DOBLE OCHOMIL EN PRIMAVERA

Carlos Soria cumple 76 años pensando en Annapurna y Dhaulagiri

Es el alpinista veterano más reconocido del mundo. Sólo le quedan tres ochomiles para completar los Catorce, un proyecto que podría terminar a los 77, una edad totalmente inaudita.

Carlos Soria en la conferencia que impartió Carlos en el Casino de Madrid (enero 2015)  (© Darío Rodríguez/DESNIVEL)
Carlos Soria en la conferencia que impartió Carlos en el Casino de Madrid (enero 2015)
Desnivel.com | 1 comentario |

Carlos Soria cumple hoy 5 de febrero de 2015 la edad de 76 años, ultimando los preparativos para su próxima expedición, que comenzará en menos de diez días y que le llevará de nuevo a Nepal, para intentar un difícil doblete Annapurna-Dhaulagiri esta primavera. Además de estos dos picos, sólo le resta el Shisha Pangma para cerrar su lista de catorce ochomiles.

Si termina logrando ese objetivo, no será antes de la primavera de 2016, ya con 77 años. Sería una edad inaudita para cualquier catorceochomilista. De hecho, superaría en casi 20 años los 58 que tenía Piotr Pustelnik cuando terminó sus 14×8000 en 2010 y que lo sitúan como el más veterano catorceochomilista hasta la fecha. Sería un récord más en la larga lista que acumula Carlos Soria, un caso único en el alpinismo mundial.

De hecho, su lista de logros es superlativa desde cualquier punto de vista. Es la única persona capaz de haber escalado nueve ochomiles principales (además del Shisha Pangma Central) pasados los 60 años de edad. El nombre de Carlos Soria firma las ascensiones más veteranas de la historia a ocho ochomiles, según los datos de Eberhard Jurgalski en 8000ers.com: el K2 (con 65 años y 174 días en julio de 2004), el Broad Peak (con 68 años y 165 días en julio de 2007), el Makalu (con 69 años y 96 días en mayo de 2008), el Gasherbrum I (con 70 años y 179 días en agosto de 2009), el Manaslu (con 71 años en octubre de 2010), el Lhotse (con 72 años y 105 días en mayo de 2011) y el Kangchenjunga (con 75 años y 102 días en mayo de 2014).

La semana pasada, Carlos Soria participó en el ciclo «Conoce la montaña» en Madrid. Allí pronunció una conferencia reflexionando sobre sus últimas expediciones y departió con el público en un interesante turno de preguntas que reproducimos a continuación.

«Es muy fácil que vengamos del Annapurna y el Dhaulagiri sin haber hecho ninguna de las dos»

Ahora vais al Annapurna y al Dhaulagiri. A nivel logístico, ¿cómo os vais a mover del Annapurna al Dhaulagiri?
En helicóptero. Nos vamos el día 14 del mes de febrero y vamos primero a hacer unos días por el Khumbu. Luego nos volvemos a Katmandú y allí nos reunimos con algún periodista, gente del BBVA y un cocinero famosísimo de los Roca, que nos va a acompañar unos días. Primero vamos a ir a Sama, que para mí es un pueblo maravilloso; es el que está al pie del Manaslu y visitaremos su colegio… Estamos allí tres días y de allí volamos al campo base del Annapurna. Antes ya habrán ido Muktu y los sherpas que vienen con nosotros habitualmente y nos juntamos allí aproximadamente el día 5 o 6 de marzo.

Vamos muy pronto al Annapurna porque es la montaña más peligrosa que existe. Yo ya he estado en ella y ya sé de qué va, porque lo he pasado un poquito mal en un par de ocasiones. Creemos que más pronto puede ser un poco más segura y además podemos tener también la oportunidad de luego poder ir al Dhaulagiri, que es un sueño. Es muy difícil poder hacer las dos y es muy fácil que vengamos sin haber hecho ninguna de las dos. Pero también estamos en condiciones de poder hacer las dos.

Luego nos moveríamos en helicóptero. Una vez allí vamos a compartir la cocina y así no tenemos que llevar todas nuestras cosas. Vamos a mandar a un sherpa antes a la zona del Dhaulagiri, para que tenga preparado el campo 1 y para que podamos tener comunicación con él para ver cómo están las cosas en un sitio y en otro. Todos ese es nuestro planteamiento para esta primavera.

Quería preguntar sobre la disposición del campo 2 del Dhaulagiri, que es un campo que siempre ha sido complicado por avalanchas. ¿Tenéis previsto montarlo en ese emplazamiento o lo queréis subir un poco más?
Lo que sí que hemos subido la última vez que hemos estado ha sido el C3. No por eso, sino por estar más cerca de la cumbre… En el campo 2 hay un sitio que hay como un serac y una grieta, y aquello no está mal. Las que están más a la derecha están más protegidas de que pueda haber una avalancha, las que están a la izquierda un poco menos… pero no es una montaña tan peligrosa como el Annapurna ni mucho menos. Intentaremos colocar el C2 del Dhaulagiri en el sitio donde sea más lógico, pero no cabe duda de que siempre es un poco peligroso.

¿Cómo es ahora la utilización del oxígeno a partir de los campos de altura? ¿Ha cambiado?
El Makalu es la montaña más alta que he subido sin oxígeno, que son 8.465 metros y la verdad es que subí muy bien. Pero si subes con oxígeno, sigues llevando una máscara horrorosa que te impide para muchas cosas. Por la noche, cuando subes, te va muy bien, porque vas mirando para arriba y no hay problema. Y sin embargo a la bajada siempre da muchos problemas, porque no te ves los pies si estás destrepando. Yo, a las montañas que he subido, he bajado siempre sin oxígeno: desde el último campamento, subí al Everest, al K2, al Lhotse… al Lhotse pensaba ir sin oxígeno, pero iba yo solo sin la ayuda del BBVA y compartiendo permiso con otra gente y con Muktu. Llevaba sólo una botella de oxígeno para él, porque quería subir sin oxígeno, y en el campo 2 unos amigos sherpas que me quieren mucho y que han creado la compañía Seven Summits junto con Muktu me dijeron que me querían regalar una botella y que subiera con oxígeno porque no tenía nada que demostrar… Así que nos subimos la botella de oxígeno hasta el C4 (7.400 m). Nos lo pusimos después de llevar 200 metros andando, llegamos a la cumbre y yo bajé sin oxígeno. También fue una expedición muy especial, en la que hubo muchos accidentes: a la cumbre subimos unas diez personas y la mayoría fueron evacuados con congelaciones desde el C1 y desde el campo base, y una persona no se quedó allí de milagro. Y algunos llevaban oxígeno. Y sin embargo, a Carlos Pauner se le ocurrió comprar el último día en el C2 tres botellas de oxígeno; decía que era para el cámara que le acompañaba. Subieron esas tres botellas y sus sherpas no subieron tienda porque tuvieron que subir esas tres botellas y otras cosas. Dos de sus sherpas se metieron en mi tienda, porque casi todos los sherpas son bastante amiguetes míos… Nosotros subimos bastante bien, bajamos y no hubo problema, pero el resto… fue aquel problema de Edurne y Juanito con las fotos… Pauner y su cámara subieron con tres botellas de oxígeno, que en teoría eran para el cámara, pero el cámara bajó con congelaciones.

«Mi recomendación a un alpinista novel: que disfrute y que diga la verdad de lo que hace»

¿Qué consejos le darías como alpinista veterano a un alpinista novel?
Que siga haciendo lo que le gusta, que no mienta nunca, que diga siempre la verdad de lo que hace, que no se vea forzado a hacer nada, que no lo haga nunca por dinero o porque te haya engañado un amigo, sino que vaya a los sitios porque quiera ir. Que tenga retos pero que vaya informado, que no haga el bobo, que este no es un deporte de tontos, sino un deporte de gente que piensa con la cabeza, porque no es tan peligroso como mucha gente dice pero tiene su peligro. Ahora hay muchas posibilidades para informarse. Y sobre todo, que disfrute; el día que no disfrute de la montaña, que la deje.

«Me he dado muchas veces la vuelta y estoy muy contento de haberlo hecho»

¿Te has dado alguna vez la vuelta no por algún problema técnico o por falta de material, sino porque te lo decía tu instinto?
La del Kangchenjunga fue sólo por instinto, porque yo no estaba mal. Me encontraba bien pero llevaba ya muchas horas y sabía lo que faltaba por subir. En las montañas, siempre hay que pensar que además de subir luego tienes que bajar. No sólo tienes que tener fuerza para llegar a la cumbre, sino para bajar y para resolver algún problema que pueda ocurrir en la bajada. Por eso hay veces que hay que darse la vuelta y yo me he dado muchas veces la vuelta. Y estoy muy contento de haberme dado la vuelta.

¿Cómo has hecho para compaginar tu vida familiar con todas las expediciones?
Una cosa muy importante es que yo conocí a mi mujer en La Pedriza. No la he engañado nunca. Tanto ella como cuando tuvimos hijos los llevamos a La Pedriza, a la montaña, a los Alpes, a hacer esquí de montaña; siempre les ha gustado y eso es una gran ventaja. También he cambiado dinero por tiempo libre. Si me hubiera dedicado mucho más a la tapicería, me hubiera ido mejor tapiceramente hablando, pero no alpinísticamente hablando, y yo nací alpinista y trabajé de tapicero.

¿Cuándo calculas que acabarás el proyecto de los catorce ochomiles?
No lo sé, es muy complicado. Puede que no acabe o puede que acabe la próxima primavera. Yo estoy en condiciones de hacerlo, pero en las montañas altas son muchas condiciones las que se tienen que dar para que llegues a la cumbre. Mientras tenga ganas, lo seguiremos intentando.

«De mis comienzos, sólo echo de menos a mis antiguos compañeros»

¿Hay algo que eches de menos de tus comienzos?
Lo que más echo de menos es a mis antiguos compañeros que no los dejan salir de la residencia los fines de semana. Por lo demás, echo de menos el tener 50 años, pero eso es imposible. Y eso de que la camaradería de aquellos tiempos ya no existe no es cierto. Sigue habiendo gente en la montaña con el mismo espíritu, lo que pasa es que antes íbamos 400 a la montaña y había 40 gilipollas, y ahora vamos 400.000 y hay 40.000 gilipollas.

Y luego hay gente que opina desde aquí sin saber. Este otoño estuve en el Shisha Pangma, cuatro personas del equipo Dynafit y Ueli Steck subían a la cumbre Central y se cortó una avalancha que se llevó a tres. Los otros dos no se atrevieron a bajar a buscarles por lo peligroso que estaba. Y luego algún imbécil desde aquí va y lo critica, pero sin saber, porque no estaba allí arriba. Nunca sabes lo que vas a hacer allí arriba… te puedes quedar igual en la arista del Everest a morir con un amigo o no. Depende de lo que hagas en aquel momento. Pero desde luego, los que subimos por encima de 7.000 metros sabemos que a partir de ahí y muchas veces más abajo lo que puedes hacer es lo que tú hagas, porque nadie te va a poder ayudar. Para que te puedan ayudar tiene que darse una casualidad muy grande: que haya gente con oxígeno, que baje en ese momento…

¿Cuáles de tus sueños han sido más fuertes: subir al Dru o al K2? ¿Qué es lo que recuerdas mejor?
Yo he tenido la suerte de haber vivido una vida fantástica y tengo maravillosos recuerdos de subir por primera vez a la sur del Pájaro, de haber estado por primera vez en Alaska, en el McKinley, de haber subido al K2, de haber subido al Everest… Tengo un maravilloso recuerdo del Dru, que fue mi primera montaña difícil y eran otros tiempos, que fui a Chamonix en tren y el año anterior había ido en una moto de 125 con un amigo. Ha habido muchos momentos fantásticos y sigue habiéndolos.

«Los que corren mucho por montaña me dan mucha envidia»

Ahora está muy de moda la tendencia de correr mucho por montaña y pulverizar todos los récords de subir y bajar montañas lo más rápido posible. ¿Qué opinas?
A mí me da mucha envidia. Me gusta la gente que dice la verdad. Kilian dice que quiere ser el que más corre, en eso está y me parece muy bien. Me parece que es alguien que va en camino de ser alpinista y me parece que lo que hace es peligroso y que lo que quiere hacer, todavía lo es más, en el Everest. Es un estilo más y yo siento más admiración por él que por el que hace noveno grado sólo en el gimnasio. Eso no me llama menos la atención que lo que hace Kilian, que me gusta más.

¿Qué montañas aparte de las de 8.000 metros te gustaría subir?
Las hay a montones. Me gustaría muchísimo subir el Dru por el couloir norte; quiero hacer el Ama Dablam; me gustaría ir a unas montañas de 6.000 metros que conozco en Pakistán… y seguir subiendo al Naranjo y a muchos sitios, seguir escalando.

¿A qué edad suelen jubilarse los alpinistas?
Algunos no se jubilan incluso aunque no vayan a la montaña. Siempre tendrán ese espíritu que les ha hecho a la montaña desde chavales. Los que lo han tenido lo seguirán teniendo siempre. No irá a las montañas difíciles por circunstancias de la vida, pero en el fondo de su corazón seguirá siendo alpinista.

¿Disfrutas de la cumbre o sólo piensas en el descenso que te espera?
En la mayoría de montañas, estás un buen rato. Ha habido un ochomil incluso en el que he podido estar dos horas en la cumbre, aunque no es lo normal. Aquella vez, íbamos seis y yo subí el primero y me esperé hasta el último, porque hacía un buen tiempo como nunca en Pakistán. Pero la cumbre en estas grandes montañas no es el momento en que más disfrutas; hay muchos momentos en que disfrutas del paisaje… La cumbre es uno de ellos, aunque estoy de acuerdo en que lo importante es bajar.

Para llegar a donde has llegado, ¿a cuántas cosas has tenido que renunciar?
A muy pocas. He hecho otras cosas, pero no son renuncias porque he tenido la suerte de hacer lo que quería hacer. Me hubiera gustado hacer también otras cosas, pero no he tenido tiempo. Me hubiera gustado haber estudiado inglés, pero no pude porque fui al colegio muy poco tiempo, ya que empecé a trabajar muy joven, a los 11 años, como encuadernador hasta los 14. Si hubiese seguido estudiando quizás me hubiera ido mejor en otras cosas. Pero por el hecho de ir a las montañas no he renunciado a nada, no he tenido otras prioridades.

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