Vía Pollos, 1200 m, 65º, M4

Koldo Zubimendi abre una vía en solitario en el pico virgen Kharut 2 (6800 m), en el Karakórum

La ha bautizado “Vía Pollos” y tiene un desnivel de 1200 m y una dificultad máxima de 65°, M4, superando un tramo de arista rocosa técnico y placas de nieve no siempre en buen estado. Invirtió un día y medio en esta escalada de exploración y compromiso en estilo alpino. Su compañero Vicente Barcena tuvo que retirarse en el campo base avanzado.

Vicente Barcena y Koldo Zubimendi
Vicente Barcena y Koldo Zubimendi
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Koldo Zubimendi (41 años) y Vicente Barcena (65 años) son de Erandio, Vizcaya, y llevan soñando con esta expedición desde 2019, cuando encontraron su objetivo en un libro de Jan Kielkowski de la zona del K2: «Mirando en ese libro diferentes montañas vi que los Kharut son tres picos y que solo estaba ascendido el Karut Norte, no los otros dos. Entonces empecé a buscar información en internet y todo lo que encontré corroboraba que ni el Kharut 1 ni el 2 habían sido ascendidos. Había habido intentos anteriores de unas cinco expediciones de japonesas, inglesas y estadounidenses, pero permanecía virgen», explica Koldo.

Así, con el Kharut 2 (6800 m) en mente, por fin este año pudieron hacerla realidad, si bien de los cuatro compañeros que iban a ir inicialmente, se quedaron primero en tres y luego en dos.

Karu 1 y Karu 2, Foto: Koldo Zubimendi.
Karu 1 y Karu 2, Foto: Koldo Zubimendi.

El campo base para acceder a la montaña es el mismo que el del K2, en el glaciar Baltoro. Desde allí fueron a aclimatar en el Pastor Epic, un pico cercano, en el que llegaron hasta los 5000 metros de altitud. Fueron después a instalar el campo base avanzado, justo en las las faldas del Kharut 2, a 5500 m. Una vez instalado el campo base avanzado, regresaron al campo base del K2 para descansar un día.

Al día siguiente salieron del campo base avanzado, pero al poco tiempo Vicente no se encontraba bien y se dio la vuelta: «No era solo el tema de la altura», explica Vicente, «sino que sentía que me fallaba la fuerza en las piernas y si seguía iba a poner en un compromiso a Koldo». Por su parte Koldo, en buen estado de forma, decidió continuar solo.

Según nos cuenta Koldo, la parte inicial transcurre por pendientes de nieve mantenidas en torno a los 50-65º. Al principio encontró nieve de buena calidad, sobre todo en la parte baja de la montaña. Si bien, al ser orientación oeste, por la tarde empezó a dar el sol y la nieve empeoró bastante. Ascendió recorriendo la cara oeste para seguir después por una arista dirección sur, que fue la parte más técnica de la vía, pues tenía tramos de roca y de mixto con una exposición alta, que ha cotado de M4.

La arista finalizaba en un hombro que recorrió haciendo una travesía hacia la izquierda hasta llegar una pala final, en la que encontró nieve bastante podrida: «Llegó un momento que me quedé bloqueado, la nieve estaba tan mal que no podía ascender ni descender. Pero pude limpiar la nieve bastantes centímetros, quizá unos 30, y fui encontrando hielo y roca en algunos tramos para poder continuar escalando». Asegura que fue el momento más tenso de la ascensión.

Consiguió alcanzar de esta forma una torre de roca final, de unos 10 metros de altura aproximadamente: «Intenté escalarla con las manos, pero las dos primeras regletas que cogí se me rompieron, así que desistí darle de frente y me fui por la derecha, por una especie de canal diagonal que tenía bastante nieve podrida y roca también de mala calidad, pero que me permitió escalarla hasta llegar a un bloque empotrado. Allí lacé una cinta, la que tengo para montar las reuniones, y con esos dos metros y pico me fui levantando hasta que encontré con el piolet derecho una zona de nieve podrida que pude limpiar y enganchar el piolet en una roca. Me levanté, asomé la cabecita a la cima y me quedé ahí».

Apenas le quedaba medio metro para pisar la cima, pero desistió seguir porque ese tramo también estaba con nieve mala y muy blanda, donde no podía progresar con el piolet y sobre todo no podría montar ninguna reunión para descender después. Eran ya las seis de la tarde y tocaba bajar.

Karu 1 y Karu 2, Foto: Koldo Zubimendi.
Karu 1 y Karu 2, Foto: Koldo Zubimendi.

Koldo cuenta que sintió mucha tristeza cuando su compañero Vicente tuvo que darse la vuelta, sin poder llegar a intentar la ascensión que habían ido a realizar y que llevaban tanto tiempo preparando. «Fue una sensación única hacer la escalada solo», nos dice Koldo, «pero yo siempre prefiero escalar con compañero. El llegar a la cima y no poder celebrarlo con nadie, no poder abrazar a mi compañero, me dejó una sensación un poco de vacío».

Realizó el descenso destrepando paso a paso todo lo que había ascendido, bajando de cara a la pared en todo momento hasta conseguir retroceder los 1200 metros de desnivel. El tramo de la arista lo evitó, descendiendo por la parte más hacia el centro de la pared. «Era una placa empinada con nieve blanda, que estaba completamente venteada con placas, pero consideré que el riesgo merecía la pena porque la arista me iba a costar muchas horas destreparla», explica.

Cuenta también que su idea inicial con su compañero era instalar un campo intermedio en torno a los 6500 metros, para lo que se había llevado la tienda y el saco. Pero al ascender solo, decidió dejar el material a unos 6300 metros y continuar desde ahí lo más ligero posible, sin mochila (donde llevaba hornillo, comida…), solo con el arnés, los piolet, los crampones y unas cinco vagas. Comenta que «fue una decisión difícil, pero pienso que acertada, pues era mucho peso, no habría llegado a cima ese día tan cargado». En el descenso llegó hasta donde había dejado su tienda ya anocheciendo y vivaqueó allí, aunque simplemente dentro del saco y de la lona de la tienda, sin montar, pues era una repisa muy pequeña.

Vicente Barcena y Koldo Zubimendi
Vicente Barcena y Koldo Zubimendi

Al día siguiente siguió descendiendo hasta alcanzar el campo base avanzado, donde Vicente llevaba un día y medio de una tensa espera. Vicente cuenta que al verse se abrazaron: «No me importaba si había hecho o no cumbre, de hecho ni se lo pregunté; solo estaba feliz de verle ahí conmigo. Ya después me lo dijo y fue una alegría aún mayor, lloramos mucho».

El regreso de ambos al campo base del K2 fue un total contraste entre la soledad y compromiso que acababan de vivir a encontrarse con un campo base abarrotado, donde unas 100 personas esperaban instrucciones para la ventana de buen tiempo, con su equipo de sherpas de altura montando cuerda fija para subir y bajar.

Koldo ascendió al Cho Oyu (8.188 m) cuando tenía 24 años y sumó el Broad (Peak 8.051m) cinco años después, ambos sin oxígeno. También ha realizado expediciones en Perú, donde en 2009 ascendieron siete cumbres de 5000 metros, todas vírgenes, y ha estado en Tayikistán, donde una bacteria estomacal arruinó el viaje. Frecuenta zonas como Gavarnie, Ordesa… Está casado y tiene dos hijas (de 10 y de 6 años), lo que «también hay que poner sobre la mesa a la hora de arriesgar», asegura.

Ha bautizado Vía Pollos a su nueva línea, en homenaje al amigo que iba a ir con ellos pero tuvo que retirarse por motivos personales solo una semana antes de partir. Por fortuna, Koldo y Vicente nos demuestran que los “viejos” valores del alpinismo siguen estando muy vivos.

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