EXPLORANDO

Gerlinde Kaltenbrunner cuenta cómo escalaron el K2

El pasado domingo llegó a casa y nos acaba de enviar su relato del día de cima en el K2 que consiguió junto con Vassili Pivtsov, Maxut Zhumayev (quienes también terminaron los Catorce) y Darek Zaluski el 23 de agosto.

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Maksut Zhumayev
Maksut Zhumayev

Después de casi 80 días en la “carretera”, o sea en la montaña, llegamos a casa la mañana del pasado domingo (11 de septiembre). Desde entonces, he tenido tiempo para reflexionar sobre estos días tan intensos y enriquecedores con gente extraordinaria, y estoy muy agradecida por ello. El sueño de mi vida, estar en la cima de los 14 picos de 8.000 m, después de varios reveses en el K2, se ha hecho realidad. Me gustaría agradecer a cada uno de vosotros con todo mi corazón haber creído en mí,  o más bien en nosotros. Gracias, por estar conmigo en vuestros pensamientos. Realmente podía sentirlo y convertirlo en energía.

El hecho de que Ralf se diera la vuelta en la montaña hizo posible informar sobre nuestro intento de cumbre. Sin embargo, ahora que estoy de regreso, me gustaría ofreceros algunos detalles más.

Cuando salimos del campamento base para llegar al campo 1, nevaba muy fuerte y sabíamos que tendríamos que esperar un día allí. Por suerte, el sol brilló provocando muchas avalanchas, lo que significaba que el camino al campamento 2 sería más seguro al día siguiente. Sin embargo, empezó a nevar de nuevo en torno a la medianoche y cuando salimos de nuestras tiendas a las 5 am, caía otra nevada que dejó 15 cm de nieve fresca. Todo fue bien subiendo hacia la travesía, pero sabíamos que el inicio de los corredores estaría algo peligroso.

Justo antes de la travesía, Ralf me dijo de pronto: “Gerlinde, me doy la vuelta, esto está demasiado emocionante para mí”. Fue un momento muy difícil para los dos. Si nos dábamos la vuelta y esperábamos habría más nevadas que impedirían subir más alto. Compartí mis pensamientos con él y le dije que mis sensaciones eran buenas. Por el contrario, las suyas eran malas. Respetamos nuestras decisiones individuales y Maxut, Vassily, Darek, Tommy y yo continuamos subiendo. Era importante estar juntos durante el ascenso con el fin de minimizar los riesgos.

Como muchas otras veces, la nieve era muy profunda en la arista. Cada 50 m, Max, Vassily y yo nos alternábamos abriendo huella. Como subíamos bastante lentos, sabíamos que tendríamos que vivaquear en algún lugar del hombro de roca. Para usar en caso de  emergencia, llevaba en la mochila una tienda muy ligera, la montamos a última hora de la tarde y nos tratamos de meter los cinco. Finalmente Tommy decidió bajar al C1 ya de noche y nos las arreglamos para entrar los cuatro. De vez en cuando dejaba de nevar, lo que nos hacía sentir más confianza para el día siguiente.

Dadas las circunstancias, pasamos una noche bastante buena, aunque todos salimos de la tienda hechos un cuatro. Hicimos las mochilas y seguimos al C2 con vientos y nevadas intermitentes.

Hicimos dos travesías difíciles. Cada uno albergaba la esperanza de que dejaría de nevar, como Charly [Charly Gabl, su meteorólogo] había predicho, que el viento aflojaría y que haría bueno para seguir hacia el campo 3 al día siguiente. Eso esperábamos…

Cuando llegamos al C2, picamos otra plataforma y reforzamos los anclajes para que la tienda aguantara las embestidas del viento. Después hablé con Ralf gracias a la radio que habíamos dejado en el campamento. Le dio alegría saber de nosostros y me dijo que había hablado con Charly. Le había dicho que la corriente en chorro debería alejarse hacia el norte al día siguiente. ¡Una gran noticia que nos dio confianza!

Campo 2. 5 AM

La tormenta arreciaba a pesar de que la corriente en chorro debería estar alejándose. El clima normalmente cambia muy rápidamente aquí, pero la corriente en chorro parecía hacerlo muy despacio. A pesar de estas condiciones horribles, todavía pensábamos llegar al C3. Abrimos huella en medio de viento muy fuerte y, como siempre, trabajamos muy bien todos. Por la tarde, llegamos al lugar de nuestro C3. Teníamos mucho frío y y rápidamente plantamos nuestras pequeñas tienda.

Cuando llamé a Ralf, él estaba bajando al campamento base avanzado con Tommy. Nos dijeron que se suponía que la corriente en chorro tenía que desaparecer. Maxut y Vassily sólo asintieron con indiferencia y no tengo ni idea de lo que realmente pensaban en ese momento. Sin embargo, Charly acertó esta vez y el viento casi muere por completo. Los últimos días habían sido mentalmente muy duros para nosotros, y nos dimos cuenta ahora que el tiempo estaba mejorando porque el ambiente entre nosotros tambíen lo hacía y todo el mundo parecía estar más relajado. Ralf nos aseguró que la corriente en chorro se habría llevado la nieve nueva y que no tendríamos que abrir mucha huella por arriba –y estuvo en lo cierto–. Hicimos un buen ascenso al C4 a principio de la tarde y montamos rápidamente las tiendas, derritimos agua y mantuvimos intensas discusiones. ¿Cómo debíamos procecer?

Sabíamos que la larga travesía justo antes del Corredor de los Japoneses sería otro gran reto. No teníamos nada claro que pudiéramos subir bien con las condiciones de nieve actuales. Para usarla en caso de emergencia, metí en mi mochila mi tienda pequeña, cazo y hornillo, y Maxut y Darek metieron un cartucho de gas cada uno. También echamos 50 metros de cuerda cada uno. La travesía estaba bastante delicada y tuvimos que ir despacio. Ralf nos seguía con sus prismáticos y yo estaba muy contenta de poder preguntarle por la radio de vez en cuando, sobre todo cuando llegamos a un punto donde no sabíamos por dónde sería mejor atravesar la empinada ladera.

Ralf podía ver los corredores desde una perspectiva completamente diferente, y descubrió una grieta que iba desde el borde derecho de los corredores a la izquierda. Él nos aconsejó ir directamente por debajo de la grieta para evitar posibles avalanchas. Seguimos su consejo y pudimos cruzar con seguridad. El tiempo pasaba rápidamente y, aunque todos estábamos agotados, nos sentíamos bien y decidimos no volver a bajar al C4. Justo debajo de una cornisa de hielo a unos 8.300 m, excavamos una pequeña plataforma en la ladera de 50 grados donde apenas cabía nuestra pequeña tienda de campaña. Sólo nos hacía falta durante unas pocas horas, ya que pensábamos salir hacia medianoche. Con el volumen adicional de nuestros monos de pluma estábamos aún más apretados que la otra noche en el hombro de roca. Sin embargo, pudimos derretir algo de nieve. Fueron sólo unas pocas horas. Hacía un frío glacial que fue a más. Con el fin de controlar las sensaciones, me concentraba en cada parte de mi cuerpo. Aunque todos estábamos muy cansados, ninguno pegó ojo. Compartimos unos sobros de agua caliente y un cazo de sopa. Nos apoyamos los unos en los otros y, a pesar de las circunstancias, todos fuimos inmensamente tolerantes. Compartíamos un objetivo enorme que sólo podríamos alcanzar juntos, todos juntos solamente.

A 1.30 de la madrugada, Maxut, Vasili y yo comenzamos nuestra subida. Sin embargo, después de unos 50 metros de desnivel nos dimos la vuelta ya que no podíamos sentir los dedos de manos ni pies. Esperamos hasta las 7.30, hasta que vimos que nos iban a dar los primeros rayos del sol, para salir. Hubo mucha nieve desde el principio y subimos por el borde izquierdo del Corredor de los Japoneses. Ganamos altura muy lentamente. Ralf, con quien estaba en contacto permanente por radio, nos animaba: “Una vez que lleguéis a la pala que lleva a la cresta cimera, la nieve será mucho mejor”. Su afirmación nos dio ánimos para seguir, sin embargo, cuando llegamos, nos dimos cuenta de que era al revés. Literalmente, nos quedamos atascados en la nieve. Tratamos de subir en tres direcciones diferentes, pero en vano. La nieve era superprofunda con una costra dura. Abrimos huella diez pasos cada uno, ganando unos 10 metros de desnivel por turno. ¿Podría ser que el K2 se nos negara otra vez? Vassily, Maxut y yo nos mirábamos pero nadie decía una palabra. Metro a metro trabajamos duro hasta que llegamos a una zona rocosa, un terreno mucho más fácil. De repente sentí una increíble oleada de energía. Cuando llegué a la cresta cimera, me puse en contacto con Ralf. Lo único que podía oírle decir fue: “…lo harás, casi lo tienes”.

 Cuando Vasili me alcanzó, me preguntó si lo conseguiríamos.

La arista que conduce a la cumbre estaba completamente barrida por el viento y cuando llegamos justo debajo de la cumbre, pudimos mirar hacia el Cuello de Botella en la otra cara. Me detuve un minuto,  sentía a Frederik en ese momento.

Mientras Vassily esperaba a Maxut, seguí hacia la cumbre. Los últimos pasos fueron los momentos más especiales e intensos que sentí en esta expedición. Tuve quince minutos para mí sola en la cima y yo quería compartirlos con Ralf. Este día, la luz del atardecer increíble, casi sin viento en el aire fueron un regalo enorme.


 

Di gracias al cielo, la creación, a Ralf y a todo el mundo, que estuvo con nosotros en pensamiento. Soy incapaz de poner en palabras mi alegría. Llegaron en primer lugar Maxut y Vassily  seguidos de cerca por Darek. Alrededor de las 19.00, después de hacer nuestras fotos de cumbre, comenzamos el descenso. Cuando salimos de la tienda por la mañana, ya sabíamos que íbamos a descender de noche, todos llevábamos pilas de repuesto para las frontales. Pero lo más importante era mantener la concentración hasta llegar al campo. El más mínimo error podría ser fatal. Dejamos la cresta cimera justo cuando el sol se estaba poniendo y llegaba la noche. Vassily y yo llegamos a nuestro campamento aproximadamente a las 23.30 y de inmediato encendí el hornillo para derretir un poco de nieve. Maxut y Darek llegaron un poco más tarde. Vassily y Maxut y decidieron pasar la noche en el vivac. Darek y yo bajamos al campo 4.

Cuando Maxut y Vassily llegaron a la mañana siguiente, bajamos juntos al campo 1. La nieve estaba tan profunda que nuestro progreso, una vez más, fue muy lento. Finalmente llegamos al campo 1 a las 3 de la mañana. Como Ralf ya había apalabrado con los arrieros los camellos para el día siguiente, teníamos que estar en el campamento base chino la noche siguiente. Al día siguiente, bajamos con nuestras mochilas hasta los topes a nuestro campamento-depósito, adonde llegamos a las 10 am. Ralf y Tommy llegaron poco después. La alegría y el alivio que sentí cuando Ralf me abrazó son casi imposibles de describir… La carga de los últimos días se levantó de mis hombros. Lo habíamos hecho. El sueño de mi vida se había hecho realidad …

Una vez más, un millón de gracias a todos por estar ahí.


 

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