MÉDICO DE LA EXPEDICIÓN AL ANNAPURNA

Carlos Martínez: “Carlos Soria tiene valores físicos que corresponden a alguien más joven”

Combatir la deshidratación es su batalla principal, aunque en su rol de único doctor del Annapurna a veces ejerce hasta de psicólogo. El sevillano Carlos Martínez es el médico que acompaña a Carlos Soria en la montaña y el que vela por la buena forma de todos los miembros del equipo.

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Carlos Martínez, médico de montaña y alpinista, que ha acompañado a Carlos Soria en sus últimas expediciones en una imagen tomada en el campo base del Everest 2011.
Carlos Martínez, médico de montaña y alpinista, que ha acompañado a Carlos Soria en sus últimas expediciones en una imagen tomada en el campo base del Everest 2011.   © Darío Rodríguez/DESNIVEL

Su trabajo en la montaña consiste en estar más pendiente del estado de los que le rodean que del objetivo final. “Como alpinista mi meta también es la cumbre, pero tengo muy claro que en caso de problemas el primero que se da la vuelta soy yo”. Carlos Martínez es médico especialista en Medicina Deportiva y acompaña a Carlos Soria desde hace varias expediciones. Hablamos con él de todos esos valores que están detrás de lo que comúnmente llamamos “estar (o no) en forma”.

¿Qué material llevas?
Un botiquín bastante completo. Una parte la tengo ya en el campo 2 y el resto de cosas las voy a subir conmigo en el ataque a cumbre. El material está divido en inyectables, que es casi todo lo que yo cargo, y pastillas, que las llevan mis compañeros. Lo que subo son medicamentos de emergencia para patologías graves como la dexametasona, diuréticos, analgésicos potentes, algunos estimulantes y luego material de acceso venoso. Lo más importante que puede pasar en alta montaña es la deshidratación, es normal que la gente llegue agotada y deshidratada, por eso llevo material para tener acceso intravenoso. También llevo material de curas y de inmovilización, por si hay fracturas, y de suplementación, para prevenir antes de que ocurran los problemas.

¿Qué es lo que más te preocupa de todas las cosas que pueden ocurrir?
La deshidratación, pues conduce a todo lo demás. Una persona deshidratada tendrá congelaciones más graves y más posibilidad de edemas, por eso me encargo de hacer una correcta hidratación con los compañeros y de que tengamos suplementación en el agua que bebemos. En caso de problemas, puedo acceder a una vía venosa y meter un litro y medio de suero a la persona afectada, ese es más o menos el volumen de reservas que tengo en los campos de altura. Es un gesto que puede ser vital.

¿Cuánto hay que beber en altura?
Siempre se habla de unos cuatro litros al día. Es difícil beber a medida que se va ganando altura, pero hay que intentar sumar esa cantidad con lo que se bebe durante la actividad, con la bebida con proteína que tomas después y con las sopas o tes que también se suelen consumir. Es importante que sean bebidas que repongan minerales. Los alpinistas solemos tomar mucho te y café, productos con azúcar pero sin sal. El magnesio y otros minerales es lo que debemos reponer, las bebidas isotónicas son buenas durante la actividad y las hipertónicas después.

«Lo normal para su edad es tener menos masa muscular de la que tiene él»

Has hecho controles a todos los miembros del equipo durante la estancia en el campo base. ¿Qué has encontrado?
Hago analíticas de sangre en las que miro el hematocrito [volumen de glóbulos con relación al total de la sangre] y la hemoglobina. También controlo el pH y los minerales, que dan el grado de hidratación. Eso lo corroboro con el análisis de orina que hago alguna mañana y con el control de peso. Tengo una báscula que da el porcentaje de grasa y agua en el cuerpo. Me he encontrado que a nivel hematológico sí estamos aclimatados, como corresponde a un mes en altura. El hematocrito y la hemoglobina han aumentado hasta valores del 50%, que pueden generar riesgo trombótico, pero a la vez son niveles necesarios para subir a estas montañas. Seguimos tomando aspirinas para evitar la trombosis.

¿Carlos Soria, a sus 77, en qué se diferencia con el resto de compañeros?
Las personas de su edad tienen menos hemoglobina, es decir, cierta anemia. Él empieza la expedición con un valor por debajo del resto pero durante la estancia en el campo base se va aproximando hasta alcanzar un nivel parecido al de los demás, como sucede ahora que vamos a intentar la cumbre. En cuanto al peso, lo normal para su edad es tener menos masa muscular de la que tiene él. Hay diferencias con el resto de miembros pero, para la edad que tiene, tiene valores que corresponden a alguien más joven.

¿Debido al entrenamiento que hace?
Por el entrenamiento y por los buenos hábitos de vida. Es una persona que sabe descansar las horas que necesita y eso es vital, hoy en día hay gente que entrena mucho y se olvida de que el descanso es importante. Carlos tiene buenos hábitos asimilados de alimentación, descanso y entrenamiento.

Le acompañas desde 2011 en sus expediciones. ¿Cómo ha evolucionado?
Esta es la décima expedición que compartimos. Él ha tenido una evolución en los últimos años: todos sabemos que en la fase de la vida en la que se encuentra lo natural es ir perdiendo elasticidad, músculo, resistencia, y Carlos lo que ha hecho es ralentizar mucho esa decadencia. En este último año ha dado un cambio para mejor. Yo veía que caía ligeramente hasta el año pasado, ahora está más en forma. Al mejorar su rodilla también lo hace su fuerza, además está entrenando con más éxito y tienen más masa muscular. Su motivación también se escapa de lo normal.

«No tengo opción de elegir usar o no oxígeno»

¿Cuál es el misterio de la mejora de su rodilla?
Se cuida como un deportista profesional. Desde que se operó del menisco ha vivido por y para su rodilla. Ha probado las terapias más novedosas y tiene un entrenador estupendo que le controla mucho, en algún momento tenía que llegar el resultado. Es sorprendente que a los 77 mejores como si estuvieras 5 años atrás, aunque es el premio a dedicarte con intensidad a algo día a día.

¿Cuáles son los puntos fuertes de Carlos?
La motivación y la ilusión que tiene no se corresponden con una persona de su edad. Tiene también una fuerza mental grande y, sobre todo, hace lo que de verdad le apetece. Eso caracteriza a Carlos y a varios miembros del grupo. Para mí, que soy médico, venir al Himalaya para trabajar es un sueño; igual que para Luis Miguel López y Carlos Vicente como cámara y fotógrafo o para Sito Carcavilla como geólogo.

¿Qué cambia al ser el médico en la expedición? ¿Tu rol es muy diferente al del resto de alpinistas?
Cambia porque intentas estar siempre pendiente de cada uno y analizas en todo momento cómo se encuentran los compañeros. Me diferencia el ir más pendiente del estado de los que me rodean que del objetivo final. Es cierto que como alpinista mi meta también es la cumbre, pero tengo muy claro que en caso de problemas el primero que se da la vuelta soy yo. Además, no tengo opción de elegir usar o no oxígeno. Yo estoy trabajando y tengo que estar muy despierto en todo momento, lo uso sin más discusión.

Como no hay muchos médicos en el Annapurna al final te conviertes en el doctor de todas las expediciones.
Sí, ya ha sido así en otras montañas. Si ves a alguien que está mal no puedes pasar de largo. Alguna vez he coincidido con médicos que venían como alpinistas. Lo que a mí me diferencia es que trabajo como médico, así que todo lo que pasa me llega a mí. A mí eso me gusta.

¿Qué problemas son los más habituales en el campo base?
Muchas patologías gastrointestinales, sobre todo al principio, y mucha falta de aclimatación porque la gente llegan al campo base sin trabajo previo. También veo infecciones de las vías respiratorias altas y resuelvo muchas dudas sobre medicamentos que trae la gente sin saber para qué sirven. A los alpinistas también les llaman la atención los controles que hago y me piden si se los puedo hacer. Hay mucho tema psicológico, por eso es frecuente que me pregunten mi opinión sobre su forma de aclimatar.

«Las extremidades de los sherpas tardan más en enfriarse»

¿El componente psicológico es clave en el Annapurna?
Hay mucho tema psicológico porque la parte complicada son los seracs colgantes que hay del campo 2 al campo 3, que minan la mora del cualquiera. La gente no quiere aclimatar por encima del C2 y eso es un handicap para el que no lleva oxígeno.

Carlos Soria siempre ha defendido que no hace falta aclimatar demasiado alto…
Nosotros no hemos pasado del C2 pero la diferencia es que vamos a usar oxígeno. Esta montaña no te deja hacer una aclimatación mejor. Comparto con Carlos que no hace falta subir muchísimo para prepararte, aunque yo tiendo a poner la cota más alta de lo que él opina, por encima de los 6.500 para hacer un ochomil sin oxígeno. Es verdad que cada uno tienen su experiencia y a Carlos le va muy bien hacerlo así. Lo ideal es no dormir por encima de los 7.000, dicho en plano teórico.


 

¿En tus análisis has notado diferencias entre vuestra expedición y las otras?
En mi grupo estamos todos muy bien hidratados, el porcentaje de agua en nuestro cuerpo está por encima del 55%. En el resto he encontrado personas con un 51 o 52%, un grado muy bajo para afrontar la cumbre. También hay gente que viene con valores de grasa corporal que no se corresponden con los de un deportista de nivel medio-alto que se enfrenta al Annapurna, algo que me parece un poco arriesgado. En las pruebas también estudio cuántos kilos pierde una persona después de un ataque a cumbre, por eso peso a todo el que puedo. Cada año investigo cosas para luego publicar en revistas médicas y aportar conocimiento sobre lo que pasa en altura. Aquí hay alpinistas que sin haber intentado la cumbre han perdido entre 8 y 10 kg por no estar preparados, eso tienen una merma en el rendimiento muy importante. Como médico no puedo evitar fijarme en eso porque a veces tengo la sensación de que pueden pasar cosas desagradables alrededor.

Los sherpas también se hacen esas pruebas. ¿Hay diferencias en los resultados?
Noto que en su sangre no aumentan tanto el hematocrito porque tienen una hemoglobina distinta que capta más oxígeno. Son más eficientes en altura por adaptación genética, tienen menos riesgo de trombosis. No sufren la hipoxia hasta que superan los 7.000 metros. En la cumbre sí sufren, como todo el mundo, pero hasta esa cota aguantan mejor. Sus extremidades también tardan más en enfriarse y pasan menos frío, lo que les da ventaja con las congelaciones. Imagino que se debe a que tienen mejor circulación y una piel más dura, sus extremidades se enfrían menos y se calientan más rápido porque les llega más sangre y oxígeno.


 
Comentarios
1 comentario
  1. Si Carlos Soria hiciera los 14 ochomiles debería ser premio «Princesa de Asturias» con todo merecimiento. Sería uno de los más merecidos de todos los que lo tienen (que por cierto, algunos sobran).

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