EXPLORANDO

Carles Gel abandona la travesía antártica; Albert Bosch continúa solo

La expedición Polo Sur 1911 – 2011 que habían iniciado Carles Gel y Albert Bosch ha sufrido el abandono del primero de ellos, por una lesión en un pie. Gel fue rescatado y Bosch intentará alcanzar el Polo Sur en solitario.

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La Antártida está mostrando su cara más dura a los aventureros catalanes Carles Gel y Albert Bosch. Tanto que el primero de ellos se ha visto obligado a abandonar su sueño de alcanzar el Polo Sur a pie y sin asistencia por culpa de una inoportuna lesión en un pie. Bosch, por su parte, ha decidido continuar en solitario e intentar alcanzar el punto más meridional del planeta en el año del centenario de su conquista por parte del explorador noruego Roald Amundsen.

La travesía de Gel y Bosch se inició el 30 de octubre, partiendo de Hercules Point. Sin embargo, el mal tiempo, en especial el fuerte viento y la escasa visibilidad, dificultó desde el inicio su avance. Tenían claro que los primeros 400 km de su recorrido serían los más complicados. Es la distancia que separa la costa de un plateau situado a unos 3.000 metros de altura según sus datos. Un desnivel que implicaba un esfuerzo añadido, habida cuenta su condición de expedición sin asistencia que les obliga a acarrear sendos trineos de 135 kg de peso.

A pesar de todo, los dos primeros días consiguieron avanzar un total de unos 20 km. Un avance que un empeoramiento de las condiciones meteorológicas se encargó de detener. Esa misma noche, los vientos catabáticos que soplan en la Antártida se intensificaron enormemente. Ese tiempo horrible, en el que confluían el viento, el frío, la escasa visibilidad e incluso las nevadas, poco habituales en esas latitudes, les mantuvo atrapados en la tienda durante doce larguísimos días, como si estuvieran “metidos en un bucle en el que parece que hará mal tiempo para siempre jamás”, según escribía Albert Bosch en su blog del día 12 de expedición.

Finalmente, el 13 de noviembre, el viento pareció dar un mínimo respiro, y los dos expedicionarios se pusieron en marcha a las seis de la mañana. Sin embargo, había sido sólo un paréntesis, ya que poco después, volvía a soplar con fuerza, levantando la nieve virgen y dificultando de nuevo la visibilidad, en una zona de terreno más empinado y plagado de grietas.

Después de aprovechar una breve mejoría el 14 de noviembre para explorar bien el terreno y localizar las grietas, el día 15 se lanzaron hacia un collado desde donde pensaban que tendrían menos viento. “Continuábamos teniendo muy mala visibilidad, pero como habíamos explorado bien el terreno, estábamos decididos a llegar al collado aunque fuera a ciegas”, aseguraban en su blog.

De los ánimos a la decepción

Y eso hicieron. Y lograron ese objetivo, después de avanzar 10 km. Y en el collado, el cielo despejó y “el sol cargó las baterías, tanto las de los aparatos como las nuestras”. Sin  embargo, las buenas noticias acababan allí, ya que Carles Gel empezó a notar un dolor intenso en un pie durante los dos últimos kilómetros de esa jornada, que les obligó a detener su avance.

Al día siguiente (“poquísimo viento, sol intenso y visibilidad total; un día perfecto para hacer una buena tirada que confirmase que íbamos adelante al máximo”), el pie de Carles no había mejorado: “Al ponerse las botas por la mañana, casi no podía ni caminar, aunque antes se lo había curado y protegido muy bien. No se veía capaz de recorrer ni dos kilómetros. Por eso optamos por volver a quedarnos en la tienda, dejar pasar el día y ver cómo evoluciona este extraño mal que tiene: no se le ve herida, pero tiene un dolor intenso con la bota, que también nota sin ella, y le provoca malestar general…”, explicaba Albert Bosch.

Pero el pie de Carles Gel no mejoró tampoco al día siguiente, con lo que decidieron activar el plan de rescate, para que una avioneta evacuara al aventurero, aprovechando que las buenas condiciones de viento y visibilidad permitían el aterrizaje en su zona. Albert Bosch, por su parte, decide continuar adelante e intentar en solitario convertir en realidad el sueño de la expedición Polo Sur 1911 – 2011.

Despedida de Carles Gel

Mientras esperaba la avioneta de rescate, Carles Gel escribió las siguientes líneas:

Hoy 17 de noviembre de 2011, me veo obligado a escribir esta carta de despedida. Una despedida que intentaré que sea breve, intensa y mínimamente emotiva.

He vivido las tres semanas emocionalmente más intensas de mi vida. Con mi amigo Albert hemos vivido al límite e incluso creo que hemos ido un poco más allá de sus fronteras. Ha sido una experiencia muy dura, intensa, gratificante y que indudablemente me ayudará en muchos aspectos de mi vida, incluso a mejorar como persona y continuar buscando la perfección que no existe.

Una inoportuna lesión en el pie izquierdo, dejando de lado unas congelaciones sin demasiada importancia en un dedo de la mano, hace que abandone este sueño blanco e infinito. No puedo seguir caminando sin sentir dolor, y todo tiene un límite. Sé que si voy más llá y sigo con esta aventura, la lesión se puede agravar y las consecuencias pueden llegar a ser mucho más graves. Con la temporada de invierno a las puertas, ni me puedo permitir ni me apetece que esto vaya más allá. Supongo que me entendéis.

Renuncio definitivamente al que ha sido mi sueño durante estos últimos diez años. Persigo los sueños hasta el final… es mi lema, lo ha sido siempre, y siempre lo será. Pero hay sueños de todo tipo, y este es uno más.

Desde la Antártida y esperando el rescate por aire, quiero agradeceros a todos, especialmente a los seres más queridos, todo el apoyo que nos habéis dado día a día a través del blog y del teléfono. Sin vosotros, la vida en medio del hielo hubiese sido mucho más dura de lo que ha sido. Tanto Albert como yo no lo olvidaremos jamás.

Gracias a todos, os llevaré en corazón siempre!

Carles Gel

 

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