"Martin quiso subir su bandera pero evitó aparecer fotografiado en la cima"

40 aniversario de la ascensión vasca al Everest: «Patria, montaña y libertad» por Juanjo San Sebastián

Hoy es el 40 aniversario de una ascensión histórica: la del Everest por el vasco Marin Zabaleta y el sherpa Pasang Temba. En este artículo que Juanjo San Sebastián publica hoy en El Correo, reflexiona sobre lo que supuso aquella expedición, la figura de Martin Zabaleta y aquella bandera que Martin dejó en la cima, junto a la que no quiso fotografiarse, y provocó un gran debate cuando una expedición polaca posterior la recogió y se hizo una foto con ella.

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El sherpa Pasang Temba en la cima del Everest el 14 mayo 1980
El sherpa Pasang Temba en la cima del Everest el 14 mayo 1980   ©Martin Zabaleta

Hoy es el 40 aniversario de una ascensión histórica: la del Everest por el vasco Marin Zabaleta y el sherpa sherpa Pasang Temba.

En 1974 los vascos ya habían intentado esta cima en la «Expedición Tximist» que se quedó cerca de la cima (a unos 350 metros) y estaba formada por 16 alpinistas (Felipe Uriarte, Alfonso Alonso, Juan Ignacio Lorente, Luis M.ª Saenz de Olazagutia, Francisco Lusarreta, Angel Rosen, Juan Carlos Fernández, Luis Ignacio Domingo Uriarte, Julio Villar, Angel Landa, Luis Abalde, Ricardo Gallardo, Juan Cortázar, Angel Lerma, Rodolfo Kirch y Fernando Larruquert). Aquella expedición alcanzó los 8.530 metros Felipe Uriarte y Angel Rosen.

La expedición de 1980 la volvió a dirigir Juan Ignacio Lorente y la formaban 12 alpinistas (Ramón Arrue, José Urbieta, Felipe Uriarte, Xabier Erro, Ricardo Gallardo, Javier Garaoia, Emilio Hernando, Kike de Pablos, Luis Mari Sáenz de Olazagoitia, Ángel Rosen y Martín Zabaleta)

El 14 de mayo de 1980 Martin Zabaleta y Pasang Temba alcanzaron la cima a las 15,30. Tuvieron que vivaquear en el descenso.

Aunque aquella ascensión al Everest le convirtió en un personaje muy conocido Martin se ha mostrado siempre reacio a aparecer en los medios de comunicación.

Juanjo San Sebastián, gran amigo suyo, en una reciente entrevista que tuvimos con él nos definía así a Martín Zabaleta:

«Hay mucha gente, sobre todo en estos tiempos, que confunde independencia con libertad. He conocido a muy poca gente capaz de soportar la libertad. La libertad claro que es independencia, pero es independencia de todo… la libertad es soledad, es desasosiego, es frío… entre las poquísimas personas que he conocido capaces de soportar la soledad, la libertad en términos extremos, una fue Miriam [García Pascual] y otra Martín Zabaleta. No fue casualidad que fuera el vasco que hizo cima en el Everest el año 80. Es un personaje al que admiro muchísimo, capaz de transformarse, capaz de hacer frente a todo desde la más absoluta soledad. Y al mismo tiempo tiene algunos toques de ternura, aunque tampoco demasiados».

Martín Zabaleta vive en Estados Unidos donde compaginaría el trabajo de guía montaña con el de carpintero. Posteriormente ascendería otros dos ochomiles, el Kangchenjunga (1988) y al Cho Oyu (1989).

Quiso el destino que los siguientes alpinistas en alcanzar la cima del Everest también fueran polacos y, como prueba de su ascensión, bajaran y se hicieran una foto con la bandera que Martin Zabaleta había dejado en la cima. Una foto que el Diario Vasco publicaría el 12 de agosto de 1980 y daría lugar a una auténtica tormenta política. Martin, como explica Juanjo en su artículo, regaló el rosario del Papa a su madre.

Juanjo San Sebastián, con la capacidad de reflexión y análisis que le caracteriza, publica este interesante artículo hoy en El Correo que, con su permiso publicamos. En el reflexiona sobre lo que representó aquella bandera que Martin dejó en la cima del Everest, donde recogió el rosario que Juan Pablo II le había entregado a Wielicki, quien lo había dejado depositado durante su ascensión invernal que había tenido lugar unos meses antes (17 febrero 1980).


«Patria, montaña y libertad» por Juanjo San Sebastián.

«¿Quieres venir con nosotros a la Cordillera Blanca?» La pregunta me la hizo mi inolvidable Emilio Hernando.

Corría la primavera de 1979. ‘Ellos’ eran el grupo que al año siguiente iba a intentar el Everest. Yo contaba 25 primaveras. Fue mi primera salida de Europa y ellos, a través del Perú, me abrieron las puertas del mundo. Al pie del Alpamayo charlamos, cantamos, discutimos y tejimos afectos indestructibles.

Además de cuestiones técnicas de montaña, de aquella época y entre otros, de ellos aprendí que ni el mundo ni sus gentes eran como yo imaginaba, que los seres humanos somos contradictorios y que el azar, las experiencias y nuestras reflexiones son capaces de transformarnos. Y que apreciar profundamente a alguien no obliga a compartir una misma visión del mundo.

Aquel año, en la arista norte del Alpamayo traspasé por vez primera la línea de los 5.000 metros y en su cima me fotografié con mi amigo Emilio y una ikurriña -que él había subido- en mis manos. Fue mi primera fotografía con una ikurriña en una cumbre, y también la última.


 

Los siete meses del Alpamayo al Everest pasaron volando. Aún me emociona el recuerdo de nuestra despedida en casa de Juan Ignacio Lorente la noche en que ellos partían hacia Nepal. 

En 1980, el Everest seguía siendo un objetivo muy ambicioso. Si bien los principales hitos alpinos se habían ido cubriendo: en 1975, nuestros admirados Haston, Boardman, Scott… habían realizado la primera ascensión de la imponente pared suroeste, y Junko Tabei y la tibetana Phantog se convirtieron en las primeras mujeres en pisar la cumbre. En el 78, Habeler y Messner son los primeros sin oxígeno. 

En el 80, Wielicki y Cichy consiguen la primera invernal… Sin embargo, el total de sus ascensiones sumaba unas pocas decenas repartidas a lo largo de muchos años. Tantos que una mirada a través de ellos puede ayudarnos a comprender algo sobre la evolución de los motivos que empujan a los seres humanos hacia las alturas extremas.

Y ahí tienen su importancia las banderas: en los felices años 20 del pasado siglo, los británicos trataron de restañar en el Everest el orgullo nacional herido por los noruegos en el polo sur. En los dramáticos 30, los alemanes perseguían el Nanga Parbat por la raza, entendiendo incluso la montaña como un entrenamiento para la guerra. Después de la II Guerra Mundial, durante los 50, la ‘conquista’ de las máximas alturas continuó enfocada al reconocimiento y la gloria nacionales. Y personales, claro.

«La vasca de 1980 se definía, al igual que aquellas grandes clásicas, como una expedición con la gloria nacional como objetivo»

Entonces llegó la excepción, con un neozelandés irrepetible: Edmund Hillary, que aunque había luchado en el Pacífico, se situó a distancias siderales tanto de vanidades nacionales como personales. En un documental reciente sobre su hazaña, se recoge su testimonio acerca de que no era partidario de subir bandera alguna a la cima del Everest, y que si lo hizo fue porque su querido y admirado John Hunt, jefe de aquella expedición, así se lo había pedido.

El 29 de mayo de 1953, Hillary retrató a Tenzing en la cúspide del mundo con las banderas, primero, de Naciones Unidas y, después, del Reino Unido, Nepal e India. Luego rehusó ser, a su vez, fotografiado.

A partir de los 70, los equipos expedicionarios tendieron a trazar nuevas rutas, a reducir el número de sus miembros y a incorporar en ellos a alpinistas de diferentes países.

«A diferencia de Hillary, Martin Zabaleta sí quiso subir su bandera pero, igual que él, evitó aparecer fotografiado en la cima».

Casi podríamos decir que cuando el mundo apuntaba ya en otra dirección, la vasca de 1980 se definía, al igual que aquellas grandes clásicas, como una expedición con la gloria nacional como objetivo. Con todo, hubo episodios conmovedores, tensos y hasta divertidos, muchos de ellos ya conocidos.

Al regreso, Euskadi fue una fiesta, no hubo titular que separara las palabras Everest e ikurriña, los expedicionarios recibieron encendidos homenajes y nunca más volvió a vivirse algo semejante.

Hoy, 40 años después, mantengo intactos mi afecto y mi reconocimiento por aquel grupo y, no lo puedo evitar, me fascina la figura de Martín. A diferencia de Hillary, sí quiso subir su bandera pero, igual que él, evitó aparecer fotografiado en la cima. En el descenso salvó por dos veces la vida de Pasang Temba, a riesgo de la suya.

Ya en el campo base, Martín, ateo irredento, prefirió el rosario polaco (para su madre) a su ikurriña.

Y por fin, a su regreso a la patria, huyendo del personaje heroico en que pudo convertirse, desapareció calladamente, ocultándose en diferentes rincones de los Estados Unidos. Como para pensar que, en su último y crucial dilema, ante la independencia, eligió la Libertad. 

En otro ámbito de lo patriótico, ETA acabó aquel año con la vida de 98 personas. Eran de los otros. Hubieron de pasar muchos más hasta que fuimos conscientes de que los otros también éramos nosotros.

Juanjo San Sebastián


 
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Comentarios
7 comentarios
  1. Porqué será que esta gente logra llenar de mierda todo lo que toca ???? Hacer de la ascension a una montaña un logro politico, es ser muy pobre de estrategias. Tienen un grave problema con esa violencia interna que parece ser llevan en los genes. Son capaces de pelearse entre ellos por cualquier motivo.
    Cualquier cosa les sirve para intentar demostrar que son mas diferentes que el resto de los que son diferentes. Aburren , cansan y ahora, viven de añoranzas de unos años que fueron terribles.

  2. En 1980 aparte de 98 asesinatos de ETA hubo mas de 20 asesinatos a manos del Batallon Vasco Español y la Alianza Apostolica Anticomunista (aparte de otros muchos a manos de la policia de calle como Gladys del Estal) ,encargados y pagados por el estado. Hachas y serpientes hubo y hay de varios colores…
    En un momento politico especialmente convulso y donde habia dos frentes bien diferenciados es de agradecer que gentes tan distintas consiguieran unirse para lograr la gesta de ascender al techo del mundo en 1980 y ilusionar asi a toda una generacion.
    El sentimiento de conquista podria ser nacionalista y vasco pero igualmente lo fue la primera expedicion militar nacionalista española que lo consiguio muchos años mas tarde.El todo por la patria es lo que tiene…
    Gracias Juanjo por poner en el punto de mira a Martin Zabaleta, alguien con una forma de ser totalmente distinta a la tuya y gracias por posicionarte tan claramente a un lado para ayudar a seguir haciendo invisibles a aquellos, que en ocasiones, no tuvieron derecho ni a ser recibidos por sus sus familiares en los cementerios.
    Por cierto, lo mismo que le has señalado ahora por algo que ya no viene a cuento, seguramente en su dia ,seria lo mismo que le hizo emigrar tan lejos…

  3. En 1972 en la localidad vizcaína de Lemóniz a 30 kilómetros por carretera de Bilbao y 15 km en línea recta se comienza la construcción de una central nuclear como parte de un proyecto nacional llevado a cabo por la dictadura de Franco. Como lo fue el que provocó el escape radioactivo al cauce del río Manzanares y del que no se supo nada hasta el final de la dictadura.

    Los trabajos de construcción se inician a falta de lo permisos de obra y se amenaza a los municipios afectados, iberduero se tasa literalmente a si misma el valor de los terrenos en los que se ubica la central. La dictadura hace lo suyo.

    La construcción de la central se vio contestada por un amplio movimiento ecologista, y sobre todo por los vecinos y ayuntamientos de la zona, que se oponían a la construcción de la planta. En el frente político se opusieron las organizaciones de la izquierda abertzale, herri batasuna o euskadiko ezkerra. Euskadiko Ezkerra que acabaría formando coalición con el PSOE en euskadi y del que formaba parte el EMK que no era sino "ETAberri " una excisión de ETA obrerista y No Nacionalista producida en 1966 y que quería evitar que la división de la izquierda revolucionaria en españa. Sí, traguen saliva que vienen curvas.

    Se articuló una plataforma denominada Comisión de Defensa de una Costa Vasca no Nuclear, que logró obtener 150.000 firmas oponiéndose al proyecto de la central nuclear. Con Franco ya muerto se producen las primeras manifestaciones masivas contra la central de Lemóniz, como la marcha que reúne 50.000 personas entre Plencia y Górliz, el 29 de agosto de 1976 o la que se produjo en Bilbao que reunió cerca de 200.000 personas. Y en medio de eso, la diputación de Bizkaia decide que hay que seguir con la construcción de la central.

    Entra entonces en el escenario ETA militar con el ataque de 1978 al reactor de la planta nuclear y que causó la muerte de dos operarios trabajadores de la central y dejó nada menos que 14 heridos. Este fue el primero de una larga retahíla de ataques mortales, de los que el proyecto nuclear nunca se recuperó.

    Se presume ademas que los movimientos antinucleares y la propia ETA estaba infiltrada entre los trabajadores de la central, lo que permitió no solo saber muy bien donde se colocaban los artefactos, según palabras del propio presidente de Iberduero, sino que se generalizó una practica habitual entre los trabajadores que, burlándose de la vigilancia de la guardia civil, se dedicaban a desmontar en el turno de noche todo lo que habían edificado durante el turno de día. En esta practica vieron los que no apoyaban la causa antinuclear, una forma de seguir cobrando suculentos sueldos y eternizar una obra de construcción que parecía no llegar a ninguna parte.

    El 3 de junio de 1979 muere abatida por la Guardia Civil una activista antinuclear, la donostiarra Gladys del Estal, tras recibir un disparo durante una concentración en el día internacional de Acción contra la Energía Nuclear. La activista estaba participando en una sentada cuando un grupo de guardia civiles se acerco. José Martínez Salas que portaba un subfusil Z-70, fue donde Gladys y la increpó para que se levantara, se escucho un disparo y la joven cayó al suelo con un tiro en la nuca que le atravesaba el cráneo.

    El 14 de mayo de 1980 Martin Zabaleta y Pasang Temba alcanzaron la cima a las 15,30. depositando una ikurriña , en la que también figuraban un símbolo antinuclear y el hacha y la serpiente.

    El 29 de enero de 1981 se produjo el secuestro por parte de ETA del ingeniero jefe de la central, el bilbaíno José María Ryan. La central estaba ya culminado los últimos trabajos para su puesta en funcionamiento. ETA concedió un plazo de una semana para que la central fuese demolida, amenazando con asesinar al secuestrado. Una gran manifestación recorrió Bilbao solicitando la liberación del ingeniero, una vez transcurrido el plazo del ultimátum, ETA acabó con la vida de Ryan. El 6 de febrero apareció su cadáver en un camino forestal entre Zarátamo y Arcocha con un disparo en la cabeza. El asesinato de Ryan supuso, sin embargo, la paralización de facto de las obras de la central. Iberduero paralizó las obras y la central nuclear nunca llego a funcionar.

  4. Ni perspectiva histórica ni leches!
    Una bandera con el anagrama de ETA y con casi un
    centenar de ejecutados el mismo año.
    No se puede vanagloriar sujetos así, por muy heroicas que fueran sus azañas.
    Y aún menos, dedicarle un artículo encumbrándolo.
    Asco!

  5. Todo esto es muy complejo. Lo que no queda claro es la motivación u opinión de este señor. Uno puede equivocarse por acción o por omisión.

    Hubo mucha gente valiente, mucho más valiente que la mayoría de montañeros, que en aquella época se opuso a ETA públicamente En Euskadi. Vivieron una vida de total exclusión social, literalmente en el punto de mira, y muchos fueron directamente asesinados por ello.

    Fueron tan culpables de esto los que empuñaban las armas y los que los jaleaban, cómo los que callaban.

    Decir que prefirió la libertad queda muy poético y exculpador, pero no es más que un eufemismo gigantesco para decir que se lavó las manos.

    Cualquiera que haya portado una esvástica, el emblema de la falange o de ETA, por decir tres, y realmente se arrepiente de ello, no puede quedar como víctima de las circunstancias sin dar las explicaciones y disculpas oportunas. Y mucho menos uno que lo hizo delante de todos los focos.

    Doy por hecho que nunca lo hizo ya que no se comenta en este ni en ningún medio que he leído al respecto.

    Es por ello que honrar a este señor me parece lamentable.

  6. Buen artículo, coincido en que difícil de leer si no tienes la ideología y la edad.
    Solo una puntualización.
    La primera expe germana al Nanga, liderada por Willy Merkl, fue en 1932 y la segunda, con el mismo a la cabeza, en 1934. La de 1937 la encabezó Karl Wien.
    Hitler es nombrado canciller en 1933 y su Gobierno apoyó las expediciones a partir de tal fecha.

  7. Un gran artículo, hay que leerlo con perspectiva histórica. Poca gente yo creo que lo entenderá, se fijarán más en el hacha y la serpiente, cuando lo que prima de este artículo es la palabra libertad.

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