OCHOMILES

Los Catorce de Alberto Iñurrategui

Repasamos la carrera himalayista del vencedor más joven de los techos mundiales, culminada con la arista este del Annapurna.

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Alberto Iñurrategui, décimo vencedor de los Catorce Ochomiles - Foto: Col. Hnos. IñurrateguiAlberto Iñurrategui, décimo vencedor de los Catorce Ochomiles – Foto: Col. Hnos. Iñurrategui

Once años después de su ascensión al Makalu -la más instructiva, aunqueen todas se aprende, asegura-, AlbertoIñurrategui (Aretxabaleta, Guipúzcoa 1968) ha culminado su proyecto de losCatorce Ochomiles. Un proyecto conjunto, siempre entre dos, incluso después deque su hermano Félixno regresara del Gasherbrum 2 hace dos años. Como el décimo integrante(segundo de nuestro país tras JuanitoOiarzábal) del selecto club catorceochomilista, lo ha logrado siendo elmás joven con 33 años, y sobre todo, manteniendo una mentalidad y estilo queha dado un importante valor añadido a su carrera ochomilista.

No ha sido un proyecto exento de vías normales, tanto en los doce ochomilesque escaló con Félix, como en los dos restantes que ha coronado sin él. Esosí, en éstas (Everest, Cho Oyu, Lhotse, Broad Peak, Dhaulagiri, G2, G1,…) ladificultad la pusieron ellos movidos por su máxima de permanecer «el menortiempo posible en altura y salir de allí bien parados, dejando un buen desnivelpara el día de cumbre». En otro caso, lo hicieron con resignación trasun primer y frustrado intento aperturista, pero casi siempre, subir por la víamás fácil supuso horarios rápidos en estilo alpino o casi alpino, quetambién han practicado lejos de los gigantes del Himalaya:Mt. Cook (Australia)en cinco horas por una ruta de 18, con avalancha e importante susto incluido(Alberto y JuanjoSan Sebastián, su «cronista» en el Annapurna, permanecieronalgunos minutos bajo la nieve). Ese valor añadido requiere (y casi exige) unrepaso de los catorce de Alberto (y Félix), desde el Makalu 1991 hasta elAnnapurna 2002, donde Alberto, con una actividad casi equiparable a la aperturaen su cara sur por Enric Lucas y Nil Bohigas en 1984, ha cerrado un ciclo comoalpinista y persona.

Makalu 1991. Erróneo primero

Cima del K2, su tercer ochomil. La pisaron durante "la expedición perfecta", según Juanito Oiarzábal - Foto: Juan TomásCima del K2, su tercer ochomil. La pisaron durante «la expedición perfecta», según Juanito Oiarzábal – Foto: Juan Tomás

Es cierto. Con el tiempo reconocieron que empezaron por el Makalu más bien por error. Su currículum en altitud se limitaba al Pumori (y eso que en 1990 el destino inicial era Perú)del año anterior, y se metieron, para empezar, con uno de los llamados cincograndes. Querían un ochomil tras su excelente rendimiento a 7.000 m, y optaronpor el Gran Negro movidos por la sugerencia de uno que los conoce bien, Juanito Oiarzabal.

El vitoriano volvía de la suroeste del Everest y en un bar de Katmandú, tras bajar del Pumori, les resolvió sus dudas iniciales. No searrugaron, y un año después volvían a casa con la cima del Makalupor la Variante Kukuczka junto a FelipeUriarte. También con congelaciones (Félix estuvo un mes en manos de KikoArregui), y sobre todo, con una importante experiencia en el cuerpo. Su mayorpaso en el Himalaya, más grande incluso que el siguiente, el Everest sinoxígeno, que ya avistaron en el trekking de regreso.

Everest 1992. Alberto, el más joven
Fue su primer gran bombazo. Aunque sólo lo supieron al regresar, Alberto,con 23 años, era el alpinista más joven en la cima del mundo sin oxígeno. Esolo tenían claro, aunque respetando siempre a los que tiran de botellas, si secumplen las reglas básicas (por ejemplo, si te las subes, después las bajas).Con mascarilla «se resta valor a la montaña», por eso en susochomiles, el Everestentre ellos, nunca respiraron gas artificial. Esta vez fueron con la compañía del sherpa Ong Chu, conscientes de que encontrarían bastante más gente en el Chomolungma (fueronpor el Collado Sur), y también mucho trabajo hecho. La racha siguió. Dos dedos.

K2 1994. Ruta Vasca
La Montaña de las montañas les costó dos intentos. 1993 fue el primeraño sin cumbre, ya que el Chogoriles cerró las puertas por su arista norte a base de temporales. Llegaron a 8.100metros. Al año siguiente cambiaron de vertiente y con Juanito Oiarzábal, Kikede Pablo y JuanTomás llevaron la vía Cesen(Espolón sur-sureste) por primera vez hasta la cumbre, aunque sin darse apenasimportancia, y mucho menos una nueva ruta. Ellos se quedaron con «lo bienque lo pasamos, la suerte que tuvimos con el (buen) tiempo y la ascensión tanbonita que nos salió». Para Juanito fue la expedición perfecta, aunquetambién tuvo momentos difíciles, sobre todo para Félix. Vómitos continuos lehicieron desistir al llegar al Hombro (8.050 m), repartir su material entre elresto de mochilas y tirar para abajo. ¿Para abajo? Cuando amaneció y levantóla nube, sus compañeros pudieron admirar la belleza de la zona somital y comprobar también que Félix seguía en la brecha…»Es que se me ha pasado algo y estátodo tan bonito…», les confesó luego. Ya tenían tres de los cincograndes.

Cho Oyu y Lhotse 1995. Doblete a la carrera

Tras su cima en el K2 (que sólo un mes después le costó la vida a Atxoy graves congelaciones a Juanjo), en otoño del 95 los Iñurra firmaron suprimer doblete, y tumbaron de paso los cinco grandes. En apenas dos semanascoronaron ChoOyu (9/9) y Lhotse(27/9) de forma similar: en estilo alpino y casi alpino respectivamente, y ambos casi a la carrera. En la Diosa Turquesa, una ascensión en estilo completamente alpino (con un vivac a 6.800 m) por la normal con Ong Chu compensó el fallido objetivo inicial, la Kurtyka/Loretan(cara suroeste) que desecharon por la acumulación y condiciones de la nieve.Fueron doce horas abriendo huella para los 1.400 m de desnivel del día de cima.

Dos días de descanso en Namche Bazar, y de nuevo con Juanito (y Juan Vallejo, que se retiran a 7.600 m) se plantan en el base del Khumbu, paracoronar el Lhotse (Ong Chu con ellos) en estilo casi alpino y en un horario espectacular. Fueron nueve horas a cima desde un campo intermedio a 7.600, y quince hasta alcanzar de nuevo la conocida Comba Oeste (6.400 m), en elValle del Silencio. En total tres días en subir y bajar. Subieron sin atarse y empalmando planchas de nieve paraevitar la zonas heladas de la vertical pared del Lhotse, que tambiéndestreparon sin encordarse. Consiguieron además la primera nacional del cuartoochomil del planeta, y quinto (en cinco años) de su acelerada carrera.

«Kangchen» y Shisha 1996. Primera tragedia

Nuevo año y nuevo doblete. El Kangchenjungaen primavera con Juanito, con quien estuvieron en otoño en el ShishaPangma. Pero esta vez el éxito salió caro. Hubo un primer aviso en la RutaBritánica del Kangchen, «una cara norte de condiciones muy duras, yuna ruta muy larga, sobre todo desde 6.500 m». Necesitaron tres vivacsdurante el ascenso, y vivieron una agónica bajada debido al extremo agotamientode Juanito. El alavés no se ha cansado de repetir desde entonces que losIñurra le salvaron la vida, aunque estos le restasen importancia al asunto.

Pero en otoño la mala suerte los golpeó de lleno, a todos. Una avalancha losbarrió de la pared mientras aclimataban en el cercano Ice Tooth para la Británicade la cara Suroeste del Shisha, llevándose a su compañero JoséLuis Zuloaga, Zulu. Tras el accidente, y con Juanito de vuelta a casacon graves lesiones, Alberto, Félix y Josu Bereciartua conseguían la cima, laprimera vasca al Shisha, y además, el mejor horario de la Ruta Británica,reduciendo a uno (7.000 m) los dos vivacs que suelen realizarse durante el ascenso (bajando pasaron otra noche a 7.800 m). Como Juanitoafirmaba en sus propias Conversaciones Ediciones Desnivel), fue el mejor homenaje posible para Zulu.

Broad Peak 1997. Resignarse a la normal
Aunque volvieron muy satisfechos, no hubo manera. Se propusieron unameta bastante ambiciosa, abrir vía por la virgen Arista sur del Broad,pero el tiempo, pésimo, no acompañó, y los obligó a abrir huella sobre nieveque cubría por encima de las rodillas. Se retiraron a 7.300 m, completamentefundidos, delante de un resalte del que no veían el final, «un terrenoraro, de tubos de órgano, empinado». Eso sí, tampoco se fueron sin lacumbre, que les costó, por la ruta normal, dos días desde el campo base. Al principio iban bien, disfrutando, pero desde el C3 empezaron sufrir porque la huella se terminó, y les tocó abrir a ellos. Algo «justitos», pero con su octavo ochomil en la mochila, se volvieron mirandoal dichoso resalte durante la marcha de regreso: 300 metros, con otro por encimade unos 500. Difícil, pero no imposible, por lo menos para Alberto: «Estando fuerte y con mucho compromiso igual se puede hacer».

Dhaulagiri 1998. Paciencia de himalayistas

Comenzaron el año filmando para Alfilo de lo imposible un intento invernal al Manaslu, que se quedó en eso,en intento, a 7.400 m junto a Josu Bereciartua. Volvieron a encontrarse con elde Azpeitia y otros alpinistas vascos en la base del Dhaulagirien primavera, aunque cada uno llegó por su lado. Los Iñurra de nuevo con Alfilo y JonLazkano, Juanjo San Sebastián y JoséCarlos Tamayo. Bereciartúa buscaba la cima con Juanito y Juan Vallejo.

Fueun año duro por diversas circunstancias. La muerte de ChantalMauduit (sepultada por un alud en su tienda del C2 mientras dormía), ladecepcionante antecima de Juanito y compañía tras una durísima ascensión, elaccidente de un colombiano que arruinó el intento cimero de Lazkano, Juanjo yTamayo (lesionado además al haber caído en una grieta)… Unos y otrosdecidieron retirarse, salvo Juanito y los Iñurra. El gasteiztarra quería lacima principal, y se alió con Félix y Alberto, dispuestos los tres a agotar unúltimo y desesperado cartucho, antes de que el helicóptero volara de vuelta aKatmandú con ellos dentro. La espera mereció la pena, porque con el monzón yaencima lograron su objetivo y «muy bien, por cierto» según Oiarzábal.»Por la ruta original, disfrutando de la montaña, de la vía, y de loscompañeros». La Montaña Blanca fue su tercer ochomil juntos.

Nanga Parbat 1999. Tras los pasos de Alejandro
El Nangafue, quizás, un ochomil diferente, por lo menos con un contexto (histórico)muy peculiar (ver La Ruta de Alejandro, Desnivel 157) que llevó a losIñurrategui, Jon Lazkano y José Carlos Tamayo a ascender el MonteOlimpo, las montañas más altas de Irán y la Torre Sin Nombre (RutaEslovena), ya en pleno Karakorum,antes que a La Montaña Desnuda. Un largo y azaroso viaje tras los pasos deAlejandro Magno que ya sin la compañía de Lazkano, Alberto, Félix y JoséCarlos remataron coronando el Nanga por su ruta más ascendida, que recorre elconocido Muro Kinshofer (Vertiente Diamir). Lo hicieron en estilo alpino desdeel C2 (6.000 m), montando una pequeña tienda a 7.300 m, y disfrutando unadespejada cima al día siguiente. Antes, convirtieron el rescate de un alpinistacolombiano inmovilizado a 6.400 m, y cuyos compañeros eran incapaces de bajarhasta el C2, en su fase de aclimatación. Improvisando una camilla con unbidón seccionado en dos, el cuarteto vasco organizó y coordinó un rescate que acabó bien, y con ellos perfectamente aclimatados para intentar la cima. Fue la décima de los Iñurra.

Manaslu y G2 2000. Un final inesperado

Sobre todo por lo bien que empezó la temporada. Aunque con mucho frío,Alberto, Félix y el aragonés PepeGarcés (que bajó con congelaciones) abrían el año en el Manaslu,primer ochomil coronado en 2000, con una madrugadora cima el 25 de abril. Lohicieron por la ruta normal (vertiente noreste) tras un mes en la montaña,dentro de su proyecto Iñurrategui 2000, que buscaba los cuatro ochomilesrestantes de sus Catorce en un año: Manaslu, Annapurna y los Gasherbrum.

El primero estaba hecho, y a todo correr (bueno, en helicóptero) marcharon haciael segundo, pero un solo vistazo a la montaña les cambió el gesto, y comocomprobaron después, ya con la mochila a la espalda, la montaña estabaimposible por su cara norte: el cono de entrada destrozado, avalanchascontinuas, rastros de seracs caídos, la vía Holandesa llena de hielo yla Francesa de 1950 como para no mirar. «Estamos fuertes y en forma,pero a veces hay que saber parar en el momento oportuno. Ya tendremos ocasiónde desquitarnos en Pakistán».

Y en verano aterrizaron en el campo base de los Gasherbrum. El resto es desobra conocido. Perseverantes pero infructuosos intentos al G1 por el mal tiempo yla gran acumulación de nieve (abrían trinchera en lugar de huella), yfinalmente cambio de objetivo. El Gasherbrum2, considerado uno de los ochomiles más asequibles, cae a la segunda por laruta normal el 28 de julio, en un día de muchas dudas por el tiempo que premiasu paciencia himalayista. Una hora en la cima tras una ascensión muy bonita(acabó despejando) donde se vieron solos en la montaña abriendo huella hastaarriba. Y durante el descenso, la mala suerte que anteriormente sólo se quedóen sustos serios, se cebó esta vez con Félix. Camino del C1, se rompe la cuerda en el primer rápel de la Banana Ridge y el mayor de los Iñurra seprecipita a un vacío de 400 metros.»No había podido rapelar por esacuerda porque estaba demasiado tensa. Pasé un mosquetón de seguridad y bajédestrepando. Mi hermano hizo lo mismo, pero la cuerda se aflojó, comenzó arapelar, el cabo se rompió y cayó». Así lo contó Alberto a su regreso aBilbao. En su duodécimo ochomil juntos, se rompía una cordada irrepetible.

Gasherbrum 1 2001. El primero sin Félix

Tras un periodo de reflexión y recuperación, Alberto anunciaba a principiosde año su regreso a la alta montaña con un nuevo intento al G1. Antes,un periodo de «aclimatación» escalando en Mali,Chamonixy Jordaniajunto a buenos amigos del que Alberto declaró volver «con la intenciónclara de seguir saliendo de expedición a la montaña y con un montón de planesconcretos en la cabeza». Uno de ellos pasaba por el G1, y retomaba suproyecto de los Catorce. Jon Lazkano estaría con él, y otro Jon, Beloki,sería su nuevo compañero de cordada, en su estreno en ochomiles.

Fue un estreno brillante, porque aun escogiendo la vía normal, la cordadavasca hizo gala de un excelente fortaleza, y eficacia. Fueron los másmadrugadores y trabajadores. En poco más de diez días, y pese a laacumulación de nieve y tener que fijar más cuerda de la prevista, dejaron todopreparado para intentar la cima. El 7 de julio, San Fermín, salían hacíaarriba desde el campo más alto (7.000 m), coronaban, y tras la fotos de rigor,descendían hasta el C2 (6.500 m). Es decir, misma mentalidad y estrategia quesiempre: fuerte desnivel para el último día, el menor tiempo en altura posibley para abajo cuanto antes. Era la penúltima cima de su proyecto y la primera sin Félix, para quien Alberto tuvo una especial dedicatoria: coronar con el piolet de su hermano, una vez recuperado el depósito de material que un año antesabandonaron en esta montaña.

Annapurna 2002. El final esperado

El último capítulo del proyecto se cerró hace apenas unos días, y como lesucediera a Juanito en 1999, el Annapurnaha sido el último escollo de Alberto. El primer ochomil conquistado en 1950, ytambién el primero en cuanto a peligrosidad. Todas sus vertientes encierranimportantes dificultades: la norte por sus continuas avalanchas, en lacomplicada pared sur un equipo británico liderado por ChrisBonington inició en 1970 el himalayismo de dificultad, la oeste sólocuenta con una vía (Messner/Kammerlander 1985), y su afilada arista estetampoco ha sido demasiado transitada. Siete kilómetros y medio por encima de7.000 m, de exposición constante y desprotección ante el viento e inesperadoscambios de tiempo, secciones técnicas y comprometidas, y hasta ahora, una solaascensión, la de sus aperturistas suizos ErhardLoretan y Norbert Joos en 1984, quienes ya en la cima no tuvieron fuerzas para regresarpor ella.

En parte por evitar las avalanchas del Glaciar de la Hoz, en parte por lasganas de hacer algo técnico, difícil y de compromiso, Alberto eligió estedelgado filo para coronar la Diosa Madre de la Abundancia. Un ambiciosoproyecto con reducidas posibilidades de éxito (no han faltado intentosanteriores) que los juntó en el campamento base con tres destacadoshimalayistas: el fortísimo francés JeanChristophe Lafaille, y dos alpinistas de excelente adaptación a la altura,el americano Ed Viesturs y el finlandés Veikka Gustaffson.

Vuelta al Annapurna 84

Un quinteto que cerraba Jon Beloki inició el trabajo en común que combinóaclimatación e instalación de tres campos de altura, antes de»montarse» en la arista este. El pasado 11 de mayo pusieron rumbo a lacima, y tres días después, Beloki, Viesturs y Gustaffson se daban la vuelta alllegar al Roc Noir (7.490 metros), primer test de dificultad de la vía.Alberto y Lafaille continuaron hacia la cumbre, que pisaron el pasado 16 demayo, tras pasar cinco días y dos vivacs (sobre el Roc Noir, y entre las cimaseste y central) por encima de 7.000 metros, y flanquear otros dos ochomiles secundarios:Annapurna Este (8.026 m) y Central (8.051 m).

¿El final? No, todavía quedaban7,5 kilómetros de vuelta con idéntico compromiso, el cansancio acumulado de laida, y la eterna incógnita del tiempo. A diferencia de los aperturistas, que prefirieron la relativa seguridad de la vía normal de la cara norte, el sábado 18 compañeros y amigos respiraban por fin tranquilos cuando Alberto y Lafaille alcanzaban nuevamente el campo base, tras recorrer por segunda vez la arista este del Annapurna.

Un experto himalayista y compañero de Alberto en el K2, Kike de Pablo, lo resume como algo «alucinante, duro y muy extremo. Es al final una ruta de supervivencia pura y dura, donde además han encontrado secciones de roca muydescarnadas que les han obligado a flanqueos y rápeles de 20 metros, todo muy técnico». La circunstancial compañía de Lafaille -algo inhabitual en Alberto, que suele rodearse de amigos próximos en las grandes montañas- hasido, junto a la benevolencia climática, otra de las claves: un alpinista tan fuerte físicamente como el guipuzcoano, de gran nivel técnico, y con la mismaconfianza y fortaleza psicológica para creerse una ascensión como esta.»Junto a la sur del Annapurna de EnricLucas y NilBohigas, es lo más fuerte que se ha hecho por aquí». Un brillantefinal para sus brillantes Catorce Ochomiles.

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