AL PRIMER TOQUE

Carlos Soria: «Parece mentira que algo mejore a esta edad»

Ha vuelto del Himalaya con la tranquilidad que da hacer las cosas tal y como uno quiere. Darío Rodríguez y Héctor Fernandez entrevistan a Carlos Soria en el programa ‘Al primer toque’ para hablar del Annapurna, que ha tachado de la lista, y del Dhaulagiri, que está anotado en la agenda del año que viene.

Carlos Soria en el campo base del Dhaulagiri. 2016  (© Colección Carlos Soria)
Carlos Soria en el campo base del Dhaulagiri.
Darío Rodríguez y Héctor Fernández | No hay comentarios |

El número capicúa de su edad, 77, parece que le está dando suerte. A veces, también, da la impresión de que los años no pasen por Carlos Soria: “Tengo pelo, y eso es importante para aparentar ser un poco más joven”, bromea sobre la prórroga de montaña que los años y su rodilla le están dejando jugar. Este lunes, en el programa de radio Al Primer Toque (Onda Cero), Darío Rodríguez y Héctor Fernandez hablan con él a su regreso del Himalaya.

¿Cómo estás?
Aún estoy como en una nube, casi no me creo que haya subido el Annapurna, esa montaña maravillosa y peligrosa. He ido tres veces y por fin he conseguido subir, bajar y llegar aquí sin problemas.

Hay que recordar que no vienes directo del Annapurna, sino del campo base del Dhaulagiri. Pensabas hacer un intento que al final se complicó, ¿estaba muy difícil?
No queríamos hacer otra ascensión como la del Annapurna. Esa nos salió bien, aunque el tiempo no era del todo bueno, y vimos que en el Dhaulagiri estaba casi igual. Parte de la gente que ya llevaba allí un mes y medio hizo un intento con casi diez sherpas y se dieron la vuelta. Entonces vi que no había nada que hacer por el hielo y la nieve y me di la vuelta yo también. Podría haber sido, Alberto Zerain y Mariano Galván han conseguido después subir, aunque ellos son muy fuertes. .

¿Cómo estaba el Annapurna?
Este año estaba menos peligroso en cuanto a nieve, aunque también un poco más seco. Pero los seracs no tienen que ver con eso, pueden caer en cualquier momento y de hecho algo ha caído. La expedición ha estado muy bien y se nos ha dado fantástico, pese a que ha sido muy duro. El día de la cumbre fue tremendo, al llegar a la cima pasamos mucho frío, incluso a nuestro médico, Carlos Martínez, que tiene un cuidado tremendo, se le estropeó la cremallera de una bota y ha sufrido una pequeña congelación sin importancia en tres dedos. Hacía mucho frío. Cuando parábamos a poner cuerdas a veces nevaba y eso era muy duro.

¿A qué hora salisteis del último campo a la cima?
Salimos a las siete de la tarde y llegamos de vuelta al campo 4, después de la cumbre, a las seis de la tarde, 23 horas después.

«Lo más importante es irnos de la montaña sabiendo que lo hemos hecho bien»

¿Qué ventajas tiene salir a las siete de la tarde, cuando en la montaña ya es de noche?
Ganas tiempo. Ir de noche es bueno y además coges el mejor momento. Al principio no hace demasiado frío, luego, al amanecer, hace muchísimo frío. A muchas montañas he subido así, como al Kanchenjunga. En otras sales a las 12 o la 1 de la noche, depende. En el Lhotse, que es más alto, no salí tan temprano. En el Makalu, la montaña más alta que he hecho sin oxígeno, tampoco salí demasiado pronto porque el recorrido final es más corto. En el Annapurna, la travesía final es muy larga. Además, es una montaña que engaña mucho: en las fotos ves lo que hay del C4 hasta la cima y piensas que es casi plano, pero no. Hay unas cuestas increíbles a media ladera que son difíciles.

Siempre dices que no te sientes orgulloso de la cima, sino de hacer las cosas bien
Sí, es lo más importante. Irnos de la montaña sabiendo que lo hemos hecho bien. En esta expedición hemos tenido muy buen entendimiento con las otras, muchos de los que estábamos allí repetíamos montaña. Yo creo que por eso hemos subido tanta gente sin ningún problema.

Es curioso que haya salido todo bien a pesar de haber subido con mal tiempo y malas condiciones.
Sí, podríamos habernos dado la vuelta y también hubiera estado bien. Pero estábamos ahí y podíamos seguir. Al llegar a la cumbre había un viento tremendo. A Luis Miguel López Soriano, nuestro cámara, le decía que hiciera fotos de la funda donde guardaba la máquina porque estaba helada. Cuando la sacaba se congelaba el disparador, cuando hacía vídeos y dejaba pulsado el botón, luego no se subía solo y Luis tenía que raspar para dejar de grabar. Gracias a él pudimos mostrar las cosas, además de hacerlas, y eso es muy importante.

A la gente le llama la atención saber cómo se suceden los acontecimientos cuando se llega al éxito. Me acuerdo que cuando llegó la noticia de la cima la gente decía que ya estaba, pero nosotros sólo queríamos saber cuándo llegabas abajo, que es lo que completa una ascensión de verdad.
No me llevo el teléfono de satélite para arriba porque no quiero hablar con nadie hasta que no estoy por lo menos en el C2, aunque en 2012, un poco más abajo nos cayó una avalancha impresionante a Tente Lagunilla y a mí. Sé que hay que dar la noticia de la cima, pero no me gusta.

«El Dhaulagiri no pudo ser, pero podía haber sido»

¿El descenso es peligroso?
Es muy peligroso el descenso del Annapurna. Esta vez era peligroso y técnico porque había mucho hielo entre el C2 y el C3. Cuando rapelábamos, llegábamos a un sitio en el que no podíamos poner ningún pie plano, nos sujetábamos con crampones mientras teníamos que quitar el rápel y ponerlo de nuevo. Cada operación era complicada.

Y después de esto te marchas a otro ochomil, al Dhaulagiri, ¿cómo te encontrabas?
Es un viejo conocido, he estado muchas veces. Estaba cansado y por eso estuvimos casi cinco días en Pokhara, descansando en un hotel. Había tiempo hasta que se pusiese en marcha la expedición, que estaba un poco retrasada. La gente que ya estaba en la montaña creo que estaban esperando a que llegasen nuestros sherpas para avanzar. Al final no pudo ser, pero podía haber sido.

En uno de estos cinco días de reposo, de pronto, te encontraste bien después del Annapurna.
Sí, fue un día que corrimos Luis y yo, él iba detrás de mí con la cámara de vídeo. Hasta entonces, en Pokhara estaba cansado, aunque sabía que se me pasaría. A los dos días de estar en el campo base del Dhaulagiri ya empecé a pensar en que si había oportunidad subiríamos, pero no queríamos hacerlo como en el Annapurna. La mayoría de ochomiles se suben cuando hace bueno durante 3 o 4 días seguidos. A lo mejor durante los primeros días no hace bueno del todo, pero en cuanto subes ya deberías tener esa seguridad. Nosotros no teníamos nada seguro, parecía que nevaría poco y el viento sería máximo de 30km/h. A mi no me gusta exagerar, pero de 30km/h no tenía nada.

El otro día vi la película de Carlos Suárez Morir por la cima y en un momento sales tú diciéndole: “Carlitos, uno no tiene que sentirse frustrado cuando va a la montaña y hace lo que tiene que hacer”.
Sí, Carlos quiere subir el K2. Una vez vino conmigo y no subimos. Luego él ha ido otras veces y no lo ha conseguido, pero lo conseguirá. A él le sobra para subir esa montaña.

«Parece mentira que algo mejore a esta edad»

El 23 de mayo fue el aniversario de tu ascensión al Everest, ¿qué recuerdos tienes?
Me enteré porque vi en Facebook una foto que hice yo con una Olympus pequeña de carrete, aunque decían que era de Miguel Ángel Pérez. Mis recuerdos son estupendos, pero muy duros porque iba muy solo, sin ningún sherpa. Llevaba un par de botellas de oxígeno y usé muy poco. Llegué a la cumbre con Mario Merelli, mi amigo italiano. Estuvimos en la cumbre con dos rusos que subían por el otro sitio y uno murió a la bajada. Yo bajé solo y el último. También murió un compañero mío antes de llegar a la cumbre, era un austriaco con el que compartíamos expedición.

Además de la cima, otra maravilla de la expedición al Annapurna ha sido que se ha curado tu rodilla, ¿qué ha pasado?
No se ha curado, ha mejorado. Ahora está peor, pero cuando estábamos en el Khumbu ha estado fantástica, no me he acordado de ella en las bajadas, y eso que eran durísimas. He tenido un problema en el gemelo, una sobrecarga en la parte exterior, pero la rodilla ha respondido como no lo hacía hace muchísimos años. Estoy muy contento, parece mentira que algo mejore a esta edad.

El otro día en el Himalaya estabas como loco por una bicicleta que te esperaba…
Esta mañana he ido a verla, es preciosa, pero no la han terminado todavía. Voy a estrenarla ahora. Es una bicicleta de carretera. El 1 de mayo fue el cumpleaños de mi hija y le voy a regalar la que yo tenía antes. Un amigo me metió en marcha y me animé a comprarme una nueva.

¿Qué planes tienes ahora?
Este otoño no haré nada de montaña grande. Hasta marzo del año que viene no volveremos al Himalaya. Iremos a hacer un trekking de aclimatación, luego al Dhaulagiri y después, ya en otoño, al Sisha Pangma. Si todo va bien, perfecto; y si no esperaremos a los 80 años, ¿qué le vamos hacer?

Eso tampoco será mucho problema porque yo creo que nos estás vacilando. Yo he hablado con gente del fútbol y del baloncesto que no se creen lo tuyo.
Los futbolistas de ahora no son como los de antes, ahora son atletas y corren mucho. Si tienen cualquier cosa no pueden jugar a esa velocidad.

En la montaña da la impresión de que según pasan los años te vuelves más duro y más fiable.
En mi caso, un poquito sí. Tengo mucha suerte de poder hacer lo que hago a estas alturas, nunca lo hubiera pensado. Además, tener un patrocinador me permite no tener problemas para hacer mis expediciones y que me acompañe un equipo fantástico.

«Estoy muy orgulloso de la evolución del deporte español»

¿Vuelves más joven?
No creo, pero en seguida me pongo más joven. Soy muy presumido, me gusta parecerlo. Además tengo pelo, y eso es importante para aparentar ser un poco más joven.

Esta época está siendo muy bonita para ti: el Ama Dablam en otoño, luego tres meses en el Himalaya…
Es una maravilla. El otro día lo hablábamos Luis y yo, casi lloramos. Llevamos una temporada increíble: con la asociación Ayuda Directa Himalaya hemos hecho tres escuelas tras el terremoto de Nepal, hemos subido al Ama Dablam y al Annapurna, que es la montaña más especial.

¿Cómo van las escuelas?
Ahora han ido a mirarles la vista a los niños unos ópticos españoles. Tengo que decirles a los niños de aquí que allí no tienen problemas porque no usan tabletas ni teléfonos. Llegan a los 15 o 16 años sin problemas en los ojos. Así que cuidado, no hay que mirar tanto la tableta y mirar más hacia el horizonte, que hay mucho por ver.

En el Himalaya buscabas bicicleta y cuerdas finas para otros proyectos…
Sito Carcavilla y yo vamos a hacer algunas ascensiones en los Alpes, si tenemos tiempo, y necesitamos cuerdas finas para que no pesen…

Consigues transmitir a la gente de todos los deportes que si se tiene ilusión, puedes seguir haciendo todo lo que te propones.
Sin duda. Yo estoy muy orgulloso de la evolución del deporte español y sobre todo en el caso de las mujeres. Imagina como me siento cuando estoy en una expedición en la que eres protagonista, después de haber vivido de niño lo [poco] que éramos en el deporte de la montaña con respecto a los países de nuestro alrededor. Eso me hace muy feliz.

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