EXPLORANDO

Explicar lo inexplicable: a puñetazos en el Everest

Nada justifica la inexplicable de la pelea en el C2 del Everest entre un grupo de sherpas por un lado y Simone Moro, Ueli Steck y Jon Griffith por el otro. Algunas voces dan algo más de luz sobre el asunto, que habría dado por concluida la expedición italo-suiza.

Dennis Urubko
Dennis Urubko
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Parece que la conclusión inevitable de la pelea que enfrentó a un numeroso grupo de sherpas contra Simone Moro, Ueli Steck y Jon Griffith va a ser que una de las expediciones que más expectativas había despertado esta estación será cancelada. Ueli Steck y Jon Griffith han manifestado que no se sienten seguros en la montaña después de haber sido agredidos y amenazados de muerte, y podrían estar ya pleneando su regreso a casa.

Lo delicado del asunto y la falta de fuentes que ofrezcan el punto de vista de los sherpas en esta cuestión ha provocado cierta desinformación desde que se produjo el incidente en el C2 de la ruta normal del Everest. De todos modos, algunas voces dan algo más de luz sobre el asunto desde el campo base de la montaña más alta y más concurrida del mundo.

Falta de respeto vs celo excesivo

Es el caso de Adrian Ballinger, de Alpenglow Expeditions, quien ha publicado un extenso post en su blog analizando las causas de la reyerta. Vaya por delante que Ballinger ha sido “en dos de los últimos tres años el único no-sherpa elegido para fijar cuerdas hastala cima del Everest”. Una posición que le permite contar con “fuertes relaciones con los sherpas, guías occidentales, alpinistas profesionales y clientes” y recibir información y opiniones de todos los puntos de vista.

Para él, “ha habido múltiples errores desde ambas partes”. En lo que respecta a Moro, Steck y Griffith, considera que deberían haber elegido otra zona para continuar su aclimatación, habida cuenta de que los sherpas estaban realizando allí las complejas y lentas tareas de fijación de cuerdas. Unas tareas que se habían visto retrasadas el día anterior al encontrarse una gran grieta justo antes de llegar al C3 y que les había obligado a cambiar de ruta y a trabajar presionados por las prisas de las expediciones que ya aguardaban en el C2 para continuar subiendo.

“Incluso aunque ninguna roca o trozo de hielo fuera desprendido por los alpinistas profesionales, e incluso si ningún sherpa hubiera resultado herido, continuaba habiendo una percepción de falta de respeto por su esfuerzo”, escribe Ballinger. Más si cabe, teniendo en cuenta el hecho de que ya habían sido advertidos de no escalar por encima del equipo de sherpas, cosa que debieron hacer por escasos metros cuando tuvieron que cruzar las cuerdas fijas.

Según otros observadores, conocedores de la cultura sherpa, el ofrecimiento de los tres alpinistas de ayudar a fijar cuerdas hasta el C3 -cosa que posteriormente llevaron a cabo- fue recibido como un nuevo agravio por parte de los sherpas, que consideraban que les estaban poco menos que arrebatando su trabajo.

“Dicho esto, la respuesta de algunos (no todos) los sherpas fue inexplicable e inexcusable. A pesar del desacuerdo o del lenguaje inapropiado utilizado por los alpinistas occidentales, las amenazas y la violencia por parte de los sherpas no estuvo bien”, resalta. Una conducta que sería especialmente errónea a una altura en la que hay que intentar minimizar accidentes y heridas de todo tipo. A decir de Ballinger, “un pequeño número de sherpas encendió al resto de la multitud que se formó. En mi opinión, estos sherpas deberían ser sacados de la montaña esta estación, y potencialmente procesados. Y lo mismo vale para los occidentales, si los testigos demuestran que respondieron con violencia”.

Un testigo asustado

El periódico local The Himalayan Times reproducía los comentarios de un testigo directo del C2, citando fuentes de la agencia France Presse. Se trataría de un alpinista occidental que habría preferido permanecer en el anonimato. Este testigo señala que, inicialmente, los sherpas pidieron a Simone Moro, Ueli Steck y Jon Griffith que no ascendieran por encima del equipo que equipaba la ruta, y que los europeos no hicieron caso.

Posteriormente, un furioso grupo de sherpas bombardeó a pedradas las tiendas de los tres alpinistas en el C2 hasta que salieron, cuando comenzó una fuerte discusión a gritos que pronto derivó en puñetazos. “Estaba aterrorizado por lo que veía, casi los matan”, señala el citado testigo.

Reunión para calmar los ánimos

Fuera como fuese, Ueli Steck pasó una noche en el hospital de Lukla. Algunas fuentes informan que se había producido un profundo corte en el rostro, mientras que otras señalan que no tenía ninguna herida visible. Sin embargo, este lunes, el suizo regresó hasta el campo base del Everest en el helicóptero para apoyar a Simone Moro y Jon Griffith en la larga reunión que se ha llevado a cabo durante todo este lunes en la que uno de los sherpas de mayor edad ha hablado en nombre de la comunidad. Dicho sherpa ha pedido disculpas a todos los occidentales y se ha comprometido junto a todos los sirdars (el sherpa líder de cada expedición) a que algo así no vuelva a ocurrir.

Por su parte, Simone Moro y Ueli Steck también han pedido perdón al equipo encargado de la fijación de las cuerdas. El alpinista italiano comunicaba en su página de Facebook que los tres “hemos estado todo el día en una larga reunión con los líderes de las expediciones, los sherpas, las autoridades del gobierno, con el propósito de entender lo que realmente ocurrió y el deseo de solucionar toda la situación de la mejor manera posible”.

De momento, el terceto no cierra la puerta a continuar adelante con la expedición, aunque algunas fuentes ya habían dado por hecho que Ueli Steck y Jon Griffith emprendían el camino a casa ante la sensación de inseguridad vivida.

 

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