PARTE 2: A SOLAS CON EDURNE PASABAN

Edurne Pasaban (II): “Yo he cambiado pero mis valores no lo han hecho”

Empezó como una adolescente introvertida y acabó su carrera de los ochomiles como una deportista madura capaz de liderar equipos. En medio, aciertos y fallos, como en todo aprendizaje. Hablamos de ello en la segunda entrega de A solas con Edurne Pasaban.


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En su carrera de alpinista, Edurne Pasaban ha pasado por muchas etapas: “Primero escalaba con Silvio Mondinelli y Mario Merelli, ellos lideraban lo que hacíamos. Fue gente que me enseñó mucho, lideraron mis primeras expediciones. Luego empecé en Al filo de lo imposible, donde lideraba Sebastián Álvaro, alma mater, y me sentía cómoda porque no tenía la responsabilidad de tomar las decisiones”, cuenta, y luego tomó las riendas: “Al final sí lideré yo y el peso que llevas en la mochila es mayor. Todo han sido etapas de crecimiento personal y profesional”.

Ser el líder implica asumir también los errores. ¿Cual es tu peor recuerdo en la montaña?
Mi peor recuerdo es de la bajada del Kangchenjunga en 2009, aun siendo el K2 la montaña que más secuelas me ha dejado. Si hubiera habido un médico cerca no me hubiera dejado subir: no solo porque me faltaba hidratación sino porque además tenía un principio de neumonía. No supe gestionar bien la situación.

«Lo mejor de mi vida ha sido el equipo que he tenido a mi alrededor»

¿Qué pasó?
Salí del campo base con una especie de catarro que fue creciendo. Si cualquier médico me hubiese visto me hubiera recomendado bajar. A eso hay que sumar el esfuerzo de 21 horas para hacer cumbre, la poca hidratación y la falta de comida. Me dio un bajón de libro. Fue como una pájara gigante debajo del C4 y me dejé ir. Siempre he dicho que lo mejor de mi vida ha sido el equipo que he tenido a mi alrededor, que no dudó en ayudarme a bajar. Yo estaba tan cansada que me dejé.

¿Y cuál ha sido tu momento más difícil?
El momento más dramático en el Himalaya fue la muerte de Pepe Garcés en 2001, con Carlos Soria, Silvio y Mario. Para mí fue muy impactante, era la primera vez que moría alguien de mi propia expedición. Tengo el recuerdo de estar en el campo base cantando jotas con Pepe junto a su tienda y luego el de estar en la misma tienda metiendo ropa en un bidón vacío porque él no lo podía hacer.

El Everest fue el primero y único ochomil que subiste con oxígeno. ¿Cómo tomaste la decisión?
En 1999 fui por primera vez con los italianos y pasamos dos días en el último campamento (8.300) sin oxígeno, nuestro objetivo era seguir así, pero no conseguimos hacer cumbre. En el año 2000 volvimos, no pensaba usarlo pero al final tampoco conseguimos la cima. En 2001 vi claro que necesitaba ser pragmática y conseguir un ochomil, todos los que nos dedicamos a esto sabemos que necesitamos la cumbre para recibir más ayudas de patrocinadores e instituciones. Por eso decidí usar oxígeno después del collado sur, no sé qué habría pasado si no lo hubiese hecho de esta manera. Silvio venía conmigo y no lo usó, pero Mario y Carlos Soria sí. Fue una decisión tomada porque nunca había subido un ochomil y no hubiera sabido interpretar mis sensaciones.

«El oxígeno es una ayuda muy grande, sin él no subiría mucha gente»

¿Cambia mucho la situación?
Muchísimo. Usamos oxígeno para salir del último campamento e ir a la cumbre. De tener mucho frío, de no sentir los pies, pasas a ponerte el oxígeno y notar como si la sangre fuese nueva y te diese calor por dentro. El oxígeno es una ayuda muy grande, sin él no subiría mucha gente.

¿Tú has cambiado mucho desde que empezaste?
Cuando empecé era una niña de 22 años. Había estado en los Alpes, en los Andes y en el Pirineo, éramos un grupo de amigos pero yo era muy introvertida. Tenía poca confianza y a medida que pasó el tiempo fui ganando más. Mis valores no han cambiado tanto pero sí que ha habido un aprendizaje de persona madura. Yo he cambiado pero mis valores no lo han hecho, esos se traen de la cuna y te los inculcan los padres.

¿Cómo fue tu experiencia de moverte tantos años en un mundo mayoritariamente masculino?
Te adaptas a una vida muy de hombres. Mi madre siempre decía que había que lavarme la boca con esparto cuando volvía de las expediciones. Yo me he sentido bien, quizá porque siempre he tenido amigos chicos, me sentía cómoda con ellos. Era gracioso, sobre todo cuando fui a las expediciones de Al filo de lo imposible: se acercaban los hombres de las otras expediciones y mis compañeros se ponían como si fuesen mis hermanos mayores. Me sentía cuidada por ellos.

Comentarios
1 comentario
  1. Enhorabuena por tu trayectoria Edurne. Creo que te contradices un poco en tu entrevista. Dices que tus valores no han cambiado, pero desde que en esa tercera intentona al Everest decidiste utilizar oxigeno cambiaron tus valores al priorizar la cumbre. Los valores por desgracia cambian más a menudo de lo que uno cree. Vuelve al Everest y termina lo que comenzaste por que te lo mereces. Un abrazo muy grande y animo.

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