LAS REFLEXIONES DE UELI STECK

Alpinismo y riesgo en el universo personal de Ueli Steck

El legado de Ueli Steck queda ahora en las entrevistas, vídeos o libros que se han publicado. Volver a esos documentos sirve para conocer qué es lo que hacía, pero, sobre todo, para entender quién era.

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Ueli Steck en la Ultra Trail du Mont Blanc 2015.  (© Darío Rodríguez/DESNIVEL)
Ueli Steck

“La intensidad de una experiencia no depende únicamente de la energía volcada en la misma, sino también de la asunción del riesgo”. Volver hoy a las reflexiones de Ueli Steck sobre los peligros en la montaña ayuda a comprender qué puntales interiores sujetaban sus actividades más destacadas. En la introducción del libro Speed. Las tres grandes paredes norte de los Alpes en tiempo récord trató de dar respuesta a una gran cuestión, de dónde venía, pero las palabras fueron más allá para contestar también hacia dónde iba y por qué. Recuperamos un fragmento:

«El que yo, a pesar de la manifiesta falta de sentido que tiene escalar a toda velocidad, intente hacer comprensible mi motivación, se fundamenta en que para mí subir montañas es muy importante. Para mí, la escalada no es una disciplina deportiva más, y supone mucho más que una afición. La escalada se ha convertido en algo que da sentido a mi vida. Yo me defino en gran medida a través del alpinismo, y por lo tanto a través de mis logros. Tal vez no sea muy buena astucia, pero el camino que me he trazado transcurre entre el éxito y el fracaso. Así es como encuentro mi bienestar.

Por eso, la cuestión de si he pisado una cumbre o no, por qué vía y en qué tiempo he llegado hasta allí es, en gran medida, insignificante. Si uno mira un poco más allá de sus narices, sabe que en nuestro planeta hay problemas mucho más importantes que saber si se puede escalar décimo grado o si alguien se atreve a subir una vía en solo integral. Sin embargo, en mi universo personal esas preguntas tienen un significado enorme.

«Soy consciente de que en la vida no existe el riesgo cero»

El alpinismo me ha enseñado mucho, sobre todo sobre mi capacidad para asumir mi propia responsabilidad, pues es una actividad que tiene lugar en un entorno en el que los peligros abundan. Sin embargo, el riesgo es subjetivo e individual, y lo alto que acabe siendo realmente depende en gran medida de las facultades de cada uno. Reconozco que yo no esquivo el riesgo, pero estoy convencido de que puedo valorarlo en todos y cada uno de mis proyectos.

También soy consciente de que en la vida no existe el riesgo cero. Eso deberíamos aceptarlo todos. La intensidad de una experiencia no depende únicamente de la energía volcada en la misma, sino también de la asunción del riesgo. Cuanto más debo invertir en algo, mayor es la intensidad con la que percibo un éxito, y por lo tanto más tiempo permanece presente en mi recuerdo.

[…] Si hace veinte años, cuando empecé a trepar por rocas, alguien me hubiera dicho que me convertiría en un alpinista profesional y que me ganaría la vida así, lo más probable es que me hubiera reído. Sin embargo, eso no me habría impedido soñar por las noches con ello. El caso es que hoy vivo efectivamente del alpinismo.

[…] Para mí, el reto personal es importante. No me comparo con otros alpinistas ni le doy vueltas a qué podría hacer para ser mejor que ellos. Siempre me comparo conmigo mismo. El resultado es el que decide si se ha tratado de un éxito o no. A otros, lo que hago les parece con frecuencia algo extremo, pero yo no considero así mis proyectos. Son simplemente el resultado de una evolución lógica.

«Mi punto fuerte creo que es mi tenacidad»

No poseo un marcado talento para la escalada. Seguro que hay muchos escaladores que están más dotados que yo, que saben moverse mejor. Tampoco soy especialmente bueno en resistencia, sino que mi punto fuerte creo que es mi tenacidad. Cuando quiero alcanzar algo, trabajo para ello. Puedo concentrarme muy bien en algo y lograr que nada interfiera o me distraiga de lo que estoy haciendo. Para ello, intento proceder del modo más estratégico posible.

Los preparativos deben ser perfectos, y trato de optimizar cada detalle. Entonces, para mí solo existe ese único proyecto. Tener en marcha miles de cosas distintas al mismo tiempo no es lo mío. Debo acometer los proyectos uno detrás del otro. En relación a esto, soy a mi modo también un poco estrecho de miras y coincido con el cliché que suele tenerse de los suizos. Pero la concentración es solo una parte; para avanzar, para tener éxito, hay que añadir valor y disposición a asumir riesgos, así como una fuerte dosis de optimismo y también un poco de suerte.

De todos modos, he tenido que invertir mucho para llegar hasta este punto. Tras mis actividades, sean vías de escalada técnicamente difíciles o ascensiones rápidas en vías mixtas, hay centenares de horas de entrenamiento y preparación. Lo que me motiva es dar pequeños pasos, como por ejemplo reducir en treinta segundos el tiempo que hice la vez anterior.

«Debo aprender a bajar alguna vez el ritmo en una actividad, para darle un poco de respiro a mi cuerpo y a mi mente»

[…] Entrenarme tanto sería imposible si no me divirtiera. Me encanta trabajar con mi entrenador, Simon Trachsel, quien me apoya con energía, y me gusta elaborar nuevos planes de entrenamiento. Con el tiempo, vamos teniendo disponible más información sobre las cosas en las que debo mejorar. Lo hacemos en hojas de cálculo en las que introducimos datos que nos muestran el rumbo a seguir. Al principio, los test de rendimiento me ponían algo nervioso, pues tenía miedo de fallar. Hoy me alegro con cada test que hago. Veo con precisión dónde estoy y puedo comparar el resultado con mis propias sensaciones.

Poder valorarme correctamente me resulta esencial para aprender a ser honesto conmigo mismo. No puedo rendir al cien por cien de manera ininterrumpida, pero sí que quiero notar dónde me encuentro en ese momento. Y al mismo tiempo también debo aprender a bajar alguna vez el ritmo en una actividad, para darle un poco de respiro tanto a mi cuerpo como a mi mente.

«Hemos podido ajustar mi cuerpo, lo que me ha hecho capaz de rendir más»

[…] Los entrenamientos de fuerza y resistencia no se llevan bien entre sí. Eso es uno de los fundamentos básicos de la teoría del entrenamiento. Pero yo preciso de ambas cosas: para actividades en altitud, sobre todo resistencia; y para escalar vías difíciles, en primer lugar, fuerza. Mi gran sueño sería naturalmente ser un maratoniano que escalara 9a, a ser posible 365 días al año… Yo divido mi entrenamiento en periodos muy marcados que me hacen progresar netamente. Hemos podido, por así decirlo, ajustar mi cuerpo, lo que me ha hecho capaz de rendir más.

Para mí, el proyecto más importante es siempre aquel en el que esté trabajando en ese momento. Lo ya hecho, lo escalado pasa rápidamente a un segundo plano. A menudo es Nicole, mi esposa, quien, recordándome todo lo que ya he logrado, me hace regresar a la realidad. En los ocasionales momentos que siempre se dan en los que tengo la sensación de no ser capaz de nada, ella me empuja en la dirección correcta. Entonces puedo volver a distanciarme y percibir los éxitos parciales del proyecto. Ese desarrollo (desde la idea inicial, pasando por los pequeños pasos que me acercan a mi meta, hasta el éxito) lo percibo como algo muy creativo. Me doy cuenta del gran privilegio que es vivir así y poder elegir cuál es el siguiente objetivo que quiero acometer».


 

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