A LOS 75 AÑOS SERÍA SU UNDÉCIMO OCHOMIL

Carlos Soria inicia la ascensión del Kangchenjunga

ACTUALIZACIóN 16:55 H.- Ya están en C1. Esta madrugada Carlos Soria ha iniciado la ascensión del Kangchenjunga. Si todo va bien, y se cumplen las previsiones de la méteo, en cuatro días (en realidad cinco pues tiene previsto descansar dos noches en el C1) alcanzará la cima del que sería su undécimo ochomil. Entonces solo le faltarán el Annapurna, Shisha Pangma y Dhaulagiri para completar su sueño de realizar los catorce ochomiles con más de 75 años.

Autor: Darío Rodríguez | 5 comentarios | Compartir:

ACTUALIZACIÓN 13/05 (16:55 H.)-La expedición de Carlos Soria ha llegado sin contratiempos y según lo previsto al campo 1 (6.200 m). Allí tienen planeado pasar dos noches, antes de retomar su ataque a la cumbre del Kangchenjunga (8.586 m) el jueves. Intentarán culminar la ascensión el sábado día 17. 

Noticia publicada 13/05 (06:00 h.)

La vida en los campos base transcurre monótona, tranquila, sujeta a la rutina de los horarios de las comidas (en las que Carlos Soria exige siempre puntualidad), las horas de ejercicio (excursiones por los alrededores o ascensiones al campo 1 o 2 para aclimatar y mantenerse en forma), diversión (siempre hay algún juego o pasatiempo para relajarse y mantener el buen ambiente), conversación (interminables, pues hay muchas horas para hablar de todo), descansar…

De pronto, un día, hay un momento en el que todo se acelera y se vive la tensión: el parte de la méteo anuncia la anhelada ventana de buen tiempo. Es el momento en el que hay que tomar la decisión más comprometida y, también, esperada: ¿iniciamos el ataque a la cima?, ¿está la montaña en buenas condiciones?, ¿nos da la previsión de tiempo los días suficientes para alcanzar la cima y descender?

Una vez tomada la decisión vienen unas horas en que los componentes de la expedición que intentarán la cima se centran en ultimar los preparativos, y en sus pensamientos. Saben que lo que inician es una aventura peligrosa en la que hay una posibilidad, todos lo tienen en la cabeza, de no regresar. El alpinismo es una actividad que entraña riesgos considerables. Y una montaña, por muy bien preparado que se esté, encierra muchos peligros. Algunos pueden provenir del propio alpinista (los llamados peligros subjetivos) pero otros de la montaña (objetivos), y en muchos casos son totalmente imprevisibles… Son momentos de tensión que se relajan en el mismo momento en que se inicia la ascensión.

La partida del campo base es un momento emotivo. Los sherpas son muy religiosos y queman ofrendas a los dioses antes de la partida del equipo que marcha hacia la cima. Es un momento solemne en el que cada expedicionario, antes de partir del campamento, se detiene unos segundos, perdido en sus pensamientos, ante esta pequeña llama que le desea suerte, alejándole –según las creencias de los sherpas– de los malos espíritus.

Esto es lo que han vivido hace unas horas Carlos Soria y sus compañeros cuando han partido del campo base, a las 6,30 de la mañana (hora nepalí), hacia la cima del Kangchenjunga. Por delante tienen tres campamentos, cuatro días de ascensión y uno de descenso. Tiene previsto pasar dos noches en el C1 por lo que, si todo va bien, partiría hacia la cima el próximo viernes para alcanzarla en la madrugada del sábado.

Por detrás una actividad minuciosamente planeada. En primer lugar muchas horas y días de entrenamiento por parte de Carlos Soria para mantenerse en forma a sus 75 años. Un trekking al inicio de la expedición para estar perfectamente aclimatado. No solo para la ascensión a la montaña. También para un campo base que se sitúa a bastante altura (alrededor de 5.500 metros) y en el que, aún estando fuerte y bien aclimatado, lo habitual es deteriorarse poco a poco pues a esa altura el cuerpo no recupera.

Carlos tiene la experiencia trágica del año pasado en que tomó la decisión de abandonar a 8.300 metros su intento a la cima. Así nos lo explicaba en la conversación que tuvimos con él aquellos días: “No estaba mal en absoluto. Pensaba que si iba a la cima, con el cansancio, no iba a bajar bien».

De los once alpinistas que continuaron e hicieron cima cinco fallecieron en el descenso. Una vivencia terrible y que le ha hecho preparar más minuciosamente que nunca esta expedición.

Como nos contaba hace unos días, para evitar algunos de los problemas que vivió el año pasado, su objetivo esta vez ha sido ser autónomo de cualquier otra expedición. También esperaba estar solo en el campo base. Por eso planificó una logística basada en su total autonomía con respecto a cualquier otro gupo. Finalmente el Kangchenjunga solitario que esperaba encontrar Carlos Soria se pobló de expediciones y alpinistas.

Allí ha coincidido con el asturiano Jorge Egocheaga y el zamorano Martín Ramos. También hay un potente grupo italiano liderado por Marco Confortola, Marco Comandona, François Cazzanelli y Emrik Favre; el finlandés Samuli Mansikka; el búlgaro Boyan Petrov (que ha llegado desde la cara norte, donde compartía equipo con Álex Txikon), en busca de un objetivo más asequible; la italiana Nieves Meroi; una expedición internacional de la agencia Seven Summits y un par de grupos con alpinistas coreanos y rusos respectivamente. Las tres expediciones más potentes han aportado un total de 25 sherpas (8 de Carlos Soria) que han equipado la montaña hasta el último campamento (C3). Es de prever que casi todos ellos hayan partido hoy también hacia la cima. De hecho, así lo anuncia Martín Ramos en su blog.

Carlos Soria ha establecido una estrategia innovadora para alcanzar la cima del Kangchenjunga. Ha cambiado el planteamiento en que normalmente se asciende este ochomil: en vez de los habituales cuatro campamentos ha instalado tres. Así evitará emplazar un campo 2 en un lugar que el año pasado comprobó que era peligroso. Pero esto también le va a obligar a hacer etapas más largas. A la vez reduce en un día la ascensión a la cima. Una decisión comprometida pero que también muestra que Carlos Soria se encuentra en plena forma y con mucha confianza en su estado físico y en el de su equipo.

Si todo va bien, el quinto día a partir de hoy (porque tiene previsto pasar dos noches en el C1), es decir el próximo sábado, alcanzará la cima del Kangchenjunga. Su planteamiento para este último día también es muy ambicioso: partirá hacia la cima a las 7 de la mañana del día anterior (próximo viernes). A Carlos Soria siempre le ha gustado madrugar. Pero esta vez ya no es madrugar…, es no dormir, descansar durante el día para partir a última hora de la tarde. Su objetivo: alcanzar la cima alrededor de las ocho de la mañana y estar de regreso lo antes posible en el campo 3. En este tramo fue donde el año pasado desaparecieron cinco alpinistas de los once que habían alcanzando la cima. Tiene previsto utilizar oxígeno artificial el día de cima pues sabe que a sus 75 años no tendrá muchas más oportunidades de intentarlo. Siempre lo ha dicho: “Prefiero utilizar oxígeno a que me tengan que bajar”.

Tras la cima, aún le quedará un día a Carlos Soria y a sus compañeros para alcanzar el campo base. Y tres ochomiles por delante (Annapurna, Shisha Pangma y Dhaulagiri) para realizar algo que no ha hecho ningún otro alpinista en el mundo: completar los catorce ochomiles con más de 75 años.

Carlos Soria ostenta, en muchos ochomiles, el récord de más edad en alcanzar su cima. Pero lo más importante de Carlos Soria no es el ser protagonista de un récord mundial único. Lo más importante son los valores que representa. Sobre todo mostrando que la edad no es un obstáculo para vivir los sueños.


 

Carlos Soria siempre soñó, desde muy joven, cuando comenzó a escalar a los 14 años con su amigo Antonio Riaño, con ser alpinista. Hasta la jubilación compartió este sueño con su trabajo de tapicero y sus obligaciones como marido y padre de cuatro hijas. Tras la jubilación se lanzó a vivir su sueño y dedicarse totalmente al alpinismo. Los alrededor de 600 € que recibe como jubilado no dan para mucho, pero Carlos siempre que se ha marcado una fecha para partir de expedición que ha cumplido, tuviera o no patrocinador.

Por suerte, el BBVA creyó en él y decidió apoyarle en su proyecto. Por primera vez en su vida tenía un patrocinador que le permitía organizar sus propias expediciones y tener su propio equipo (hasta este momento en muchas expediciones había tenido que partir solo). La mala suerte ha querido que desde que ha tenido patrocinador no haya alcanzado ninguna cima. Si hay suerte, se cumple la méteo y todo va bien, la cima del Kangchenjunga cambiará esta racha de no cimas… ¡Mucha suerte!


 

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