MADRID K2 2003

Una bonita historia en el Nanga Parbat

Desde el campo base del K2, la expedición madrileña echa la vista hacia atrás, y hacia el Nanga, primer «ocho» de Carlos Soria.

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Pedro Nicolás en el Nanga Parbat en 1990, donde consiguó su primer ochomil junto a Carlos Soria. Dos años antes, había sufrido un edema en la misma montaña. - Foto: Carlos SoriaPedro Nicolás en el Nanga Parbat en 1990, donde consiguó su primer ochomil junto a Carlos Soria. Dos años antes, había sufrido un edema en la misma montaña. – Foto: Carlos Soria

En este año 2003 se está celebrando con mucho entusiasmo el 50ºaniversario de la primera ascensión al Everest. Pero también, durante estemismo año, se cumple el cincuentenario de la primera ascensión a otra hermosamontaña de 8000 metros; el NangaParbat,-la montaña alemana-. Después de varios intentos y múltiplesdesgracias, protagonizadas por alpinistas alemanes, el 3 de julio de 1953consigue llegar a la cumbre de esta difícil y peligrosa montaña el míticoalpinista Herman Buhl.

Dos de los alpinistas de la actual expedición De Madrid al K2, vivimos unabonita historia hace 13 años en el Nanga Parbat. Mi primer intento para subir aesa montaña fue en 1988. Junto con mi compañero Pedro Nicolás fuimosinvitados para formar parte de una expedición organizada por la Escuela Militarde Montaña de Jaca. Fue una experiencia muy interesante acompañar al ejércitoespañol a conquistar su primer 8.000.

En aquella ocasión Pedro Nicolás sufrió un edema en el campo 2 a 6.200metros. A pesar de ello pude tener la oportunidad de conseguir la cumbre con doscompañeros militares. Llegamos al campo 4 con muy buen tiempo pero durante lanoche mis compañeros enfermaron por la altitud y a la mañana siguiente,después de un pequeño intento, y con un tiempo excepcionalmente bueno, nopudimos hacer otra cosa que darnos la vuelta hacia el campo base.

Segunda oportunidad…

Carlos Soria en la cima del Nanga, su primer ochomil, que logró junto a Pedro Nicolás en la expedición del 90. - Foto: Carlos SoriaCarlos Soria en la cima del Nanga, su primer ochomil, que logró junto a Pedro Nicolás en la expedición del 90. – Foto: Carlos Soria

Me había quedado con muchas ganas de subir a esta preciosa montaña, porello, en el 90, conseguí organizar una nueva expedición (Peñalara al NangaParbat ) con viejos amigos de otras expediciones: Mariano Arrázola, EduardoMartínez de Pisón, Pedro Nicolás, Ángel Sánchez, y un joven y nuevocompañero, Jorge Palacio.

El mal tiempo y alguna pequeña desgracia nos persiguió durante laexpedición. El día 31 de julio estábamos en el C2 Pedro Nicolás, JorgePalacio y yo. Durante tres días estuvimos esperando una mejoría de tiempo. Ala mañana siguiente se produjo nuestra última oportunidad cuando yapensábamos retirarnos. A medio día se abrieron un poco las nubes y llegó unrayo de sol que nos dio esperanza para esperar a la noche siguiente.Efectivamente a las 2 de la madrugada, en el cielo solo había estrellas ynuestros corazones latieron con la rapidez que les impulsaba nuestra emoción.

Subimos directamente del campo 2 (6.200) al 4 (7.200). No teníamos másdías ni queríamos arriesgarnos a otro cambio de tiempo. Durante los últimosmetros para llegar al campo 4 ocurrió algo que a Pedro y a mí nos preocupómucho. Jorge, que seguramente era el compañero más fuerte de la expedición,se nos retrasaba y le veíamos doblarse y apoyar la cabeza en la pendiente.Montamos la tienda y bajamos a su encuentro para ayudarle y enterarnos de lo quele ocurría. Según nos comentó, tenía un fuerte dolor en el pecho.

…misma encrucijada

Carlos Soria y Jorge Palacio escribiendo esta bonita historia en el CB del K2, más de una década después. - Foto: Exped. Madrid K2 2003Carlos Soria y Jorge Palacio escribiendo esta bonita historia en el CB del K2, más de una década después. – Foto: Exped. Madrid K2 2003

A través de la radio conectamos con Mariano Arrázola y por los síntomasque le transmitía Jorge, Mariano interpretó que parecía un edema y deberíabajar rápidamente. El tiempo era formidable, igual que cuando llegue allí conlos militares, y recordando aquella ocasión sentí que mi suerte eraterriblemente mala. Otra vez tenía muy cerca la cumbre de esta montaña peroteníamos que bajarnos, como era lógico, para ayudar a nuestro compañero.

Cuando empezábamos ha hacer los preparativos para el descenso, Jorge senegó rotundamente a que le acompañáramos, dijo que tenía suficiente fuerzapara bajar solo. Se llevaría una radio y hablaría continuamente con nosotros ysi nos necesitaba bajaríamos rápidamente por las cuerdas para ayudarle. Almismo tiempo Mariano y Toti subirían un poco más arriba del campo 1 pararecibirle. Y así fue.

La postura lógica de cualquier alpinista habría sido la de esperar al díasiguiente, ó bien, la de acompañarle en ese momento para bajar con masseguridad. Por el contrario si esperábamos, él podía empeorar. Jorge optópor bajar sólo 2.000 metros de desnivel incluyendo el muro Kinshofer. Gracias asu generosidad y fortaleza Pedro y yo conseguimos nuestro primer ochomil.

Carlos Soria
(Campo Base del K2)

K2 2003: avance madrileño

Aurelio Sanz en el Campo 1 del Espolón de los Abruzzos (Arista sureste) del K2. - Foto: Exped. Madrid K2 2003Aurelio Sanz en el Campo 1 del Espolón de los Abruzzos (Arista sureste) del K2. – Foto: Exped. Madrid K2 2003

El 24 de junio a las 4:00 nos ponemos en marcha rumbo al C1 del Espolón delos Abruzzos, con intención de instalarlo y pasar la primera noche en él.Coincidimos con nuestros amigos de la expedición andaluza llegando al campobase avanzado. Con los primeros rayos de sol bañando la pala de entradacomenzamos a ganar el desnivel que nos separa de nuestro objetivo. Pronto cadauno va encontrando su ritmo y tras una media hora alcanzamos el comienzo de lascuerdas fijas que nuestros amigos andaluces han instalado y revisadoanteriormente.

Una mirada atrás nos da idea del desnivel que hemos superado y laverticalidad de la ruta. Poco a poco nos vamos reuniendo todos en el C1, dondeel sentimiento de alegría es unánime por haber alcanzado éste punto en menosde 5 horas, prácticamente a 6.000 metros, mil por encima del campamento base.Pero no todo son alegrías, porque espacio, lo que se dice espacio, hay bastantepoco espacio para montar las tiendas. Nos toca darnos una sesión de pico y palade 2 horas que nos deja más castigados que la propia ascensión. Por fin aúltima hora de la tarde conseguimos meternos en nuestro liviano peroconfortable refugio, y como en el anuncio, lo primero que hacemos es tomarnos uncapuchino.

A medida que aproxima el ocaso, el Karakorum se nos muestra en todo suesplendor, estamos en un balcón de vistas privilegiadas. Caen los grados a lavez que aumenta nuestro dolor de cabeza, esta primera noche será larga ypenosa, como es habitual a estas alturas a principios de expedición. Con losprimeros rayos de sol retorna la vida a nuestros maltrechos cuerpos, desayunamoslo poco que nos entra e iniciamos el descenso hacia el campo base. Duranteéste, alguno de nosotros descubre que las técnicas de descenso de toda la vidasiguen siendo lentas sí, pero más seguras. Alcanzamos el glaciar y ya sólonos resta un paseo hasta el campo base que hacemos muy contentos tras haberinstalado ya el primer campo de altura.

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