Kazuya Hiraide y Kenro Nakajima protagonizarán una de las aventuras más destacadas de la temporada de expediciones de este verano en el Karakórum pakistaní. Los dos japoneses tienen como objetivo ascender la cara oeste del K2 (8.611 m), una vertiente enorme y mayoritariamente constituida de roca y hielo debido a su verticalidad, que solo ha sido ascendida una vez, hace ya 17 años, en estilo pesado.
Su sueño pasa por llevar a cabo esa ascensión en su habitual estilo ligero y alpino. En diversas ocasiones, Kazuya Hiraide, tres veces galardonado con el Piolet d’Or (dos de ellas con Kenro Nakajima: en 2018 por su ascensión al Shispare y en 2020 por la del Rakaposhi) ya ha declarado que este es uno de sus objetivos más ambiciosos como alpinista.
Ya había sido intentada por mitos como Reinhold Messner o Jerzy Kukuzca y por expediciones españolas, como la que protagonizaron Juanjo San Sebastián y Antonio Trabado, en lo que suponía el primer intento nacional a la cumbre del K2 y que alcanzó los 8.200 metros en 1983.
Aquella primera ascensión de la cara oeste del K2 corrió a cargo de una expedición rusa de 23 miembros, que no utilizó oxígeno ni porteadores de altura, pero sí cuerdas fijas, y que puso a once personas en la cumbre en agosto de 2007 en una meritoria e innovadora actividad. Desde entonces, la línea no ha sido repetida.
El último intento de apertura por esta imponente pared correspondió a los norteamericanos Graham Zimmerman e Ian Welsted en julio de 2021. Se vieron obligados a abandonar a 7.000 metros, por no encontrar las condiciones adecuadas.
Seis años de preparación
Según cuentan en la página web de la expedición, Kazuya Hiraide y Kenro Nakajima se plantearon intentar la cara oeste del K2 ya en 2018. El año anterior habían abierto la pared noreste del Shispare con Shukriya (2.700 m, WI, M6), pero lo que vieron cuando se plantaron a los pies de su nuevo objetivo tras completar la larga aproximación representó toda una cura de humildad.
Analizaron concienzudamente los perfiles de aquel muro de más de 3.500 metros de altura y tuvieron que llegar a una conclusión: “Con nuestro nivel actual, no llegaremos a subir más de la mitad de la pared”. Decidieron que se prepararían más y mejor y que regresarían cuando se sintieran preparados para lograrlo.
Esa preparación los ha llevado a otras montañas, no tan altas como el K2 pero sí espectaculares, en las que han podido poner en práctica las habilidades que necesitarán en su particular “Muro de las Lamentaciones”. En 2019 abrieron una nueva ruta en la cara sur del Rakaposhi (7.788 m) con el que ganaron el Piolet d’Or 2020. En 2022, abrieron una nueva ruta (1.800 m, AI5) en la cara noroeste del Karun Koh (6.977 m), en el valle del Shimshal. Y en 2023, abrieron su Secret line en la cara norte del Tirich Mir (7.708 m).








