¡Abrígate y disfruta del invierno!

Pies calientes. Los infravalorados calcetines

Hoy día, con esta moda del “senderismo”, consistente en andar los caminos por los que transitaban nuestros abuelos con el borrico, va la gente muy despistada y ya no distinguen el invierno del verano. Repasemos conceptos básicos para calzarnos y estudiemos las mejores opciones para mantener los pies secos, calientes y, en la medida de lo posible, alejados de las temibles ampollas.

Autor: Toño Guerra Gabás | Autor: | No hay comentarios | Compartir:
Polainas y botas altas y rígidas, imprescindibles para travesías en las que la nieve hace acto de presencia.
Polainas y botas altas y rígidas, imprescindibles para travesías en las que la nieve hace acto de presencia.   Víctor Barro.

Una mañana de enero llegan a nuestra oficina de guías en el Pirineo una pareja que ha contratado una excursión con raquetas de nieve; al observar el calzado que traen, unas zapatillas de trekking medio aparentes pero zapatillas, les pregunto si tienen botas.

El chico se apresura a contestar que esto que llevan son botas de montaña. Yo le digo que no son botas, y aunque sean zapatillas buenas resultan insuficientes con la cantidad de nieve fresca, más de medio metro, que había esos días.

Inmediatamente me corrige: “Perdona, esto son botas de montaña porque así nos lo dijo el vendedor de la gran superficie deportiva donde las compramos” (¡bien informado el vendedor!). Le respondo que, por definición, las botas tienen caña alta, y que sin caña son zapatos o zapatillas, y que en cualquier caso no se puede andar con eso con la nieve por las rodillas.

Aunque porfiaron un poco más, finalmente accedieron a aceptar unas botas de préstamo y unas polainas, con cara de “no sé quién nos vende la moto, si estos o el de la tienda”. Todo acabó bien, la excursión y sus pies.

Con nieve siempre botas

Primero de todo hay que decir que en invierno, y más en presencia de nieve, hay que calzar botas y no zapatillas. Por mucha membrana impermeable que lleven, la nieve se cuela fácilmente por el cuello de la zapatilla, con lo que te encontrarás con los pies mojados y fríos en minutos. Así no puedes continuar el resto de la excursión; en días gélidos esto puede derivar en congelaciones que te llevarán a un hospital.

Tampoco suelen funcionar demasiado eficazmente las botas de verano ligeras de media caña, no son más que zapatillas gordas de escasa capacidad aislante, reducida impermeabilidad y excesiva flexibilidad. En invierno con nieve hay que utilizar botas de montaña.

La bota para invierno debe ser cálida (con una capa de fibra aislante tipo Thinsulate), impermeable y de suela rígida o semirrígida. La principal diferencia entre las botas de montaña y las de trekking reside en la rigidez de la suela, necesaria para progresar por nieve dura clavando la puntera y los bordes, y para calzar crampones, que se pueden desprender fácilmente cuando se utilizan sobre botas con suela flexible.

Como dijo el gran alpinista Yvon Chouinard: la base del equipo es un buen par de botas

Y los crampones suelen formar parte del material invernal, incluso para excursiones sencillas pero que discurren por senderos helados y laderas suaves con nieve dura. Como dijo el gran alpinista Yvon Chouinard: la base del equipo es un buen par de botas.

Los infravalorados calcetines

Se dice que en tiempos, los pastores del Pirineo entretenían sus largas jornadas en la montaña junto al ganado tejiendo medias y calcetines con la lana de sus ovejas. Dentro del sistema de capas, los calcetines constituyen una parte de la primera capa o interior, cuya misión es mantener los pies calientes y secos, evacuando la humedad.

Este sistema incluye la posibilidad de utilizar dos pares de calcetines, pudiendo ser los interiores unos sintéticos muy finos, tipo ejecutivos, bajo los calcetines principales. Cuidado con algunos calcetines finos sin forma anatómica porque se arrugan y pueden producir rozaduras.

No es buena idea ponerse dos pares de grosor medio o fuerte, pues comprimen los pies dentro de las botas –a menos que éstas sean muy grandes– impidiendo la correcta circulación de la sangre con el consiguiente enfriamiento. La arteria más grande del pie pasa por el empeine, y la presión del calzado sobre esa zona reduce el aporte de sangre, y por tanto de calor, a los pies.

La piel de los pies presenta mayor número de glándulas sudoríparas por centímetro cuadrado que el resto del cuerpo, y cada pie produce casi un litro de sudor a la semana. El enfriamiento de los pies es debido principalmente a esta humedad, pues el agua refrigera 32 veces mejor que el aire. Por tanto, uno de los cometidos importantes de los calcetines para invierno consiste en evacuar eficazmente esa humedad, alejándola de la piel.

Regreso al pasado

En cuanto a los tejidos usados en los calcetines, de entrada podemos advertir que el algodón es la peor elección posible, pues si se moja o humedece ya no se secará, se enfriará y te robará el calor. Además, la piel húmeda se reblandece y esto propicia la aparición de ampollas.

Para los amantes de las fibras naturales, la tradicional lana sigue constituyendo una opción excelente, pues sólo absorbe el 30 por ciento de su peso en humedad, contribuyendo a mantener los pies secos. A diferencia de otros materiales, es capaz de retener el calor incluso cuando está mojada.

Diversos fabricantes han vuelto a utilizarla sola o combinada con fibras sintéticas. En estos nuevos productos, la lana es delgada y suave y ya no pica como en aquellas gruesas medias de punto que nos hacía la abuela. Además, después de varios días de uso no desprende tan mal olor como sí ocurre con otras fibras sintéticas.

Actualmente los calcetines buenos no son baratos, pues se trata de productos de alta tecnología, con diseños y materiales muy estudiados presentando distintas densidades, zonas de mayor transpirabilidad o aislamiento, canales de aireación, refuerzos antidesgaste, tratamientos antibacterianos, tejidos termorregulables, zonas de compresión, corte diferenciado para cada pie, etcétera.

Combinación con fibra

Las fibras sintéticas resultan recomendables por su rápido secado. Mezcladas con lana merina o en combinaciones de fibras huecas o macizas, principalmente poliamida y poliéster bajo denominaciones como ThermoLite, Primaloft, Thermo Plus… y casi siempre con un pequeño porcentaje de elastán o lycra con objeto de aportar la necesaria elasticidad y el ajuste óptimo. Existen igualmente modelos en Polartec, similares a las prendas de forro polar, para situaciones de frío severo.

Los refuerzos de diferente densidad en el talón y la puntera, algunos también los incorporan en empeine y espinillas, prolongan su longevidad. En su construcción buscaremos que no presenten costuras o que éstas sean planas. Escoger la talla correcta asegura un ajuste que evitará arrugas y molestias diversas. Algunas marcas proporcionan hasta cinco tallas de cada modelo.

No es fácil hallar la adecuada combinación calcetín-bota porque cada pie es un mundo, por lo que no existen fórmulas universales, tampoco soluciones ni tejidos definitivos. Es necesario investigar y experimentar con tus propios pies y averiguar con qué te encuentras más cómodo y qué combinación te permite mantener los pies calientes.

Calcetines muy cálidos con botas muy aislantes pueden hacer que el pie sude más y se enfríe antes

Unos calcetines muy cálidos con botas muy aislantes pueden hacer que el pie sude más y se enfríe antes, consiguiendo un efecto contrario al buscado. Se puede evitar esto con tejidos como el Coolmax, una fibra sintética acanalada para ampliar su superficie de secado, menos térmico pero con mayor capacidad de evacuación del sudor.

Unas plantillas térmicas colocadas dentro del calzado con baterías de ion litio, que se sujetan al cuello de las botas o al cinturón, pueden ayudar a las personas cuyos pies nunca se calientan. La parte mala es su precio, de 140 a 200 euros, y que el cableado y la fijación de las baterías a veces estorban en las botas o debajo del pantalón.

Consejos vendo…

  • Si vas por la nieve, en las paradas saca los pies de ella subiéndote a una roca a fin de aumentar el periodo de impermeabilidad de las botas y reducir la pérdida de calor por conducción en contacto con la nieve.
  • Si prevés estar parado mucho rato, afloja o suelta los cordones de las botas para que circule mejor la sangre.
  • Si se te enfrían los pies, ponte el gorro. Por la cabeza se va hasta el 70 por ciento del calor que pierde el cuerpo.
  • Cuando hay nieve, las polainas o guetres son imprescindibles (exteriores o incorporadas en
    el pantalón). Éstas últimas se colocan cubriendo exteriormente el cuello de la bota, no por dentro de él.
  • En el coche, mientras viajas hacia el punto de partida de la excursión, no lleves las botas en el
    maletero, es mejor llevarlas dentro del habitáculo, y si es posible bajo el chorro de la calefacción dirigido a los pies, así no te enfriarán los pies cuando te las pongas.
  • Cuando se humedezcan, seca bien las botas por dentro metiéndo bolas de papel de periódico.
  • Si vas a dormir en refugio, cabaña o tienda, cámbiate los calcetines por unos secos y limpios. Caliéntalos antes poniéndolos bajo tu ropa, en
    contacto con el cuerpo.
  • También puedes calentarte los pies poniendo unos sobres calentadores químicos dentro de las botas aflojadas, sobre el empeine, cuando estés parado.

 

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