EXPLORANDO

Lolo González es rescatado del Lhotse a 8.000 metros

La tragedia ha bordeado a los alpinistas de nuestro país que el día 21 ascendían el Lhotse. Manuel González «Lolo» estuvo muchas horas desaparecido por encima del campo 4. Solo la intensa labor de los hermanos Benegas y Edurne Pasaban, lo impidió.

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No podía imaginar que la llamada de Manuel González, Lolo, que recibí en mi teléfono satélite sería el último contacto que tendríamos con él antes del accidente. Su voz sonaba clara, normal, nada extraña: “Por favor telefonea a alguien del resto del grupo y pídele que me envíen un sherpa con agua caliente. Estoy en la travesía. Me encuentro bien”. La petición, aunque un tanto rara, tampoco me extrañó demasiado aún más tratándose de “Lolo”, el alpinista andaluz de nuestro grupo, un personaje metódico, organizado y muy capacitado. Quizás en otro me hubiera extrañado menos, pero Lolo que este día de cima parecía haber ido (por los pocos datos que teníamos) más lento que los demás, normalmente, en las excursiones que habíamos hecho juntos al campo base del Pumori o ascensión al campo 2 del Everest, había mostrado ser uno de los más fuertes y que mejor andaba.

Telefoneé a Juanito Oiarzabal para transmitirle la petición de Lolo, pero Juanito padecía una intensísima ronquera y prácticamente no se le podía entender. No localicé a nadie más del grupo. Volví a telefonear a Lolo pero nadie respondió mi llamada. El teléfono daba señal de llamada. Pero nadie respondía. A media que repetí mis llamadas con el mismo resultado me fui intranquilizando.

Carlos Soria, a sus 72 años, y utilizando una botella de oxígeno artificial (1,5 litros minuto) había hecho cima en el Lhotse a las 9,30 de la mañana y había regresado al campo 4 a primera hora de la tarde. El resto del grupo (Juanito Oiarzabal, Juanjo Garra, Manuel González Lolo, Carlos Pauner, Javier Pérez, Roberto Rodrígo, Isabel García y Miguel Angel Pérez) hicieron cima  a partir de las 14,00 de la tarde (habían salido del campo 4 a partir de la 1,30 de la madrugada). Los últimos en hacer cima fueron Miguel Angel Pérez y Manuel Gonzaléz, aproximadamente hora y media (sin confirmar aún el dato) más tarde.

Y, al atardecer, solo Juanito Oiarzabal (además de Carlos Soria) estaba de regreso en el campo 4.  El resto fue llegando poco a poco, mientras desde el campo base comenzábamos a vivir con ansiedad su tardío regreso. Había muy pocas radios en el grupo (una la tenía Juanito, otra Carlos Pauner-Javier Pérez), la comunicación fluía lentamente, y era evidente que llegaban muy muy fatigados y, en algunos casos, como Carlos Pauner, con problemas graves. Ya muy entrada la noche todavía faltaban por llegar Roberto Rodrígo, Isabel Garcia y Manuel González. Y nos fuimos a acostar (de noche no se podía hacer más) terriblemente inquietos. Al amacenecer decidimos pedir ayuda a la expedición en la que trabaja la médico Mónica Piris, Himalayan Experience. Su propietario y gestor (Russell Brice) rápidamente se puso manos a la obra e hizo multitud de llamadas a otras expediciones para ver si alguna estaba en algún lugar que pudiera visualizar a los miembros que faltaban por llegar. También para organizar la asistencia y descenso de los alpinistas que tan fatigados unos, y en mal estado otros descansaban en el campo 4. Las comunicaciones por radio eran muy limitadas. De pronto hubo un momento de alegría: al campamento llegaron Roberto Rodrigo e Isabel García. Padecían fuertes congelaciones, pero estaban vivos. ¿Dónde estaba Lolo?

Por suerte Damián Benegas, que regresaba con clientes de la cima del Everest, se ofreció a mirar desde el Espolón de los Ginebrinos. Y divisó un cuerpo sentado. Parecía que se movía, pero no era seguro. Eran las 9,45 de la mañana. Russell Brice no apostaba, en absoluto, por un posible rescate de nadie situado por encima del campo 4. Por eso, liderados por Edurne Pasaban, la base de operaciones se trasladó al campamento de los hermanos Benegas (Patagonian Brothers). Allí Willy Benegas (hermano gemelo de Damián) dio durante horas y horas una gran lección de liderazgo y buen hacer. Mientras su hermano Damían Benegas y el guía argentino Matoco, de regreso de la cima del Everest, no dudaban en desviarse y ascender al campo 4 del Lhotse a evaluar la situación de Roberto Rodrigo e Isabel García que, por su estado, no habían podido descender por sus propios medios e intentar acercarse al lugar donde habían visto a Lolo. Una vez organizado el descenso de Robert e Isa, Damián y Matoco partieron del campo 4 en busca de Lolo. Lo encontraron enseguida, a aproximadamente media hora del campo 4 caído en la banda rocosa conocida como La Tortuga. Eran las 13,30 de la tarde cuando le localizaban, procedían a inmovilizarlo pues parecía tener fracturas en las piernas, y realizaban entre los dos un complicado rescate hasta situarlo de nuevo en la cuerda fija de la que parecía haber caído.,Hay que imaginar lo complejo de esta operación de rescate realizada a alrededor de ochomil metros, por solo dos personas. Cuando alcanzaron el campo 4, a las 16.30h, decidieron proseguir el descenso con la ayuda de los dos sherpas que habían venido en su ayuda. A medianoche alcanzaban el campo 2 de donde esta mañana tanto Lolo como Roberto Rodrigo eran evacuados en helicóptero a Kathmandu. Increíble la labor desarrollada por el equipo hermanos Benegas-Edurne Pasaban.


 

Edurne, desde que tomó el liderazgo del rescate con los hermanos Benegas asumió el adelanto del pago de los gastos del rescate para que nada lo ralentizara.

La situación en estos momentos es la siguiente: Carlos Soria alcanzaba el campo base hoy a mediodía. Isabel García, a pesar de las congelaciones que sufre, ha preferido descender por sus propios medios. Juanito Oiarzabal,  Carlos Pauner,  Javier Pérez,  Juanjo Garra están descendiendo muy lentamente desde el campo 2 y en pocas horas se encontrarán en el campo base.

Es imposible resumir en unas línea la intensidad de las horas vividas en las que solo gracias al esfuerzo de los hermanos Benegas, Edurne Psaban, los médicos Pablo Díaz-Munio y Carlos Martínez, además de otras muchas personas que han colaborado en este rescate, podemos seguir teniendo entre nosotros a una persona tan humana y entrañable como Lolo.

 


 

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