EXPLORANDO

Everest y Lhotse, un mundo de contrastes

De los autónomos Miguel ángel Pérez, Isabel García y Roberto Rodrigo, que intentan el Lhotse sin sherpas al fallecido Shailendra Kumar quien, con 82 años, llevaba uno tirando y otro empujando cuando falleció en la Cascada del Khumbu.

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El campo base del Everest es un mundo de contrastes.  Las expediciones comerciales coinciden con los alpinistas profesionales, con alpinistas no profesionales pero fuertemente patrocinados, y con alpinistas “privados” que organizan su ascensión con los medios justos. Entre estos están el leonés Miguel Ángel Pérez, y la pareja formada por la burgalesa Isabel García y el vasco Roberto Rodrigo. Estos tres alpinistas, cuyo objetivo es el Lhotse, tienen en común el no utilizar sherpas, lo que les obliga a transportar unas mochilas enormes y, también, a afrontar la ascensión con una logística totalmente distinta. Su presupuesto varia de los 6.500€ a los 8.000€. Una cantidad muy ajustada para un ochomil.

El empleo de sherpas permite a los alpinistas no sólo llevar poco peso (son los sherpas quienes llevan las tiendas, comida, gas, colchonetas, sacos, botellas de oxígeno…) y, también, quienes habitualmente instalan las tiendas. Además, tras la ascensión, son los sherpas quienes desmontan los campamentos y transportan todo el material de regreso al campo base de la montaña. La logística habitual, cuando se emplean sherpas, consiste en tener varias tiendas y sacos que los sherpas transportan instalando cada campamento. Sin sherpa el número de tiendas queda reducido, no sólo por el problema de transportarlas hacia arriba, sino también porque en el descenso el peso de lo que se puede bajar es, lógicamente, limitado.

Las expediciones comerciales llevan aquí el liderazgo. Son ellas las que coordinan la instalación de la cuerda fija hasta la cima del Everest y Lhotse. Y todo el mundo espera. La cuerda fija a la cima del Everest, como comenté en mi anterior crónica, ya ha sido instalada. Y ya hay grupos que han hecho cima y han vuelto a casa. La previsión de tiempo ahora es de una ventana para los día 13, 14 y 15…. Y los grupos se preparan para intentar la cima esos días. Muchos ya han partido del campo base. El alpinista vasco Unai Llantada (irá con oxígeno, posiblemente desde el campo 3 y un sherpa) se plantea intentar la cima el día 14. Saldrá en la madrugada del día 11 del campo base.

La ascensión al Lhotse va retrasada porque aún no está instalada la cuerda fija. La previsión es que las comerciales la instalen el día 13. Son 60 alpinistas aproximadamente, de expediciones comerciales y no, quienes esperan este momento. Parece que algún grupo intentará la cima el 14 y otros esperarán a la siguiente ventana de buen tiempo. Juanito Oiarzabal, Manuel López “Lolo”,  Juanjo Garra, Carlos Pauner, y Javier Fernández es muy posible la intenten el día 15.

Carlos Soria descendió hace días del campo 2 con un fuerte dolor de garganta (ver comunicado). Espera recuperarse pronto. Se encuentra fuerte y con la moral muy alta. Lo tiene claro: “Subiremos en cuanto haya una oportunidad. Estamos preparados y punto.” Aún no tiene definido el día en que intentará la cima.

Ayer viví una situación dramática, que me hizo ver en primera persona hasta qué punto se cruzan barreras ilógicas por alcanzar records (también ilógicos) en el Techo del Mundo. Decidí acompañar a Miguel Ángel Pérez por la Cascada de Hielo en su marcha hacia el campo 1. Miguel Ángel partió de madrugada del campo base cargado con una mochila enorme que según él pesaba alrededor de 20 kilos. En ella dos tiendas de campaña y todo el material y comida necesario para permanecer tres días en montaña. Su objetivo: llegar al campo 3 y dejar montados el campo 2 y 3. Caminé junto a el por la Cascada de Hielo impresionado por el peso que transportaba que, lógicamente, ralentizaba su avance. En la parte superior de la Cascada nos alcanzó Edurne Pasaban, Ferran Latorre, Nacho Orviz y Asier Izaguirre. Aproveché para seguirles un rato y fotografiarles. Cerca del campo 1 decidí emprender el regreso, eran casi las 10 de la mañana, y aunque la Cascada de Hielo este año está  muy segura y parece no presentar grandes riesgos, preferí seguir un horario seguro. En el descenso coincidí con los Icefalls Khumbu Doctors, de los que hablaré en otra crónica. Tras charlar con ellos media hora y hacerles fotos y video seguí descendiendo.

Shailendra Kumar Upadhyaya, fallecido con 82 años

Al cabo de un rato coincidí con un nepalí de 82 años (Shailendra Kumar Upadhyaya), que ascendía ayudado por tres personas. Su objetivo: ser la persona de más edad en ascender el Everest. Mientras escribo estas líneas su cuerpo reposa a escasos 200 metros de mí, en el helipuerto, esperando el helicóptero que lo lleve a Kathmandu. Esta mañana el mal tiempo ha impedido que el helicóptero pueda venir. Quizás mañana el tiempo lo permita. Nieva suavemente en el campo base, hace frío, y el cortejo que le acompañaba le ha ido abandonando. Ahora nadie está con él. Espera solo.

Cuando coincidí con Shailendra y su grupo de apoyo les pedí permiso para fotografiarles y hacerles vídeo. Me dieron su aprobación y les acompañé durante, aproximadamente, dos horas.  Lo que viví fue bastante dramático y me hizo reflexionar profundamente sobre la locura de los récords. Un sherpa tiraba fuertemente de la cuerda a la que iba atado Shailendra. Otro le empujaba por detrás. El hombre podía avanzar poquísimos metros, tras los cuales descansaba, en algunas ocasiones de pie y en otras tirado en el suelo. Era tal el dramatismo de la escena que incluso yo estaba sorprendido de que me dejaran acompañarles fotografiándoles y filmándoles. Intenté entrevistarle en las numerosas paradas que hacían, pero aquel hombre, que fue un importante político nepalí (ministro) y embajador en las Naciones Unidas, era casi incapaz de hilvanar unas pocas palabras. Eran las 12 de la mañana, avanzaban lentísimamente y me parecía imposible que pudieran llegar antes del atardecer al campo 1. Cuando me despedí de ellos estaba convencido de que aquel hombre de 82 años no sólo jamás alcanzaría la cima del Everest, sino que tendría que ser rescatado en helicóptero del campo 1. Sin la ayuda de quienes tiraban de él, este hombre nunca hubiera podido dar unos centenares de pasos andando solo fuera del campo base. ¿Qué sentido tienen estos récords?

En la comida alguien contó que había quien planteba que se establecieran límites de edad para ascender al Everest e impedir estas situaciones. Carlos Soria, siempre sabio, respondió con una frase acertada: “No hay que poner límites de edad, sino de capacidad”.

 

 

 

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