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Everest: 82 nuevas cimas y un infierno en el C2 para Ferran Latorre

Ferran Latorre cuenta de primera mano desde el campo base cómo vivieron él y Nacho Orviz la llegada a su campamento 2 desvalijado. Mientras tanto, 82 personas han alcanzado la cumbre hoy, con Emily Harrington entre ellas.

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La temporada premonzónica 2012 en el Everest continúa revelando historias de todos los géneros posibles. En la parte alta de la montaña, las fuentes cifran en hasta 82 las personas que habrían alcanzado el techo del mundo únicamente el día de hoy. Otras tantas expediciones decidieron retrasar una jornada sus asaltos finales debido a un ligero incremento inesperado en el viento y al hecho que las previsiones son incluso mejores para mañana. Esta decisión ha contribuido a que no se estén repitiendo las mismas aglomeraciones del pasado fin de semana.

Entre las cumbres conocidas hoy, destaca la de la escaladora deportiva Emily Harrington, que ha anunciado su ascensión y la de su compañero Sam Elias, ambos con oxígeno. Conrad Anker, que también subía con ellos pero sin oxígeno, se dio la vuelta un poco más arriba del campo 4. Aunque los datos son escasos todavía, de momento sólo se conoce una cumbre sin oxígeno hoy, la de un oficial del ejército indio del que no se ha revelado la identidad concreta.

Otras cimas de relevancia son la del británico Kenton Cool –su décima vez en la cumbre-, cumpliendo un compromiso de casi 90 años, al portar la medalla olímpica otorgada en 1924 a la expedición de su país que intentó el Everest en 1922. O la undécima cumbre del guía Willie Benegas.

Amistad de CB más allá de la muerte

En el capítulo de la épica del Everest, Russianclimb desvela hoy la historia de una nueva víctima mortal en la cara sur (la número 11 en el balance total de 2012): “El israelí Nadav Ben-Yehuda (24 años) estaba ascendiendo desde el Collado Sur. A 300 m de la cumbre vio el cuerpo de su amigo del campo base, Aydin Irmak (46 años), tendido sin vida sobre el hielo. Ben-Yehuda llevó a su amigo turco ayudado por su guía sherpa durante unas ocho horas hasta bajarlo al campo 4 –sin guantes, porque complicaban demasiado el proceso de rescate, y sin oxígeno, ya que su máscara se había roto. Durante la marcha de descenso, el grupo pasó al lado de un alpinista malayo, también postrado y semi inconsciente. Incapaz de cargar con una segunda persona, Ben-Yehuda dijo que por suerte se cruzó en seguida con un grupo británico, que pudo dar oxígeno al malayo y revitalizarlo. Las temperaturas de -40ºC dejaron a ambos hombres con severas quemaduras por toda la cara, y la mano sin guante de Ben-Yehuda ennegrecida por las congelaciones, algunas de las cuales podrían requerir ser amputadas, según explicó él mismo. Pero finalmente, consiguió llegar al campo 4”. Posteriormente, un helicóptero evacuó al israelí y al sherpa de la montaña.

El infierno en el C2 de Ferran Latorre

Mientras tanto, Ferran Latorre ha publicado en su blog una larga y reveladora crónica sobre su mala experiencia en el campo 2, donde alguien les robó todo su material excepto la tienda -quizás “un alpinista chino que intentaba el Everest de una manera fugitiva (sin permiso y sin apoyos) y que fue ‘detenido’ más tarde por el equipo tibetano de rescates”, según comenta Ferran. Además, cabe recordar que Nacho Orviz y él no pudieron instalar ese C2 en su subida de aclimatación debido al overbooking de tiendas que se encontraron en la zona.

Dicho texto es mucho más extenso, pero a continuación reproducimos algunos fragmentos:

“Las plataformas ahora parcialmente desempleadas después de que las primeras expediciones hicieran cima los días 19 y 20, se van sucediendo mientras voy trepando entre las rocas haciendo funambulismo en medio del viento intenso. Finalmente llego al lugar donde dejamos el depósito hacía apenas unos diez días. Las plataformas, antes ocupadas, ahora están libres, y deposito la mochila en la que me parece que es más amplia. Al poco rato llegan Retemba [su sherpa] y Nacho. A gritos, pesar de la poca distancia, les indico el lugar elegido. Retemba deambula un largo rato alrededor del depósito mientras otros alpinistas intentan montar una tienda. Le repito varias veces el gesto de que me acerque la tienda para empezar a montarla. No entiendo muy bien qué me dice. Empiezo a preparar la plataforma sacando las piedras grandes y alguna basura abandonada. Vuelvo a dirigirme al Retemba, no entiendo tanta lentitud. Todos estamos cansados, el viento es fuerte y nos irrita permanentemente, el frío se cuela por lugares imposibles a través de la ropa y por eso tenemos prisa en montar la tienda y refugiarnos. Retemba se me acerca al oído. Me lo ha de repetir tres veces, no sea que, a pesar de la corta distancia, el viento se haya llevado algunas palabras y no entienda lo que me está diciendo: “No hay nada, alguien se ha llevado el depósito. Todo excepto la tienda”.

“En medio de la confusión, todos plantados en medio de la plataforma, nos miramos durante un largo rato sin decidir nada, mientras el viento se burla de nuestro destino. Propongo montar la tienda y ya veremos. Se dice fácil, pero tardamos una hora en montarla, una maniobra que normalmente nos cuesta cinco minutos. El viento es tan intenso que a veces nos tenemos que tirar sobre el tienda a medio montar. Nacho está dentro de contrapeso para que no vuele, pero también nos preocupa que vuele la tienda con él dentro. Cuando lo hemos conseguido yacemos todos dentro durante un buen rato, también en silencio. Hemos conseguido un sobre de comida china y una bombona de gas abandonados por los anteriores inquilinos de la plataforma. Al mismo tiempo nuestro amigo Andrew Lock cuando conoce nuestra situación, nos ofrece atún, una sopa y una sobre de Tang. Poca cosa, pero a pesar de todo creemos que podemos superar la situación.”

“La noche se hace larga y penosa: el intenso viento se ceba en la tienda y los 7.700 metros sin dormir mucho se hacen notar en nuestra cabeza aturdida y enloquecida por el viento y la altura. Por la mañana Nacho me confirma que no se encuentra bien. Una faringitis o una bronquitis lo han debilitado mucho. Estábamos dispuestos a subir al Campo 3, pero me comunica que él abandona, que así no puede. Se lo comunico a Retemba. Por su mirada sé muy bien qué me propone. Durante unos segundos dudo: el ataque a la cima no está lejos, la temporada ya está muy avanzada y seguramente sea ésta la última oportunidad. Pero no puede ser, hemos llegado hasta aquí juntos. Entonces le pregunto al Nacho si cree que bajando se puede recuperar rápido y si lo quisiera volver a probar. Me contesta afirmativamente. Miro a Retemba y le comunico mi decisión. Bajaremos, nos recuperaremos de aquella mala noche y lo volveremos a probar. Desmontamos la tienda con un fuerte disgusto.”

A pesar de que algunas fuentes han señalado que la de hoy y mañana podría ser la última oportunidad para hacer cumbre en el Everest este año, Ferran Latorre y Nacho Orviz no se dan por vencidos y esperan intentarlo de nuevo –si los partes meteorológicos se mantienen favorables- los días 29 o 30 de mayo.

 


 

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