‘NELIM LAM’ (700 M, VIII+, A0)

Moritz Sigmund y Patrick Tirler abren ruta en el remoto Jamyang Ri (5.800 m)

La cordada de jóvenes surtiroleses firma ‘Nelim lam’ (700 m, VIII+, A0) en la lisa superficie de este pico del remoto valle de Rangtik Topko, en Ladakh (Himalaya indio), tras un ataque de 18 horas ininterrumpidas.

Moritz Sigmund y Patrick Tirler en 'Nelim lam' al Jamyang Ri (5.800 m) en el Himalaya indio (Foto: @patrick_tirler).
Moritz Sigmund y Patrick Tirler en ‘Nelim lam’ al Jamyang Ri (5.800 m) en el Himalaya indio (Foto: @patrick_tirler).
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Todavía queda mucho Himalaya por explorar y muchas rutas nuevas por recorrer. Con esa idea en mente, los jóvenes surtiroleses Moritz Sigmund y Patrick Tirler decidieron dejar por unos días los Dolomitas donde suelen llevar a cabo sus escaladas para ir a pisar terreno virgen al Himalaya indio. Al final de su viaje regresaron con un montón de aventuras por contar y con una nueva ruta en su historial, tras 18 horas de esfuerzos. La han llamado Nelim lam (700 m, VIII+, A0) y asciende el Jamyang Ri (5.800 m).

Para hacer realidad su sueño de escalar en una localización casi prístina, Moritz Sigmund y Patrick Tirler plantaron su campo base a 4.900 metros en el Rangtik Topko, un valle lateral del valle de Zanskar, en la región de Ladakh. Desde el último pueblo, llamado Tungri, podían vislumbrar un reluciente colmillo que hendía el cielo. Los rayos solares arrancaban brillantes destellos de la lisa superficie de aquel pico y le daban el aspecto de un altivo cristal de roca, de lados lisos y bordes bien marcados.

La montaña en cuestión era el Jamyang Ri (5.800 m), en la que solamente tenían noticia de una ascensión previa, a cargo de los eslovenos Matija Jost y Matjaz Dusic en 2017. Moritz Sigmund y Patrick Tirler se plantearon ascender por la parte central de la pared que daba la cara al valle, pero en su primer intento se dieron cuenta de que era un objetivo demasiado ambicioso para ellos y se dieron la vuelta pensando en alternativas.

Plan B

Tras analizar con algo más de detalle los mínimos relieves que podían ver a través de los prismáticos desde el campo base –aunque sin cerrarse a improvisar sobre la marcha–, partieron a las 4:00h de la madrugada del 21 de julio a por su segundo intento, “con el equipamiento reducido a lo imprescindible y una buen mezcla de motivación, esperanza y confianza”.

Calcaron los cuatro primeros largos de la ruta de los eslovenos, que luego se desvía a la derecha por una gran cornisa. Ellos siguieron por una canal donde echaron de menos las botas que habían dejado más abajo para ahorrar peso mientras la nieve les empapaba los pies de gato. De todos modos, avanzaron con celeridad y a las 11:00h ya estaban a la altura de la antecima, a unos 5.600 m, tras haber superado 400 metros de desnivel en diez largos de escalada mayoritariamente fácil (hasta grado VI UIAA, es decir, 5c francés) y por terreno inexplorado.

Desde allí, se embarcaron en la parte más complicada de la ascensión, el gran colmillo que reflejaba la luz solar y que terminaba en la cima. La navegación en esta parte les brindó momentos emocionantes y varias tiradas en las que tuvieron que echar mano de técnicas de artificial (A0) para superar algunos pasos especialmente delicados. Eso sí, creen que todos se podrían hacer en libre, con dificultades máximas que estiman podrían bordear el octavo grado.

El punto clave para ellos fue el L13, donde tuvieron que hacer una travesía al otro lado del borde de la proa de roca, para conectar el fin de un sistema de fisuras con otra sección escalable. Una travesía que graduaron de VIII+ (7a+) y en la que apenas encontraron apoyos para los pies. “Los potenciales repetidores nos odiarán”, aventura Patrick Tirler en el completo relato que hace en su página web.

Superada esa parte, y a pesar de lo tardío del horario y del breve chaparrón que recibieron, consiguieron llegar a la cima. Antes de hacerlo, eso sí, se vieron obligados a tirar de imaginación para evitar un gran techo.

La bajada, que empezaron bien entrada la tarde y completaron de noche, no fue nada fácil. Trataron de seguir los pasos de los eslovenos, aunque no siempre les resultaron evidentes. En uno de los rápeles quedaron colgando a media pared y tuvieron que instalar la única chapa de toda la jornada. Llegaron al CB sanos y salvos 18 horas después de haberlo abandonado.

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