Sito Carcavilla «Bendita próstata y maldita rodilla de Carlos Soria»

Sito Carcavilla, alpinista, compañero y gran amigo de Carlos Soria nos envía este artículo en clave de humor en el que nos describe la milagrosa recuperación (a sus 77 años) de la rodilla de Carlos Soria, lo que para quienes le acompañan en el Annapurna supone que un «problema»: baja corriendo sin darles un momento de descanso… ahora solo la próstata -que le obliga a parar de vez en cuando para orinar- les da un momento de respiro.

Autor: Sito Carcavilla | 1 comentario | Compartir:
Carlos Soria (izq.) y Sito Carcavilla en el Campo 2 del Annapurna. Marzo 2015  (Carlos Soria / BBVA)
Carlos Soria (izq.) y Sito Carcavilla en el Campo 2 del Annapurna. Marzo 2015

Que Carlos Soria es un “cagaprisas” lo sabemos todos los que le conocemos. Si quedas con él para ir a la montaña no esperes la típica parada previa en el bar del pueblo para tomar un café o tener una conversación introductoria en el aparcamiento de la Sierra. Acudirá puntual al lugar de encuentro y saltará del coche como un gato escaldado con el tiempo justo para ponerse la mochila e ir directo y sin prolegómenos a lo que más le gusta: escalar montañas. Y si quieres hablar o comentar la jugada, podrás hacerlo de camino a la pared o montaña que sea, si tienes resuello para ello, claro.

Que nadie piense por esto que Carlos es un personaje arisco o huraño. Todo lo contrario. Simplemente es que, sin ese nervio y esa pasión, sería imposible que una persona de 77 años estuviera escalando ochomiles con la misma ilusión con la que lo hacen alpinistas 30 y 40 años más jóvenes que él. Una motivación inquebrantable mantenida a lo largo de décadas.

«Nacho Tena popularizó la frase «Bendita próstata de Carlos Soria» pues su necesidad de evacuar permitía un respiro durante las caminatas»

Lo mismo ocurre cuando Carlos va al Himalaya. En los trekking de aproximación para alcanzar la montaña de ocho mil metros que quiere escalar, acompañan a Carlos amigos que comparten con él días de montaña. Y desde que, a partir de 2011, el BBVA patrocina las actividades de Carlos, también los hacen empleados de dicha entidad bancaria y periodistas que quieren conocer a fondo a este singular personaje. Precisamente el responsable de comunicación del BBVA para este patrocinio, Nacho Tena, popularizó hace años a través de un artículo en el diario Marca la frase “bendita próstata de Carlos Soria”, ya que su necesidad de evacuar cada poco tiempo le permitía tener un respiro durante las caminatas. Es cierto que Carlos espera a todos los que forman parte del grupo, pero esos minutos extras dan un respiro adicional a todos para darle alcance, hacer fotos, beber, recolocar algo en la mochila o, simplemente, recuperar el aliento.

«Desde hace años, reconozco que me aprovechaba de la rodilla de Carlos, que le impedía descender de la montaña con rapidez»

Los alpinistas que acompañamos a Carlos en la escalada de picos de más de ochomil metros no nos beneficiamos de manera evidente de esta situación, ya que las cosas funcionan de otra manera allí arriba. Pero desde hace unos cinco años, reconozco que sí me aprovechaba de la rodilla izquierda de Carlos, que le impedía descender de la montaña con rapidez, pues a cada paso le castigaba con una dolorosa punzada en su menguado menisco. Esa obligada ralentización (dentro de una velocidad de descenso que más quisieran muchos alpinistas jóvenes), me proporcionaba la oportunidad de poderle adelantar para tomar fotos, beber un poco o comprobar el correcto funcionamiento del GPS. Eran tan solo unos segundos, pero lo suficiente.

«El momento crítico para la rodilla de Carlos fue tras las ascensión al Kangchenjunga. Pasó por quirófano… y, a pesar del dolor, ha seguido entrenando a diario…»

Pero este año, sorprendentemente, la rodilla de Carlos Soria se ha recuperado y ya casi no le duele. Al principio se podría pensar que esta recuperación en una persona de 77 años es un milagro. Pero nada más lejano de la realidad. El momento crítico llegó en junio de 2013, a la vuelta de una expedición en la que coronó la tercera montaña más alta de la Tierra, el Kangchenjunga (8.586 m). La ascensión nos exigió un último ataque a cumbre de 23 horas de duración entre subida y bajada, una prueba brutal para su maltrecha rodilla. Carlos decidió pasar por el quirófano. Tenía el tiempo justo para operarse el menisco, recuperarse y volver al Himalaya a finales de agosto. Tras un corto postoperatorio y siguiendo las instrucciones de su amigo y entrenador Juan del Campo, inició una recuperación activa en la que nunca estuvo parado.

«También se sometió también a una  operación de hernia umbilical le mantuvo parado… ¡tres días!»

Siguiendo con su “puesta a punto”, se sometió también a una  operación de hernia umbilical le mantuvo parado… ¡tres días! En Facebook se veían fotografías de Carlos montando en bicicleta por el Puerto de Cotos y la gente comentaba que serían imágenes de archivo porque hacía solo unos días que había salido del quirófano. Pero eran reales, un ejemplo más de una motivación sin límites.

«A pesar del dolor, Carlos ha seguido entrenando a diario«

Durante estos años y, a pesar del dolor, Carlos ha seguido entrenando a diario, pasando semanas en el Centro de Alto Rendimiento de Sierra Nevada (CAR), sometiéndose a infiltraciones de ácido hialurónico y factores de crecimiento con el Dr. Espinosa, haciendo condición física con Juan de Campo, cuidando la dieta con Belén Rodríguez Doñate, más CAR, más entrenamiento, más dolor, más esfuerzo, más dieta, más infiltraciones, más sacrificio, más entrenamiento, más…

«Y allí obró el milagro…descendió corriendo como no podía hacer desde hace años…»

Y así llegamos a esta primavera de 2016 en la que Carlos Soria pretende escalar el Annapurna y Dhaulagiri, dos de los tres ochomiles que le faltan por coronar. En estas semanas hemos realizado el trekking de aclimatación que nos permite acostumbrar el cuerpo a los rigores de la altitud y la falta de oxígeno, incluyendo una ascensión en el día lo más alto que pudiéramos al Imja Tse, más conocido como Island Peak (6.189 m). El día previo a la ascensión nos acercamos a ver la ruta, ya que al día siguiente pasaríamos por allí de noche. Ascendimos hasta los 5.500 metros y nos dimos la vuelta. Y allí obró el milagro. A pesar de que la pendiente a bajar era fuerte, a pesar de que se trataba de rocas sueltas, a pesar de que las cubría una fina capa de nieve recién caída que las hacía resbaladizas y, sobre todo, a pesar de ese maltrecho menisco, Carlos Soria descendió corriendo (no digo deprisa, digo corriendo) como no podía hacer desde hace años. ¿Milagro? No. Esfuerzo, ciencia, técnica, sacrificio y mucha mucha motivación.

«Al llegar abajo no pude evitarlo y grité casi sin aliento: “¡maldita rodilla de Carlos Soria!”

Ese día no hubo fotos y no hubo parada extra para beber ni para comprobar el funcionamiento del GPS. Tuve que correr de verdad detrás de Carlos para que no se me escapara. Al llegar abajo no pude evitarlo y grité casi sin aliento: “¡maldita rodilla de Carlos Soria!”. Ahora comprendo a los trekkinistas y ahora sé el descanso y esperanza que puede dar una próstata longeva y una rodilla desgastada. No sé qué pasará en el Annapurna y el Dhaulagiri, pero si el alpinismo es superación, esfuerzo y sacrificio, Carlos Soria ya “ha hecho cumbre”. Y además, en mi opinión, Carlos está en sus mejores condiciones físicas desde hace años. Pero eso, una vez más, tampoco es fruto de un milagro.

Sito Carcavilla
Alpinista de la Expedición BBVA y
Científico Titular del Instituto Geológico y
Minero de España.


 

1 comentario

  1. Eres un fenómeno Carlos,espero que subas los 14 ochomiles y así cerraras la boca a muchos .y suerte desde potes.

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