HUESCA. PARA EL FIN DE SEMANA

Sierra de Guara: La Cabeza de Guara y Castillo de los Santos, dos rutas abismales en Huesca

Guara engaña cuando se le mira desde afuera. En la distancia parece una sierra suave y simple, de laderas tendidas y redondeadas cumbres. Nadie diría, en una impresión inicial, que esta geografía prepirenaica atesora, oculta en su interior, tanta fantasía quebrada.

Autor: Eduardo Viñueales | 1 comentario | Compartir:
Desde lo alto de la Corona del Tozal se aorecia la Peña Bovín y las profundidades del río Vero. Sierra de Guara  (Eduardo Viñueales)
Desde lo alto de la Corona del Tozal se aorecia la Peña Bovín y las profundidades del río Vero. Sierra de Guara

El pirineísta decimonónico Lucien Briet quedó fascinado por Ordesa, y poco después también sería seducido por la Sierra de Guara; por ese paisaje que él mismo definió como de “murallas perforadas por ríos, con corrientes enigmáticas, de agujas, torres, columnas e inmensos precipicios en los que a veces se ve colgar un puente suspendido en el espacio”. Ahora todos sabemos que el Parque Natural de la Sierra de Guara es, en realidad, la suma de varias sierras –Balced, Gabardiella, Sevil, Lupera, Rufás, Arangol-, y que todo su paisaje interior constituye un mundo mucho más complejo de lo que aparentaba. Porque las entrañas de Guara son un territorio abrupto, escarpado, rocoso, accidentado, curioso, casi siempre difícil de recorrer y de atravesar, surcado por ríos ocultos que han horadado los tan famosos barrancos. Una gran sierra con simas, cuevas y lapiaces, y con laderas de fuerte desnivel defendidas, para sorpresa de muchas miradas novatas, por fieros precipicios y acantilados rocosos capaces de impresionar a cualquiera.

Guara es así. Simplemente genial cuando se cambia de perspectiva. Porque aquí la realidad se aprecia mucho mejor si se contempla desde lo alto de uno de sus precipicios. Para ello no siempre hará falta acometer una fuerte ascensión hacia las alturas. A veces bastará con llegar por un paseo que termine de forma súbita en la cúspide de uno de esos riscos anaranjados que delimitan a todo cañón fluvial. En otras ocasiones el balcón será tan sólo la plataforma, el complemento perfecto para apreciar un lugar insólito que conserva pinturas rupestres, poblado de vida salvaje, o tal vez rematado por los restos históricos de una antigua ermita o castillo.

A vista de águila y con otras miras muy diferentes a lo que en un principio uno creyó ver en la cara anodina de esta sierra. Sólo así entenderemos verdaderamente que Guara guarda en su seno un micromundo maravilloso. Y nosotros vamos a ello, con estas rutas para un fin de semana.

La Cabeza de Guara

Tiempo: 7 h

Desnivel: 1.250 m.

Dificultad: alta.

Cartografía: Sierra y Cañones de Guara. Editorial Alpina. 1:40.000.

Atención: exigente desnivel. Puede tener nieve en invierno. Llevar agua abundante, gorra y protección solar.

Más información: en este blog del valle de Rodellar aseguran que la Cabeza de Guara siempre fue llamada Tozal de Guara.

¿Qué mejor mirador que una cumbre? Aunque en lo más alto de la sierra las cimas rozan la cota de los dos mil metros, la verdad es que no hay que subestimarlas, pues los desniveles son largos y en, invierno, dada su situación aislada, estas montañas son azotadas por vientos fríos y heladores. En verano, por el contrario, son cumbres secas y calurosas que requieren acarrear agua abundante y protegerse del sol. Pero sea cuando sea, todo esfuerzo montañero en Guara siempre merece la pena, y más si desde arriba hay un gran precipicio como sucede en el caso de la llamada Cabeza, Tozal del Cabezo o Cabezón.

Recorrido

La ruta arranca en el pueblecito de Pedruel, a 680 metros de altitud. Una señal nos eleva en dirección oeste por un camino entre muros de piedras mientras se va ganando perspectiva sobre el valle de Rodellar. Hitos de piedra y marcas de pintura verde dirigen nuestros pasos hasta alcanzar el mojón del collado de la Carrasca que da paso al valle del Reguero y por donde se ha de cruzar para alcanzar en un par de horas la cima del monte Lacuna Alta (1.415 m), en la llamada Sierra de Arangol. Antes habremos dejado a la derecha el camino a la Peña Castilllo.

Continuamos al noroeste hacia las verdes mallatas (corrales y chozas de pastor) de Cambol y de las Cabras, dejando el corte geológico del Alcanadre a mano derecha. Nuestro pico se alza encima, con las cumbres de Cubilás y de Guara más al oeste. La senda amojonada que seguimos nos llevará a las inmediaciones del coto de caza de Bastarás, cerrado por una valla polémica. Se prosigue ladera arriba por zona despejada y se alcanza en las alturas un pozo de nieve. Cerca de la cima roma el caminante se asoma a los altos Llanos de Cupierlo, un lugar de dolinas donde se localiza la profunda sima de la Grallera Alta, con un único pozo de 280 metros de profundidad.

Finalmente se alcanza el vértice de la Cabeza de Guara (1.870 m). Bajo nuestros pies se hunde el barranco de Gorgas Negras –surcado por el río Alcanadre–, con el precipicio de las rocosas Fajanas de Lañas que está considerado como una de las mayores caídas de toda la provincia de Huesca, con 1.100 metros de desnivel casi vertical, algo tan sólo comparable a las profundidades oscenses del cañón de Añisclo desde las Puntas de Sestrales.

Castillo de los Santos

Desnivel: 250 m en descenso, que luego hay que remontar.

Distancia: 7’4 km.

Tiempo: 1 h 30 min.

Dificultad: media-baja.

Cartografía: Sierra y Cañones de Guara. Editorial Alpina. 1:40.000.

Atención: paso final aéreo pero sencillo pues está equipado con una sirga.

Más información: todos los senderos marcados por el Parque Natural de Guara están en su web.

En la sierra de Guara hay oteaderos con larga tradición histórica. Es el caso de las torres de vigilancia de la frontera cristiano musulmana del castillo de Naya –en Pedruel–, la de la Virgen de Arraro, o la del castillo de los Santos, asomado desde la Sierra de Sevil a un extenso panorama en las cornisas orientales del cañón del río Isuela, sobre los Oscuros de Balcés. Avanzadilla de la fortaleza de Alquézar, esta torre vigilaba el importante camino que venía desde Surta, Morcat y Boltaña, sobre un puntón rocoso donde todavía quedan los restos de lo que fuera un recinto religioso-militar.

Recorrido

Empezaremos a caminar en el también antiguo Mesón de Sevil, lugar de paso, refugio y hospedaje de viajeros, comerciantes y pastores trashumantes, pues por aquí discurre la cabañera del valle de Broto al Somontano. El acceso previo tendremos que efectuarlo por una pista forestal de seis kilómetros que parte de Radiquero y la aldea de San Pelegrín, remontando un barranco ancho. Junto al mesón hay un aparcamiento, y desde allí arranca un sendero bien indicado, sin apenas desnivel, que avanza entre bojes y pinos. Pasada la cabecera del barranco de los Santos enseguida veremos los restos de un torreón sobre el risco. El encinar autóctono nos envuelve hasta una corta rampa final que da acceso a un pasillo colgado equipado con una sirga. Rebasado éste, a mano izquierda, en descenso, se puede conocer la iglesia del siglo XII, con torre defensiva de dos plantas . A la derecha del paso se llega al mirador natural, en el que quedan los restos del castillo de los Santos (1.243 m) y desde donde se aprecia gran parte de Guara.

Se puede regresar al mesón de Sevil efectuando una ruta circular, lo cual nos permitirá desviarnos para conocer un árbol contemporáneo de estos vestigios históricos, un gran tejo con un perímetro de 3’5 metros en su tronco al que se le calcula una edad aproximada de 700 años.

Comentarios
1 comentario
  1. Información muy útil, muchas gracias x el artículo! sólo un pero… El nombre del río es Isuala en lugar de Isuela.

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