Tierra del Fuego, Patagonia Austral

La expedición Into the Ice explora la Cordillera Darwin

Ibai Rico cuenta en este artículo las primeras ascensiones realizadas con Jon Inoriza de la cumbre central del Monte Roncagli (2.251 m), y del Cerro Sara (2.072 m) además de una nueva variante en el Monte Francés (2.261 m). Junto con Eñaut Izagirre, Andrew Opila y Jon Artano, estudian la evolución glaciar del campo de hielo en una expedición a una de las cordilleras más remotas del planeta.

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Al sur del estrecho de Magallanes, en la Isla Grande de Tierra del Fuego, se encuentra la cordillera Darwin. Desconocida, relativamente inexplorada, de complicado acceso y expuesta a los vientos del oeste, esta cordillera es un laberinto de montañas, fiordos y glaciares. En 1832 Robert Fitzroy y Charles Darwin visitaban a bordo del Beagle, la Tierra del Fuego —nombrada así por Hernando de Magallanes en relación a los fuegos de los indios Yamana y Ona que los tripulantes del Beagle veían desde el barco.

Desde entonces las expediciones en la zona pueden resumirse en unas pocas páginas, destacando alpinistas exploradores como Alberto D’Agostini, Luis Barmasse, Shipton, y más recientemente David Hillebrandt, Camilo Rada o Simon Yates.

Exploración, ciencia y alpinismo

Siguiendo la estela de la expedición Incógnita Patagonia, Eñaut Izagirre (geógrafo y glaciólogo) e Ibai Rico (geógrafo y guía de montaña) decidieron montar la expedición lnto the Ice a comienzos de 2022, uniéndose poco después al equipo Jon Inoriza (alpinista, miembro del Equipo Nacional de Alpinismo), Andrew Opila (cámara y fotógrafo) y Jon Artano (escritor y periodista).

AI equipo arriba mencionado se han unido Igor Bely y Adriana Enríquez, navegantes del velero Polaris Kotik, que ha sido el campo base itinerante durante todo el mes de expedición.

El proyecto lnto the Ice ha tenido un objetivo doble: alpinismo de exploración y realización de trabajos científicos para una mejor comprensión sobre los procesos glaciares en la cordillera. Además, el proyecto pretende mostrar el carácter inexplorado de la cordillera, así como los trabajos científicos realizados, mediante una película dirigida por Andrew Opila.


 

El inescalado Monte Roncagli

El viento era favorable y solo tardamos dos días en llegar desde Puerto Williams a Caleta Olla, una pequeña bahía protegida de los vientos y desde donde (ayudándonos con la zodiak) podíamos acceder al sector más oriental de la Cordillera Darwin. En esta zona el objetivo era el de realizar mediciones de acumulación en la parte alta del campo de hielo, así como el intentar el ascenso al Monte Roncagli.

El Roncagli había sido definido por David Hillebrandt como una de las últimas grandes cumbres inescaladas de la cordillera. No en vano, se trata de una montaña esquiva: Fue intentada por primera vez en 1971 por una expedición neozelandesa. Posteriormente, Hillebrandt y su equipo realizaron una notable escalada del pilar norte del Roncagli en 1990, llegando hasta la cumbre occidental (unos 100 m mas baja que la cumbre central), desde la cual no pudieron continuar hasta la central por las condiciones de la arista, repleta de hongos de hielo.

En 2008 Simon Yates realizó un intento de la arista noroeste, pero tuvieron que darse la vuelta debido a las dificultades técnicas. Finalmente, en 2013 Simon Yates volvió a intentarlo, pero en este caso por la vertiente sur, donde encontraron una gran grieta desplomada que les impidió el ascenso hasta la cumbre central del Monte Roncagli. En 2022, el Monte Roncagli era una de las montañas aún inescaladas más altas de la Cordillera Darwin.

Tras un día de reconocimiento del terreno (todo un día buscando el mejor acceso por turberas, densos bosques y lagos), la méteo que Camilo Rada nos había enviado al InReach satelital prometía una ventana de 20 horas para el 23 de marzo. Como los objetivos en la zona del Roncagli eran tanto científicos como alpinísticos, el 22 de marzo todo el grupo partió en conjunto hasta alcanzar los 1.300 m, al pie del glaciar Holanda.

AI día siguiente Jon Inoriza ‘Jony’ y yo salimos al romper el alba para aprovechar la ventana y tras cruzar el glaciar Holanda, la base del Monte Bove (segunda ascensión histórica por el equipo de AI Filo de lo Imposible en 1990) y el collado bajo la Aleta de Tiburón, llegamos a la base de la vertiente sur del Monte Roncagli. Allí dejamos el material de vivac para poder subir lo más rápido posible hasta la cumbre central del Roncagli.

Mediante imágenes satelitales, ya habiamos identificado una posible línea lógica de ascenso por un inclinado glaciar, que aunque pasaba cerca de dos zonas con potencial caida de seracs, prometia una subida rápida – aunque no sabíamos que esperar de la “grieta” de la que Simon Yates hablaba y que le hizo darse la vuelta.

Tras pasar rápidamente por la zona de los seracs y ascender unas rampas de hielo, nos dimos cuenta de que el Roncagli iba a abrir sus puertas, ya que no encontramos ninguna rimaya muy complicada… las condiciones eran mejores esta vez. La arista final fue un regalo, con formas de viento, flautas y pequeños hongos de hielo… y así, casi sin creérnoslo y tras 8 h non-stop desde esa mañana, llegamos a la cumbre del Roncagli.

En la cumbre realizamos una medición altitudinal con un GPS Diferencial de alta precisión para apoyar el desarrollo de la cartografía en la Cordillera Darwin (proyecto Uncharted) y que permite ajustar las cotas inferidas en base a modelos digitales de terreno. En este caso la altitud obtenida fue de 2.251 m, respecto a los 2.226 m que el modelo digital reflejaba.

El tiempo estaba empeorando y comenzamos a descender a toda velocidad; la tormenta que anunciaba el pronóstico estaba casi encima nuestro.

Estudiando los hielos de la Cordillera

En el descenso del Roncagli paramos a hacer un perfil de nieve y tomar muestras a 2.100 m, en el collado entre la cumbre central y la oriental. Pero, ¿por qué pararnos a tomar muestras con la tormenta encima?

Into the Ice ha tenido como objetivo contribuir a mejorar la comprensión sobre cómo están respondiendo los glaciares de la Cordillera Darwin (tercer campo de hielo más grande de América del Sur) a los cambios ambientales recientes. Comprender qué está pasando en la Cordillera Darwin (Patagonia Austral) permite llenar el vacío de conocimientos entre los glaciares de los Andes Patagónicos y la Antártida y aporta claves para predecir la evolución glaciar en las próximas décadas. Recordemos que el retroceso glaciar tiene impactos globales como el aumento del nivel del mar, o regionales como problemas de recursos hídricos o el aumento de riesgos naturales.

Eñaut y Jon Artano tomando muestras de nieve en la zona de acumulación del glaciar Roncagli.
Una de las cuestiones clave es obtener datos sobre cuanta nieve se acumula en las cuencas altas del campo de hielo, así como trazar su procedencia y si existen trazas de black carbon (hollín) o residuos derivados de la quema de combustibles que a su vez pueden afectar a los ecosistemas y al propio equilibrio energético del glaciar. De esta manera es posible conocer la “salud” de los glaciares y su sensibilidad a los cambios en precipitación y temperatura.

De esta manera se realizaron por primera vez perfiles de nieve en la Cordillera Darwin, estudiando la profundidad, estructura del manto y se tomaron muestras para su posterior análisis. Eñaut Izagirre y el resto del equipo, realizaron calicatas en las cuencas superiores de los glaciares Roncagli, Holanda e Italia a menudo en condiciones meteorológicas adversas.

Por otra parte, la expedición ha realizado trabajo de campo en la zona de fusión del glaciar Roncagli (casi a nivel del mar) para estudiar la dinámica de los frentes, velocidad del flujo, rupturas y la formación de grandes lagos que al colapsar, generan avenidas e inundaciones aguas abajo, conocidos como GLOFS (Glacial Lake Outburst Flood).

La Cordillera Darwin es un laboratorio prístino para estudiar estos procesos y mejorar la gestión de los riesgos naturales y la resiliencia de las comunidades en otras zonas de montaña como los Andes o el Himalaya.

Scottish conditions en el Cerro Sara

Se acercaba el final de una ventana, así que partimos rumbo a fiordo Pía. Habíamos pasado tres días en la bahía Alemania (frente del glaciar Roncagli) realizando trabajos científicos. Ahora había que gastar un cartucho en Pía, y quedaban 48 horas antes de que —según el pronóstico— un frente antártico barriese la Cordillera Darwin durante al menos una semana. “AI menos”, ya que por nuestra experiencia en Patagonia sabíamos que en ocasiones el mal tiempo puede durar varias semanas o hasta un mes. Espoleados por la oportunidad, navegamos hacia el interior de fiordo Pía, donde fondeamos en una cala para pasar la noche.

La idea era intentar el Cerro Sara (2.072 m), una bella montaña con aristas de roca y glaciares colgantes que corona la divisoria de ambos brazos del fiordo Pía. El Cerro Sara ya había tenido dos intentos, en 1990 y 2004 por equipos alemanes y neozelandeses. AI día siguiente Jony y yo partimos hacia el glaciar del Cerro Sara, ascendiendo desde el nivel del mar por una empinada torrentera con ríos y bloques inestables. AI atardecer acampamos para pasar la noche y descansar.

Las estrellas cubrían el cielo y no había viento ni nubes. AI día siguiente, un palmo de nieve cubría todo y la visibilidad era limitada. Por suerte el viento era solo moderado, así que cruzamos el glaciar de acceso para comenzar a escalar una arista de nieve que nos dejó en un hombro desde el cual comenzamos la escalada de la arista oeste. En general encontramos dificultades de mixto hasta M4-M5, en condiciones de roca tapizada por nieve, poco hielo y spindrifts en todas las direcciones.

Tras unas 7 horas de escalada por la arista, llegamos a la cumbre del Sara. No se veía absolutamente nada, pero sin duda, no podíamos subir más alto.

Durante la ascensión de la arista oeste

El nombre Sara se lo había dado la primera expedición que lo intentó, en honor a la canción de Bob Dylan Sara. En honor a la historia de las expediciones previas que han podido llegar hasta esta región decidimos mantener dicho nombre.

Volvimos al nivel del mar ese mismo día, rapelando, cruzando glaciares y descendiendo una torrentera con bosques, arroyos y hierba a inclinaciones increíbles. La precipitación fue en aumento según pasaba el día, y para cuando llegamos al velero ya nevaba a nivel del mar. Era el final definitivo de la ventana y el comienzo de una tormenta antártica que duró 4 días.

Tras unos días de descanso en la tormenta, Jon I., Andrew y yo intentamos una nueva actividad, con el objetivo de ascender la cara oeste de un pico sin nombre (1.944 m, aún inescalado) en el circo del glaciar Porter y además unirlo con la primera ascensión del Cerro Jemmy Button (2.092 m). También queríamos tomar muestras de nieve en varios plateaus glaciares y atravesar el macizo para encontrarnos con Eñaut y Jon A. en el glaciar Castor. Estuvimos dos días abriendo zanja en el más de un metro de nieve nueva que había caído. A ratos tardábamos casi una hora en avanzar 100 metros de distancia.

Tras replantear la situación decidimos bajarnos y esperar a que la nieve se asentase para poder intentar otra actividad. Eñaut y Jon A. encontraron condiciones similares y también optaron por descender al nivel del mar.

A toda vela en el Monte Francés

La nieve profunda en Pía no nos desanimó y tras un día de descanso pusimos rumbo a Caleta Olla de nuevo. Las olas chocaban contra el casco del Kotik, surcando el brazo noroeste del Canal del Beagle a 7 nudos. En el interior, Igor y Adriana manejaban la dirección y velocidad desde el puente de mandos, mientras que el resto del equipo preparaba las mochilas para una última incursión. Jon I. y yo habíamos fichado la cara sur del Monte Francés unas semanas antes.

Un buen muro de granito con algunos hilos de hielo que esperábamos que hubiesen engordado algo con la entrada del otoño. Esta pared ya había sido el objetivo de Simon Yates y Andy Parkin previamente, pero tuvieron que desistir por falta de condiciones. Mientras que Jon I. y yo intentábamos el Francés, el resto del equipo ascendería hasta el plateau del glaciar Italia para realizar mediciones de nieve y tomas de muestras.

A la mañana siguiente, Igor nos Ilevo hastó la playa en la Zodiak y desde allí Jon I. y yo realizamos la aproximación hasta Laguna Francés por un pequeno sendero cruzando castoreras y bosques, que es, el único “camino” como tal que hemos encontrado en la Cordillera Darwin. Cuando Ilegamos al glaciar y vimos la pared nos dimos cuenta de que todo el hielo se había caído. Las goulottes que unas semanas antes cruzaban muros lisos de roca, habían desaparecido y se empezaba a formar un incipiente verglas, pero que (aún transparente) no ofrecía suficiente grosor para progresar. Mientras comenzaba a soplar un fuerte viento, montamos la tienda para pasar la noche.

Esa noche decidimos que podríamos intentar una línea que parecía unir el flanco derecho de la cara sur con los seracs de la arista sureste, y donde sí veíamos hielo para escalar. Partimos a las 6:00 h y comenzamos a escalar en ensamble por rampas de nieve, cascadas de hielo y algunos
pasos de mixto. Las condiciones aquí eran buenas, pero encima teníamos el gran muro de seracs de la arista sureste. AI menos, tal y como habíamos pensado, podíamos movernos con rapidez en este terreno, y asi reducir el tiempo de exposición bajo estas estructuras glaciares.

Finalmente llegamos a la base de los seracs, que tuvimos que bordear en una increíble travesía horizontal bajo su base… Pasamos lo más rápido posible, asegurando en roca y procurando no tocar demasiado el hielo vítreo y estalladizo de los seracs. Finalmente, llegamos a la arista sureste. No podíamos ver la cumbre por la falta de visibilidad y la nieve ligera que caía. Desde allí seguimos ascendiendo por terreno glaciar, más seracs, hongos y formas de viento, hasta que finalmente, unos metros antes de llegar a la cumbre, las nubes se despejaron. Nuestros ojos recorrieron el laberinto de islas, montañas, glaciares y cumbres cubiertas de merengue patagónico que es la Cordillera Darwin. Con nuestra variante de la arista sureste, habíamos realizado la sexta ascensión al Monte Francés, la montaña más “frecuentada” de la cordillera.

Nada más llegar al nivel del mar, donde nos juntamos con el resto del equipo, el viento y la nieve volvieron a su flujo habitual y dedicamos los siguientes días a realizar los preparativos para la navegación de vuelta a Puerto Williams. El viaje llegaba a su fin. Estábamos contentos con lo que habíamos hecho, tanto en la parte científica como en la de montaña. Habíamos obtenido datos para comprender mejor qué ocurre en las montañas y glaciares de esta remota región, y habíamos explorado sus cumbres y paredes. Aun así, nunca había sido nuestra intención “conquistar” nada, en realidad, una vez más, nos habíamos dejado conquistar por esta Patagonia remota, perdida y salvaje, que aún perdura en la Cordillera Darwin. Hasta pronto.

AGRADECIMIENTOS
La expedición ha sido financiada y patrocinada por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) y AFESA Medio Ambiente, además del patrocinio mediante material y ayuda de Ternua, Kokopelli, LyoFood, Gorgol Free Mountain, Aerovías DAP y Egurre Holds. Asimismo, ha contado con numerosos colaboradores a través de la campaña Crowdfunding y la inestimable ayuda de la empresa de comunicación Comunitac para la difusión posterior. El proyecto cuenta además con la colaboración científica del Grupo de Investigación de Procesos Hidro Ambientales (HGI) de la UPV/EHU, el Centro de Investigación GAIA Antártica (CIGA-UMAG) de Punta Arenas (Chile), el Laboratorio de Análisis Isotópico (LAI-UNAB) de Viña del Mar (Chile), y el Basque Centre for Climate Change (BC3). Así mismo, el equipo quiere agradecer a Camilo Rada, Denis Chevallay y Simon Yates por su ayuda en logística, información y preparativos.


 
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Comentarios
1 comentario
  1. ¡Pedazo aventura científica! Buen relato y preciosas fotos, habrá que ver el vídeo también.

    Zorionak eta eskerrik asko.

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