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Carlos Soria, feliz en el Manaslu

Me ha salido todo muy bien y estoy absolutamente feliz por haber ascendido y por haber traído algo de ayuda a la gente de aquí’. Hablamos con Carlos Soria al poco de regresar al campo base desde la cima del Manaslu.

Carlos Soria  ()
Carlos Soria
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Carlos Soria en la cima del ManasluCarlos Soria en la cima del Manaslu

Este es un resumen de la conversación que mantuvimos.   Antes que nada, queremos corregir un dato importante, que en otras informaciones, e incluso en la propia web de Carlos, se publicó erróneamente: Carlos Soria ha ascendido diez ochomiles; en uno de ellos, el Shisha Pangma, no alcanzó la cima principal, sino la Central, así que de los Catorce ha alcanzado la cima de nueve. Lo más importante: ¡ocho ochomiles lo ha escalado con más de sesenta años!    

Saliste hacia la cima casi sin descansar de la aclimatación. Bajaba de aclimatar a seis mil metros cuando supe que había una ventana de buen tiempo. Pensé que no podía ir, pero me metí en el saco y, al día siguiente, al levantarme, sentí que aquello era una oportunidad y que tenía que intentarlo. Partí hacia la cima habiendo descansado en el campo base solo una noche. Me ha salido muy bien y soy el tipo más feliz del mundo por haber subido treinta y siete años después de haber intentado esta cima, y también por haber traído la ayuda al colegio. Tengo ganas de llorar… Estoy feliz. Son muchas cosas. Para mí esta montaña no es una montaña normal como otra cualquiera. Es muy especial. En estos momentos soy el tipo más feliz del mundo. Me emociono al pensarlo, por lo bien que ha salido todo… Me emociono mucho. Estoy encantado.  

¿Cómo ha sido la ascensión? Ha sido muy dura. Hacía mucho viento. Nos habían dado un parte meteorológico que avisaba de a sesenta y un kilómetros por hora. En el collado en el que estábamos acampados lo había, e incluso más. Pero luego, durante la ascensión, no. Ha sido un día muy bonito. Ha habido viento, bastante viento, pero un día ideal. Y hemos subido en poco tiempo. Del último campamento a la cima he tardado unas siete horas o así. Fui la primera persona que alcanzó aquel día la cumbre sin oxígeno, luego llegó Carlos. Todos los demás llevaban oxígeno.  

Tras tu intento esta primavera decidiste regresar aunque no te acompañara ningún amigo. Es duro venir solo. He echado de menos a muchos antiguos compañeros. A antiguos y más recientes también. Y sobre todo me habría gustado muchísimo haber compartido la entrega del material que trajimos para el colegio, y lo del Lama, con parte de mi familia y con los amigos. En cualquier caso ha sido muy bonito porque he compartido esta experiencia con nuevos amigos.    

 

¿Cómo fue la noche antes del ataque a la cima? Al último campamento antes de la cumbre llegamos mi sherpa Muktu y yo con un viento increíble. Pudimos montar la tienda de milagro y gracias a que nos ayudaron otros sherpas. Carlos Pauner llegó con su sherpa dos o tres horas después. Ya no pudo montar la tienda y tuvimos que pasar la noche los cuatro en una tienda. No es muy grave pero sí incómodo. Ha sido un algo más añadido porque siempre es más complicado hacer agua, pero también estábamos los cuatro juntos y tenía su gracia.  

Campo avanzado en el ManasluCampo avanzado en el Manaslu

Con respecto a los otros diez ochomiles que has ascendido, ¿cómo sitúas la ascensión al Manaslu? Es un ochomil medio con la dificultad añadida del riesgo de avalanchas, que es mayor que en otras montañas. No es de las más difíciles ni mucho menos, pero tiene su gracia. Hay que abrir mucha huella, montar cuerdas fijas y hacer de todo.  

¿Qué proyectos tienes ahora? Por un lado me gustaría quedarme para subir al Amadablam, que me apetece mucho. No sé, también quiero regresar a casa, porque ahora que tengo dos nietos tan cerca (es una sensación nueva), me apetece verlos, además de a mi mujer y a mis hijas. Si no, me quedaría aquí para hacer el Amadablam. Para el futuro próximo, es posible que la próxima primavera vaya al Kangchenjunga o al Lhotse, pero casi prefiero el Kangchenjunga.  

Lo que tienes claro es que quieres completar los Catorce… Tengo claro que quiero seguir subiendo montañas. Para el Kangchenjunga he pensado una cosa: que quiero llevar un poco de oxígeno. Si lo utilizo, bien y, si no lo utilizo, mejor, pero no quiero bajar arrastrándome ni mucho menos. Quiero descender en las mejores condiciones posibles aunque utilice un poco de oxígeno. Ese es el plan: llevarlo por si acaso.  

¿Cómo ha ido la temporada en el Manaslu? En primavera de este año el ambiente era más alpinístico, ahora era más comercial. Hay tres expediciones comerciales, alguna muy bien organizada, y mucho alpinista de nuestro país: Óscar Cadiach, Xavi Pérez Gil, Juanito Oiarzabal, Carlos Pauner… Nos hemos visto poco porque todo ha sido muy rápido. Óscar Cadiach llegó un poco más tarde y está en otra expedición. El ambiente ha sido bueno. Hemos comido de una manera exageradamente bien con Juanito, quien en algunas cosas es un auténtico genio. Es una persona que sorprende siempre, no cabe duda. Una persona súper organizada. Es muy difícil en el campo base no tener la mesa llena de cacharros y Juanito lo consigue. Se trae sartenes nuevas para cocinar y hace guisos y se enamora de ellos. Es una persona genial para estas cosas. Lo que más me ha sorprendido es su orden. Yo soy una persona muy desorganizada en mi tienda, y él, sin embargo, en la suya lo tiene todo perfecto. Tiene genialidades, no cabe duda.  

¿Subiste a la cumbre con el sherpa Muktu? Sí con él también subí al K2 y al Shisha Pangma Central, y nos acompañó en una de las expediciones al Dome Kang.  

De los ochomiles que te quedan ¿cuál te preocupa más por su peligrosidad? El Annapurna. Aunque esta primavera ha sido estupenda, sí que me preocupa por el riesgo que tiene, no por dificultad.  

Has combinado la expedición con un proyecto de ayuda a la gente de allí. Sí. Lo que más me ha impresionado esta vez ha sido precisamente esta combinación: hacer lo posible por traer ayuda al pueblo de Sama, que está al pie del Manaslu, con mi ascensión a la montaña treinta y siete años después de haberla intentado por primera vez. Me siento tan feliz por haber colaborado con la escuela de este pueblo como por haber alcanzado la cima del Manaslu. Ahora viene otro trekking con 21 personas que traerá más cosas. Todo esto me hace extremadamente feliz. El día que hicimos la entrega del material fue impresionante. Llovió todos los días, pero cuando hicimos la entrega salió el sol durante cinco horas. Vino un lama, los profesores del colegio… Fue muy bonito. Lo hemos hecho con mucha ilusión y creo que lo que hemos traído ha resultado muy práctico para ellos.  

Carlos Soria y Carlos Pauner en el base del ManasluCarlos Soria y Carlos Pauner en el base del Manaslu

¿El secreto para mantenerse tan fuerte físicamente con 71 años? Entrenar, cuidarse un poco y, sobre todo, tener ganas de hacer lo que haces, no ir por inercia, sino porque eso es realmente lo que quieres hacer.  

Para hacer cinco expediciones como has hecho al Manaslu, tienes que desear mucho ascender esta montaña… A mí este lugar me apasiona. Algún día volveré al pueblo de Sama a quedarme unos días y escribir.  

¿Las claves para alcanzar la cima? Subir en cuanto hubo una ventana de buen tiempo. También tomar esta decisión podría haber sido un fracaso terrible, porque iba cansado, pero resultó acertada. Normalmente, cuando bajo de aclimatar, necesito estar alrededor de tres días descansando, comiendo y bebiendo hasta encontrarme en condiciones de ir a la cima. Esta vez, cuando me levanté, al día siguiente de bajar, tenía buenas sensaciones y me dije “vamos a probar” y ha salido bien.  

Una de estas “obsesiones” en montaña es que te gusta madrugar. Sin duda. Si estoy con grupos que no “domino” ahí es donde peor lo paso. Cuando un día se come a la una y al día siguiente a las dos y media… Esto no me gusta. Por la mañana hay que venir a desayunar a una hora prudente y no cada uno cuando quiera. Pero son manías de viejo, quizá… Me gusta levantarme lo antes posible para estar pronto a los campamentos y así tener tiempo para secar las botas, hidratarte y descansar. Me parece muy importante.  

El día de cima, ¿es clave salir temprano? Sí. Aunque esta vez no he podido porque hacía un viento terrible a 7.400 metros. Esperamos un poco más. Tenía unos guantes y manoplas buenísimos y cada vez que cambiaba de unos a otros se me quedaban las manos muy frías y esto era debido al viento. Muchísimo viento. Cualquier cosa que tuvieras sin proteger era terrible. Por eso no madrugamos. Esperamos a que el viento se calmara un poco. Debimos salir a las seis de la mañana, una hora para mí muy tardía para ir a la cima. Pero fue lo correcto. Íbamos como siempre: a ver si podía ser [alcanzar la cima] o no. Llegué a la cumbre aproximadamente media hora antes que Carlos Pauner, creo que a eso de las 12.30 h. Pero no miré mucho el reloj ni hice muchas fotos.  

¿Cómo fue el resto de la ascensión? Dormí en el campo 1 y en el campo 2 “alto” –que es el 3–, de ahí al campo 4 y al día siguiente a la cima. Bajé a dormir al campo 2 “bajo” adonde llegué de noche. Preferí descansar y bajar al campo base por la mañana tranquilo, pero Carlos Pauner prefirió seguir descendiendo. Por la mañana, cuando salí del campo 2 había una niebla terrible y tuve que ir con mucho cuidado. Ha resultado muy duro desde que salí del campo base hasta que regresé. Han sido días muy explosivos con mucho frío, mucho viento y muy fríos. El día de la cumbre sin nubes, un día magnífico, maravilloso. Ahora es el primer momento, cuando me has llamado, en que me he sentado tranquilo, solo, en mi tienda, para saborear el haber ascendido a esta montaña y haber vuelto al pueblo de Sama y colaborar con ellos. Hasta ahora estaba en la tienda comedor con el resto de los compañeros. El tiempo es malo, aunque parece que hay una previsión de mejoría para tres o cuatro días.  

¿Dónde sientes más felicidad, en la cima o cuando estás de regreso en el campo base? Cuando llegas al campo base es cuando verdaderamente lo saboreas todo. El resto del tiempo estás muy concentrado. Recuerdo, y me da un poco de pena, que cuando llegué con el trekking, en cuanto pasamos el pueblo de Sama y estuvimos en el campo base, me olvidé un poco de la gente del trekking porque empecé a concentrarme en la montaña, en cómo iba a aclimatar, organizarme, etcétera. Yo por lo menos me concentro mucho. Hay que descansar, alimentarse bien, hidratar, leer…  

¿Cómo es ser alpinista en Madrid? Nadie se acuerda de ti. ¡Si vieras cómo se ocupa el gobierno de Aragón de Carlos Pauner! Al verlo, piensas: ¿qué tengo que hacer?… Madrid es otro mundo, ¡qué le vamos a hacer! Mala suerte ser alpinista en Madrid.

 

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