EXPLORANDO

Gerlinde Kaltenbrunner y Ralf Dujmovits cambian de ruta

La alpinista austriaca buscará la cima del Everest, su decimotercer ochomil, por el Collado Norte y la arista NE. Abandonan la idea del corredor Hornbein por las malas condiciones de la línea, cargada de nieve durante los últimos días de mal tiempo.

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Ralf DujmovitsRalf Dujmovits

“Simplemente, tengo que aceptar que ya no soy tan valiente como cuando era joven. Aunque quizás sólo sucede que ahora percibo con más claridad los peligros, después de tantos años de experiencia. O que he visto demasiadas muertes durante mis años de escalada. O es una combinación de todo esto lo que me induce a frenar la escalada de la Cara Norte. Sea lo que sea, Gerlinde está de acuerdo en seguir mi intuición y no escalar la Cara Norte, objetivo por el que tan duro habíamos entrenado durante tanto tiempo”.

Con estas palabras se ha despedido Ralf Djumovits del audaz intento de escalar junto a Gerlinde Kaltenbrunner la Cara Norte del Everest enlazando el Corredor Hornbein y el Corredor de los Japoneses. Una ascensión que seguirá reservada a sus únicos protagonistas hasta la fecha, los suizos Erhard Loretan y Jean Troillet. El matrimonio de austriaca y alemán sustituirá esa ruta por otra para que Gerlinde sume su decimotercer ochomil en el techo del mundo y Ralf pueda eliminar de su lista de los catorce la única cima conseguida “con oxígeno”.

La línea sustituta elegida por Ralf y Gerlinde, también por la vertiente Norte del Everest, les conducirá por la conocida como ruta Odell hasta los 7.200 metros, cruzarán el Collado Norte y alcanzarán la cima siguiendo la arista NE. “Sigue siendo un gran reto”, asegura Djumovits, “especialmente cuando escalas sin oxígeno; y además, las opciones de alcanzar el campo base sanos y salvos son realmente mucho mayores”. Ambos se han puesto ya en marcha, para intentar llegar a la cumbre el 22 de mayo, cuando sus previsiones auguran una ventana de buen tiempo.

Épico último intento

Gerlinde KaltenbrunnerGerlinde Kaltenbrunner

La decisión de cambiar de ruta ha llegado después de un épico último enfrentamiento con la Cara Norte, tras dos semanas de “mal tiempo o incluso muy mal tiempo”, según Ralf. “El 11 de mayo, nuestro amigo y gran meteorólogo Charly Gabl nos escribía: Viento en Cumbre: MIÉ: W 140 km/h, JUE: W 135 km/h, VIE: WSW 110 km/h. Nuestro campo base estaba bastante expuesto a los fuertes vientos y nuestra tienda cocina casi había salido volando por las ráfagas un par de veces”, explica.

“De todos modos, el viento amainó un poco durante los dos últimos días y Gerlinde y yo fuimos hasta la Cara Norte para echar otro vistazo. Queríamos refrescar nuestra aclimatación y ver cómo estaba el hielo después de esos días de mal tiempo. En la marcha de aproximación, Gerlinde estuvo a punto de desaparecer dos veces en sendas grietas, cubiertas por la nieve. La capa de nieve nueva, de unos 10 o 15 cm de grosor, había sido dispersada por el viento y era casi imposible distinguir incluso las grietas más grandes”.

“Pero después de unas 5 horas alcanzamos nuestro pequeño depósito de material en el plateau del glaciar, justo bajo la Cara Norte. Charly también estaba en lo cierto en cuanto a las temperaturas en la montaña. En su email del 14 de mayo nos escribió: El sábado, las temperaturas en la cima pueden bajar hasta los -35ºC. Según las previsiones a largo plazo, las temperaturas serán de unos -29ºC el 22 de mayo, y en cualquier caso la tendencia es ascendente”.

Frío y avalanchas de polvo de nieve

Djumovits continúa su relato: “Fue una noche muy fría; al anochecer, las temperaturas eran de -15ºC, aunque estuvimos contentos a la mañana siguiente (16 de mayo) cuando el sol golpeó nuestra pequeña tienda. Empaquetamos rápidamente nuestras mochilas y caminamos hacia la Cara Norte. La rimaya estaba muy diferente de un par de semanas atrás. Un puente de nieve cubría ahora la enorme grieta –de unos 40 metros de profundidad-, y un vacío de unos 30 cm ofrecía el único camino para alcanzar el hielo vertical. Las condiciones eran realmente mejores que la última vez, y el gran serac, que amenazaba por encima de la ruta, también se había roto haciendo la ascensión mucho más segura.”

“Sin embargo, cuatro tornillos de hielo después y habiendo llegado al borde superior de la cascada de hielo, algo malo sucedió: mientras yo estaba allí, con mis dos piolets clavados en nieve inestable, cayó una avalancha de polvo de nieve sobre mí. Apenas podía respirar, mis manos aferradas en los piolets quedaron entumecidas y no podía ver ni sentir mis pies, que me mantenían colgado en el hielo vertical. Finalmente, la avalancha pasó y fui capaz de moverme hasta un terreno más llano. Pero no tardó en caer otra avalancha sobre Gerlinde, que venía tras de mí, y que la convirtió en un muñeco de nieve saliendo del borde de la cascada. Continuamos unos largos más, antes de rapelar de nuevo hacia abajo.”

“Cuando llegamos al campo base esa tarde, teníamos que tomar una decisión. Gerlinde quería escalar la Cara Norte en sus condiciones actuales cuando el tiempo mejorara. Yo lo veía completamente diferente: la nueva capa de nieve no está consolidada, lo que significa que tendríamos que asegurarnos el uno al otro la mayor parte de la ruta, lo que nos llevaría mucho tiempo. Eso hubiera significado encontrar más sitios para vivaquear, que no existen y por lo tanto habría que tallar plataformas en el hielo y gastar muchas energías. Además, recuperarnos adecuadamente iba a ser también difícil en esas precarias condiciones. Y todo ello sin contar con la improbabilidad de tener una ventana de buen tiempo de más de tres días. La más mínima ráfaga de viento hubiera convertido el Corredor de los Japoneses en una sucesión de pequeñas avalanchas de nieve polvo, ralentizando más nuestra ascensión y haciéndola más peligrosa”.

 

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