez más asequibles por sus rutas normales y la masificación hace estas cosas.

¿Tiene algún proyecto en mente de una gran expedición?
Sí, por supuesto. Tengo algún proyecto muy guapo, con Jordi Corominas y quizás también Jordi Tosas, gente que tengan ganas de hacer un tipo de ascensión diferente, pero necesito encontrar sponsors para ello… Por eso no quiero hablar mucho del tema, no sea que nos lo haga antes el ruso o kazajo de turno.

Pero la idea general es realizar una gran travesía que incluya un sietemil y un ochomil. Una de esas grandes ascensiones que dejan un buen recuerdo, de las que puedes escribir un libro y que figuran en la historia del alpinismo.

 


 
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