EXPLORANDO

Òscar Cadiach: “Me he sacado el peso del K2 de encima”

El alpinista catalán conquistó su undécimo ochomil en el K2 el 31 de julio. En esta entrevista cuenta los detalles de una ascensión extremadamente emotiva para él.

Oscar Cadiach en la cima del Dhaulagiri
Oscar Cadiach en la cima del Dhaulagiri
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La noticia de la cumbre de Òscar Cadiach llegó, como es costumbre en él, por otras vías. Se sabía –porque lo había confirmado a su familia- que formaba parte del grupo que pretendía hacer cima el 31 de julio, pero no había confirmación de que su nombre figurara entre la veintena larga (finalmente 28) de alpinistas que ese día batirían el récord histórico de presencia en los 8.611 m del K2 en un solo día. Unas horas más tarde, su agencia confirmaba que sí lo había logrado. Él mismo llamaba a su hija un par de días más tarde, ya desde el campo base, para comunicarle la noticia y el austriaco Christian Stangl precisaba unos días más tarde que ellos dos –sin oxígeno- habían sido los últimos en coronar ese día.

Pero hasta ahora, Cadiach no había dado apenas detalles de esa ascensión tan importante para él, en la montaña en la que lideró la famosa expedición que logró la primera repetición de la Magic Line en 2004 y en la que falleció su amigo Manel de la Matta. Un pico al que había pretendido ir hasta cuatro veces y con cuyo nombre bautizó su tienda de deportes de Tarragona y su compañía de guías de montaña.

Hablamos con él para que nos cuente todo lo ocurrido en el K2 este verano y para pedirle que nos mande algunas fotografías, especialmente de la cumbre: “Todavía no las he descargado de la cámara, no he tenido tiempo”, responde con sencillez. Una respuesta muy acorde con su manera de ir a los ochomiles, sin patrocinadores, sin teléfono vía satélite y, por supuesto, sin ordenador ni apenas comunicación con el exterior. “Y ahora me voy con unos clientes a los Alpes y hasta que no regrese no las descargaré”… Òscar Cadiach en esencia.

Un año prácticamente perfecto, con cumbre en el Annapurna y el Dhaulagiri en primavera y ahora el K2 para rematar…
Sí, ha sido un año redondo en el aspecto de los ochomiles. Con el K2 me siento más que satisfecho. Ahora habrá que ver si de cara al año que viene hay alguna ayuda para ir a los tres que me faltan [nota del red.: Broad Peak, Kangchenjunga y Gasherbrum I].

¿Cómo fue la expedición al K2? En un principio habías contemplado la idea de intentar también el Broad Peak…
Yo me instalé en el campo base del K2, pero siempre estuve pendiente por si había alguna opción de subir al Broad Peak. La prioridad era el K2 y yo vivía allí aunque bajaba de vez en cuando hasta el campo base del Broad Peak, que está cerca. Incluso subí con Javi Munduate a instalar el campo 1 de esta montaña, y luego él instaló nuestro campo 2. El problema fue que el mismo día que nosotros intentábamos el K2, la gente del Broad Peak también intentaba la cumbre allí. Quizás hubiera ido yo después de hacer cumbre, pero Javi Munduate ya se había desanimado y se había ido, igual que mis dos compañeros de Manresa Jordi Camprubí y Jordi Bonet. Así que mis campamentos quedaron allí montados.

Las condiciones no permitieron intentar la cumbre del K2 hasta bastante avanzada la temporada, ¿cómo lo viviste?
Durante todo el mes de julio estuvo nevando poco o casi nada, pero siempre había demasiado viento en altura y a duras penas se pudo llegar al campo 3. Yo pude subir dos veces a C1 y C2 y una vez hice parte del camino hacia C3, aunque sin llegar a él. En cualquier caso, eso ya me sirvió para dar por terminada la aclimatación y esperar una ventana de buen tiempo para intentar la cima.

Una ventana que no llegó hasta finales de mes, ¿no?
De hecho, tuvimos una mini ventana prevista para el 26 y 27 de julio. Salimos y llegamos hasta el C2, pero nos bajamos porque entró el mal tiempo. Justo llegar al campo base, el día 27, todas las previsiones coincidían en una nueva ventana para el 31 de julio, así que el día 28 volvimos a salir para arriba.

¿Cómo fue el ataque a cumbre?
El día 28 de julio subimos del campo base hasta el C2, el día 29 hicimos el camino entre el C2 y el C3 y el día 30 llegamos hasta el C4. Toda esta parte de la ascensión la hicimos con viento, pero ese mismo día 30 de julio por la tarde encalmó. Esa noche salimos ya para hacer cima.

¿Cómo te encontraste durante la jornada de cima?
En nuestra expedición éramos más de 20 personas, que compartíamos permiso aunque cada uno iba un poco por su cuenta. La mayoría compartían tienda con su sherpa y llevaban oxígeno. Sólo el iraní Azum Gheichisaz y yo íbamos sin oxígeno [nota del red.: también Christian Stangl y Adam Bielecki subieron ese día sin oxígeno, pero no formaban parte de la misma expedición]. Tenía muy claro que era muy importante hidratarme bien durante la ascensión, por lo que me pasé horas derritiendo nieve para hacer agua para beber y poder prepararme dos cantimploras para ir bebiendo durante el trayecto. Salí con el primer grupo, hacia las once y media de la noche, aunque me fueron sacando distancia.

Cada media hora me iba deteniendo para beber, pero justo por encima del Cuello de Botella, bebí y enseguida vomité el líquido, porque sentía gusto de quemado y ya no pude beber más. Supongo que el hornillo estaba a demasiada potencia y en lugar de derretir la nieve la requemó. Pregunté a un sherpa que bajaba ya de la cumbre si le quedaba agua pero me dijo que no, así que vi claro que desde entonces iría muy lento. La mayoría hizo cumbre entre las diez de la mañana y la una de la tarde. A mí me quedaban 300 metros de desnivel y tardaría seis horas más en hacerlos.

El Cuello de Botella era el punto que más respeto os daba, ¿cómo es?
El Cuello de Botella es impresionante. Parece que tienes como la bóveda de una iglesia de hielo encima tuyo y que puede caer en cualquier momento. Por suerte subimos en buenas condiciones y no cayó, pero todos los miembros de la expedición no dejaban de pensar en que llevaba tres años sin subirse.

¿Cómo prosiguió tu ascensión?
Entre las doce del mediodía y las dos de la tarde, el cielo se oscureció un poco, aunque después volvió a abrirse y el tiempo aguantó. Por detrás de mí, había visto dos figuras subiendo, que resultaron ser Christian Stangl y el iraní Madi, con quien coincidí en el Dhaulagiri, donde iba muy fuerte. Esta vez, se dio la vuelta.

Christian Stangl te pasó y llegó antes que tú a la cumbre…
Sí, en el último tramo de la ascensión, le dejé pasar porque se ve que había tenido algún tipo de problema de credibilidad anteriormente y así yo le haría de testigo. Y puedo confirmar que esta vez sí que hizo cima. Estuvo allí esperándome diez minutos, pero comenzó a bajar justo cuando yo llegaba arriba, a las cuatro de la tarde.

Llegaste solo a la cima del K2, ¿qué sentiste?
No son sólo los sentimientos de allí arriba, sino de toda la expedición. Antes del ataque a cumbre, fui al Memorial y vi que Manel está en el lugar en el que todo alpinista querría estar cuando acabe su vida. Un lugar muy emotivo, con unas vistas impresionantes… allí reviví la historia de la Magic Line que, aunque esta vez era diferente porque íbamos por los Abruzzos, curiosamente me tranquilizó.

¿Qué hiciste allí arriba?
Estuve diez minutos escasos en la cumbre. Me hice algunas autofotografías y una pequeña autofilmación; también puse unas banderas que llevaba en el suelo y las fotografié. Simplemente quería hacer el K2 y volver.

Así que empezaste el descenso rápidamente, ¿cómo fue?
Bajé con mucha calma, relajado y con una gran tranquilidad, sin la presión de la montaña encima. Esa noche descansé de nuevo en el C4, todavía sin poder beber, ya que no quería ni ver mis cacharros con gusto de quemado. Al día siguiente, ya pude beber nieve mezclada con polvos de zumo de frutas y también de algunos charcos. Supongo que eso fue lo que me provocaría luego los dolores de barriga con los que tuve que hacer el trekking de vuelta.

El tiempo empezó a emporar durante el descenso, ¿no?
Sí, a partir de las diez de la mañana del 1 de agosto regresó el viento y el mal tiempo. Además, la vertiente del K2 tiene una inclinación bastante constante de unos 45º y la nieve estaba dura, con lo que había que ir rapelando y poner atención. Habrá unos 50 o 60 rápeles. De hecho, un chino de mi expedición cayó encordado con tres sherpas y resbalaron unos 400 metros. Por suerte no se hicieron daño y pudieron seguir bajando.

Una vez en el campo base, ¿te planteaste ir al Broad Peak?
La verdad es que, después de haber hecho el K2, el Broad Peak me daba un poco igual, sobre todo después de haberse ido mis compañeros de allí. Algunos miembros de mi expedición se fueron después hacia allá y me preguntaron si iba a ir. Reflexioné durante dos días, pero al final les dije que no, que me iba para abajo y creo que la decisión fue la acertada, porque entonces se instaló varios días el mal tiempo. Y de hecho, a ellos también les pareció bien, y me felicitaron por los tres ochomiles en un año.

¿Y ahora qué?
Entre la expedición al Himalaya en primavera y esta del K2 en verano, he estado casi cuatro meses en la montaña este año. Ahora me toca disfrutar en casa, recuperarme y ponerme al día también en el trabajo. De hecho, ya me voy a los Alpes con unos clientes.

 

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