PRIMERA ENTREGA

Crónica del Himalaya de Liz Hawley

Elisabeth Hawley, la más reputada cronista de la actividad himalayista de las tres últimas décadas, acerca el lector al polifacético mundo del himalayismo por medio de una completa crónica de la actividad alpinística de las montañas nepalesas.

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Este otoño, se han completado dos descensos desde las cumbres himaláyicas bastante inusuales;mientras un alpinista esloveno descendía desde la cima del Everest hasta el Campo base en esquís y en menos de cinco horas, dos austriacos completaban un rápido descenso en parapente desde la cumbre que acababan de coronar, el Tilicho.

También durante este otoño, una expedición francesa afirmó haber encontrado una ruta en la cara norte del Annapurna I relativamente segura en cuanto riesgo de avalancha se refiere.

Cambiando de tema, los miembros de una expedición española que preparaba la ascensión al Manaslu fue amenazada por un grupo de terroristas maoistas que aprovecharon la ocasión para robarles.

Otra expedición, británica esta vez, vio como su permiso para ascender al Shringi Himal (también conocido como Chamar) por su cara oeste, perdía toda su validez al prohibirles el paso un grupo de monjes budistas.

El primer pastor de yaks que consigue pisar la cima de un 8000 eligió el Cho Oyu como objetivo mientras que un puñado de coreanos fracasaron en el Everest. Y durante el verano, una expedición japonesa completó la primera ascensión al Nalakankar.

Este otoño, dos de las cumbres más codiciadas del Himalaya, el Cho oyu y el Ama Dablam, han sido, como siempre, el centro de atención de numerosas expediciones. Un total de 31 expediciones probaron suerte en el Cho oyu; 29 de ellas eligieron la ruta normal que discurre por su cara noroeste tibetana, mientras que las otras dos lo intentaron por la sureste nepalí.
En el Ama Dablam, cumbre cercana al Everest, las 25 expediciones que intentaron alcanzar su cumbre lo hicieron por la vía normal de la cresta suroeste.

Sin embargo, en el Everest, cumbre que durante la pasada primavera atrajo la increíble cifra de 57 expediciones, tanto por el lado tibetano como por el nepalí, ansiosos por convertirse en los primeros hombres del nuevo milenio en pisar la cumbre más alta del planeta, apenas tuvo pretendientes durante este otoño; tan solo recibió la visita de tres expediciones por su lado nepali, incluyendo el histórico descenso en esquís del esloveno Karnicar, y otra por la vertiente tibetana.

En el Ama Dablam, la cosa fue algo distinta: se registraron cuatro expediciones más que en primavera, pero aún así, hacia el final de la temporada, el número de expediciones fue disminuyendo hasta tal punto que el 8 de noviembre, el británico Adrian Ballinger, subió hasta la cumbre solo (él era el único miembro de la expedición) y pudo disfrutar de esta inusual tranquilidad; «fue tan bonito estar sólo frente a todas esas imponentes líneas y de disponer de la ruta para mi solo» (cresta suroeste), afirmó.
«Quería alcanzar la cima antes de que llegase el mal tiempo, y la verdad es que ha sido un día maravilloso». Salió a las dos y media de la madrugada desde su único campamento de altura situado a 5 800 metros, y a las 9:20 h pisaba la cumbre bajo un cielo totalmente despejado, disfrutando del intenso placer que procura hacer cumbre de esta manera durante más de una hora.

Tanto el alpinista esloveno Tomaz Humar como otros muchos escaladores de su país, han demostrado durante el año pasado que Eslovenia esta aportando algunos de los mejores himalayistas del momento.
Este otoño, otro alpinista esloveno, Davo Karnicar, se convirtió en la primera persona que consiquió descender en esquís desde la cumbre del Everest hasta el campamento base; completó su hazaña en 4 horas y 40 minutos, descendiendo por el lado nepalí, sin quitarse los esquís ni una sola vez y sin utilizar oxígeno artificial por debajo de la cumbre sur.

Karnicar, de 37 años en el momento del descenso, es monitor de esquí en Jezersko, su ciudad natal, situada en medio de las montañas eslovenas. Karnicar ya había completado con éxito el descenso de otro 8000, el Annapurna I, hace cinco años. Ahora, ha vuelto para descender por las laderas del ochomil más alto del planeta. Para ello, escaló el Everest por la vía normal (vertiente nepalí), alcanzando su cima a las 6.45 de la mañana con ayuda de oxígeno artificial; un compañero esloveno y dos Sherpas nepalís hicieron cumbre al mismo tiempo y descendieron andando.

Karnicar inició sólo el descenso en esquís a las 8.00 de la mañana. De vuelta a Katmandú, comentó que «es necesario tener algo dentro (una fuerte motivación) para acometer tal aventura. Explicó que tuvo que utilizar oxígeno artificial por culpa del intenso frío y porque «necesitaba aclarar su mente». El tiempo fue perfecto; pudo disfrutar de unas vistas perfectas del Lhotse, Makalu y de otras cumbres.

Tras 20 minutos de descenso, y una vez llegado a la cumbre sur (8748 metros), se deshizo de las botellas de oxígeno y de sus 6 kg de material. A las 8:40 de la mañana ya había alcanzado el Collado Sur situado a 7900 metros, lugar en el que había instalado su campamento 4 y donde cogió una cámara de video que colocó sobre su casco. Otras cámaras fueron instaladas en lugares estratégicos por todo lo largo del recorrido.

A las 11:00 de la mañana alcanzó el campamento 2 (6500 metros), lugar elegido para retomar fuerzas, beber algo caliente y esperar a que las cámaras estuvieran listas para filmar el tramo final de su descenso. A las 11:30 de la mañana retomó el descenso, a las 11:50 pasó por el campamento 1 (6000 metros), situado en la cima de la famosa cascada de hielo de Khumbu, para llegar finalmente al campamento base (5350 metros) a las 12:40. Tiempo total del descenso: 4 horas y 40 minutos.

Karnicar no durmió desde el momento en que inició su ascenso desde el campamento 4, el día 6 a las 10:30 de la noche hasta su llegada al campamento base el día 7, lugar en el que se celebró su éxito con champagne, y donde se quedó para dormir. A pesar del cansancio, no tenía ganas de dormir. Curiosamente, no sintió ningún júbilo cuando llegó sano y salvo al campamento base: «la emoción no llegó inmediatamente» sino que fue aumentando poco a poco durante los días posteriores al descenso, cuando se fue dando cuenta realmente de lo que acaba de conseguir, y además, en menos de las 5 o 7 horas que había previsto.

Karnicar, su familia y sus amigos tenían mucho que celebrar. En 1996, ya había intentado completar el descenso en esquís de la norte del Everest por el lado Tibetano, pero tuvo que abandonar a causa de serias congelaciones en los dedos de las manos. Esta vez no tuvo problemas de congelaciones, y de esta forma, marcó la historia con un descenso en esquís sin precedentes.Según él, la parte más complicada no fue el escalón Hillary, situado justo debajo de la cima, como había pensado en un principio. Su mayor problema se situaba en otra parte, una sección empinada situada justo por debajo del Escalón. Pasó el Escalón utilizando cuerdas fijas, pero al llegar a una complicada sección por debajo de el Escalón, tuvo que bajar un escalón a la vez con los esquís paralelos a la ladera. Finalmente, se elevaba frente a él la impenetrable cascada de hielo de Khumbu, con sus peligrosas grietas y sus enormes e inestables torres de hielo. Le hubiera resultado imposible completar esta sección con lo cual no lo intentó. Eligió como alternativa esquiar por uno de sus extremos, en la base de la cara suroeste y Lho La. Completó este tramo tan rápidamente como pudo esperando que las posibles caídas de séracs no tuvieran la mala idea de llegar al mismo sitio y en el mismo momento que él.


 

Aquí se encontró con dos serios problemas: el primero, de visibilidad; no podía ver por donde ir ya que la cara suroeste del Everest no es un muro recto y evidente sino más bien una gran pared de accidentado relieve, con lo cual tuvo que pedir información al campamento 1 por radio. El segundo problema era el constante riesgo de avalanchas; «esto si que era presión: el Hombre no podría hacer nada si cayese un sérac.» Afortunadamente, logró alcanzar el campamento base sin un solo rasguño.

Ahora, tras haber escalado el Everest y la cumbre más alta del continente europeo, el Elbrus, y haberlas descendido en esquís, Karnicar quiere completar en esquís el descenso de las montañas más altas de cada continente. No obstante, reconoce que quizás no haya suficiente nieve en el Kilimanjaro y el Karstenz Pyramid, aún usando un tipo especial de esquís.

Son varias las personas que también utilizaron esquís para completar el descenso del Everest antes que Karnicar, pero ninguno había conseguido un descenso completo. El primero en intentarlo fue un japonés, Yuichiro Miura, hace 30 años.

Su dramático descenso fue grabado en video. Miura ascendió por el lado tibetano hasta llegar a unos 8150 metros, antes de de emprender sólo el descenso, 100 metros por debajo de ese punto, utilizando oxígeno artificial para todo el descenso. Su técnica no consistía en bajar dibujando amplias curvas en la nieve sino más bien en «tirar recto hacia abajo» confiando en que el paracaídas colocado en su espalda frenaría su velocidad de descenso. No funcionó, el paracaídas apenas frenó su velocidad y alcanzó los 70 kilómetros por hora. A esa velocidad, colisionó con un bloque de piedra a unos 7200 metros haciéndole perder uno de sus esquís. A partir de ahí perdió totalmente el control, dirigiéndose directamente hacia una grieta de unos 10 metros de ancho, grieta que afortunadamente pudo evitar… estrellándose contra un enorme bloque de piedra. Miura se quedó tendido en la nieve, inconsciente pero aún con vida, hasta que fue rescatado y llevado hasta el campamento base por miembros de su equipo.

El descenso en esquís más destacado antes de este otoño fue completado por el alpinista italiano Hans Kammerlander, quien en 1996, descendió por el lado tibetano del Everest sin utilizar oxígeno artificial ni durante la escalada ni durante el descenso. Inició el descenso desde la cima, pero entre los 8500 y los 8000 metros, tuvo que alternar cortos tramos en esquís y con crampones, completando un total de 250 metros verticales sin esquís.

Un rápido descenso del Tilicho (7134 metros) fue completado el 7 de noviembre por dos alpinistas austriacos, Hartmut Gfoellner, un profesor de educación física de 39 años, especialista del parapente y Martina Bauer, de 33 años. Tras aclimatarse escalando una cumbre de los alrededores y volando en parapente desde sucumbre, completaron un rápido ascenso al Tilicho (3 días) y un descenso aún más rápido. Volaron juntos desde la cima hasta la más cercana área de aterrizaje, Jomson, situada a unos 2700 metros de altura. Después volaron hasta Katmandú, en avión esta vez, dejando sólo a un Sherpa para que recogiera su material…


 
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