EXPLORANDO

La Suroeste al Shisha, primera argentina

Los argentinos Federico Sacchi y Alfredo Cevallos repiten la vía británica del 82, abierta por Doug Scott, Alex MacIntyre y Roger Baxter-Jones, al Shisha Pangma en estilo alpino y soportando un tardío monzón.

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La ruta británica a la Suroeste del Shisha Pangma.- Foto: Col. Cevallos y SacchiLa ruta británica a la Suroeste del Shisha Pangma.- Foto: Col. Cevallos y Sacchi

El Shisha Pangma (8.046 m) es el único ochomil ubicado completamente en el Tíbet. Su nombre significa «Colina sobre la pradera» que sobre todo hace referencia a la vertiente norte a la que se accede por la meseta del Tíbet. También se lo conoció con el nombre de Gosaithan, derivado del sánscrito «Morada de los santos», debido a las leyendas que relacionan al monte con la vida de Milarepa (*1), hoy es una de las tantas montañas del Himalaya que se consideran sagradas, sin embrago no recae sobre ella ninguna restricción en cuanto a ascensos y escaladas. Este ochomil cuenta con 3 cumbres, de ellas sólo dos han trascendido: la central o secundaria de 8.012 metros y la principal de 8.046. Fue el último en ser ascendido, alcanzó la cumbre por primera vez una expedición china en el año 1964. En 1982 se concretó su sexto ascenso y primero por la vertiente suroeste. No se trató de un ascenso más sino que representó un hito en el montañismo himaláyico ya que fue una de las primeras vías abiertas en estilo alpino, todo un avance para la época. Tras el periodo de aclimatación, los británicos Doug Scott, Alex MacIntyre y Roger Baxter-Jones abrieron la vía en 3 días de escalada y 2 de descenso. Como se menciona fue uno de los primeros pasos con éxito a un himalayismo más purista, con expediciones ligeras y con grupos reducidos de personas.

La cantidad de nieve en la montaña no les puso las cosas fáciles a los argentinos.- Foto: Col. Cevallos y SacchiLa cantidad de nieve en la montaña no les puso las cosas fáciles a los argentinos.- Foto: Col. Cevallos y Sacchi

Hasta el año 1999 la cumbre principal ha sido ascendida en 167 oportunidades en tanto que la cumbre central o secundaria ha sido ascendida 464 veces, esta diferencia se debe a la mayor accesibilidad en cuanto a dificultad de la cumbre central respecto de la principal.

La historia de la presencia de argentinos en el Himalaya se remonta al año 54 con un histórico intento al monte Daulaghiri en el que casi se alcanza la cumbre. En particular la historia de la Argentina en el Shisha Pangma no es muy extensa. En 1993 recibió por primera vez a una expedición argentina. Fue un grupo de 11 miembros de los cuales sólo 2 alcanzaron la cumbre central (8.012 m), ellos fueron Nicolás de la Cruz (Bariloche) y Marcos Couch (Buenos Aires), en aquella oportunidad ascendieron la vía que hoy se conoce como vía normal, a la que se accede por la vertiente norte. En definitiva la cumbre principal no había sido alcanzada por argentinos.

En esta oportunidad Federico Sacchi y Alfredo Cevallos del Club Andino Mercedario de San Juan, se plantearon repetir la vía de los ingleses del 82 respetando el estilo en el que fue abierta. Este planteamiento es diferente al que normalmente utilizan las expediciones argentinas. Planearon una expedición ligera en estilo alpino. 

Pasadas 48 horas entre vuelos y aeropuertos llegaron a Kathmandu. Allí compraron las pocas cosas pendientes que faltaban. Por la Autopista de la Amistad, sinuoso y angosto camino que une Katmandú en Nepal con Lhasa en el Tibet, atravesaron el verde y frondoso pedemonte de los Himalayas subiendo las cuestas hasta el fronterizo pueblo de Nyalam. Desde allí comenzó la marcha hasta el campo base, paradójicamente un muy agradable campamento a pesar de sus 5.300 metros de altura. Durante el periodo de aclimatación no encontraron siquiera 24 horas seguidas de buen tiempo, todos los días en algún momento caía nieve. Las condiciones de la temporada no eran las adecuadas, un monzón tardío, que no terminaba de retirarse dejó a la montaña casi completamente blanca, demasiado cargada de nieve.

Vista de las cumbres del Shisha.<br />Col. Cevallos y Sacchi» src=»http://static.desnivel.com/images/2007/10/29/sisa_vista_p2.jpg» /></a><span>Vista de las cumbres del Shisha.<br />Col. Cevallos y Sacchi</span></div>
<p>«Todo toma color gris al pasar los días y ver que se aproxima el final de nuestro viaje sin siquiera haber tocado la pared. Todo comienza a pesar: tiempo invertido, preparación, gastos (grandes gastos), ponemos todo en la balanza pero sin tener contrapeso. No es posible que el mal clima dure para siempre, por lo que decidimos, apoyados desde San Juan y alentados por un vago pronóstico de mejoría, cambiar los pasajes y postergarlos una semana más. Finalmente, el 1 de Octubre ante la primera mejoría ascendemos al campo base avanzado, lo que nos tomaba 3 horas antes del período de tormenta lo hacemos en 5 horas por la nieve. Al llegar, malas noticias, la nieve ha aplastado la tienda con todo dentro, tardamos 1 hora para desenterrarla y encontrar toda la ropa mojada… la posibilidad de subir al día siguiente se aleja. Por suerte el sol de la mañana del 2 de Octubre nos permite secar todo. Hacia medio día nos encontramos rumbo al pie de la vía 300 metros más arriba (5.970 m) y a poco más de una hora de tiempo. </p>
<p>Allí encontramos en perfectas condiciones nuestra pequeña tienda de altura, a pesar de las nevadas ha aguantado estoicamente. Hacemos un alto en el que nos reponemos comiendo e hidratándonos toda la tarde. A las 22 comenzamos la escalada, si bien no es el horario apropiado, hay que aprovechar el buen tiempo. Está algo ventoso y revuelto pero nada como para alarmarse. En las mochilas solo va lo mínimo, no hay un gramo de más: calentadores y gas, de alimentos 8 barritas de fruta seca, 2 barritas de cereales y polvo para preparar 5 litros de jugo isotónico, para los dos. Lo único para un eventual vivac son la pala y las mismas mochilas. Mientras subimos hay pequeños ríos de nieve cayendo constantemente por la pared, impresionan un poco. </p>
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<div class=Los dos expedicionarios en la cumbre del Shisha.- Foto: Col. Cevallos y SacchiLos dos expedicionarios en la cumbre del Shisha.- Foto: Col. Cevallos y Sacchi

Superamos el primer torreón que termina en una punta unida a la pared por un fino filo de nieve. Alcanzamos y sobrepasamos el segundo torreón, sin crampones hemos disfrutado de unos 200 metros de escalada en roca fácil. Pasamos por el campo 1 ubicado donde termina el segundo torreón, allí están las tiendas donde duermen los sherpas de las dos expediciones coreanas que también aspiran a subir la vía. Bebemos, comemos y seguimos para arriba. Estamos en la mitad de la noche. Escalamos varios tramos de hielo duro, cascadas de unos 20 metros en las que algunas secciones alcanzan los 70 grados. Al final de la noche la luna acompaña, contábamos con ella para superar una serie de canales que llevan hacia el punto clave de la vía, unos 20 metros en roca.

Aprovechando que la dificultad no supera el 4° grado, dificultad en la que podemos movernos seguros sin cuerda, hemos dejado el equipo en la base de la vía para aligerar peso. Al amanecer hemos superado la escalada casi sin darnos cuenta. De pronto, tras escalar unos mixtos fáciles, el canal se abre y comienza el tramo conocido como Pea Pod Couloir, nos cuesta tomar real conciencia de ello, la concentración está en seguir progresando mecánicamente y para reevaluar nuestra situación tenemos que parar. Vamos bien, pero no todo lo rápido que pretendíamos, si siguiéramos haríamos cumbre por la noche. Estamos algo cansados. Al miramos ya hemos pensado lo mismo, tendremos que echar mano a nuestro equipo de vivac: la pala.

A eso de las 12 de la mañana comenzamos a cavar una cueva donde protegernos. Por la tarde redistribuimos el alimento y jugo para que duren también para el día siguiente y dormitamos un rato. A pesar de estar a 7.200 metros la noche no es dura y descansamos algo. Nos acostamos sobre las angostas colchonetas que rellenan las espaldas de las mochilas y con ellas tapamos un poco la boca de la cueva. Cada poco recalentamos el agua de las botellas para atenuar el frío. A las 6:15 ya hemos «desayunado» y estamos en marcha nuevamente.

Hasta la cumbre en dos días, en estilo ligero y con la bandera argentina.- Foto: Col. Cevallos y SachiHasta la cumbre en dos días, en estilo ligero y con la bandera argentina.- Foto: Col. Cevallos y Sachi

Esta parte de la vía es monótona y cansina, vamos lento, la altura es ahora nuestra mayor carga. Sobre las 14:00 estamos alcanzando la angostura donde termina el Pea Pod Couloir. Desde abajo se veía viento sobre la parte superior, pero al llegar hasta aquí vemos que no hay de que preocuparse: la nieve que cae por la pared es proyectada hacia arriba por unas corrientes de viento ascendentes, justo aquí se cumple el fenómeno de «caer para arriba». Superamos la angostura que tanto habíamos observado en fotos y desde los campamentos. Aunque no sabemos donde está la cumbre ni cuanto nos queda, nos presentimos cerca del final, sentimos que ya no nos para nada.


 

Aparecen unos canales que habíamos visto desde abajo, se presentan como una alternativa viable para evitar parte del filo. Las palabras hace rato dejaron de ser necesarias, lo que uno dice el otro ya lo ha pensado, solo hace falta un gesto para decidirnos por una salida por la izquierda en vez de salir por la vía original. Esto nos parece más directo pero hay que escalar… cerca de los 8000 metros tenemos que superar unos 5 metros de 4°, luego alcanzamos rápidamente la arista cimera. Allí nos juntamos, estamos a menos de 10 metros de desnivel de la cumbre. Hacia el este vemos el macizo del Everest, la Madre diosa de la Tierra y sus compañeros, al norte el gran plateau del Tíbet y mas cerca la cumbre central del Shisha Pangma.

La cumbre principal está muy cerca, la respiración se acelera con sólo verla, con sólo pensar que nos quedan minutos… casi dos años de preparación, de planificar, de soñar para llegar a este momento… muchos recuerdos y seres queridos pasan por mi mente, por momentos los ojos se me empañan, cuesta respirar… dejamos las mochilas y andamos lo que nos queda. Se hace difícil, es una mezcla de emoción, cansancio, nieve muy blanda y por supuesto los 8.000 metros de altura. Vamos juntos. Al llegar a la cumbre me dejo caer y estallo en lágrimas, Federico me abraza pero tengo que decirle que me suelte, no puedo respirar… emoción, llanto, agitación… me recobro y nos fundimos en un abrazo… Son las 18:15 hora del Tibet del 4 de octubre».

(*1) Poeta y santo que vivió a finales del siglo 11 y principios del 12. Milarepa cambió su vida de lujos y violencia por una vida austera y de meditación en busca de resarcirse. Se retiró a vivir de su magia a cuevas en las faldas del Shisha Pangma donde, además de meditar, practicó el ayuno y escribió poemas y canciones.

Fuente: Alfredo Cevallos y Federico Sacchi

 


 
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