ENTREVISTA DESDE EL CAMPO BASE

Álex Txikon: «El Nanga Parbat en invierno no te permite ningún error»

Hablamos con Alex Txikon a las pocas horas de descender de la cima del Nanga Parbat invernal. En esta entrevista nos explica lo importante que resultó cambiar la estrategia, aprender de los errores, mantenerse activos y aprovechar una oportunidad que parecía no iba a tener éxito. Y soportar el frío, mucho frío: -40º el día de cima.

Autor: Darío Rodríguez | 8 comentarios | Compartir:
Ali Sadpara (izq.) y Alex Txikon en la cumbre del Nanga Parbat invernal. Febrero 2016  ()
Ali Sadpara (izq.) y Alex Txikon en la cumbre del Nanga Parbat invernal.

La comunidad de aficionados al alpinismo mundial ha seguido minuciosamente los pasos de Álex Txikon, Ali Sadpara, Simone Moro y Tamara Lunger en el Nanga Parbat invernal. Ha sido la ascensión más mediática, y las posibilidades de seguimiento tecnológico han proporcionado unas dosis de emoción inéditas en tiempo real y en todo el mundo. Y todo eso sin que los protagonistas se prodigaran en mensajes, sino que las informaciones sobre su posición eran automáticamente transmitidas por su localizador GPS y los datos aportados en sus redes sociales provenían de las observaciones realizadas desde el campo base y las escuetas comunicaciones por radio.

Una vez en el campo base sanos y salvos, vacíos de energía pero con el trabajo terminado y una ascensión histórica en el historial, hablamos con Álex Txikon para que nos cuente los detalles de ese ataque a cumbre.

«Aprendimos de los errores que cometimos el año pasado»

¿Cómo fue la ascensión?
Bien, aunque dura. El día que estuvimos en el C2 se nos complicó por el viento, pero luego ya cambió la cosa y poco a poco subimos hasta el C3, luego ascendimos hasta el C4 y se trazó una buena estrategia: salir por la mañana en lugar de salir por la noche fue muy importante, y fuimos de C4 a cumbre y de nuevo al C4 en menos de 13 horas. Aprendimos de los errores que cometimos el año pasado: en vez de salir a las tres de la madrugada y que se haga tan larga la noche, para evitar el frío y el riesgo de tener que darte la vuelta por congelaciones, salimos a las seis de la mañana; pero también porque ya habíamos subido en diez horas hasta el C2 del tirón desde el CB… Nos veíamos todos fuertes, en equipo… ¡y hay que sortear esos 2.000 metros de desnivel que hay hasta el C2!

«Hemos estado más de 20 ocasiones en el C1 y cuatro veces por encima del C2»

Y eso que hemos subido cuatro veces por encima del C2. No creo que las expediciones en verano suban tantas veces, como mucho dos veces y luego ya la siguiente rotación para cumbre. Según nuestra cuenta, hemos estado cinco noches en el C1, siete en el C2, una en el C3 y dos en el C4… son 15 días durmiendo en altura en invierno, que es muchísimo. Hay diferentes estrategias, pero bajo mi punto de vista hay que pasar el mínimo tiempo posible arriba o sacar el máximo rendimiento posible a las salidas. Nosotros hemos estado más de 20 ocasiones en el C1. Desde que empezamos este periplo en Argentina, hace ya tres meses, de 90 días hemos estado activos más de 45 días, que es muchísimo, y el desgaste ha sido muy grande.

«La cumbre se alcanza cuando llegamos todos los miembros del equipo al campo base»

¿Cómo fue el día de cima?
Hemos pasado muchísimo frío. Tanto nuestro meteorólogo, Javier del Valle, como el de Simone Moro, Karl Gabl, predijeron que habría en torno a -30ºC o -35ºC, pero luego estuvo el viento. Era un viento constante de noroeste, de 25 a 30 km/h, con rachas de 40 km/h. Y el couloir de cumbre está muy, muy tieso, y lo hemos encontrado en unas condiciones duras, con nieve dura y trozos de hielo muy exigente. Y como ha soplado tanto viento, se habían formado como unos ventisqueros que, si tenías que ascender o pasar por encima de ellos, se hacían como peldaños de 30 o 40 centímetros y, por lo tanto, se hacía muy peligroso. Desafortunadamente, Tamara no pudo continuar más allá a pesar de haber superado los 8.000 metros de cota, pero creo que ha sido redondo: ella se quedó muy cerca de la cumbre, llegamos todos sanos y salvos a la cumbre y sobre todo el éxito se celebró cuando llegamos los cuatro al campo base, que es cuando ya empiezas a asimilarlo todo. La cumbre se alcanza cuando llegamos todos los miembros del equipo al campo base.


 

«Fue un ataque a cumbre surrealista, con escasas posibilidades «

Era un ataque a cumbre en el que teníais pocas expectativas, ¿verdad?
Sí, porque la aclimatación de Tamara y Simone era algo más justa, después el parón en el C2 fue también un momento de inflexión y pensamos que ahí se acababa todo… Luego haces los deberes y llegas al C3, el día siguiente vuelves a hacer los deberes y llegas hasta ese C4, y poco a poco te lo vas creyendo. Pero no deja de ser un ataque surrealista, en el que tienes escasas posibilidades después del invierno que llevamos, con todas las dificultades que se han tenido que afrontar.

Llegasteis muy tarde a la cima…
No, fue según lo previsto, lo que habíamos calculado. Salimos a las seis y nos habíamos puesto como tope las cuatro o cuatro y media, para descender en tres horas que es lo que calculábamos tardar de vuelta, destrepando. Y lo cumplimos. Tampoco fuimos muy agobiados; de vez en cuando le iba preguntando el tiempo a Simone y ya.

«Este año las dificultades han sido más complicadas que el pasado»

Y decías que el terreno de arriba es bastante técnico… debe ser bastante peligroso, ¿no?
El año pasado llegamos hasta unos 7.800 metros más o menos, y este año las dificultades han sido más complicadas. Ya desde el primer momento, atravesando la cuenca Bazhin, había algunas zonas con hielo vivo, y cruzar las grietas ha sido un poquito más complejo… Después, el hielo estaba más duro, más exigente. Y luego aquellos ventisqueros que se formaban, que tenías que subir escalones de entre 30 y 40 centímetros, algunos de ellos de hielo frágil… Tuvimos que atravesar tres o cuatro de ellos, pero sobre todo en el couloir de acceso a cumbre había muchas formaciones de estas que tienes que ir esquivando… A la hora de subir, subes, pero a la hora de destrepar tienes que andar con mucho ojo. Es verdad que habría que haber llevado una cuerda, por seguridad, para hacer algún que otro rápel… pero los cuatro escaladores salimos con un piolet en la mano y poco más.

¿Sólo llevabais un piolet?
Sí, quizás por confianza después del año pasado, pero al menos en mi caso hubiera ido más relajado si hubiera llevado el arnés y el piolet con el antipérdida. El año pasado no lo usé, pero en esas condiciones, que hace frío, que andas cambiando el piolet de mano y que vas al 200%, un descuido y puedes perder el piolet tranquilamente. Lo pagué con dolores en los tendones, de tanto apretar el piolet.

«Creo que tenemos la obligación de intentar bajar el máximo material posible»

¿Cómo definirías el Nanga Parbat invernal, ahora que lo has hecho?
Bueno, todavía tenemos que volver a subir mañana [hoy 29 febrero], y quizás pasado también, a desmontar las cuerdas… Dejamos el C4 limpio y el C3 también; en el C2 hemos dejado un depósito con una tienda y una pala y algo de gas, que les vendrá bien a una expedición andaluza que irá en verano. Y nos falta desmontar desde el C2 para abajo. Creo que es una obligación que tenemos, de intentar bajar lo máximo posible. El día de descenso de cumbre dejamos preparada parte de la cuerda y ahora a ver si podemos llegar a 5.500 o 5.600 m y bajar mil metros de cuerda más la tienda que tenemos en el C1. Ahí es cuando cantaremos victoria.

«En el couloir final subes y subes y parece que no llegas nunca a la cumbre»

El Nanga Parbat es una montaña preciosa, con sus 8.126 metros en pleno Himalaya. Desde el Diamir, siempre tenía esta perspectiva de lo que es el Hindu Kush, pero al ver el Baltoro me ha parecido una bestialidad. El famoso plateau de la expedición de 1934 también es una maravilla. Me han sorprendido también las distancias; parece que el C4 estaba a 7.200 m, pero en el couloir final subes y subes, vas ganando metros y parece que no llegas nunca a la cumbre. Es la montaña de las montañas, de verdad.

«Lanzar un ataque en estilo alpino al Nanga Parbat en invierno es jugar a la ruleta rusa»

Comparado con otros ochomiles, ¿cómo es?
Yo destacaría del Nanga Parbat su inaccesibilidad. Para llegar a los 6.000 metros, por ejemplo, la ruta en la que estuvieron Simone con Tamara, Tomek y Elisabeth, te hace caminar como 18 kilómetros hasta la base. Para llegar a la base por esta vertiente del Diamir es bastante inaccesible. Este año, ha habido muchos ataques a cumbre –igual que el año pasado– que han sobrepasado los 7.000 metros, pero es que todos esos ataques han estado muy lejos de la cumbre. Incluso desde nuestro C3 (6.700 m) puede que hayamos estado más cerca de la cumbre  que cualquiera de los ataques que se han protagonizado este año que han llegado hasta los 7.400 o 7.500 metros. Hay que trabajar mucho. Lo que sí es verdad es que la ruta Kinshofer requiere equipar con cuerda. Creo que lanzar un ataque en estilo alpino al Nanga Parbat en invierno está al alcance de muy pocas personas y es jugar a la ruleta rusa, porque estás a -30ºC o -40ºC, son condiciones muy duras y la montaña es muy técnica y no te permite ningún error. Para subir al Nanga Parbat en invierno, hay que trazar una estrategia acertada, equipándola y llegando hasta ese C3, que es la clave por la Kinshofer.

«Gracias a que Simone sacó la cámara en la cima, porque yo ni la sacaba»

¿La llegada a cima fue muy emotiva?
No te creas, no dio mucho tiempo… como fue tan exigente ese ataque a cumbre… Gracias a que Simone sacó la cámara allí, porque yo ni la sacaba. Menos mal que están esas fotos de cumbre… Yo tuve unos segundos de un poquito de emoción, porque al ser tan duro no te deja desmelenarte. Y sobre todo el descenso, que hasta que no llegas al C4 no te relajas. Y una vez en el C4 empiezas a comerte la cabeza: «a ver si al día siguiente me levanto con fuerzas y puedo bajar hasta el campo base», porque la montaña no se acaba ni en el C4, ni en el C3, ni en el C2, sino que se acaba en el campo base.

«La segunda noche en el C4 se nos hizo muy, muy dura, muy fría, desoladora»

¿Qué es lo más duro de toda la ascensión?
Dos momentos que me vienen a la cabeza ahora mismo: el día de cumbre, antes de llegar a ese colladito donde el año pasado nos fuimos un poco para la derecha y luego volvimos a la izquierda, íbamos como haciendo zetas y veíamos el sol ahí abajo, que estaba pegando en la tienda del C4 y que no te llegaba a dar, y el viento cada vez era más fuerte… fue un momento muy duro. Por otro lado, la segunda noche en el C4 se nos hizo muy, muy dura también. Muy fría, desoladora. Y como ya tienes algo de experiencia en este tipo de montañas, piensas «a ver si mañana voy a tener fuerzas», y «a ver si el viento amaina». Porque si el viento no amaina, tienes que salir de ese C4 por patas, y hay que equiparse y hay que llegar abajo… Son momentos de tensión.

O sea que ni siquiera en el C4 bajando de cima os pudisteis relajar, y dormir esa segunda noche allí ha sido uno de los momentos más duros…
Para nada. Puede haber sido el momento más duro. Cuando llegamos esa noche al C4 uno tras otro, y nos metimos cada uno en el saco, intentamos derretir algo de nieve, y la noche muy dura: heladora, fría, insoportable… Es difícil de describir rápidamente, pero diría que la noche más dura que he pasado hasta el día de hoy, con diferencia. Y la mañana también, porque el viento no amainaba y suerte que nosotros nos encendimos como una mecha y sacamos esa poca energía que teníamos para desmontar ese C4 y ponernos en marcha hacia abajo.

¿Cómo compara Simone el Nanga Parbat con sus otros ochomiles invernales?
No lo hemos hablado en ese sentido, pero sí le he comentado que después de esa cuarta primera invernal a montañas de 8.000 metros, él que ya era un icono del himalayismo invernal con más de 15 expediciones invernales… Pero esta cuarta es como una culminación de toda esta carrera, del conjunto de todos estos años. Y tanto Ali como yo y Tamara nos sentimos súper orgullosos de haber formado parte de ese logro.

«El día de cima, desde que salí hasta que llegué, no me quité las manoplas»

En el día de cima, ¿da tiempo a comer y beber algo o hace tanto frío que sólo puedes avanzar?
Hace tanto frío que no bebimos ni comimos en todo momento. Ali sacó la cámara en un momento –se quitó las manoplas– y Simone también en otro momento, pero yo, desde que salí hasta que llegué, no me quité las manoplas. Imposible, demasiado frío, muy cruel. Y sobre todo, la exigencia tanto técnica como táctica.

¿Es la vez que más frío has pasado en tu vida?
En el Gasherbrum tengo un recuerdo de haber pasado mucho frío, en aquella expedición en que parte del equipo se quedó en la montaña para siempre, pero era porque subimos cuando no era la buena ventana. Esta vez yo me esperaba mejores condiciones. Francamente, eran muy duras.

«El parón que tuvimos en el C2 nos sirvió para remodelar la nueva estrategia»

Lo bueno ha sido que ese parón que tuvimos en el C2 nos sirvió para remodelar la nueva estrategia. Entonces, del C2 salimos con sol al C3, que es fundamental. Y del C3, exactamente igual al C4. Son horarios que dices que sales tarde, porque sales a las nueve de la mañana, pero es verdad que nos levantábamos a las seis de la mañana, derrites agua para cuatro personas, y cuando te pega el sol ese poquito de energía te sirve para no helarte las manos y poco a poco puedes ir desmontando la tienda, recoger los sacos de dormir… El hecho de moverte de C2 a C3 con un pelín de sol, de C3 a C4 también con un pelín de sol, te da un poco de vidilla.

«Este año se han cumplido las expectativas y el tiempo ha sido excepcional»

Ha sido un invierno que parecía que se acababa y que no se ascendía el Nanga Parbat. Fueron muchas expediciones, al final os quedasteis solos, pasaban los días… ¿Se hace muy duro pasar tantos días en un campo base?
Sí, en ese aspecto ha sido incluso frustrante. Al principio, mucha alegría, con mucha gente en este campo base del Diamir, en el Rupal también ha habido dos expediciones, parecía que este año sí, que los equipos progresaban muy rápidamente. Como siempre, la gente que tiene mucha experiencia en esta montaña de los últimos inviernos, se han cumplido las expectativas y el tiempo ha sido excepcional. Fue muy favorable para atacar la cumbre en diciembre y a principios de enero, con unas ventanas increíblemente buenas y temperaturas mucho más amenas, con inversión térmica. Pero poco a poco, las fuerzas fueron mermando, la gente fue abandonando… nosotros tuvimos que solucionar diferentes problemas en el equipo, una semanas de nevadas intensas, abriendo huella día sí, día también, y los días iban pasando. Nosotros no nos hemos puesto nerviosos porque el invierno acaba el 21 de marzo, aunque sí que se veía que este año quizás no iba a ser. Pero mira, nos ha dado la oportunidad el Nanga Parbat.

¿Vosotros teníais claro que ibais a estar hasta el final del invierno?
Sí, eso sí. El compromiso de todo el equipo, que no somos sólo nosotros… creo que hay que tener un mínimo de respeto y de conciencia. Yo tenía un poco de dudas, por el hecho de haber trabajado tantos días, haber subido tantas veces arriba, piensas que igual el cuerpo no te vaya a responder, pero el hecho de que el campo base esté a 4.200 metros favorece mucho y la vida se hace un poco más amena y accesible.

¿Tenéis mucho material en la montaña, que vais ahora a hacer ese esfuerzo? Porque tiene que ser durísimo regresar ahora a la montaña…
Con los pies como los tenemos –están bien pero duelen de ir con las botas cinco o seis días con los crampones puestos–, la nariz un poco negra que duele bastante, el cuerpo dolorido, las fuerzas mermadas… Hemos dejado el C4 limpísimo, a diferencia del año pasado, porque el tiempo nos ha acompañado y dio el sol y paró el viento. En el C3, que habíamos dejado los cartuchos de gas vacíos y una bolsa enterrada, lo recogimos todo. En el C2 he dejado un petate con una tienda, una pala, varios cartuchos de gas y medio kilo de basura, y lo tengo hablado con una expedición andaluza que viene en verano. Todo el material entre C4 y C2 está abajo.

«Algo sí que pienso en el K2 invernal, pero ahora mismo todavía estamos aquí»

¿Sueñas ahora con el K2 invernal?
Algo sí, pero ahora mismo todavía estamos aquí: todavía hay que subir para arriba, hay que ir a casa, tenemos que cumplir nuestras obligaciones… el billete de vuelta lo tenemos el 12 de marzo y aprovecharemos para ir a Skardú y estaremos con la familia de nuestro cocinero y de Ali. Va a ser una manera diferente de finalizar, y a medida que pase el tiempo ya iremos viendo nuevos proyectos.

¿Cómo estaba la seguridad en el campo base del Nanga Parbat? Porque habéis tenido escolta todo el invierno…
En el valle nos sentimos seguros, la gente es muy agradable, con ese matiz de lo que pasó en el CB. Saben que esta es una montaña única en la Tierra, un sitio paradisíaco de verdad y saben que es muy importante que haya turismo aquí. La gente hace todo lo posible por fomentar el desarrollo del turismo. Ha pasado poco tiempo y tardará tiempo en recuperar esa estabilidad. La verdad es que hay una seguridad fortísima, las 24 horas del día si estás aquí con gente armada, gente profesional entrenada para estar aquí en invierno y ojalá venga más gente. En nuestro equipo, todos nos sentimos orgullosos de haber colaborado y que la gente del valle pueda tener algo de trabajo durante algunos días y algo de ingresos. Este año ha habido muchas expediciones y la gente ha trabajado.

«Tamara tomó una decisión sabia: abandonar en vez de alcanzar la cima sin fuerzas para descender al campo base…»

¿A qué altura llegó Tamara y cómo os esperó, porque se debería quedar helada…?
Todos los días, ella ha ido trabajando igual que el resto, y en el día de cumbre vomitó antes de la salida y eso hizo que le mermaran las fuerzas. Estando a 7.650 m o 7.700 m fue diciendo que igual se daba la vuelta, pero aguantó y superó la cota de 8.000 metros, e incluso Ali me decía que fue una decisión sabia. En lugar de seguir con las fuerzas totalmente extenuadas por llegar a la cumbre y luego no poder descender hasta el campo base. Fue algo excepcional, superando los 8.000 metros en una montaña que tiene 8.126 m. Chapeau por ella y por todo el trabajo.

¿Ella se quedó esperando o empezó a descender?
Empezó a descender.

¿Qué más te gustaría decir en este momento?
Nada más que dar las gracias a todo el mundo. Nosotros llegamos casi de rebote al Nanga Parbat el año pasado, después de que no nos dieran permiso para el K2, y mira… Quiero agradecer a todos los lectores de Desnivel y a la gente que nos ha apoyado en estos cinco años de expediciones invernales, empezando por el Gasherbrum y acabando por aquí.



 

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