EN EL INVIERNO 1997 EN EL ANNAPURNA

Aniversario de la muerte de Anatoli Bukreev, uno de los grandes del alpinismo

Ayer fue el aniversario de la desaparición de Anatoli Bukreev, uno de los mas grandes alpinistas de todos los tiempos. Fue en el Annapurna en 1997, cuando lo intentaba con Simone Moro y Dimitri Sobolev. Simone se salvó milagrosamente de aquella avalancha que provocó la muerte de sus dos compañeros.

Autor: Darío Rodríguez | No hay comentarios | Compartir:
Anatoli Bukreev con su madre  (©Simone Moro/Estrellas en el Annapurna)
Anatoli Bukreev con su madre

«Las montañas no son estadios donde satisfago mi ambición de logros, son las catedrales donde practico mi religión. Yo voy a ellas como las personas van a la oración. Desde sus majestuosas cimas veo mi pasado, sueño el futuro y, con una inusual agudeza, experimento el momento presente…mi visión se aclara, mis fuerzas se renuevan. En las montañas yo celebro la creación. En cada viaje (a ellas) nazco de nuevo.»

(Frase que figura en la lápida en recuerdo de Anatoli Bukreev, a los pies del Annapurna)

El relato de Simone Moro de aquella trágica avalancha en el Annapurna

Ayer, día de Navidad fue, también, un día triste pues fue el aniversario de la desaparición del alpinista kazajo Anatoli Bukreev, uno de los más grandes alpinistas de todos los tiempos. Ocurrió en el Annapurna, cuando lo intentaba con Simone Moro y Dimitri Sobolev en el invierno de 1997. Simone se salvó milagrosamente de aquella avalancha que también le arrastró hasta muy cerca de su último campamento, donde pudo recuperar fuerzas antes de iniciar un duro y épico descenso.

Este es un resumen del relato que Simone Moro hace en su libro “Estrellas en el Annapurna” de aquella tragedia:

“Por encima de mi había una terrorífica y gigantesca cornisa de nieve y hielo que se desplegaba como una ola de mar. La muerte colgaba justo encima de nuestras cabezas… Estaba a unos 6.300 metros de altitud… No había otra opción y tenía que esperar donde estaba. Rápidamente até la cuerda a dos tornillos de hielo que puse en la pared…. Anatoli comenzó su ascenso jumareando. Dimitri salió de su refugio bajo la roca y comenzó también a ascender…


 

…Una fracción de segundo más tarde, un rugido ensordecedor anunciaba el fin de la gigantesca cornisa y con ello el fin de nuestras vidas.

“¡Anatoliiiii! Ese grito desesperado fue todo lo que pude hacer antes de que la explosión de hielo y roca comenzase a caer sobre mi. Tuve el tiempo justo de girarme hacia el y aún recuerdo sus ojos. No se como, pero a pesar de los cientos de metros que nos separaban puedo recordar la expresión de su mirada como si hubiera estado justo delante de mi.

Es difícil poner en palabras lo que esos ojos azules me dijeron. Si tuviera que interpretar esa mirada, esa última mirada de Toli, creo que mostraría una mezcla de miedo y de determinación. No recuerdo aquella fracción de segundo como el colmo de la desesperación. De hecho Anatoli comenzó a moverse como siguiendo un guión familiar y bien ensayado. No se resignaba pasivamente a lo que estaba sucediendo, luchaba por aplazar la última escena de la película. Esa película en la que todos, algún día, jugaremos un papel como protagonistas…

Anatoli comenzó una travesía hacia un lado tratando de salir de aquella masa diabólica  que apuntaba directamente a nosotros como un misil… luego me sentí arrancado de la pared por una fuerza indescriptible….empecé a caer a velocidad supersónica…

…Puedo recordar la totalidad de esa larga caída, y todavía recuerdo que cuando por fin me detuve me encontraba sentado, y todo a mi alrededor estaba silencioso como una tumba… vi mi reloj y mi altímetro. Eran las 12:36 del día de Navidad y la altitud señalada eran 5.500 metros.

…acababa de perder a dos amigos y mis posibilidades de supervivencia eran prácticamente cero. Nadie sabía donde estábamos porque estábamos abriendo una nueva ruta. No había nadie en el campo base…

…Así comenzó la gran batalla por mi supervivencia, y aunque todo estuviera en mi contra, me lancé sin dudar a jugar mis ultimas  y desesperadas cartas.»

Anatoli y los trágicos sucesos del Everest 1996

A pesar de su importante historial, lo que hizo de Anatoli Bukreev un personaje conocido fue la tragedia que tuvo lugar en 1996 en el Everest. Héroe para muchos. Criticado en el relato que hace John Krakauer en su libro «Mal de Altura». De hecho el propio Anatoli respondería aquellas críticas escribiendo un libro con su visión de lo ocurrido aquel trágico día: «Everest 1996, crónica de un rescate imposible».

La principal crítica de Krakauer a Anatoli parte del hecho de que ascendiera sin oxígeno y regresara a la tienda antes que los clientes para quienes trabajaba como guía. Sobre este tema se ha debatido mucho. También Krakauer alegó, algo que se demostró luego que no era cierto: que Anatoli iba mal equipado. En cualquier caso, a la hora de debatir aquella tragedia, se pueden buscar argumentos para defender las distintas visiones. Analizar un accidente una vez ocurrido, decir lo que había que haber hecho, es fácil. Y, aún así, en un accidente tan complejo como el que tuvo lugar en el Everest en 1996, fueron varias las causas y los errores que se cometieron. Principalmente la competitividad entre los líderes de las dos expediciones (Rob Hall y Scott Fisher), no retirarse a tiempo y alcanzar tarde la cima… lo cual, en circunstancias normales, posiblemente tampoco hubiera desembocado en tragedia, de no ser por la inesperada tempestad que sacudió la montaña atrapando a todos los alpinistas que descendían aquel día de la cima del Everest. Al propio Anatoli le atrapó llegando a su tienda en el último campamento. (Anatoli había permanecido alrededor de hora y media en la cima del Everest esperando a los clientes antes de verse obligado a descender pues sin oxígeno tampoco podía permanecer más tiempo en ella).

En cualquier caso hay dos hechos incuestionables: ninguno de los clientes que formaban parte de la expedición de Anatoli murió (solo el jefe de la expedición Scott Fischer) y Anatoli protagonizó una acción de rescate única en la que salvó a tres alpinistas atrapados por la tormenta. No tuvo fuerza para mas aquel día. Al día siguiente aún fue capaz de volver a subir para ayudar a posibles supervivientes y encontró a Fisher congelado a 8.350 metros, en el collado Sur. Siete días después ascendería en solitario y en un tiempo récord a la cima del Lhotse. Una ascensión que posiblemente realizó como una necesidad de desahogo, de catarsis, tras la tragedia que había vivido días antes en el Everest.

En esta noticia explicábamos las dos versiones sobre lo ocurrido aquel día.

«Uno de los rescates más increíbles en la historia del alpinismo» (Galen Rowell)

El gran fotógrafo y alpinista Galen Rowell, dijo que aquel “había sido uno de los rescates más increíbles llevados a cabo en la historia del montañismo por una sola persona, pocas horas después de haber ascendido el Everest sin oxígeno”

Simone Moro «Si quieres juzgar a Anatoli recuerda esto: ningún cliente de su expedición murió»

Esto es lo que Simone Moro contestó a las acusaciones que Krakauer hizo a Anatoli: “No comprendiste que clase de persona era Anatoli. Eres americano el era ruso. Tu eres novato en los ochomiles el en aquel momento tenía un nivel excepcional. Tu eres un montañero normal el era un gran atleta, un animal de la supervivencia. Tu tienes seguridad financiera, el había conocido el hambre verdadera… Creo que eres como una de esas personas que, tras leer un libro de medicina, intenta enseñar a uno de los cirujanos más expertos del mundo lo que debe hacer un médico… Si realmente quieres juzgar las decisiones adoptadas por Anatoli en 1996 recuerda esto: ningún cliente de su expedición murió”

18 ochomiles en 9 años (1989 a 1997)

En el momento de su muerte, con 39 años, Anatoli era, sino el mejor, sí uno de los mejores himalayistas de su época. De 1989 a 1997 ascendió 18 cimas de ochomil metros. De los catorce ochomiles había ascendido once (aunque en no todos ellos alcanzó su cima principal). Anatoli destacó por su estilo rápido, ligero, muchas veces en solitario, que llama ya la atención en 1990 cuando asciende a la cima del McKinley en 10 horas y media.

Un año antes, en 1989, había formado parte de una expedición rusa al Kangchenjunga que abrió una nueva vía y coronó sus cuatro cimas principales. De sus otras ascensiones a ochomiles destacan: Dhaulagiri I en dos ocasiones (1991 –por una nueva ruta en su cara oeste- y en 1995 record de ascensión rápida: 17 horas y 15 minutos ), Everest en cuatro ocasiones (1991, 1995, 1996 and 1997, en esta ocasión por la arista norte), K2 en1993, Makalu en 1994, Manaslu en 1995, Lhotse dos veces (1996 –en solo muy rápidamente- y en 1997), Cho Oyu, Shisha Pangma norte (8.008 metros) en 1996 con muy pocos días de diferencia: el 25 septiembre hacia cima en el Cho Oyu y el 9 de octubre en el Shisha Pangma Norte. Broad Peak (antecima) y Gasherbrum II en 1997.

Entre sus records destaca escalar cinco ochomiles en 12 meses pues entre el 17 de mayo de 1995 al 17 de mayo de 1996 ascendió el Everest, Dhaulagiri, Manaslu, de nuevo el Everest, y finalmente el Lhotse.

Un récord que quizás hubiera superado pues el año de su muerte, en muy poco tiempo había ascendido al Everest (24 abril), Lhotse (23 mayo), Broad Peak (7 de julio) y Gasherbrum 2 (14 de julio)

Nueve meses antes soñó que iba a morir en una avalancha

Boukreev soñó, nueve meses antes, que iba a morir en una avalancha. Lo que no supo es el nombre de la montaña. Cuando su compañera intentó convencerle para que siguiera otro camino en su vida para evitar este hecho que Anatoli estaba convencido que iba a ocurrir, la respondió: «Las montañas son mi vida… mi trabajo. Es demasiado tarde para seguir otro camino».

Su compañero Dmitri Sobolev que murió en la misma avalancha tenía 36 años. También era kazajo y había ascendido el Manaslu (1995) y Everest (1997)

 

 

 


 

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