OCHOMILISTA CHILENO

Juan Pablo Mohr: “No es bueno que haya tanta gente en el K2, pero tampoco es malo”

El alpinista chileno ha llegado hoy al campo base del K2 invernal, que intentará con Sergi Mingote sin usar oxígeno suplementario. Estas son sus impresiones justo antes de comenzar el trabajo en la montaña.

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Juan Pablo Mohr en el campo base del Dhaulagiri (primavera 2018).
Juan Pablo Mohr en el campo base del Dhaulagiri (primavera 2018).   ©Darío Rodríguez/DESNIVEL

Juan Pablo Mohr será desde hoy mismo uno de los protagonistas de la expedición que intenta la primera ascensión invernal de la historia al K2. El alpinista chileno de 33 años forma parte del gran grupo de Seven Summit Treks y será uno de los compañeros más cercanos de Sergi Mingote en la montaña, que también intentará sin usar oxígeno suplementario. Hoy han llegado al campo base.

Sergi Mingote y Juan Pablo Mohr compartieron el año pasado las ascensiones al Lhotse y al Dhaulagiri, a los que el chileno además sumó el Everest. Antes, ya había ascendido el Annapurna en 2017 y el Manaslu en 2018.

Durante la aproximación a través del glaciar del Baltoro, Juan Pablo Mohr ha sacado tiempo para contestar las preguntas de Desnivel.com y ha compartido sus impresiones ante lo que se les avecina:

“Esta sería mi primera montaña invernal”

¿Quién es Juan Pablo Mohr?
Soy alpinista y arquitecto de profesión. Tengo una fundación en Chile, que se llama Fundación Deporte Libre, donde hacemos trabajo social: queremos introducir la escalada y otros deportes entre la gente más vulnerable, tratamos de recuperar espacios en desuso y transformarlos en infraestructura deportiva pública y gratuita para que cualquier persona pueda disfrutar del deporte.

¿Por qué el K2 invernal? ¿Es tu primera experiencia en invierno en el Himalaya?
El K2 invernal nació porque yo hace mucho tiempo que llevo queriendo hacer una montaña invernal. Esta sería mi primera montaña invernal. Tuve la suerte de que conversando con Sergi, me invitó a formar parte de su equipo. Él va de colíder de todo el grupo y yo lo voy a ir acompañando y ayudando a los sherpas a equipar la ruta.

“Iré sin oxígeno artificial, sin sherpas de altura y ayudando a fijar cuerdas”

¿Qué estilo tienes previsto? ¿Usarás oxígeno artificial?
El estilo que tengo previsto es ir sin oxígeno artificial, sin sherpas de altura y ayudando a todo el trabajo de equipamiento, fijar cuerdas… Va a ser un trabajo súper duro; va a haber que abrir huella también. Espero ir a trabajar alto respecto a la ruta. Como decía, será mi primera experiencia en invierno, así que va a ser muy duro.

Va a ser un año con mucha gente en la montaña, ¿eso es bueno o malo? ¿Qué esperas encontrar con respecto a los otros equipos con los que vas a coincidir?
En cuanto a mi visión del proyecto, cuando yo me metí hace ya varios meses no iba a haber tanta gente. Claramente, yo soy partidario de ir con menos gente a la montaña. No creo que sea muy bueno que vaya tanta gente, pero tampoco es malo. También va a haber gente fuerte en los otros equipos, entonces hay que trabajar en conjunto y sacarle lo bueno a toda esta expedición. Estoy motivadísimo con el proyecto.

Lo que espero encontrar con los otros equipos es recibir buena onda y que se forme un gran equipo para poder enfrentar este montañón que nunca ha sido escalado en invierno.

“Con la Fundación Deporte Libre, quiero aumentar la cultura de montaña en Chile”

Padre de familia, arquitecto… ¿de dónde sacas tanta energía? ¿Cómo te organizas para compatibilizar vida familiar, montaña, trabajo…?
Tengo tres hijos y esta energía la saco de mi misma familia. Ellos me motivan también a seguir superándome y creciendo en este deporte que tanto me gusta: tanto la montaña como la escalada. No es difícil organizarse con la vida familiar, la montaña y el trabajo, ya que son cosas que requieren mucho tiempo, entonces el tiempo que estoy haciendo montaña trato de aprovecharlo al máximo y dar todo lo que tengo para poder cumplir mis objetivos. También trato de aprovechar al máximo la vida familiar cuando estoy con mis hijos e inculcarles el deporte, de hecho, les construí un muro de escalada en la casa, les encanta la escalada, vamos a esquiar, hacemos montaña. Hay que organizarse. Todo se puede hacer. El tiempo es poco, pero el tiempo que tengo en todas las cosas que hago, lo aprovechó al máximo.

También pasa con mi trabajo, con la Fundación Deporte Libre. De hecho, ahora estamos haciendo un proyecto muy importante, que me sirvió mucho para aclimatar antes de venir al Himalaya, en el que estamos recorriendo las montañas más altas de cada región y queremos construir refugios de montaña en estas dieciséis regiones. Estamos haciendo un trabajo importante con las comunidades locales aledañas a estas montañas, para inculcarles la montaña, habilitar y facilitar los accesos a estas montañas y construir un refugio en cada una de ellas para así poder aumentar la cultura de montaña del país. Chile es un país de montañas, con lo que deberíamos ser un país con mucha cultura de montaña, pero hoy en día no lo somos. Queremos llevar el modus operandi de los refugios europeos y administrarlos a través de los clubes de montaña regionales o con las comunidades locales. Este es un proyecto muy grande, que se me ocurrió hace varios años y en el que por fin estoy trabajando desde este año. Me ha llevado a recorrer estas montañas, algunas de ellas muy técnicas y hasta una de las montañas más altas del mundo. Queremos mostrarnos al mundo y también a los chilenos como un país de montaña, para que podamos recibir a los mejores montañistas del mundo.

“Cada montaña tiene su experiencia, que te hace más fuerte”

¿Cuáles han sido tus otros ochomiles y qué recuerdos tienes de ellos?
Sobre mis otros ochomiles, hice el Annapurna, el Manaslu, el Dhaulagiri, el Everest y el Lhotse. El Annapurna fue una de las montañas que más me gustó, puesto que éramos solo seis personas: la cordada de los italianos Romano Benet con Nives Meroi, la de los españoles Alberto Zerain con Jonatan García y yo con Sebastián Rojas. Fue un montañón, que ascendimos por una nueva variante de ruta, donde tuvimos que arreglárnoslas por nuestra cuenta, todo solos. Fue súper duro. Elegimos una ruta más técnica pero más protegida de las avalanchas de los seracs que tiene encima la ruta normal. Allí recibimos una gran avalancha, que fue una de las cosas más fuertes que he vivido. A mí me quebró hasta el casco y a Sebastián también le pegó muy fuerte. Pudimos sobrevivir y conseguimos bajar después de esa avalancha para analizar si valía la pena arriesgar tanto por una montaña. Ahí fue cuando decidimos armar esta nueva variante para ir menos expuestos.

Yo creo que cada montaña tiene su experiencia distinta. En el Everest y el Lhotse tuve una experiencia súper fuerte, donde nos tocó hacer un rescate con Sergi Mingote y con Moeses Fiamoncini, y se nos murió el búlgaro Ivan Tomov pero pudimos bajar a la rusa Anastasia Runova.

“La montaña es el lugar al que pertenezco y donde me siento más feliz”

¿Qué te aportan los ochomiles?
Creo que cada una de estas experiencias en la montaña te hace más fuerte. Cuando uno está por encima de 6.000 o 7.000 metros, todas las emociones son más fuertes que en la vida normal y esa es una de las cosas que te motivan a volver a estas montañas. Aparte también de lo estético y de lo feliz que uno se siente. En mi caso, creo que la montaña es el lugar al que pertenezco y donde me siento más feliz. Esa es la energía que quiero venir a tomar a estos lugares para poder llegar a casa transmitiendo esta misma energía a mi familia, a mis amigos y a todos.

Arriesgar en la montaña… ¿hasta dónde cruzar la línea roja?
Siempre trato de arriesgar lo mínimo posible. Los riesgos se disminuyen teniendo experiencia. Ninguno nace sabiendo y creo que la experiencia es lo que te va formando y te va enseñando cómo reaccionar en situaciones. Uno debe tener la seguridad ante todo para volver a casa sano y salvo. La cumbre no se consigue en la cumbre, sino llegando vivo con tu familia. Yo trato de tener siempre esa precaución y, cuando la montaña te dice que no, es no. La montaña es la que manda y no se mueve de ahí, así que uno va a tener toda la vida para poder volver a intentarlo.

¿Compartes un pensamiento que te inspire?
Los ochomiles, para mí, me los estoy tomando como una forma de vida. Yo vivo de esto aparte de mi trabajo con la Fundación Deporte Libre. La montaña me ha dado mucho y mi objetivo es transmitírselo a la gente, transmitirlo a mi país y poder mostrarles que todos podemos y que solo hacen falta las ganas y la motivación para poder meternos en estos proyectos. Obviamente que hay que aprender, hacer los cursos respectivos y poco a poco.


 


 

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