Mochilas para varios días

Las actividades rápidas “en el día” han desplazado los clásicos fines de semana a ritmo relajado, cargando con todo lo necesario. Las habituales pernoctas en refugios o furgonetas no precisan contenedores demasiado grandes para transportar el equipo. Sin embargo, muchas personas siguen visitando la montaña con un espíritu de autosuficiencia, llevando todo a sus espaldas, tanto en verano como en invierno. Este artículo es para ellos.

Autor: José Isidro GORDITO | No hay comentarios | Compartir:
Preparados para disfrutar de un trekking de varios días por la isla de Mallorca
Preparados para disfrutar de un trekking de varios días por la isla de Mallorca

Es verdad: el ritmo trepidante de la sociedad actual ha cambiado muchas costumbres. Entre ellas la de salir a la montaña con enormes y pesadas mochilas que contengan lo necesario para pasar una noche, un fin de semana, unos cuantos días…

La demanda ha descendido, es innegable, pero la oferta sigue existiendo porque continúa habiendo aficionados a las actividades de varias jornadas.

Se puede considerar que una mochila para varios días es aquella que tiene un litraje superior a los 45 litros. Las de menor capacidad acostumbran a estar destinadas a actividades en el día o, en volúmenes similares o ligeramente inferiores, a comprometidos periplos como escaladas a rutas alpinas que, requiriendo varias jornadas por conllevar vivacs, precisan una optimización tal que excedería los límites de este artículo.

A más días fuera de casa, mayor litraje. Pero hay que tener en cuenta que la capacidad humana para transportar cargas en relación a su tamaño no es infinita.

Transportar, llena, una mochila de más de 60-70 litros puede ser un calvario.

Un cuidadoso estudio de la ruta permitirá establecer una estrategia que contribuya a una menor fatiga y a la mejora de unos ritmos que, con mucho lastre, serán a todas luces lentos, penosos e incluso, quizás, peligrosos.

Capacidad de carga y otros requisitos

La condición principal para que una mochila sea considerada de “varios días” es su volumen para contener lo imprescindible mientras dure el periplo.

Si queremos que entre cómodamente todo lo necesario, hemos de partir de mochilas de 40 litros de capacidad, para no sobrecargar las de menor litraje, pudiendo ampliar esta capacidad hasta aproximadamente los 60 o 70 litros (más que eso será ya para actividades muy largas en las que necesitemos una total autonomía).

Algunos modelos de mochila presentan una extensión en la parte superior, que permite aumentar su capacidad de forma temporal (que suele venir indicado en la capacidad de la mochila con un +, por ejemplo 40 + 10 litros).

Esto puede ser útil para algunos casos puntuales, pero ha de estar acompañado por una seta o tapa que también sea regulable en altura, permitiendo así adaptar la mochila de forma que siga quedando equilibrada y puedas cerrarla correctamente.

Cuantos menos detalles exteriores tenga una mochila, menor posibilidad de que dificulte tu progresión en pasajes estre- chos, o se enganche entre la maleza, las rocas...
Cuantos menos detalles exteriores tenga una mochila, menor posibilidad de que dificulte tu progresión en pasajes estrechos, o se enganche entre la maleza, las rocas…

Hay, por supuesto, otros atributos que deben sumarse a la capacidad, como pueden ser la comodidad que proporcione, la adaptación a la anatomía del usuario, la robustez, la longevidad, la riqueza en accesorios y la accesibilidad al interior sin deshacer el equipaje, entre otros detalles.

Un elemento para varios días es, evidentemente, un producto pensado para transportar grandes cargas. Y eso será posible, únicamente, si la geometría y acolchado procuran un reparto de la masa en una buena superficie, sin concentrarla en puntos concretos que desemboquen en la extenuación del usuario.

Si eres muy delgado te vendrá bien un sistema de acolchado blando y denso para evitar molestias en hombros, clavículas, escápulas, vértebras, caderas, etc.

En cualquier caso pon atención a la anchura, forma y rigidez de las hombreras. Escoge la mochila que te resulte más cómoda y no necesariamente la más “bonita”.

La transpiración y circulación del aire son factores fundamentales. Observa los puntos de contacto de la mochila sobre todo con la zona de la espalda y capacidad de ventilación de los materiales (muchos fabricantes optan por introducir rejillas en los respaldos).

Un fuelle interior para que no penetre nieve o agua en caso de ventisca, compresor de pecho (la hebilla de algunos incorpora un silbato), cintas de reparto de carga, compatibilidad con un sistema de hidratación… son detalles que elevan la calidad y versatilidad de una mochila.

Tallas y dorsos regulables

La talla correcta no depende tanto de tu altura o complexión como de la longitud de tu torso. La referencia tradicional es medir desde la séptima vértebra (C7, la que sobresale de la base del cuello) hasta la cresta ilíaca, en la base de la cintura (o sea, el punto más alto de la pelvis).

Es fundamental emplear una mochila que tenga la distancia entre hombreras y región lumbar coincidentes con tu cuerpo.

Si adolece de dorso regulable, y la distancia es fija, será más ligera. Esto es importante ya que vas a llenarla de “trastos”. Pero que en una mochila superior a los 40 litros coincida la longitud del dorso con el tamaño de tu espalda (separación entre tirantes y cinturón) no es siempre fácil.

Lo más recomendable en ese caso son las regulables, que cuentan con un sistema de adaptación personalizada, aunque lo habitual es regularla una vez y no volver a modificarla.

El procedimiento más sencillo y liviano acostumbra a basarse en una estructura ajustable mediante velcros, aunque los diseñadores ofrecen variadas y complejas astucias.

El cinturón lumbar es uno de los elementos más importantes de la mochila. Encargado de transmitir la mayor parte del peso al tren inferior, reduce la masa que incide sobre la columna y los hombros.

Observa que el cinturón tenga un buen acolchado y se ajuste bien sobre tus caderas. Ciertas mochilas presentan un cinturón lumbar pivotante, que acompaña los movimientos del usuario equilibrando la carga en todo momento.

En cualquier caso, del mismo modo que si vas a adquirir vestimenta no suele quedar otro remedio que ir a la tienda, en el caso de las mochilas parece que ir a un comercio es algo obligatorio.

Para estar seguro de tu compra no dudes pedir al vendedor que te preste algo de material para cargarla y así hacerte una idea más precisa sobre su comodidad y compatibilidad con tu anatomía.

Comprueba que, incluso cargada, te permite mover bien los brazos y que el cinturón lumbar reposa sobre tus caderas, sin que la parte trasera quede demasiado baja.

MASCULINA / FEMENINA
Aunque muchas mochilas son unisex, e incluyen sistemas de ajuste que permiten adaptarlas a las distintas morfologías, también hay fabricantes que optan por ofrecer modelos masculinos y femeninos.
Las principales diferencias están en que las ideadas para la mujer suelen llevar un cinturón lumbar más ancho y adaptado a la curvatura de la cadera y la distancia entre hombreras y región lumbar suele ser más corta.
También tienen las hombreras en forma de S y en ocasiones la una correa pectoral puede regularse en altura para adaptarse a la zona del pecho (aunque esto también lo tienen muchos modelos unisex).

Accesorios

Cuantos menos detalles exteriores tenga una mochila, menor posibilidad de que dificulte tu progresión en pasajes estrechos, o se enganche entre la maleza, las rocas… Sin embargo, la presencia de algún bolsillo exterior siempre es de agradecer.

Una botella, unos guantes o el protector solar van de fábula “a mano” en un departamento que complemente los bolsillos que incorporan, por defecto, casi todas las mochilas en la parte superior.

También es habitual encontrar bolsillos de malla tanto en la parte frontal como en los laterales, útiles para llevar por ejemplo una prenda que nos pongamos o quitemos durante la actividad.

Alguna correa exterior donde transportar ciertos elementos suman capacidad de carga, y a la vez pueden servir como correas de compresión para ajustar el tamaño de la mochila cuando no la llevamos cargada al máximo.

Asimismo, las cremalleras para acceder al interior sin sacar todo el contenido de la mochila (la compartimentación inferior va muy bien para meter un saco de dormir), son interesantes complementos de una mochila de gran litraje.

Pon atención a la calidad y robustez de costuras y cremalleras. Cualquier sistema de apertura es un punto débil por el que puede comenzar a deteriorarse o por donde penetrará humedad.

Un cubremochila es un buen elemento en caso de lluvia. Algunas mochilas lo llevan de serie, pero si la que eliges no lo lleva encontrarás productos adaptados a su tamaño en cualquier comercio del sector.

Para todo el año Lo habitual es que la especialización de un producto le reste versatilidad, es decir, una mochila diseñada específicamente para una determinada actividad (ya sea trekking, alpinismo, trail running, esquí de montaña, etc) tendrá unas características que limiten su utilidad para el resto de modalidades.

Partiendo de que una mochila “para todo” no existe, a un modelo de gran litraje podemos pedirle la polivalencia necesaria como para sacarle el máximo partido a las salidas en montaña tanto en verano como en invierno.

Para ello, no puede faltarle la necesaria ventilación de la espalda que ya hemos comentado. Igualmente ha de estar confeccionada con un tejido duradero y resistente al desgarro.

Si además queremos utilizarla en las travesías con esquís de varios días, hemos de comprobar que las correas laterales son aptas para transportar las tablas y que presente una cierta impermeabilidad, al menos en la parte inferior, para poder apoyarla sobre la nieve sin que se moje el contenido. Claro que, cuantos más accesorios incluya, mayor será el peso a cargar sobre nuestras espaldas.

DISTRIBUCIÓN DE LA CARGA
En función de la actividad se pueden dar diferentes consejos para distribuir la carga, pero es evidente que acercar lo pesado al centro de gravedad del individuo debe ser la consigna más racional.
Personalmente soy de guardar al fondo lo que no vaya a utilizar hasta el final, excepto que lleve mochilas equipadas con múltiples accesos por cremallera.
Lo ligero arriba (ropa impermeable, térmica o para cambiarme). En la espalda también un poquito de ropa, evitando así que algo se clave. Pero, ojo, pues la transpiración muchas veces causa estragos (y la lluvia más aún). Para que las prendas no se mojen suelo llevarlas en bolsas estancas o de autocierre.
Cuidado también con la documentación, el dinero en papel y el material electrónico pues, a no ser que sea una mochila estanca (que suelen estar destinadas a deportes acuáticos), el agua penetra por todas partes.

José Isidro GORDITO


 
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