ENTREVISTA

Stefi Troguet: “Voy al Dhaulagiri para reconectar conmigo misma”

La andorrana de 28 años parte con Jonatan García para intentar el tercer ochomil de sus Catorce. Admite que esta expedición será un colchón emocional antes de enfrentarse al K2 en verano, donde desaparecía el mes pasado su segundo padre ochomilístico, Ali Sadpara.

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Stefi Troguet se prepara para el Dhaulagiri.
Stefi Troguet se prepara para el Dhaulagiri.   Col. S. Troguet

Stefi Troguet irrumpió en el panorama del ochomilismo en 2019. Precedida por su energía desbordante y su sonrisa omnipresente, ha hecho bandera de sus labios siempre pintados de carmín para convertirse rápidamente en uno de los principales valores femeninos actuales en las grandes montañas. Sus ascensiones sin oxígeno suplementario al Nanga Parbat en verano y al Manaslu en otoño de ese año le han valido el reconocimiento y el respeto de la comunidad.

Llevó a cabo aquellas expediciones con la agencia Elite Expeditions, bajo el liderazgo de Nirmal Purja. Aunque considera a Ali Sadpara como su segundo padre himalayístico. Fue el pakistaní quien la recogió en Islamabad para hacer con ella el trekking del Nanga Parbat en su primer ochomil y luego también compartieron expedición en el Manaslu. En Pakistán también coincidió y compartió muchos momentos con Sergi Mingote.

El año pasado había planeado ir a los dos Gasherbrums en verano, pero la pandemia obligó a cancelar los planes. Para 2021, ya tenía pensado ir al K2 y al Broad Peak en verano. Lo sucedido en el K2 invernal la han afectado enormemente e incluso se planteó cancelarlo. Al final, ha decidido ir primero al Dhaulagiri, que será una especie de colchón emocional que compartirá con Jonatan García, también marcado por la desaparición de su compañero Juan Pablo Mohr.

Hablamos con ella a pocos días de su marcha para que nos cuente los detalles y conocerla un poco mejor.

“Formamos equipo solo Jonatan y yo, sin sherpas ni oxígeno”

Viajas la semana que viene a Nepal para intentar el Dhaulagiri con Jonatan García. ¿Vais integrados en un grupo mayor? ¿Con qué agencia?
Pues sí, partimos la semana que viene Jonatan García y yo. Vamos los dos, no formamos parte de un grupo mayor. Hemos contratado los servicios de campo base con Seven Summit, sin asistencia de sherpas. Aunque sabemos que Carlos Soria también tiene previsto ir y compartiremos todos campo base.

¿Qué planes tiene la expedición?
Llegamos a Katmandú el día 11 y tenemos una cuarentena que hay que hacer, aunque todavía no sabemos de cuántos días. Hace unos días se hablaba de seis, ahora se habla de cinco, ayer incluso escuché que se hablaba de cuatro… Ya nos lo encontraremos cuando lleguemos. Empezaremos la expedición en la región del Khumbu, haremos el trekking del Everest, iremos hasta el campo base, subiremos el Kala Patthar… Es un trekking que yo he hecho dos veces, Jonatan también lo ha hecho y consideramos que es muy cómodo para aclimatar cómodamente y a buenas alturas. Haremos esto durante catorce o quince días.

Después regresaremos un par de días a Katmandú, para terminar de comprar la comida de altura, el gas, etc. Y finalmente, haremos el trekking del Dhaulagiri, que contamos hacer en cinco días, para llegar al campo base hacia principios de abril. Allí nos encontraremos con el resto de expediciones, que en principio todas vuelan hasta el CB. Nosotros queremos hacer el trekking.

Una vez allí, la idea que tenemos ahora mismo y que adaptaremos según las condiciones de la montaña, es hacer dos rotaciones, para realizar algún porteo de material, terminar de aclimatar bien –hasta C2 o C3, dependiendo de cómo esté la montaña– y después ya un ataque a cima, esperamos que hacia principios de mayo.

¿Qué ruta tenéis previsto seguir?
Utilizaremos la ruta normal del Dhaulagiri. Después de un año de parón, para un primer ochomil hemos ido a lo seguro, la ruta normal. Como te decía antes, los campamentos dependerán de las condiciones de la montaña. La idea sería que C1 y C2 se montan siempre en el mismo sitio, y a partir de C3, depende. Dependiendo de cómo nos encontremos la montaña, montaremos C3 y C4 o, si vemos que las cosas no están para estar demasiado tiempo por arriba, montaríamos un C3 más alto sin montar C4… Todo variará un poco según nos lo encontremos.

“No me hago expectativas, decidiremos según las condiciones de la montaña”

¿Por qué has elegido el Dhaulagiri?
Yo tengo el proyecto de intentar los catorce ochomiles – no me marco ningún margen de tiempo– y, por lo tanto, el Dhaulagiri es uno de ellos y es uno de los retos a alcanzar. La decisión ha sido porque Jonatan hizo un intento con Juan Pablo Mohr, pero no llegó a la cima. Es una espina que él tenía clavada, un proyecto que él quería acabar y me lo propuso. Poco me costó decir que sí, juntarme con él y formar equipo.

¿Qué idea tienes a priori de esta montaña?
Soy una persona que no me hago muchas expectativas con nada. Evidentemente me miro la ruta, la estudio… nos hemos mirado dónde se suelen montar los campamentos, dónde podríamos o no hacerlo… Pero lo que espero es llegar allí, ver cómo está la situación y la montaña y, a partir de ahí, tomar decisiones y crear un plan más adecuado al momento.

También pienso que la idea de esta expedición es, más allá del propio Dhaulagiri, volver a reconectar con la montaña y volver a encontrar la motivación en las grandes montañas, después de un invierno duro. No he perdido la motivación, pero pienso que me hará falta emocionalmente esta primera expedición para volver a reconectar conmigo misma.

“Para mí, los catorce ochomiles sin oxígeno se trata de un reto entre la montaña y yo”

¿Qué estilo de ascensión?
Vamos los dos juntos y ese es el equipo al completo. No será estilo alpino, porque tenemos intención de hacer porteos de altura y dejar las tiendas en los campamentos de altura. Así que usaremos un estilo tradicional de expedición.

¿Usarás oxígeno suplementario?
No, para nosotros no es una opción. Mi proyecto son los catorce ochomiles sin oxígeno. Puedes llamarme romántica o como quieras, pero para mí se trata de un reto entre la montaña y yo. Utilizar oxígeno cambia toda esta fórmula: la hipoxia, la sensación de frío, que cueste comer, el tener que aclimatar… Todo es un proceso y al final se vive en su totalidad cuando uno no usa oxígeno. Cuando añades a todo esto las botellas de oxígeno, la experiencia no es la misma. En el Manaslu, que compartí con muchísima gente que usaba oxígeno, lo vi todavía mucho más claro y no es lo que quiero hacer. Si en algún momento veo que no puedo, daré la vuelta, volveré a casa y me entrenaré más, me prepararé más para conseguirlo sin oxígeno.

“No tengo prisa, pero sí muchas ganas”

El Dhaulagiri sería tu tercer ochomil. ¿Cómo fueron los anteriores?
Sí, sería mi tercer ochomil después de haber conseguido el Nanga Parbat y el Manaslu en 2019. Lo cierto es que fueron dos experiencias muy diferentes entre sí. El Manaslu fue una expedición con muchísima gente, una experiencia de convivir con las colas de altura y todo el mundo usando oxígeno. No sé cuánta gente había, pero quizás eran 500 personas y de ellas apenas debíamos ir 15 sin oxígeno. Era algo descabellado.


 

Fue una expedición muy diferente a la del Nanga Parbat, que fue mi primera a un ochomil. Fue una expedición muy familiar, muy de equipo, con muy poca gente. Tuvimos que colaborar entre todos para montar las cuerdas fijas, asegurar la ruta, abrir la huella… Fue una verdadera expedición. En el Manaslu lo pasé muy bien, pero, para mí, lo que es una expedición a un ochomil fue la del Nanga Parbat, sin duda.

¿En qué consiste tu proyecto en los ochomiles y cuál es tu sello personal?
Mi proyecto en los ochomiles consiste en intentar subir los catorce sin usar oxígeno. Si miramos la historia del alpinismo, mujeres que lo hayan hecho son pocas y mujeres que lo hayan hecho sin oxígeno todavía menos. No tengo prisa, aunque evidentemente tengo muchas ganas y siempre que encuentro la financiación y la oportunidad lo tiro adelante. No me pongo fecha límite, ni máximos ni mínimos: cuando puedo, marcho, que tengo unas ganas enormes. Esta expedición al Dhaulagiri, por ejemplo, ha sido montada en el último momento y me vendrá muy seguida con el Broad Peak y el K2, pero se ha dado la oportunidad.

“Escuchaba que decían ‘¿dónde va esa niña?’ No pasará ni del campo base… Eso me daba más fuerza”

Acompañas tu imagen con un icono de labios pintados de carmín, ¿qué simboliza? ¿Qué mensaje hay detrás de ello?
Comenzó sin buscarlo. Soy una chica muy nerviosa y siempre llevo las manos destrozadas y los labios igual, por los nervios. Un día pensé que quizás si me los pintaba no me los destrozaría tanto, y me empezó a funcionar y lograba que no me arrancara las pieles de los labios… Me los fui pintando y se transformó como en una parte de mí, sin querer. Cuando empecé en el mundo de la montaña, así con los labios pintados de rojo, comenzó el cachondeo y era “la chica de los labios rojos”. Se creó una imagen, mi sello de identidad y al final, mi marca. Es algo que me ha dado mucha fuerza, porque me he dado cuenta de que, en muchas montañas a las que he ido, la gente se ha hecho una idea de mí al verme llegar a un campo base –no soy una chica corpulenta, sino que soy más bien menuda–, vestida de colores, con los labios rojos, lo primero que todo el mundo pensaba era “esta barbie o esta niña, ¿dónde va? No pasará ni del campo base”. Yo los oía, y no solo en ochomiles, sino que eso me ha pasado en seismiles y cincomiles también. Eso todavía me daba más fuerza. ¿Por qué se nos tiene que catalogar, no solo ya por ser mujer sino encima por ir bien vestida o con los labios pintados? Me dio mucha fuerza para decir: “Sí, soy una chica, voy vestida como tal y voy a lucharlo como cualquier otra persona”. Hay que evitar los prejuicios que tiene mucha gente, y creo que al final ese ha sido el mensaje que se ha creado. No ha sido algo buscado, sino que ha aparecido con el tiempo y pienso que es un mensaje muy potente.

¿Cómo te definirías como alpinista? ¿Cuáles son tus puntos fuertes y debilidades?
Soy una chica muy alegre, muy optimista, siempre con la mente abierta. Soy una persona con la que es muy fácil convivir, porque me adapto muy bien a todo. Pienso que esos son puntos fuertes. Suelo estar contenta, aunque tengo malos momentos como todo el mundo, pero creo que un 95% del tiempo estoy contenta. Me da igual en qué situación esté –malos momentos, situaciones de riesgo o de sufrimiento–, me la tomo con alegría. Tengo mucha energía.

En cuanto a puntos débiles, estoy aprendiendo día a día. Para mí, todo esto es una evolución y pienso que a nivel técnico es donde tengo margen para evolucionar. Yo vengo del mundo del esquí, de la montaña a nivel senderismo, por decirlo de alguna manera, y la parte técnica de la escalada la he descubierto relativamente tarde. Tengo un margen de progresión enorme. Igual que digo que cuando me sale la oportunidad de ir a un ochomi, cojo mis cosas y marcho, con todo esto es igual. Pienso que he dado un salto cualitativo a nivel de mejora de mi técnica muy grande en muy poco tiempo. Porque tengo muchas ganas, que ese es otro punto fuerte: tengo una motivación que no me la acabo.

“El K2 invernal ha sido el golpe más duro que he recibido en mi carrera alpinística”

¿Cómo has vivido las noticias del K2 invernal? Sé que habías coincidido con algunos de los protagonistas, como Ali Sadpara, Nirmal Purja, Sergi Mingote…
El K2 invernal ha sido el golpe más duro que he recibido en mi carrera alpinística y eso que he vivido experiencias de todos los colores. Pero esta ha sido la que más me ha afectado personalmente. Evidentemente, estoy muy contenta por Nims y todo el equipo de sherpas, que son parte de la familia y he compartido mis dos cimas de ochomiles así como el Ama Dablam con ellos. Para mí son como hermanos y me alegro muchísimo del hito que han conseguido. Por otro lado, ha sido una etapa muy dura para mí. He estado unos días pasándolo muy mal…

Primero fue Sergi Mingote, que fue un golpe muy fuerte y creo que todavía no he terminado de asumirlo ni aceptarlo. Fue un shock enorme, porque es una persona con quien he compartido mucho. Es una persona muy querida y que ha formado parte de mi recorrido, ha sido muy duro. Y que encima fuera en el K2 todavía lo acentúa más: le ha pasado esto a uno de mis compañeros y encima al sitio a donde voy en mi siguiente objetivo…

Después, el accidente de Atanas fue otro golpe muy duro. A pesar de que no lo conocía, fue otra caída en el K2 y sabiendo que yo voy próximamente… es fuerte.

Y finalmente, las tres últimas desapariciones, para mí fueron las más duras sin duda. Sobre todo por Ali Sadpara, que para mí era una persona muy, muy importante. Cuando fui al Nanga Parbat, que fue mi primera experiencia en un ochomil, no hice cumbre con él porque él tenía una congelación en un dedo y no pudo hacer cima. Yo iba con el equipo de Nims y, cuando llegué a Islamabad, me mandó un mensaje diciendo que ellos se retrasaban y que me vendría a buscar alguien de Pakistan… Me quedé sola en Pakistán y quien me vino a buscar fue Ali. Con él hice el trekking hasta el campo base, estuve con él en el campo base, montamos los dos juntos las cuerdas fijas de la parte baja de la montaña y luego se quedó en el CB como enlace. Fueron muchos días vividos con él. Fue él quien me hizo descubrir y amar Pakistan. Para mí, Pakistan se ha convertido en un lugar muy especial y llevo a su gente en mi corazón. Ali fue parte de todo esto y luego estábamos muy en contacto: me explicaba cuando se iba de vacaciones con la familia, me mandaba mensajes de voz… cuando consiguió patrocinador al Manaslu me escribió emocionado que iba para allá y nos veríamos… En el Manaslu volvimos a compartir expedición… Era una persona muy importante para mí y me ha dejado muy tocada. Me ha costado mucho asimilarlo, poder levantar la cabeza y me ha hecho plantearme si tengo ganas de seguir con el proyecto del K2 o bien cambiarlo de fechas y dejarlo para más adelante. Pero hablando con el equipo, hemos decidido continuar adelante con el proyecto. Emocionalmente será muy duro. Las últimas noticias, de cuando hablé con su hijo Sajid la última vez, es que él tiene la idea de ir hacia allá a recuperar el cuerpo de su padre. Yo ya he hablado con él y le he dicho que si coincidimos allí –si no va antes de que yo llegue– y puedo ayudarle en lo que sea, allí estaré. No lo conozco personalmente, pero hemos estado muy en contacto estos días y se ha convertido también en una persona importante para mí. Ali es como un segundo padre para mí y espero encontrarme pronto con Sajid y poder darle el abrazo que tantas ganas tengo de darle.

Precisamente, de cara a verano ya has anunciado que quieres ir hacia el K2. ¿Qué te empuja hacia allá?
Tomé la decisión de ir al K2 este verano durante el verano pasado, después del confinamiento. Mi proyecto para el verano de 2020 eran los dos Gasherbrums, pero se anuló. Me devolvieron el dinero y, por suerte, mis patrocinadores me han continuado apoyando, por lo que este año tenía un poco más de disponibilidad económica. Con mi equipo pensamos que, al tener algo más de presupuesto, podíamos apostar por una de las expediciones caras. Porque, evidentemente, el presupuesto es uno de los baremos que te hacen elegir una expedición u otra. La del K2 y el Broad Peak es una de las más caras. Este fue uno de los motivos.

Otro motivo fue que el K2 es una de las montañas que más respeto me da. Yo quería dejarla de las últimas, por la altura y también por la parte técnica. No es una escalada de roca como tal y he hecho otras más técnicas por Pirineos y por Alpes, pero esto unido a la altitud de 8.611 metros… no es ninguna broma. Pero como este año, después de la cuarentena, he podido moverme por rutas más técnicas en Pirineos y Alpes, en aristas, corredores, vías de roca… todo ello me ha dado una confianza en mí misma a nivel técnico que pienso que, si algún año, me puedo mover por terrenos más técnicos con confianza y de forma más fluida, es este. Por eso pensamos que sería un buen año para afrontar un reto como el K2.

Evidentemente, todo esto se decidió antes del K2 invernal, que me ha afectado muchísimo. Por eso también decidimos ir primero al Dhaulagiri, para poder tener una expedición antes de afrontar emocionalmente el K2.


 
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