Las aventuras sobre los hielos de la Antártida se han convertido casi en campañas comerciales. Llegar al Polo Sur a pie forma parte del catálogo de muchas agencias de viajes especializadas en viajes de aventura y a menudo quedan semiescondidas las coordenadas de salida (pueden ser incluso el último grado). Sin embargo, el Polo Norte es algo muy diferente. El contexto de un hielo flotante cada vez menos predecible aporta un escenario mucho más complejo y una aventura infinitamente más comprometida.
Esa autenticidad aventurera fue lo que buscaron Mike Horn y Borge Ousland en su último proyecto conjunto. El sudafricano y el noruego se aliaron para intentar una travesía ártica sin precedentes: irían a pie sobre el hielo que cubre en esta época el océano Ártico, cruzándolo de un lado a otro y pasando por el Polo Norte.
La definición del proyecto resulta sencilla, pero su aplicación se adentra en el terreno de las odiseas. Y eso es lo que han vivido los dos reputados aventureros a lo largo de tres meses, en los que han permanecido en una noche prácticamente perpetua.
Desde los 85ºN
El barco Pangaea transportó a Mike Horn y Borge Ousland desde Nome (Alaska), a través del estrecho de Bering, hacia el mar de Chukotka, el mar de Siberia Oriental y finalmente el océano Ártico. Se toparon con los primeros hielos el 6 de septiembre y, el 24 de septiembre, alcanzaron un hielo más firme sobre el cual poder comenzar la travesía a pie, en los 85ºN en lugar de los 86ºN inicialmente previstos. Ambos han cargado un trineo de unos 180 kg de peso con todo el material, comida y suministros necesarios para completar el cruce del hielo en total autonomía.
La aventura comenzó para ellos con el norte de la brújula como objetivo. Su avance fue siempre por sus propios medios, ya sea a pie o esquiando, sin recurrir a la fuerza del viento ni ningún otro apoyo mecánico. Grandes grietas de agua abierta, bloques de hielo flotantes, capas de hielo fino o laberintos de hielo roto alternado con agua han sido su menú diario desde entonces.
El 23 de octubre, consiguieron llegar al Polo Norte, primera referencia de su viaje. Una vez allí, solo podían emprender el camino del sur, en dirección al mar de Groenlandia. En una zona entre esta isla y el archipiélago Svalbard, habían establecido el área de recogida, punto final de la aventura. Al límite del hielo en esa zona, les esperaría el Lance, otro barco a bordo del cual los exploradores polares noruegos Bengt Rotmo y Aleksander Gamme ejercerían de equipo de apoyo.
La segunda parte de la travesía añadió las malas condiciones meteorológicas al catálogo de dificultades para Mike Horne y Borge Ousland. Sus comunicados a través de redes sociales no dejaron de transmitir lo duro de su experiencia. Mike Horn sufrió congelaciones en sus manos y se rompió dos dientes al intentar masticar chocolate congelado a temperaturas inferiores a -25ºC. Todo ello resultó en un retraso de más de una semana sobre el calendario máximo previsto. En los últimos días, no estaba claro que fueran a tener suficiente comida y combustible para llegar al Lance.
Finalmente, lo hicieron, con un remanente de 370 gramos de comida y medio litro de combustible. La tormenta y el hielo, no obstante, no ha permitido todavía que la aventura termine del todo. En la relativa comodidad del barco, esperan a que se desbloquee una vía de agua para liberarse y poder navegar hasta la civilización.
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