EXPLORANDO

Nanga Parbat. Alberto Zerain y Txingu Arrieta, esperan el buen tiempo.

El jueves durmieron a 5.200 metros, en la pared de entrada del Mazeno, y comprobaron la dureza de la ruta que quieren intentar: la arista Mazeno al Nanga Parbat, la novena montaña del planeta. Una ruta que nadie ha ascendido hasta el momento y que intentarán sin oxígeno, sin sherpas, ni cuerdas fijas, ni campos de altura preparados.

Vertiente Diamir del Nanga Parbat con la ruta Kinshofer y la variante (a nuestra izquierda).  (http://www.thenorthfacejournal.com)
Vertiente Diamir del Nanga Parbat con la ruta Kinshofer y la variante (a nuestra izquierda).
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«Esperamos pacientes el cambio climatológico para poder seguir enredando en lo que nos gusta”.

Sábado, 9 de julio de 2011. En el Campo Base del Nanga Parbat, dos montañeros vascos, Alberto Zerain y Txingu Arrieta y su nuevo compañero de expedición, el argentino Leonardo Cuny Proverbio, miran con ambición la arista Mazeno, una verdadera muralla natural de 7 picos de 7.000 metros. “Hay que ser ambicioso,” dice Alberto esta mañana en el teléfono satélite que funciona de nuevo ”hay que serlo porque esta montaña no te regala nada”. Lo sabían pero lo han experimentado de nuevo ayer mismo cuando trataban de escalar el Mazeno hasta su cumbre de 7.200 metros para abrir esa ansiada vía nueva y explorar así su ruta de entrada a la cumbre del Nanga Parbat, la gran montaña desnuda

Salieron a por ella el jueves día 7, y a 5.200 metros el cielo se cerró y una tormenta de granizo y nieve envolvió a los tres alpinistas que pasaron la noche esperando a que el tiempo cambiara…pero no. El descenso al Campo Base es tan duro como el ascenso debido a la enorme inclinación que presenta la Mazeno, un espectacular escenario de crestas cortando las nubes. Con toda la ropa mojada, la única expedición en las faldas del Nanga mira hacia arriba esperando a que el cielo se abra. El lunes, quizás, puedan salir de nuevo, cuando todo esté seco y el sol se vea. Lo mejor de todo es que Txingu ya está recuperado. “Menos mal que estaba flojillo”, dice Zerain riéndose, ”Se le notaba el hambre de montaña porque ha subido con una potencia…”

CRÓNICA DE ALBERTO ZERAIN DE SU INTENTO AL PICO MAZENO:

«Según los planes que van cobrando vida de acuerdo con las circunstancias y los caprichos de la montaña, hemos decidido salir el día de San Fermín hacia la cumbre del Mazeno. La idea ha sido cumplimentar la aclimatación, abrir una nueva ruta en la mencionada montaña, e investigar el terreno que hay en esa larga arista. Cuny, Txingu y yo hemos dejado el Campo Base a las cinco de la madrugada y en cinco minutos estábamos metidos en el glaciar. Nuestra ruta está situada justo enfrente, atravesando el glaciar y tomando un tramo hacia el Este. En ese lugar situado 100 metros más abajo que el Campo Base, arranca una masa de hielo sucio y con piedras incrustadas que forman un pasillo encajonado entre dos vertientes rocosas. Los crampones van mordiendo en ese hielo duro de unos 40 grados de inclinación hasta llegar 300 metros más arriba a una rimaya que esconde, bajo su típico corte, un agujero negro donde, como diría el amigo Juanpe, cabe la catedral de Notre Dame.

El día promete en cuanto a lo meteorológico, y así las montañas y el paisaje en general van exhibiéndose a nuestros ojos en toda su belleza. Incluso nuestros semblantes se muestran más risueños. Así puedo comprobarlo al ver a mis dos compañeros. Después de la rimaya, seguimos un corredor que desde este punto puede llegar a tener 1600 metros hasta que muere en una arista desde donde otros 1.000 metros pasados de terreno incierto rematan en la cumbre del Mazeno.

Después de 700 metros de desnivel conseguidos, altura en la que ni hacemos cosquillas a la montaña que perseguimos, decidimos ir para la roca, pensando en recorrer las aristas de una de las agujas de roca paralelas al corredor. Es un terreno descompuesto pero de mucha belleza y, por supuesto, que sepamos, nunca antes recorrido. Cuando el espolón rocoso nos va enseñando el final (un corte vertical que remata en una arista de nieve), el tiempo va cambiando y, sin darnos cuenta, hemos quedado envueltos en una espesa niebla y las primeras gotas de agua-nieve se pegan al cuerpo. Quedan todavía varias horas de luz, suficientes para montar alguna repisa donde pasar la noche. Para ello, rapelamos hacia el lado del corredor y, en un largo, en medio de una escombrera, tras un buen rato de trabajo, conseguimos hacer una plataforma para nuestra pequeña tienda.

El tiempo ha seguido igual durante toda la noche, así que, a la mañana siguiente, no nos queda otra que bajar hasta el Campo Base, donde ahora estamos desde hace día y medio y esperamos pacientes el cambio climatológico para poder seguir enredando en lo que nos gusta”.

 

 

 

 

 

 

 

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