VÍDEO-ENTREVISTA:

Carlos Soria: “Merece la pena jugar un poco con el riesgo”

Ascender un ochomil requiere experiencia y suerte: lo primero para leer el territorio y evitar errores predecibles. Lo segundo para esquivar elementos incontrolables como las avalanchas. El Annapurna de Carlos Soria tuvo dosis de ambos.

Autor: Darío Rodríguez | No hay comentarios | Compartir:

Hay montañas en las que no queda más opción que jugársela un poco, dice Carlos Soria a propósito del peligro. A los 77 se considera un buen lector del paisaje. La mejor prueba de ello es que conserva intactos todos los dedos después de seis décadas haciendo alpinismo. Con ese bagaje subió al Annapurna, donde también es necesaria una buena dosis de fortuna para no quedar atrapado por las, muchas veces imprevisibles, caídas de aludes. Repasamos su ascensión ahora que han pasado varios meses y analizamos el Himalaya desde la perspectiva que dan la experiencia y los años.

¿Cómo valoras tu última ascensión ahora que han pasado ya unos meses?
La ascensión al Annapurna requirió mucha paciencia. Fuimos muy pronto porque creíamos que íbamos a poder subir pero luego no se dieron las circunstancias hasta más bien tarde. El 1 de mayo alcanzamos la cumbre. Fue duro porque allí no solo cuenta lo físico, lo psíquico tiene mucha fuerza. Ha sido una ascensión de las más duras que recuerdo, bajar de la cumbre hasta el campo 4 nos costó mucho esfuerzo. La pendiente no es recta, es horizontal en diagonal, y eso es muy duro. Yo bajaba cargando el peso en mi pierna izquierda y esto me viene fatal. En el corredor final, que hicimos sin cuerda, también tuvimos que ir con cuidado. Pese a todo ha sido una maravilla y estoy contento. Es una montaña que me gustaba mucho pese a lo peligrosa que es. Tenía muchas ganas de subir. Hemos hecho las cosas bien, como procuramos hacerlo siempre. La ascensión fue fantástica, sin ningún problema gordo.

¿Se pueden controlar los riesgos en un ochomil?
A las montañas de ochomil metros puedes ir seguro pero siempre hay cosas que no puedes gestionar, como las avalanchas. Puedes tener en cuenta que si ha caído una nevada muy fuerte, es prudente esperar los primeros días, pero en sitios como el Annapurna, donde lo que suelen caer son seracs que luego arrastran la nieve, es muy difícil controlar el peligro. No hay más remedio que jugársela un poco.

«Me ha costado empezar a coger fuerza y musculatura»

¿Merece la pena el riesgo?
Sí que lo merece, si quieres subir arriba no hay otra opción. No se puede hacer otra cosa, yo creo que merece el riesgo, jugar un poco con él. Es duro de decir pero es verdad. Le das vueltas esperando que la montaña esté como tú crees que debe estar. El año pasado, el Annapurna nunca estuvo tan bien como se veía este. He estado en la montaña tres años y no he ido a la cumbre más que esta vez porque creíamos que sí se podía.

Después del Annapurna intentasteis el Dhaulagiri sin demasiada suerte.
Cuando nosotros llegamos iba todo muy retrasado, los que estaban allí nada más habían subido al C2 y no encontramos el ambiente que pensábamos. Al final se pudo subir, pero ya habíamos decidido que no íbamos a la cumbre porque no queríamos otra expedición como la del Annapurna, con el tiempo muy justo. Queríamos tener cuatro días de buen tiempo, lo menos que se puede esperar, y no los hubo. Luego subió Alberto Zerain, fue justo pero lo hizo muy bien. Cuando él salía nosotros ya habíamos decidido dar la vuelta.

¿Te ha costado recuperarte al volver a casa?
Estuve mucho tiempo en el Himalaya y me ha costado empezar a coger fuerza y musculatura. Ahora me encuentro muy bien y mi vida es como siempre: entrenar, vida familiar, viajes, conferencias… siempre tengo cosas que hacer.

«Nunca he vuelto echo polvo de una montaña por no haber subido»

¿Alguna vez te has arrepentido de darte la vuelta?
No me importa, me bajo encantado de la vida, no me preocupa. Si he decidido que no hay que subir no me arrepiento de ello, si lo he hecho así es porque había algo que no me gustaba. Me voy muy contento a casa, nunca he vuelto echo polvo de una montaña por no haber subido.

Tu lema es hacer siempre las cosas bien.
Siempre he intentado hacer las cosas bien, en el Annapurna éramos cinco personas que además de subir grabábamos, mandábamos cosas, publicábamos en Facebook. Trabajábamos, o trabajaban, sobre todo, Luis López Soriano, el médico… Estábamos todos haciendo las cosas lo mejor posible para que saliesen bien en todos los aspectos, lo mismo en la comunicación que en la ascensión a la montaña. Tenemos un equipo estupendo y hasta ahora nos ha dado muy buen resultado.

Has viajado al Himalaya de muchísimas maneras: con patrocinador, sin él, en solitario…
Yo he pasado por muchos Himalayas. En mis primeras expediciones iba con los medios que había, luego hice otras formadas a lo tradicional, con compañeros, he pasado por algunas que organicé para que no me costase dinero porque no tenía patrocinadores, por otras con un poco de ayuda en las que he tenido que ir solo o unirme a otros grupos… Últimamente he pasado a tener un equipo estupendo gracias al banco que me apoyaba.

«Creo que este será mi año de acabar las catorce cumbres»

¿En qué ha cambiado las expediciones el hecho de tener wifi en el campo base?
Es distinto. Es verdad que se rompe el misticismo pero eso también pasa en una comida con los amigos en Madrid si tienen el teléfono al lado y lo van mirando cuando notan que ha entrado un mensaje. Ahora que en el Himalaya tenemos wifi prohibimos llevar el teléfono durante la comida, pero es verdad que antes se jugaba al mus y ahora se miran los correos o las fotos que has hecho. Antes no sabías cómo habían quedado hasta que no volvías a tu casa. Hemos pasado por muchos Himalayas distintos pero está muy bien haberlos conocidos todos. Así se valoran las cosas, lo de antes y lo de ahora, cada uno tiene sus inconvenientes y ventajas.

¿Y las redes sociales?
En la montaña hay mucho camelo, normalmente se exageran mucho. A lo mejor todos lo hacemos, yo también, pero me doy cuenta y procuro evitarlo. Es una pena pero se miente, aunque también hay mucha gente estupenda, la mayoría, y tienen una idea del alpinismo como ha sido toda la vida. Ahora hay mucha gente y tiene que haber de todo. Esto de contar cosas en caliente da pie a exagerar un poco.

Te quedan dos montañas. ¿Cuál es el plan?
En primavera solo haré una, el Dhaulagiri, porque no se puede ir a los dos. Pensamos que no merece la pena, en otoño es cuando iremos al Shisha Pangma si todo va bien. Creo que este será mi año de acabar las catorce cumbres. Ya con subir al Dhaulagiri prácticamente las tendría porque en la cumbre central del Shisha he subido y no sabemos si se ha quedado más alta o más baja que la principal porque ha habido un desprendimiento importante. De todas maneras yo quiero ir.


 
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