COMPLETÓ LA RUTA DE BÉGHIN Y LAFAILLE

Las 28 horas de Ueli Steck en la cara sur del Annapurna

El alpinista suizo ha comentado los apasionantes detalles de su ascensión en solitario, por una nueva vía y sin oxígeno de la cara sur del Annapurna (8.091 m), en 28 horas entre subir y bajar. Asegura que ha rozado su límite personal.

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Ueli Steck desayuna a 6.100 m en el Annapurna durante su aclimatación  (www.uelisteck.ch)
Ueli Steck desayuna a 6.100 m en el Annapurna durante su aclimatación

“Pienso que finalmente he encontrado mi límite en altitud, si escalo algo más duro que esto creo que me mataré”. Esas fueron las palabras que utilizó Ueli Steck para contextualizar su aventura en la cara sur del Annapurna a su amigo y compañero de desventuras la pasada primavera en el Everest, Jon Griffith. Las 28 horas que invirtió el alpinista suizo en escalar la cara sur del Annapurna y bajar, en solitario, por una ruta nueva y sin oxígeno han pasado ya a formar parte de la historia de este deporte.

La línea elegida por Ueli Steck fue la que intentaron en 1992 los franceses Pierre Béghin y Jean-Christophe Lafaille en la parte izquierda de la vertiente, entre la Británica de 1970 y la Japonesa de 1981. La potente cordada gala consiguió alcanzar una altitud aproximada de 7.500 metros antes de darse la vuelta e iniciar un descenso trágico para Béghin, que falleció en una caída a 7.200 metros, y épico para Lafaille, que tuvo que bajar el solitario sin apenas material.

Un solo improvisado… o no

En teoría, cuando Ueli Steck salió el 8 de octubre del campo base, tenía intención de proseguir con su aclimatación, subiendo hasta los 6.100 metros, donde Dan Bowie y él ya habían dejado un depósito de material, o quizás algo más. Su compañero canadiense no se veía preparado para afrontar una ascensión tan técnica sin cuerda y no le acompañó más allá de la rimaya. Los otros miembros de la expedición (su amigo Tenji Sherpa, con quien hizo cumbre en el Everest sin oxígeno en 2012; los fotógrafos Dan y Janine Patitucci, y el cámara Jonah Matthewson) no tenían claro hasta dónde iba a ascender la Máquina Suiza esta vez: “Podía verle en una disposición mental diferente, más serio, concentrado en comenzar algo tan intenso que sólo hay unos pocos en el planeta que puedan incluso contemplar algo así; ascender en solitario un pico de 8.000 metros por una línea nueva, con sólo una pequeña mochila y sin oxígeno”.

Con su característico estilo preciso y eficiente, a las 5:30 de la mañana comenzó a negociar la parte baja de la temida y comprometida cara sur del Annapurna, donde ya había estado dos veces anteriormente, en 2007 y 2008. En su primera tentativa (2007), una piedra que le golpeó en la cara le obligó a dejar el trabajo a medias; en su segundo intento (2008), Simon Anthamatten y él renunciaron a su objetivo para centrarse en el intento de rescate de Iñaki Ochoa. Esta vez, sus primeros pasos estuvieron acompañados por una meteorología buena, con la única excepción del intenso viento que multiplicaba la sensación de frío.

Vivac bajo el headwall

En el depósito de material (6.100 m), Ueli Steck dejó el saco de dormir, recogió la tienda y el hornillo y continuó ascendiendo, por un terreno relativamente fácil para él. El viento y las purgas de nieve se intensificaron a partir de los 6.600 metros y hasta la base del headwall, donde quería plantar la tienda. No encontró, sin embargo, un emplazamiento adecuado para ella y descendió un centenar de metros hasta una grieta en la que pudo instalarse con la tienda, protegido de posibles inclemencias meteorológicas.

Mientras comía y se hidrataba, el sol se puso y, con la llegada de la noche, el viento cesó. Ueli Steck no es del tipo de alpinistas que desaprovecha sus oportunidades, así que se puso otra vez en marcha tras una hora de descanso para sacar partido de “las mejores condiciones del siglo”, según le diría después a Jon Griffith. A la ausencia de viento durante las horas nocturnas, se sumó el hecho de que la pared ofrecía una poco usual estampa blanca, con escasos tramos de roca desnuda, lo que facilitaba la progresión para el alpinista.

El momento más tenso de la ascensión, que provocó ciertas dudas a Ueli Steck, llegó mientras analizaba en su cámara una fotografía de la parte alta de la pared que había tomado unas horas antes. Una purga de nieve lo sorprendió, llevándose la cámara y una de sus manoplas vertiente abajo. Él mismo tuvo que aferrarse con urgencia a sus piolets para no ser barrido de la pared. Durante el resto de la noche, se vio obligado a escalar sólo con sus gruesos guantes interiores e ir alternando de mano la manopla restante.

El headwall le pareció más corto de lo que había previsto, y escalable principalmente a través de canales y neveros. Sólo en un par de ocasiones tuvo que superar algún corto tramo rocoso. Casi sin darse cuenta alcanzó la arista cimera y continuó por ella hasta el punto más alto, donde comprobó con su altímetro que se hallaba en la cumbre. Eran las dos de la mañana del 9 de octubre, y cinco minutos más tarde emprendía el camino del descenso, destrepando y rapelando la misma ruta de subida.

Una ruta con historia épica y trágica

La ruta utilizada por Ueli Steck para ascender en solitario los cerca de 3.000 metros de la cara sur del Annapurna es un itinerario histórico a pesar de no haber sido escalado hasta la cima anteriormente. La cumbre principal del Annapurna (8.091 m) contaba hasta ahora con dos rutas desde la cara sur, abiertas respectivamente por los británicos Dougal Haston y Donald Desbrow Whillans en 1970, y por los japoneses Hiroshi Aota y Yukihiro Yanagisawa en 1981; además de una variante coreana de 1994.

Entre una y otra líneas, Jean-Christophe Lafaille y Pierre Béghin intentaron trazar un nuevo itinerario en 1992. Fijaron unos 150 metros de cuerda, escalando la mayor parte de la ruta en estilo alpino. Después de cuatro días de ascensión, superaron un terrible vivac en una pendiente de hielo de 70º en plena tormenta y todavía fueron capaces de ascender hasta los 7.500 metros antes de verse obligados a darse la vuelta.

Cuando se encontraban a unos 7.200 metros, un anclaje de rápel se rompió, precipitándose Pierre Béghin al vacío junto con las cuerdas y todo el material de escalada. Jean-Pierre Lafaille se quedaba solo y sin material con un descenso de casi 2.000 metros hasta el campo base avanzado. Tal como cuenta en su libro Prisionero del Annapurna (Ediciones Desnivel), tardó un tiempo en poder moverse a causa del aturdimiento; después pasó el resto del día para destrepar los 200 metros de terreno mixto de 75º a 80º que le separaban del vivac, donde llegó a las nueve de la noche.

Tras un día de recuperación, continuó bajando, con una cuerda de 20 metros que había en el vivac. Utilizando los palos de la tienda como anclajes para los rápeles consiguió ir descendiendo no sin sustos, como la pérdida temporal de un crampón. Cuando todo parecía comenzar a encarrilarse, una roca le cayó encima golpeándole el brazo derecho y rompiéndole ambos huesos. Se detuvo otro día entero antes de remprender el descenso. Utilizando la mano izquierda y los dientes, siguió rapelando hasta que no pudo más y dejó la cuerda atrás para continuar destrepando hasta el campo base, tras cuatro días de descenso.

En 2007, Ueli Steck ya intentó la misma ruta, en la que una piedra le golpeó en la cara y lo obligo a retirarse.


 

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