EXPLORANDO

Juanito Oiarzabal «Un poco triste…»

Juanito Oiarzabal relata su intento al Shisha Pangma y como «la noche, el cansancio, y la luz limitada de nuestras frontales hizo, seguramente, que tuviéramos un error de cálculo. En un momento determinado creímos estar en la cima y la dimos por buena…».

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Juanito Oiarzabal en el campo 1 del Shisha Pangma
Juanito Oiarzabal en el campo 1 del Shisha Pangma

Un poco triste.

En total ha sido más de cinco días durísimos.

Siempre pasa igual. No vamos a recurrir a la ley de Murphy, pero es que somos unos optimistas empedernidos. En fin, mejor ser así, de eso no hay que arrepentirse. Es mejor, siempre, ver la botella medio llena.

Esperábamos que el tiempo iba a ser mejor, aunque tampoco ha sido malo. Si llega a ponerse mal, desde luego que no bajamos.

Salimos el martes día 8, subíamos poco a poco. Un día para llegar al Campo I, otro hasta el Campo II… reservando fuerzas para el ataque final. Llegamos al Campo III, algo cansados, pero es normal si estamos a casi 7.500 metros que es donde instalamos el campamento.

Y llegó el viernes 11. Habíamos dormido poco, pero con eso ya habíamos contado, y nos preparamos para salir a las cuatro de la mañana, pero teníamos un poco de neblina, y sin la ayuda de la luna, y sin conocer el camino, era una locura salir. Por eso tuvimos que esperar a que amaneciera. Lógicamente éramos los únicos que atacábamos la cima por esta ruta -aunque inicialmente había dos finlandeses que subían con nosotros-. Tuvimos que abrir la huella entre nosotros solos.

Fue muy duro. La subida es preciosa, es un recorrido de lo mejor que se puede hacer en el Himalaya, nos sorprendió por su belleza, no es demasiado difícil, ni peligroso, pero es largo, pesado, nos hundíamos 30 ó 40 centímetros y había que ganarse cada paso y, claro, el cansancio se acumula, y el tiempo pasa, a la vez que las fuerzas se gastan, y cada vez vas más despacio.

Yo por mi parte no estaba muy convencido de seguir adelante cuando vimos que se nos iba a hacer de noche. Teníamos que acceder a una arista a la que confluye también la ruta británica del Suroeste, (la que hicimos en 1998). Llegamos a la arista y ya advertí -por los recuerdos que tenía- que aún nos quedaba bastante. Pero como todos teníamos ganas de hacer cima y no nos veíamos en peligro, seguimos para arriba. 

Pero la noche, el cansancio, y la luz limitada de nuestras frontales, hizo, seguramente, que tuviéramos un error de cálculo. En un momento determinado creímos estar en la cima y la dimos por buena. (La cima del Shisha no es precisamente de esas que tienen alguna característica que la identifican como tal).

Aún en el descenso, en algún tramo que por haber placas de hielo no se notaba la huella, dudamos y nos costó encontrar el camino, pero superado estos pequeños tramos y con un cansancio tremendo por el tiempo que llevábamos sin parar, por fin a las cuatro y pico de la madrugada llegábamos al Campo III.

En total fueron alrededor de 22 horas sin parar…

Descansamos algo y al amanecer volvimos nuestras miradas a la cumbre y al itinerario que habíamos seguido… No tardamos nada en darnos cuenta de que, posiblemente, donde estuvimos no era el punto más elevado, aunque habíamos estado muy cerca. Lo miramos y remiramos y no había duda.

La primera noticia que dimos fue por la noche, para tranquilizar a los nuestros y comunicarles que habíamos hecho cumbre y que ya bajábamos, pero cuando comprobamos nuestro error, lo dimos a conocer a todo el mundo, esperando hacer declaraciones «oficiales» a nuestra llegada al Campo Base, ya relajados y con las ideas más claras, sobre las razones de nuestra equivocación.

Y esta es la triste realidad. Estas cosas pasan muy a menudo en la montaña. Toda la ilusión de tanto tiempo, el  apoyo de tan buena gente que confía en ti, que colabora para que consigas tu objetivo y el esfuerzo, el sacrificio y tantas penalidades no han dado el fruto deseado.

Nos queda el consuelo, que no es poco, de que lo hemos dado todo, hasta la extenuación, estamos satisfechos y podéis estar seguros de que hemos puesto todo lo que estaba de nuestra parte, pero en la «lucha» contra estas montañas no siempre se unen todas las circunstancias necesarias para que puedas ganar. A pesar de todo hemos vuelto sanos y salvos y seguiremos luchando por alcanzar nuestros sueños…y que lo podamos celebrar, porque «soldado que se vuelve vale para otra batalla»

No se cómo podría agradecer vuestro apoyo incondicional, MUCHAS GRACIAS y hasta que nos veamos «cara a cara», un fuerte abrazo,


 
Juanito Oiarzabal. Campo Base del Shisha Pangma, 14 de mayo de 2012

 


 
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