LAS HUELLAS DESAPARECEN AL INICIO DE UNA GRAN AVALANCHA

Alex G?van relata la operación de búsqueda de Alberto Zerain y Mariano Galván

El alpinista rumano coordinó el intento de rescate y la operación de búsqueda en helicóptero de los dos desaparecidos en la arista Mazeno del Nanga Parbat. El resultado es concluyente: las huellas de Alberto y Mariano desaparecen (como muestra las imaágenes que publicamos) en el lugar que se inicia una gran avalancha. Este dato coincide con las últimas señales de la radiobaliza que llevaban.

Autor: Darío Rodríguez | 18 comentarios | Compartir:
Las huellas de Alberto Zerain y Mariano Galván en la arista Mazeno y el punto donde se produjo la avalancha.  (©Alex Gavan)
Las huellas de Alberto Zerain y Mariano Galván en la arista Mazeno y el punto donde se produjo la avalancha.

Alex G?van fue el alpinista que coordinó sobre el terreno la búsqueda de Alberto Zerain y Mariano Galván tras su desaparición en la arista Mazeno del Nanga Parbat. El rumano compartía logística de campo base con el español y el argentino, aunque su objetivo en la montaña era la ruta normal Kinshofer y no la difícil ruta por la arista más larga de los ochomiles.

Hemos mantenido una larga conversación telefónica con Alex Gavan, en la que nos ha explicado cómo se desarrolló la búsqueda que se realizó en helicóptero. Desde el aire vieron como las huellas de Alberto y Mariano desaparecían justo en el lugar donde se iniciaba una gran avalancha que terminaba en el punto en que el Racetracker estuvo emitiendo sus últimos señales hasta apagarse, como tenía programado, 24 horas despues de ser puesto en marcha.

Lo que Alex vió desde el helicóptero era la evidencia de que Alberto y Mariano habían sido arrastrados por una gran avalancha.

A pesar de ello Alex Gavan no tiró la toalla y coordinó una búsqueda aérea con los dos helicópteros que duró seis horas y media en total (3h15´ cada aparato) en la que «peinaron» meticulasamente la ruta. Mientras un helicóptero buscaba en una posición el otro lo hacía en otra para luego intercambiarse y repetir la búsqueda en la zona que había recorrido el otro aparato y así evitar en lo posible cualquier posibilidad de error humano.

Buscaron en las grietas e incluso siguieron la Arista Mazeno hasta los 7.400 metros poniendo al límite la capacidad técnica de los helicópteros. Tras realizar esta meticulosa búsqueda aérea sin encontrar señal de Alberto y Mariano, y teniendo la evidencia de la avalancha en el punto que desaparecían las huellas de Alberto y Mariano, tuvieron que aceptar lo ocurrido: Alberto y Mariano fueron arrastrados por una avalancha a la que no habían sobrevivido.


 

Alex Gavan quedó sin ganas de seguir intentando el Nanga Parbat y decidió regresar a casa. Allí ha escrito un meticuloso informe de la operación de rescate que coordinó del que publicamos este estracto con los datos más relevantes.

Hasta el día 28 el helicóptero no pudo volar pues los días previos el equipo de apoyo de Alberto Zerain en España y la embajada española en Islamabad estuvieron gestionando el pago del helicóptero. Mientras tanto recibí de España las coordenadas de latitud y longitud de la última posición conocida de los alpinistas. Diseñé un meditado plan de búsqueda, preparé un sistema de long line para el helicóptero, dejé listas mis medicinas para la altura, mantas de supervivencia, así como oxígeno suplementario de emergencia, algo de bebida y un poco de comida, por si acaso. Tuve que pedir prestado un arnés y un par de crampones a un sherpa de una expedición comercial, ya que mi equipo estaba en el campo 1. 

Día 28: el primer vuelo en helicóptero

El miércoles 28, se le pidió a Anwar que estuviera en el helipuerto a las 7:30h para el despegue previsto del helicóptero a las 8:00h. El helicóptero partió de la base aérea militar de Skardu a las 8:49h. Desesperadamente tarde, tras haber insistido tanto de que se aseguraran de que el vuelo llegara a la hora adecuada. Para cuando aterrizó en el campo base del Diamir del Nanga Parbat para recogerme, las nubes empezaban a mostrarse sobre el Mazeno. Fuimos a localizar los pasos de los alpinistas, ya que Alberto, en una conversación previa, me había mostrado la entrada exacta de su ruta. Nuestro objetivo principal era alcanzar su última posición registrada por el GPS y, si fuera necesario, expandir nuestra búsqueda comenzando por ese punto.

Encontramos sus huellas. Eran claramente visibles en la montaña y las seguimos de cerca a lo largo de la afilada arista. Nos quedamos cerca de alcanzar su último punto de GPS, pero tuvimos que abortar el vuelo sobre ese área debido a que las nubes hacían que continuar fuera demasiado peligroso. Para utilizar efectivamente los recursos, acabamos nuestra búsqueda en la vertiente del Diamir del Mazeno, donde las condiciones meteorológicas nos permitían realizar una comprobación en profundidad de toda la longitud de la arista.

Imposible volar los dos días siguientes

Para los dos siguientes días, 29 y el 30 de junio, las nevadas y otras condiciones de mal tiempo en el Nanga Parbat no permitieron otro vuelo del helicóptero, pero mientras tanto me di cuenta de que, si se tenía que realizar un rescate propiamente dicho, tenía que llevar las cosas más por mi cuenta. En consecuencia, conseguí contactar directamente con el mayor Abid, el piloto con el que volé el 28 de junio.

El acuerdo con Askari Aviation y con el mayor Mazhar en la base aérea de Skardu era que yo iba a levantarme cada mañana a las 4:00h, comprobar el tiempo y si consideraba que había buenas condiciones de vuelo, entonces llamaría directamente a Abid para darle luz verde. Todo era visual, ellos no podían encontrar su camino entre las montañas de otra manera. Para todos esos días, los dos helicópteros estuvieron listos para el rescate en un helipuerto cercano, a treinta minutos del campo base.

Segundo vuelo

Finalmente, el 1 de julio, el tiempo era cristalinamente claro y fui recogido por el helicóptero del campo base a las 6:00h en punto. Pronto alcanzamos el punto dado por el GPS y vimos en ese lugar preciso evidencias significativas de un enorme alud de placa: la línea de fractura, gran cantidad de escombros y lo más perturbador, las huellas de Alberto y Mariano acabando abruptamente en una parte de la línea de fractura y sin aparecer de nuevo en ninguna otra parte. Además de esto, no había ninguna otra señal de ellos.

Volvimos para repostar. En mi mente, todo estaba más y más claro. Cuando regresamos de nuevo buscamos extensivamente en esta zona, miramos en las grietas abiertas, buscamos en los valles cercanos, buscamos en el Mazeno hasta 7.400 m, mucho más allá de lo que realistamente podrían haber escalado. El helicóptero tiene un reloj y cuando el indicador está en la línea roja el aparato corre un gravísimo peligro. Durante algunos momentos del vuelo estuvimos volando en la línea amarilla que está justo debajo de la roja, la línea imposible. Así de lejos fuimos en nuestra búsqueda. Los pilotos Abid y Azar, junto con sus copilotos, fueron verdaderamente increíbles profesionales. No fue simplemente otro trabajo para ellos, los sentí realmente implicados en encontrar a Alberto y Mariano. Fueron a cualquier parte que yo les sugerí y al mismo tiempo aportaron sus propias y útiles ideas nuevas. Aún así, nada.

Las evidencias halladas en el último punto de GPS conocido de los alpinistas eran demasiado fuertes, demasiado duras de digerir. Todo estaba claro. Todo terminó el 24 de junio, pero no pudimos saberlo hasta entonces, cuando tuvimos la evidencia. Volamos un total de 6 horas y media de búsqueda efectiva, dividida entre los dos helicópteros, nunca ambos buscando en la misma zona al mismo tiempo. Doblamos e incluso triplicamos la comprobación de cada centímetro cuadrado de la montaña. Aún así, nada.

 

 


 
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