EXPLORANDO

La necesidad de definir qué es un grupo de rescate en montaña

Luis Rincón defiende en este artículo la necesidad de definir qué es un grupo de rescate en montaña. «En el rescate en montaña nadie ha regulado quién lo hace, ni como, ni qué debe saber, ni con qué medios materiales debe contar, ni cuáles deben ser los tiempos de respuesta…»

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Práctica en Riglos del Grupo de Rescate e Intervencion de Montaña de la Guardia Civil (GREIM).  ()
Práctica en Riglos del Grupo de Rescate e Intervencion de Montaña de la Guardia Civil (GREIM).

El 11 de abril del 2013 el BOE publica la Ley 1/2013, de 7 de marzo, de Regulación y Coordinación de los Servicios de Prevención, Extinción de Incendios y Salvamento de Aragón que, dicho llanamente, pretende coordinar y potenciar unos servicios de bomberos que actualmente, y debido a factores geográficos y poblacionales, presentan una situación atomizada y francamente mejorable. Llegado el momento de definir funciones, aparece aquello de “intervenir en operaciones de rescate y salvamento en el medio natural”, cosa que no debiera extrañar de unos servicios que llevan el “salvamento” en su nombre y en su esencia misma.

Pero empiezan a sonar las alarmas: que si el rescate en montaña lo seguirá o no haciendo este o aquel, que si un desmentido por aquí y otro por allá, que si una cosa es la competencia y otra la función, que si manifiestos de apoyo de unos  u otros… y no es de extrañar porque en este país, y sobre todo a raíz del desarrollo autonómico, bueno malo y regular hemos visto de todo.

Historia del rescate en montaña en nuestro país.

La historia es ya sabida: la necesidad surgida en la postguerra de controlar el contrabando fronterizo y de luchar contra un maquis que se refugiaba en zonas montañosas obligó a la Guardia Civil a formar miembros capaces de moverse con soltura en terreno montañoso. El auge del montañismo y la necesidad aparejada de rescatar al creciente número de accidentados -tarea que llevaron a cabo voluntarios como mejor pudieron- llevó a Félix Méndez, entonces presidente de la FEM, a impulsar en los 60 la creación de una unidad pirenaica de rescate a la imagen de la gendarmería francesa. Y así es como ya en 1967 aparecen  las primeras compañías de esquiadores-escaladores en Pirineos y Picos de Europa, reorganizadas en 1981 en lo que hoy conocemos como Servicio de Montaña de la Guardia Civil

Pero es en esos años ochenta cuando algunas Comunidades autónomas comienzan a asumir las competencias que Constitución y Estatutos les reconocían. Tras la creación de cuerpos de policía propios en País Vasco (1982) y  Cataluña (1983), aparecen los equipos de rescate en montaña de los bomberos catalanes en 1984, el de la propia Ertzaintza allá por el 1987 y el de Bomberos de Asturias en 1988, abriendo el camino a toda una serie de grupos, locales los unos, provinciales o autonómicos los otros, cuya creación desconozco si respondió a motivos políticos o a necesidades reales, y cuya profesionalidad y capacidad técnica no me corresponde cuestionar.

No hay mejor acicate que la competencia, y la aparición de estos grupos de rescate trajo aparejada la modernización de la Benemérita.

Algunas cosas buenas sí sacamos de todo aquello: no hay mejor acicate que la competencia, y la aparición de estos grupos de rescate trajo aparejada la modernización de la Benemérita, con un mejor equipamiento y un mayor cuidado a aspectos del rescate, como la atención sanitaria al accidentado, que anteriormente estaban cuando menos descuidados. Por otra parte, la implantación de estos nuevos grupos, a veces con unos recursos humanos y materiales importantes, supuso en algunos casos una mejor cobertura territorial y una disminución de los tiempos de respuesta. Pero a la vista de la multitud de convenios generados para tratar de poner algo de claridad a un entramado legislativo y competencial bastante farragoso, nadie puede negar que el panorama del rescate en montaña en nuestro país es bastante poco alentador.

Nadie ha querido definir qué es un grupo de rescate en montaña.

El debate enriquece, y no es malo preguntarse quién debe realizar el rescate en montaña, quién es más efectivo o quien presta un mejor servicio, y si después del debate se obtienen conclusiones y los gestores obran en consecuencia, mejor para todos. Pero el principal problema con el que se encontrará cualquiera que quiera responder a estas preguntas sin apasionamientos es que nadie ha querido definir qué es un grupo de rescate en montaña. Y sin esa definición, malamente se puede debatir con objetividad.

Quien sube un puerto con su bicicleta podrá contar su vida y milagros, pero la categoría (de 3ª, 2ª, 1ª o especial), función de su longitud y sus pendientes, es algo objetivo. Si quiero lo adorno, pero los datos son esos. Y quien le mete a una vía de V+ podrá contar en su blog la enorme dificultad que tenía el paso del diedro, el desplome y la fisura, pero todos saben lo que es un V+. Y sabemos la diferencia entre contar con un técnico deportivo o a un guía de montaña, que no va a ser lo mismo una cosa que la otra.

Pero en el rescate en montaña nadie ha regulado quién lo hace, ni como, ni qué debe saber, ni con qué medios materiales debe contar, ni cuáles deben ser los tiempos de respuesta… y mientras no se haga, habrá defensores acérrimos de los de la pistola o los de la manguera, de los verdes o los azules, de Belmonte o de Manolete, pero no dejarán de ser discusiones sin fundamento

Hay componentes del rescate en montaña que deben regularse, definirse, normativizarse, a saber…. Qué deben saber, qué capacidad técnica deben tener, y cada cuanto tiempo tienen que demostrar esas capacidades los rescatadores. Plan de formación tanto para el acceso como para el mantenimiento posterior. Debería clarificarse qué titulación, especialidad, y capacidades de desenvolvimiento en medio natural debe tener el personal sanitario, y si este debe ser parte integrante del equipo o un añadido. Debería regularse por la Dirección General de Aviación Civil una habilitación específica como piloto de rescate, con su formación y experiencia mínima. Fijar los requisitos técnicos, autonomía, capacidad de las aeronaves, y definir la organización (tiempo de presencia en la base, tiempo de respuesta, número mínimo de componentes del equipo, disponibilidad o no 365/24, o capacidad de reforzarse en un tiempo determinado con miembros de otras unidades

Los “grupos de rescate” podrían homologarse como de 1º, 2º o 3er nivel…

En función de esas variables, los “grupos de rescate” podrían homologarse como de 1º, 2º o 3er nivel (estrellas como los hoteles o tenedores como los restaurantes), y se tendría claro qué servicio recibimos en cada ámbito territorial. Homologación renovable cada determinado tiempo, y bajo la que incluso las distintas unidades de la Guardia Civil desplegadas por la geografía (SEREIM de Granada, GREIM de Tenerife o EREIM de Ezcaray…), que prestan un servicio dispar en función de factores como el número de agentes asignados, la disponibilidad o no de helicóptero, o el tipo de asistencia sanitaria conveniada con otros organismos, tendrían clasificaciones acordes con el servicio prestado.

El despliegue territorial sería más eficiente; incluso esa homologación podría realizarse para modalidades concretas, evitando la compra de material y el adiestramiento de personal para rescate en aludes en una zona que no pasa de los 300m sobre el nivel del mar; o especialistas y equipamiento de espeleosocorro en zonas que carecen de cavidades o simas…. Y sobre todo, cuando uno de los gestores que administran nuestros dineros decida respaldar la creación, el mantenimiento o la potenciación de determinado grupo, pueda justificarlo con números.

…hablar sobre la homologación y estandarización de grupos de rescate suena poco menos que a utopía

Parece fácil, ¿no? Pues como todo lector habrá adivinado, no lo es tanto. En un país en el que hasta el modelo de Estado está en duda, hablar sobre la homologación y estandarización de grupos de rescate suena poco menos que a utopía. Las administraciones periféricas no van a dejar que el gobierno central les diga cómo tienen que ser “sus” grupos de rescate; y las instituciones armadas no van a dejar que las civiles les digan como tienen que ser sus planes de formación o como debe habilitar a sus pilotos; y las diputaciones gobernadas por el partido blanco no van a permitir que el gobierno autonómico del partido azul les diga si pueden o no sacarse fotos delante de su helicóptero. Ninguna administración querrá comprometerse a nada. Un rescate en montaña con estándares de calidad claros no ha sido (y me temo que no lo será) una prioridad política.

Y en tanto, los montañeros en general, y los aragoneses en particular, ya curados de espanto con lo visto en otros sitios, cuando vislumbran en el horizonte la posibilidad de que alguien absorba, traspase o haga experimentos con las competencias en rescate en un sitio en el que está funcionando razonablemente bien, aunque no sepamos si es un primera categoría o un categoría especial, pues ponen el grito en el cielo, y con razón.

Y en esas andamos

Luis Rincón es Oficial responsable del GERA del Cuerpo de Bomberos de la Comunidad de Madrid.
Las opiniones vertidas en el artículo son estrictamente personales

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