AL PRIMER TOQUE

Ferran Latorre: “La esencia del alpinismo es la incertidumbre”

Ferrán no solo es un gran alpinista sino también uno de los personajes con mayor capacidad de reflexión sobre los valores, el sentido, el porqué del alpinismo. Acaba de regresar tras alcanzar la cima del Makalu. Un buen momento para conversar sobre el himalayismo actual. Es poco amigo de la velocidad y los récords: «Se pierde la incertidumbre de no saber lo que vas a encontrar».

Ferrán Latorre en las Jornadas Montaña Arganzuela 2015  (©Darío Rodríguez/DESNIVEL)
Ferrán Latorre en una imagen de archivo tomada en las Jornadas Montaña Arganzuela 2015
Darío Rodríguez y Héctor Fernández | 9 comentarios |

Ferran Latorre está recién aterrizado de su cumbre en el Makalu. “Llevo un día y medio en la civilización occidental y ya me he resituado”, reconoce. “Es bastante alucinante lo rápido que uno se vuelve a meter en la vida diaria de aquí, supongo que ya me he ido tantas veces que estos cambios cada vez se hacen más rápido”. Darío Rodríguez y Héctor Fernández le preguntaron por su viaje en el programa de radio Al primer toque, en Onda Cero.

Pasas mucho tiempo fuera. ¿Es difícil adaptarse a tanto cambio de escenario?
Supongo que con las nuevas tecnologías, con internet y con el teléfono que tenemos en el campo base no acabas de desconectar del todo del mundo del que vienes. Creo que en los años 90, cuando yo empecé a hacer expediciones y no había ningún tipo de telecomunicación, te aislabas mucho más de la vida que habías dejado en casa. Hoy no acabas de desconectar del todo y la reconexión se hace mucho más rápido.

Vienes del Makalu, el duodécimo ochomil de tu lista, ¿cómo es?
Para mí es el ochomil más espectacular, aunque sea desconocido por el gran público. Me gusta mucho más que el K2 o el Everest. Makalu quiere decir “montaña negra” y es una mole bestial. La mires por donde la mires hay rocas, y tiene una cumbre muy especial, muy vertiginosa. Lo tiene todo: es una montaña alta, lejana, tardas muchos días en llegar. La conquista es lenta como lo era antes. Para mí lo tiene todo, es de la veces que más contento me quedo de haber subido un ochomil.

«Sigue siendo duro subir el Makalu sin oxígeno»

Esta ascensión al Makalu viene precedida de la renuncia a ir al Nanga Parbat invernal, ¿lo hiciste para asegurar esta cima?
El Makalu tiene una parte muy buena: es muy franca, no es peligrosa. Sin embargo es muy dura psicológicamente, está muy lejos, tiene una aproximación larga, es alta con sus casi 8.500 metros de altura. Es una montaña fría, que asciende sobre todo por vertiente norte y tiene pocas horas de luz. Es la quinta vez que voy y quise asegurar, en parte por eso renuncié al Nanga Parbat en invierno, además de otras razones.

Hoy se tiende a ir cada vez más al límite para encontrar una aventura que llame la atención. Parece que los logros como el que acabas de conseguir sean de segunda, ¿qué opinas?
A fuerza de repetirse, parece que lo que se ha hecho años atrás ya no tiene tanto valor, pero yo siempre digo lo mismo: ganar el Roland Garros era tan difícil en los años 80 como ahora. Subir ochomiles hoy en día es más fácil que hace 15 o 20 años por una única razón: hay más gente. La masificación ha facilitado subir. Si fueras solo a estas montañas, para mí tendría el mismo valor que tuvo hace 20 años.

«La diferencia entre los años 90 y ahora es la soledad»

He tenido la suerte de poder hacer el Gasherbrum I (GI) el verano pasado solo con dos compañeros. Es un montañón y una gran aventura. En cambio, ahora he subido al Makalu con otros 25 o 30 alpinistas. La historia cambia en todos los aspectos. A nivel psicológico te sientes acompañado, y a nivel físico te repartes el esfuerzo de abrir huella o poner cuerda entre muchos. Son dos películas muy distintas, pero sigue siendo duro subir el Makalu sin oxígeno. Para un montañero como yo es espectacular subirse ahí arriba, da un subidón que dura un tiempo.

En las últimas expediciones que has estado, ¿en cuál te has sentido como antaño?
El año pasado, en el GI (8.068m), íbamos tres alpinistas solos. De verdad que la diferencia entre los años 90 y ahora es la soledad, es no compartir la montaña con nadie más. En los 90 había mucha menos gente, muchas veces incluso estabas solo en un ochomil. Hoy en día es difícil, pero por lo que sea estuvimos en el GI solos, y en 2012 en el Gasherbrum II también (8.035 m), y eso que es uno de los ochomiles más bajos y más frecuentados. Ahí también tuvimos la suerte de estar solos y fue una ascensión como las de antaño. He tenido la suerte de subir el GI y el GII a la vieja usanza, y vivir una aventura auténtica. Al estar solo vives mucho más la montaña, más de cerca, cada metro te lo ganas y lo haces tuyo. Al final la satisfacción de llegar a la cumbre es mucho mayor.

«Creo que hay una “deportivización” cada vez mayor del alpinismo»

En 2014, en el K2, sufriste una experiencia dramática, la muerte de Miguel Ángel Pérez, que se hizo gran amigo tuyo en esa expedición. ¿Qué reflexiones has hecho sobre eso?
Creo que Miguel Ángel murió por un exceso de pasión. Es lo que tiene el alpinismo. Uno hace alpinismo, sobre todo, por una cuestión sentimental, una cuestión de corazón, pasión, una llamada de lo desconocido, de la aventura, pero también por algo de vanidad personal. Cada uno lo vive a su manera, pero en el caso de Miguel Ángel creo que es una de las personas más apasionadas por este deporte que he visto nunca. Tenía mucho amor por el alpinismo, el himalayismo, por conquistar cumbres. Creo que este amor le acabó traicionando. Vamos a perdonarle porque murió por un exceso de pasión, como tantos otros alpinistas.

¿Cómo crees que interpretarían los clásicos de la montaña fenómenos actuales como Kilian Jornet o Ueli Steck, que buscan la velocidad?
Cuando a Eric Shipton, un mítico alpinista británico de los años 30 que intentó el Everest en varias ocasiones, le preguntaron sobre la ascensión de Edmund Hillary 20 años más tarde, dijo que lo que hacía Hillary era solo deporte. Imagínate lo que diría ahora si viera a Ueli Steck y a Kilian corriendo.

«Estos récords son bestiales a nivel técnico, pero por el camino perdemos parte de la esencia del alpinismo, que es la incertidumbre»

¿Y a ti qué te parece?
Creo que hay una “deportivización” cada vez mayor del alpinismo. Siempre ha sido sobre todo aventura, ahora es cada vez más deporte y menos aventura. Creo que Ueli Steck y Kilian representan el último eslabón hacia la deportivización, tenerlo todo muy controlado, medirlo todo muy bien, saber qué material tengo que poner en cada paso, dónde tengo que poner el pie, dónde tengo que poner la mano, etc. Estos récords son bestiales a nivel técnico, pero por el camino perdemos parte de la esencia del alpinismo, que es la incertidumbre.

Cuando uno quiere hacer un récord tiene que tener todo controlado milímetro a milímetro. Tiene mucho mérito deportivo, no se lo quito, pero se pierde la incertidumbre de salir y no saber lo que vas a encontrar. El hombre siempre ha querido escalar más rápido, mejor, más eficiente, y en este sentido, Kilian y Ueli son un poco la progresión natural de intentar hacer las cosas más rápido. Rutas que son difíciles y antes se hacían en muchos días, ahora se hacen en horas.

«Los 14×8000 son mi aventura personal»

¿Te interesa?
A mi particularmente no me interesa mucho, entre otras cosas porque no tengo la capacidad para hacerlo, pero lo valoro mucho deportivamente. Me parece alucinante. Yo, evidentemente, como alpinista valoro otros matices de este deporte.

¿Qué sentido tiene hoy en día completar los catorce ochomiles?
Hoy en día no es la punta de lanza, es un símbolo, como lo fue la conquista del Polo Norte. Creo que los 14 han conseguido convertirse en una meta muy clara y estandarizada. En este caso no aporta nada a la historia del alpinismo, aunque sea sin oxígeno como es mi caso. A nivel personal sí que me aporta. Es mi aventura personal, me hace mucha ilusión terminarlo porque pienso que es una manera de justificar toda mi carrera deportiva. Me hace ilusión poner los pies encima de las 14 montañas más bellas del planeta.

«Si tienes espíritu montañero, ves el Makalu y quieres subirte»

A pesar de que estamos denostando un poco los ochomiles, yo sigo diciendo que subir al Kanchenjunga o al Makalu, para un montañero, es lo más. Ni seismiles difíciles ni paredes vírgenes ni nada. Si tienes espíritu montañero, ves el Makalu y quieres subirte. Son montañas bellísimas, son bestiales. Llaman la atención y cualquier alpinista que mire al horizonte y vea una va a querer subir.

¿Qué sientes cuando ves a una persona llegar a la cima con una cámara GoPro?
Esto ya no es lo que era, ha habido dos revoluciones en el alpinismo en los últimos 40 años. Una durante los años 70 y 80 con el nacimiento del material de escalada, del pie de gato, del crampón, los tornillos de hielo… El montañismo dio un salto técnico que ahora nos permite escalar como escalamos sin que haya habido muchos más cambios desde los 80.

¿Y la segunda?
La segunda revolución ha sido tecnológica, que es la capacidad de filmación y luego internet, que nos ha dado la posibilidad a todos nosotros de existir. Antes solo existíamos cuando salíamos de expedición y, si teníamos suerte, al volver aparecíamos en algún periódico que nos echaba una foto. Hoy en día cualquiera puede grabar un vídeo y colgarlo en internet y eso lleva a una cierta democratización de las vías de comunicación del alpinismo.

Comentarios
9 comentarios
  1. Como siempre un placer leer a Ferrán. Un enamorado de la montaña cásica.

  2. Pues eso, ni tan solo bellas… En eso también ha patinado Ferran… Con todo el respeto.

  3. Cuando 700.000 personas hayan subido a los 14 ochomiles ¿aún tendrá sentido dar publicidad al asunto? ¿Alguien se molesta en llevar la lista de los ascensionistas al Everest? Creo a Elisabeth y Jugalski ya tiraron la toalla… Yo he subido el Aconcagua, el Cotopaxi, el Huayna Potosí, el Mont Blanc, el Aneto….y no salgo en ninguna lista, ja, ja, ja….Menos mal.

  4. Pues en lo que yo no estoy para nada de acuerdo es en que los 14 ochomiles sean las 14 montañas más bellas de la tierra (no digo que no sean bellos). Será que el Cervino, el Ama Dablam, el Alpamayo, el Cerro Torre y demás no cuentan…

  5. Muy de acuerdo contigo, Cayu. pero supongo que Ferran se refiere a Ueli por sus récords de velocidad, por supuesto…

  6. Ahora no vayamos vediendo motos de «gran alpinista por haber subido los 14 ochomiles», «Primer català en haver completat els 14 vuit mils» y frases similares… Lo dice clarito: es su reto personal y su ilusión. Y a mi que también me gustaría hacerlo, por supuesto. Felicidades. Pero no saquemos las cosas de su sitio…

  7. Lo que me gusta de Ferran es su sinceridad y claridad: «En este caso no aporta nada a la historia del alpinismo, aunque sea sin oxígeno como es mi caso. A nivel personal sí que me aporta. Es mi aventura personal, me hace mucha ilusión terminarlo porque pienso que es una manera de justificar toda mi carrera deportiva. Me hace ilusión poner los pies encima de las 14 montañas más bellas del planeta».

  8. Excelente entrevista a un montañista sencillo y sincero; ¡felicitaciones por el Makalu y todos los logros!. El único detalle que no comparto es poner en el mismo saco a Ueli Steck y Kilian Jornet. Es cierto que parte de la actividad de Steck es de tipo «deportivista» por la búsqueda de la velocidad pura, pero decir que ascensos como el de la sur del Annapurna o el intento a una nueva ruta en la sur del Shisha Pangma no son aventura y no tienen incertidumbre, me parece totalmente errado…

  9. Enhorabuena Ferran! Este chico se le ve muy buena gente. Suerte para él

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