La expedición italiana al K7 ha culminado con éxito, aunque no exactamente como habían imaginado sus protagonistas. Matteo Della Bordella, Luca Ducoli, Mirco Grasso y Giacomo Mauri han logrado abrir la primera ruta por la imponente cara sureste de esta montaña del Karakórum, una de las grandes paredes vírgenes que aún permanecían sin resolver en Pakistán.
La nueva línea, bautizada Rollercoaster, asciende 1.600 metros de terreno extremadamente técnico y comprometido hasta enlazar con la arista suroeste de la montaña, a unos 6.600 metros de altitud.
La cordada escaló la pared entre el 24 y el 29 de junio en estilo alpino, transportando todo el material necesario para seis días de actividad. Durante ese tiempo superaron una sucesión de treinta largos que combinaron hielo vertical, escalada mixta, artificial y roca, en un recorrido que Matteo Della Bordella describe como “una auténtica montaña rusa de emociones”.
“Han sido seis días en la pared en los que lo hemos dado todo, alma y corazón, para vivir una aventura que permanecerá con nosotros para siempre”, explicó el alpinista italiano tras regresar al campo base.

El itinerario discurre por el centro de la gigantesca pared sureste, un objetivo que llevaba años despertando el interés de Matteo Della Bordella. La escalada resultó mucho más compleja de lo esperado.
Algunos largos obligaron a progresar sobre hielo completamente vertical, otros combinaron secciones de mixto con apoyos muy precarios para los piolets y tampoco faltaron exigentes tramos de escalada artificial, que permitieron superar los desplomes de la pared. El conjunto conforma una línea muy variada y sostenida, en la que cada jornada planteó problemas completamente diferentes.

Demasiado riesgo para ir a la cima
Tras alcanzar la arista suroeste, la cordada enlazó con la histórica ruta japonesa de 1984, abierta por Masatsugu Konishi y sus compañeros durante la primera ascensión absoluta del K7. Desde allí todavía restaban unos 350 metros hasta la cima, que constituían el objetivo inicial de la expedición.
Sin embargo, las condiciones de la montaña terminaron imponiéndose. La enorme acumulación de nieve y el peligro que presentaban las gigantescas cornisas de la arista convencieron al grupo de dar media vuelta. La decisión quedó definitivamente justificada cuando una de esas cornisas colapsó delante de ellos mientras estudiaban las posibilidades de continuar.
Aunque la renuncia a la cima impidió completar el proyecto tal y como había sido concebido, los cuatro italianos consideran que la apertura de la pared constituye por sí misma un éxito de primer nivel. “Regresamos al campo base extremadamente satisfechos. Todos estamos bien y seguimos con los ojos llenos de sueños después de este viaje increíble”, resumía Matteo Della Bordella al finalizar la actividad.










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