EXPLORANDO

Lina Quesada: El alpinismo, ¿un deporte o un duelo romántico?

El pasado 8 de noviembre la sevillana Lina Quesada conseguía sus 6.812 metros junto con Tony Raigón. Ahora nos envía estas reflexiones que reproducimos a continuación y que nos llevan a la realidad expedicionaria.

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Quizás hoy en día en esta época de comodidad y hedonismo, carece de sentido ir a jugarse la vida en una montaña remota de Nepal, por simple satisfacción personal….
 
Estas cosas las pienso cuando me encuentro en la tienda de campaña, sin poder conciliar el sueño, con dolor de cabeza por la altura. Me pongo a pensar y a preguntarme ¿qué hago yo aquí? Yo, que odio tomar medicamentos y me tengo que tomar un paracetamol porque me encuentro a 5.700 m. (Campo 1 Ama Dablam) y parece que me están reduciendo la cabeza con una llave inglesa.
 
En esos momentos miro a mi alrededor, la tienda está suspendida en una media ladera, en la que como el viento sople fuerte, puede que salgamos volando. Llevo más de una semana sin ducharme, comiendo comida nepalí de campo base, el estómago está fatal. Aquí en el Campo 1, hemos tenido que subir por la arista para ir a recoger nieve y nos suponen 2 horas hacer un litro de agua para hidratarnos. La cena consiste en una taza de noodles picantes y un poco de carne de yak picante.
 
¿Qué hacemos aquí?, ¿por qué nos gusta tanto este sufrimiento?, ¿qué nos reporta esto a cambio?
 
Todo ello me remonta al siglo XVII, al Renacimiento Italiano, cuando dos caballeros, entrenados en el arte de la esgrima, se citaban al amanecer, para poner en juego su vida, para restaurar el honor perdido por un insulto o por defender el amor de una dama….
 
¿Somos como esos caballeros románticos, que en un combate consensuado, usando las armas reglamentarias y las reglas establecidas encuentran satisfacción o regocijo en un duelo, aun a pesar de poder salir herido en el mismo o perder la vida en él?
 
Es lo más parecido a nuestro deporte, estar allí, en un lugar inhóspito, tras haber entrenado muchos meses antes, habiéndonos privado durante los fines de semana de la diversión de la vida social y cultural. Negociar en el trabajo un mes sin sueldo, dos días de vuelo para llegar a Katmandú, cuatro días andando para llegar al campo base, comer la comida nepalí. Subir cargados al campo 1, montar la tienda, disponerte a derretir nieve para poder beber, hacer la sopa, intentar dormir…….pasar todas estas incomodidades y sufrimientos, para seguir subiendo. A cada metro se hace más duro, la mochila cada vez pesa más, vamos siempre más lentos de lo que queremos, la ruta es peligrosa, nos cae hielo en la cabeza de los que bajan medio inconscientes, las cuerdas mil veces usadas, son tan peligrosas como no llevar cuerda.
 
Un campo tras otro, al final 3 campos, más dolores de cabeza, más deshidratación, dolor de pies por el frío, de manos…… todo para levantarte al amanecer, al gran duelo final, intentar la cumbre. Vamos lentos, comemos hielo, nieve, hacemos fotos, disfrutamos del paisaje circundante, de las otras cumbres que se veían enormes y ahora las vemos al lado, incluso más pequeñas, las nubes bajo nosotros….
 
El paisaje más hermoso jamás visto, el Himalaya, desde la cumbre, entre nubes, se vislumbra la silueta del Everest… Me emociono, lloro, lloramos…  Lo hemos conseguido…
 
No hemos venido ni a salvar nuestro honor, ni a conseguir la mano de una dama. Hemos venido a ponernos a prueba a nosotros mismos, a disfrutar sufriendo con las pruebas que te pone la montaña, con el viento, con el frío, con la altura, con la verticalidad de su arista. Hemos venido a demostrarnos que los meses de sufrimiento han servido para algo, que nuestro entrenamiento no ha sido en vano, que somos fuertes, perseverantes, duros… sin llevar “sherpa” (como la mayoría llevaba), sin ayuda de nadie, nosotros dos, nosotros solos, un equipo mínimo, pero capaz. Con nuestros miedos, con nuestras dudas y con nuestros temores, ahí nos vimos, en la cumbre del “Collar de la madre”, salvando todos los peligros que nos retaban a cada metro, llorando de felicidad por haberlo conseguido.
 
Lina Quesada
 
 

 

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