EXPLORANDO

Iñaki Ochoa, Annapurna por la arista Este

El alpinista navarro afronta un nuevo ochomil, uno de los más duros, el Annapurna, por una de sus líneas más extremas, la que asciende por la arista Este, junto a Horia Colibasanu y Don Bowie. Ya ha instalado el Campo 1.

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Iñaki tras su ascensión al Dhaulagiri la temporada pasada.- Foto: Col. Iñaki OchoaIñaki tras su ascensión al Dhaulagiri la temporada pasada.- Foto: Col. Iñaki Ochoa

Iñaki Ochoa vuelve a la acción, que ya la echaba de menos. Acompañado por Horia Colibasanu y Don Bowie, trabaja en el Annapurna, habiendo instalado ya su primer campo de altura, concretamente en su poco transitada arista Este. Si el Annapurna es de por sí un duro hueso, Iñaki escoge una de sus líneas más comprometidas,  donde, por ahora, ha alcanzado los 5.400 metros. «Acabo de superar uno de los años más difíciles de mi vida. La terribles secuelas del ascenso al Dhaulagiri han tardado en sanar más de lo que hubieramos imaginado».

Sin embargo, como buen alpinista, Iñaki no se ha podido resistir a la atracción de un reto complicado. «Todo está listo. He podido mirar a mi interior con paz, y he visto al Annapurna llamarme con sus cantos de sirena. Y como soy un hombre muy débil, no he hecho otra cosa que sucumbir a sus encantos». A continuación la crónica de Iñaki desde la montaña.

Las paredes del pozo
«Me parece que ya se ha hecho tarde para cambiar de rumbo, y además no tengo ganas. Creo que somos tipos tercos, de esos que nunca aprenden aunque les muelan a palos. Sostengo que la escalada ha rescatado mi vida de las garras de una existencia burguesa, mediocre o insignificante, o todo ello a la vez. Aunque haya quién piense que sólo somos los niños malcriados de una sociedad decadente, yo no lo creo así, y sólo espero el momento de subir bien alto para mirar una vez más con infinita libertad dentro de mí, y para robarles energía a estas montañas sin par que me alimentan y enriquecen cada vez más. Esta vida, que yo mismo he elegido, me llena profundamente. “Piedra que rueda, no coge musgo” dice un refrán, creo que inglés o algo peor. Mis paisanos de BARRICADA lo cantan mucho mejor, sin duda; “Mira cómo todo se llena de polvo, cuando no le das meneo a la vida…”. Para barricada de verdad, esta pared sur del Annapurna que domina nuestras vidas y es el objeto de nuestros anhelos, esperándonos como un amigo fiel y silencioso. Y para meneo, el que sin duda nos espera. En toda la historia, sólo cinco personas han alcanzado la cima por la arista este, nuestra ruta.

Hemos comenzado el arduo trabajo de encontrar la ruta y equipar los primeros campos de altura, acarreando hacia ellos toda nuestra impedimenta, que es escasa pero aún así pesa lo suyo en nuestras mochilas. Como siempre, escalamos sin sherpas, y por supuesto sin oxígeno. La ruta no decepciona; es farragosa, inconcreta y exigente desde el primer metro. Para empezar a hablar del tema, hay que perder 200 metros de altura y bajar a un glaciar pedregoso que nos separa de la morrena opuesta, lugar donde se instala el campo base tradicional. Pasado este sombrío lugar, una empinada travesía de hierba congelada nos pone en apuros, y debemos ponernos los crampones para superar el tramo, que dejamos equipado con una cuerda de 150 metros, ya que un simple resbalón sería mortal de necesidad. Todo ello a la altitud extrema de 4.200 metros. Miseria desde el principio, cómo me gusta.

Horia Colibasanu llegando al Campo 1 del Annapurna.- Foto: Iñaki OchoaHoria Colibasanu llegando al Campo 1 del Annapurna.- Foto: Iñaki Ochoa

Así es como empezó todo, hace ya unos días, pero ahora una semana larga de mal tiempo nos ha dejado más o menos inmovilizados en nuestro campo base. Las nevadas, copiosas y diarias, han ralentizado nuestro ritmo pero no han mermado un ápice nuestra moral. Poseemos tiempo de sobra, tenemos de todo y nada será capaz de desesperarnos. No pasa nada por un poco de nieve, ya que falta prácticamente toda la temporada y, cuando la mayoría de las expediciones de este año todavía no han llegado a sus respectivos campos base, nosotros tenemos ya el objetivo en el punto de mira. Además me encuentro especialmente satisfecho de la elección de compañeros de este año, que modestamente juzgo como un gran acierto. Horia Colibasanu, un gran amigo, está en muy buena forma, además de que no deja de hacer bromas. Don Bowie es un escalador excelente, extremadamente fuerte, motivado, tranquilo y además un excelente compañero. Me parece que no será la última vez que nos veamos las caras.

Por la noche hace todavía mucho frío, cuando deja de nevar, y a veces me siento a ver las estrellas, en el memorial que domina el campo base, bajo las banderas tibetanas de oración. El cielo que disfrutamos aquí no se puede ver en ningún otro lugar, y el silencio es una droga que colma mis venas de paz. Sentado entre las placas de los amigos y desconocidos que dejaron aquí su vida, sonrío en su memoria, miro al gigante Annapurna, y sigo susurrando versos de alguna vieja canción; “Y si me dejas, te voy a pintar con el color de cualquier esquina”…

Fuente: Iñaki Ochoa (www.navarra8000.com)

 

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