EXPLORANDO

Cañón del Ebro.Profunda es Castilla

Para este fin de semana os proponemos una ruta siguiendo el curso del río Ebro, para disfrutar del profundo cañón que forma en su entrada a Burgos, en la comarca del Valle de Sedano.

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El río Ebro es aún joven cuando se despide de tierras cántabras. A poco de hacerse castellano va a su encuentro, desde el sur, el Rudrón. de la unión de ambos surge un paisaje singular de cañones, hoces y escarpes. En algunos tramos el cañón llega a alcanzar los 200 metros de profundidad.

La riqueza de especies vegetales es sorprendente porque el microclima creado en el fondo de los valles permite mantener especies típicamente mediterráneas que contrastan con las especies atlánticas que encontramos en los páramos.

Los bosques de ribera, muy bien conservados, son otro de los valores naturales del entorno que han llevado recientemente a la declaración del lugar como parque natural.

Estamos en la comarca del Valle de Sedano. Además de los valores naturales, existen muchos otros alicientes para su visita: dólmenes, joyas románicas como la iglesia de Moradillo de Sedano y pueblos con arquitectura tradicional bien conservada.

ITINERARIO

Dos senderos de pequeño recorrido permiten conocer desde dentro el Cañón del Ebro: el PRC-BU-1 y el PRC-BU-2. Hemos escogido el primero de ellos que nos permitirá tener muy variadas perspectivas del Cañón, ya que lo recorremos por su interior y desde alto de los escarpes rocosos. Dejamos el vehículo en un pequeño aparcamiento situado a la entrada del pueblo de Valdelateja.

El rincón en el que está enclavado el pueblo es muy pintoresco: un cañón cerrado, el río, la arboleda que lo envuelve, y en lo alto una muestra de los farallones que nos acompañarán en toda nuestra ruta. Entramos en el pueblo y nos dirigimos hacia el puente sobre el río Rudrón donde encontraremos un cartel informativo detallado de la ruta. Cruzamos el puente y giramos a la izquierda, siguiendo las marcas pintadas que nos ayudarán a salir del pueblo en la dirección correcta.

La primera parte del recorrido es un precioso sendero que se interna en el bosque de ribera del Rudrón. Poco tiempo después, el río desemboca en el Ebro, por cuya margen derecha continuaremos. A ratos, la vegetación se aclara dándonos la posibilidad de ver las paredes del cañón. Tras una cerrada curva del río, el sendero nos conduce a un puentecillo por el que cruzaremos a la margen opuesta. Río abajo encontraremos una mini-central hidroeléctrica. El bosque es tan denso a veces que forma un verdadero túnel sobre nuestras cabezas.

A medida que nos acerquemos a Pesquera de Ebro, el valle se abre, los escarpes se suavizan y la espesa vegetación da paso a las alineaciones de chopos. Pesquera es un pueblo con mucho sabor. El conjunto urbano se encuentra bien conservado y cuenta con diversos palacios y casas señoriales, de modo que es inevitable y hasta obligatorio callejear por él.

Tras la visita cruzaremos el puente medieval sobre el Ebro. Al otro lado se halla la bonita ermita de San Antonio. Ahora debemos continuar por la carretera (prácticamente sin tráfico) unos 2,5 kilómetros. Es éste, sin duda, el tramo menos interesante de la ruta. Una indicación a Cortiguera nos marcará el punto donde debemos abandonar el asfalto para tomar la pista que sale a nuestra derecha.

Tras adentrase en el barranco de Turriente, la pista asciende hasta Cortiguera, un pueblecillo semi abandonado, de esos en los que se te cae el alma a los pies. Aunque alguna de sus casas blasonadas han sido restauradas, otras están en ruinas, como lo está la iglesia, con su tejado por el suelo y cubierta ya de vegetación. El conjunto arquitectónico debió de ser soberbio.

Salimos de Cortiguera por un camino rodeado de campos de cultivo cerealistas. Poco a poco, el camino se va acercando a la parte superior del cañón. A nuestra derecha surgen varios senderillos por los que podemos asomarnos a su mismo borde. Las vistas son magníficas, pues el Ebro ha formado aquí meandros muy pintorescos. Un poco más adelante encontraremos más puntos de observación del cañón.

Cuando el camino cambia su dirección y se dirige al sur, debemos tomar una desviación (indicada) a nuestra derecha, que nos conducirá, atravesando un encinar, a la parte superior del cañón: estamos justo encima de Valdelateja. Veremos enfrente de nosotros el cerro aislado en el que se encuentra la ermita de Santa Centola y Santa Elena.

No será difícil que divisemos en lo alto de los escarpes alguno de los numerosos buitres leonados que anidan en esta zona. El camino desciende en pronunciados zigzags para salvar el fuerte desnivel inicial, y después suaviza su pendiente hasta entrar en Valdelateja.

 

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