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Los rusos abren la Oeste del K2

Una expedición rusa de 23 miembros, sin utilizar oxígeno suplementario, ni porteadores de altura, logra abrir la salvaje Cara Oeste del K2.

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El equipo ruso, el primero en hollar la cima del K2 desde su vertiente Oeste.- Foto: russianclimb.comEl equipo ruso, el primero en hollar la cima del K2 desde su vertiente Oeste.- Foto: russianclimb.com

Pocas veces, y más ahora, el ochomilismo vive innovaciones y actitudes que demuestran que aún hay mucha vida y muchas ganas en sus faldas. Ha sido una expedición rusa, una de esas que asedian la montaña, que la sitian con una logística casi militar, comparable a las tentativas japonesas ochomilísticas, la que ha resuelto uno de los grandes problemas que restaban en el Karakorum. La amplísima Cara Oeste del K2 (8.611 m) ya tiene ruta, y la tiene tras más de dos meses de intentonas, tras una lucha extenuante con la meteo y con una montaña cuya vista refleja toda la gloria y el peligro del alpinismo. Su interés venía de lejos, pues ya en 2005, comenzaban los preparativos y una pequeña expedición de avance se plantaba al pie de la vertiente para estudiar la ruta.

Habían pasado las 12:30, hora local, del 21 de agosto, cuando Andrew Mariev y Vadim Popovich daban la buena nueva, teléfono en mano, desde la cumbre. La noticia corrió por los campos de altura, hasta siete fueron equipados, donde otros nueve miembros de la expedición comenzaban los preparativos para su ataque a la ruta. Victor Volodin, Gennady Kirievsky, Vitaly Gorelik, Gleb Sokolov y Eugeny Vinogradosky, primero, y Nickolay Totmjanin y Alexey Bolotov, después, también lograban la cumbre. Los últimos fueron Iljas Tukhvatullin y Pavel Shabalin, el último lo lograba tras perder tres dedos de los pies y cinco de las manos hace un par de años, cuando escalara la Cara Norte del Khan Tengri.

Se coronaba así una de las más codiciadas vertientes del ochomilismo, por una ruta vanguardista que combina la dificultad y la altitud. La mítica central Oeste de «La Montaña Salvaje» ha caido, como en su día lo hicieran el Pilar oeste, que acota la ruta por su izquierda, o la arista sur-suroeste (Magic Line) que la separa de la vertiente sur de la montaña.

Estilo ruso

La ruta seguida por los rusos en la Cara Oeste.- Foto: russianclimb.comLa ruta seguida por los rusos en la Cara Oeste.- Foto: russianclimb.com

Una ruta descrita como imposible, la Oeste del K2, que ha llegado después de lidiar con los días de tedio en los campos de altura, encerrados por la nieve y el viento, y con la barrera de roca que se yergue en la antecima, cuya escalada les llevó once días de tesón. 23 alpinistas formaron piña para acometer la tan deseada, y tan hermosa, pared del K2, una de las últimas incógnitas del Chogori. «La preparación y la logística deben estar a la altura del reto planteado», se refería Sebastián Álvaro, Director de Al Filo de lo Imposible, al estilo de los rusos. «Es una actividad extraordinaria, excelente y que tiene todos los ingredientes para entrar a formar parte de la historia», comentaba Sebas al respecto de una actividad extraordinaria, ya intentada por mitos como Messner o Kukuzca y por expediciones españolas, como la que protagonizaron Juanjo San Sebastián y Antonio Trabado, en lo que suponía el primer intento nacional a la cumbre, alcanzando estos los 8.200 metros en 1983.

Un estilo, el ruso, pesado, disciplinado y caracterizado por la voluntad de hierro de esta pléyade de más alla de los Urales. Hecho demostrado en el descenso, pues a pesar de la dificultad y la exposición de los rápeles, ninguno optó por el camino fácil, regresando por la Oeste, lo que además suponía pernoctar una noche más por encima de los 8.000 metros, permaneciendo en la zona de la muerte, sin oxígeno suplementario, mucho más tiempo del aconsejado, tras una técnica escalada sobre roca, con pasos por encima de los sesenta grados y sin la ayuda de porteadores de altura. La expedición se gana así su sitio en el Olimpo del alpinismo, al igual que lo hicieran los japoneses cuando lograran la segunda de la montaña, en el 77, con un equipo de 47 miembros dirigidos por Ichiro Yoshizawa.

Una nueva página brillante del alpinismo

El equipo completo de la expedición rusa.- Foto: russianclimb.comEl equipo completo de la expedición rusa.- Foto: russianclimb.com

Un alpinismo que ve como su mundo ha ido cambiando, pero que también ve como muchos retos imposibles se van superando. Sebastián Álvaro lo valoraba de esta manera: «La pared Oeste es la más salvaje, no hay nadie, es un lugar aislado y remoto y su pilar es impresionante. Desde el 83, cuando nosotros estuviéramos allí han sido sólo un par las expediciones que se han atrevido, y los rusos lo han hecho sin oxígeno, algo muy destacable».

Sus nombres ocuparan una nueva página brillante del K2: Nickolay Cherny, Serguey Penzov, Victor Volodin, Valery Shamolo, Dmitry Komarov, Pavel Shabalin, Iljas Tukhvatullin, Andrey Mariev, Vadim Popovitch, Gleb Sokolov, Vitaly Ivanov, Vitaly Gorelik, Eugeny Vinogradsky, Alexey Bolotov, Nickolay Totmjanin, Gennady Kirievsky, Alexander Korobkov, Victor Pleskachevsky, Serguey Bychkovsky, Igor Borisenko, Vladimir Kochurov, Vladimir Kuptsov y Oleg Ushakov. Buenos hombres que lograban, como dijo Pierre Béghin cuando firmaba la ascensión del K2, «una escalada perfecta, para un mundo imperfecto».

No ha sido la única muestra del alpinismo ruso más vanguardista en estos últimos años. Muchos de los miembros de la expedición ya participaron en la apertura de la Directa Norte al Everest en 2005, liderados por Victor Kozlov, recorriendo la parte central de la pared Pavel Shabalin, Iliyas Tukhvatullin y Andrey Mariev en un ataque cimero en el que luego probarían suerte otro buen número de alpinistas del equipo. También en 2001, la cima más alta de la tierra que todavía no conocía ascensión alguna, el Lhotse Medio (8.413 metros) era resuelta por otros nueve rusos, en cuya cabeza avanzaba Serguei Timofeev, tras dos meses de intenso trabajo en la montaña para culminar una ascenso ambicioso atravesando el Collado Sur de la montaña, que la une con el Everest, y trazando una nueva línea a través de la virgen vertiente Kangshung del Lhotse. Pasado prestigioso y futuro prometedor.

 


 
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