Entre 20 y 40 litros

Mochilas de día. Pequeñas pero matonas

Decir que la mochila es una parte imprescindible del equipo del excursionista o montañero es una perogrullada. Por muy corta que sea la actividad que se vaya a hacer, todos sabemos que hay transportar algunas cosas imprescindibles: agua, ropa, comida, mapas, botiquín… y que esto no se puede hacer con una bolsa del supermercado o una cartera de colegio, pero que tampoco necesitamos una megamochila.

Autor: Toño Guerra. Guía de Montaña | 4 comentarios | Compartir:
Una mochila grande sólo es razonable si se va a pasar varios días en régimen de autonomía
Una mochila grande sólo es razonable si se va a pasar varios días en régimen de autonomía   Víctor Barro

Hace pocos meses estuve haciendo con unos clientes una travesía por el Pirineo central. Pese a que iban a ser tres días transportábamos unas mochilas relativamente pequeñas y ligeras pues íbamos a cenar y pernoctar en refugios guardados. Es decir, llevábamos lo que llevaríamos en una salida de un día más ropa de recambio para la tarde, una sábana saco y un neceser minimalista.

El primer día alcanzamos a una chica holandesa que caminaba sola. Transportaba sobre sus hombros un enorme mochilón de unos setenta litros. Aplastada por el peso, subía lentamente y bajaba más despacio si cabe. Intrigados nos preguntamos qué llevaría en semejante mochila; si estaría haciendo el mismo recorrido que nosotros pero en completa autonomía o si se trataba de una escaladora solitaria… Hacía mucho rato que estábamos en el refugio cuando llegó ella.

A la hora de cenar bajó al comedor elegantemente ataviada con unos tejanos negros, blusa, una chaqueta de vestir muy mona, una bufanda de punto, ¡y un libraco grande y gordo de esos de mil páginas! Misterio resuelto.

Un equipo para el día

En las zonas de montaña más frecuentadas y accesibles es fácil toparse con excursionistas que están haciendo una ruta de cierta longitud y compromiso con un macuto colgado del hombro o con esa mochila que regalan comprando un pack de bebidas refrescantes.

Salta a la vista de que en ellas no transportan el equipo mínimo que exige la actividad que están llevando a cabo. ¿Y cuál es ese equipo? Apunta:

  • Gafas de sol con lentes de calidad, categoría 3 a 4
  • Guantes, excepto en verano (salvo si se va a superar altitudes de 2.800 metros)
  • Linterna frontal (las modernas de diodos son an ligeras que ya no hay excusa para no llevarla siempre en la mochila aunque no se tenga intención de caminar de noche)
  • Jersey o chaqueta de forro polar, chaqueta ligera con relleno térmico, chaqueta impermeable-transpirable ligera
  • Crema solar protectora de factor alto, superior a 25 y protector labial
  • Cantimplora o bolsa de hidratación con una capacidad de 1,5 a 2 litros
  • Manta térmica aluminizada
  • Gorro y gorra para el sol
  • Papel higiénico
  • Navaja
  • Mechero
  • Mapa de la zona y brújula (nunca uno sin el otro)
  • Altímetro (éste último se incorpora ya a muchos relojes de pulsera)
  • Comida para el día
  • Botiquín básico
  • Finalmente, teléfono móvil o radio transmisor con lista de teléfonos y frecuencias de los grupos de rescate de la zona.

Utilizar una mochila muy grande cuando no se necesita es una invitación a llenarla de cosas innecesarias

Dicho así, parece que se necesitará una mochila enorme para transportarlo todo. Nada más lejos de la realidad. La evolución de la ropa de montaña y del equipo en general, permite ahora llevar todo este equipo –y más– en una mochila de entre 20 y 25 litros, cuando hace dos o tres décadas, hubiéramos necesitado una de cuarenta o más… siempre y cuando no sigamos el ejemplo de la excursionista holandesa.

Ahora bien, además de no cargar con cosas inútiles y de llevar el “mejor” equipo –dentro, naturalmente, de nuestras posibilidades económicaspara que todo esto quepa en una mochila tan reducida es necesario saberlo colocar.

LLueve: Usa una bolsa grande de basura, colocandola en el interior de la mochila, protegerá todo el equipo

A la hora de hacer la mochila tenemos que distribuir los distintos elementos por peso y prioridad de uso. En general hay que procurar colocar los objetos de mayor peso (agua, comida, etcétera) pegados a la espalda, a la altura o por debajo de los omóplatos para dirigir la carga hacia nuestro centro de gravedad. En la parte inferior, rellenando huecos laterales y la zona posterior se sitúan las cosas que abultan pero pesan poco tales como la chaqueta impermeable, el forro polar o la chaqueta con relleno aislante (y el saco de dormir y la ropa de repuesto si tenemos pensado pasar la noche). Los objetos de uso inmediato deben mantenerse en los bolsillos de la tapa o del cinturón lumbar. Allí se pueden guardar las gafas de sol, el mapa y la brújula, crema protectora, algo para picar, la frontal o una gorra para el sol.

Para más días

Si estamos preparando una excursión de más de un día, lo primero que hay que plantearse es si vamos a necesitar ser autosuficientes o si podemos (y queremos) recurrir a los servicios que ofrece un refugio guardado o el abrigo de una cabaña, porque la cosa cambia, y mucho, como cambia dependiendo de la estación del año: como es natural, no es lo mismo planear una salida de este estilo en verano u otoño que hacerlo cuando el frío y el mal tiempo reina en las montañas; pero como esto último no entra dentro de las competencias de este artículo olvidémonos de ello.

Dentro del botiquín conviene llevar un pequeño manual de primeros auxilios, que pueden ser unas hojas fotocopiadas y reducidas.

En la actualidad, en muchas de nuestras montañas es posible caminar durante días sin necesidad de cargar con un “armario” gracias a la presencia de refugios guardados. Si vamos a utilizarlos, llama la atención lo poco que hay que añadir a la “lista de día” ya apuntada: bastará con un saco sábana, una camiseta, ropa interior de recambio, unas mallas, unos calcetines de repuesto, un paquete de toallitas húmedas, un neceser minimalista (cepillo de dientes, tubo de pasta, pastilla de jabón y toalla de microfibra, todo pequeño) y algo de cinta americana.

Bien acoplado, todo ello entrará en una mochila de 30 litros, en serio. Por el contrario, si no hay refugios donde dormir y comer (o sencillamente, no queremos utilizarlos), el equipaje aumenta considerablemente al tener que añadir la comida, el saco de dormir, una colchoneta o esterilla, un hornillo con su correspondiente carga de gas, menaje de cocina y la tienda o la funda de vivac en su caso.

Bien es cierto que la tienda y el hornillo pueden transportarse desmontados y repartidos entre varias personas, aunque sobre esto hay diferentes opiniones. Es evidente que si alguien pierde la carga de combustible, el quemador o el mechero, inevitablemente nos quedaremos sin cena caliente.

Ahorra espacios usando funda de compresión del saco para guardar la funda de vivac, ropa interior… Habrá que apretar,  claro, pero se ahorra bastante espacio.

Lo mismo pasa si se distribuye la tienda y el portador de las varillas se despista; aunque en este caso aún cabe improvisar un cobijo con el doble techo. En cualquier caso, lo que es evidente es que para una excursión de varios días en régimen de autosuficiencia necesitaremos una mochila algo más grande, de 40 o 50 litros, aunque es sorprendente lo que se puede meter en una de 35 litros si se valora con detenimiento las necesidades reales.

Eligiendo la mochila de día

  1. QUE SEA LIGERA. Más de 1.100 gramos ya es mucho para este tipo de mochilas. Busca un diseño sobrio y compacto: lo simple es lo mejor.
  2. ESPALDA. A ser posible con sistema de ventilación con canales de conducción de aire, pero sin armadura interior en las de menos de 30 litros. Mejor si dispone de una plancha extraíble de espuma de polietileno que además de acolchar la espalda sirve para sentarse sobre la hierba húmeda o la nieve. Los sistemas que, para obtener una gran aireación, separan la espalda por medio de un panel de rejilla restan demasiado espacio al compartimento principal y trasladan el peso hacia atrás, lejos de la espalda.
  3. HOMBRERAS. No deben ser demasiado gruesas aunque sí suficientemente rígidas para distribuir adecuadamente la carga.
  4. CINTURÓN. De cinta ancha con acolchado ligero. Mejor si además dispone de un par de bolsillos para tener a mano objetos pequeños como la navaja o comida para picar.
  5. CIERRE. Puede ser de cremallera o de tapa tradicional. En el primer caso hay que asegurarse de que aquella sea de calidad y esté bien cosida, porque es por donde mueren este tipo de mochilas. En el segundo es recomendable que lleve una sola cinta con clip.
  6. TALLA. Normalmente las mochilas de 40 litros para abajo se fabrican en una sola talla y no tienen sistema de regulación de la espalda. Pero por si acaso pregunta si hay más tallas y comprueba que no te quede muy grande o muy pequeña.
  7. BOLSILLOS. Conviene que disponga al menos de dos en la tapa. Uno superior plano donde guardar mapas y guías y otro interior para la documentación y las llaves. Los bolsillos laterales, cuando son planos y elásticos van bien, pero si sobresalen se enganchan con la vegetación y estorban en los pasos estrechos.
  8. COMPLEMENTOS. A pesar de lo del concepto espartano, una mochila pequeña pero polivalente debe tener un par de portapiolets o portabastones y cintas de compresión laterales. Tampoco está de más que tenga una daisy chaine (un cinta con varios ojales donde se pueden sujetar cosas). Todo esto no añade mucho peso pero da mucho servicio

Material de seguridad

Es posible que la dificultad del recorrido o la baja la experiencia de uno o varios componentes de un grupo aconseje transportar un material mínimo que permita solventar situaciones de riesgo y evitar que alguien se accidente.

No hace falta mucho, basta con:

  • Una cuerda de 20 o 30 metros y de 8 mm de diámetro.
  • Cuatro mosquetones, alguno de ellos de seguridad.
  • Tres anillos de cinta de 120 cm.
  • Dos o tres anillos de cordino de 6 o 7 mm.

Todo esto pesa alrededor de 1,6 kilogramos. Y con ello podemos montar un pasamanos, improvisar un rápel, descolgar a alguien o asegurarse mutuamente para superar una zona difícil o expuesta. Naturalmente, hay que saber utilizarlo. Y si no se sabe, hay que aprender. Lo que no podemos hacer es meternos en zonas expuestas y llevar ahí a nuestros amigos inexpertos sin tener ni idea de sistemas y técnicas de aseguramiento, porque alguien podría acabar despeñado.

Comentarios
4 comentarios
  1. Por supuesto lo de «un paquete de toallitas húmedas» sobra en cualquier equipo

  2. Madre mía qué susceptibilidad. Esta web es de un medio que consultamos principalmente montañeros/escaladores con un grado de conocimiento, pero no olvidéis que está al alcance de cualquiera. Qué problema hay con advertir en este tipo de artículos «formativos» de los riesgos que entraña estas actividades. Me parece excelente, porque hay multitud de excursionistas ocasionales que no son conscientes. Yo, desde luego, no me doy por aludido, así que no me molesta en absoluto.

  3. sí , como siempre, una de cal y otra de arena…aventurate pero si te pasa algo es por tu falta de prevision, preparacion etc.

  4. No sé… he comenzado a leer un artículo de mochilas y acaban echándote la bronca fuera de contexto. «…Y si no se sabe, hay que aprender. Lo que no podemos hacer es meternos en zonas expuestas y llevar ahí a nuestros amigos inexpertos sin tener ni idea..»

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