Hay lugares que se conocen caminando y otros que necesitan ser contemplados desde cierta distancia para comprenderlos. Gran Canaria pertenece un poco a las dos categorías. Su relieve abrupto, surcado por profundos barrancos y grandes cuencas y salpicado de roques, calderas y macizos montañosos, adquiere una dimensión diferente cuando se observa desde alguno de los numerosos miradores repartidos por la isla.
La Red de Miradores de Gran Canaria ofrece precisamente esa posibilidad. La Sorrueda, Caldera de los Marteles, Roque Bentayga, Cruz Grande, Bandama, Pinos de Gáldar, Roque Nublo, Pico de los Pozos de la Nieve, Degollada Becerra, Degollada de las Palomas, Degollada de las Yeguas, Andén Verde, Inagua o los barrancos de Azuaje y Las Madres son solo algunos de los enclaves que forman parte de ella.
No se trata necesariamente de intentar conocerlos todos. Resulta mucho más interesante incorporarlos al viaje como lugares desde los que detenerse a interpretar el paisaje y descubrir cómo cambia la isla a medida que nos desplazamos desde la costa hacia las medianías y las cumbres, o desde los ambientes húmedos del norte hasta los áridos barrancos del sur.
La experiencia puede plantearse, además, como un viaje a pie. Gran Canaria cuenta con una amplia red de senderos que permite enlazar muchos de estos miradores, combinándolos para diseñar recorridos propios en función de la distancia, el desnivel o el tiempo disponible.
La gran panorámica de la cumbre
Para comenzar a entender la geografía de Gran Canaria hay que ganar altura. Y pocos lugares permiten hacerlo como el Pico de los Pozos de la Nieve, situado a 1.938 metros y muy próximo al punto más alto de la isla, el Morro de la Agujereada, de 1.949 metros.
Desde aquí se abre una enorme panorámica sobre buena parte del territorio insular. Hacia el oeste aparece la cuenca de Tejeda, con el Roque Nublo y el Roque Bentayga como grandes referencias del paisaje; alrededor se suceden pinares, barrancos y macizos montañosos y, cuando las condiciones son favorables, la mirada alcanza Tenerife y la silueta del Teide.
Es uno de esos lugares en los que resulta evidente hasta qué punto la erosión ha dado forma a Gran Canaria. Las grandes cuencas que descienden desde el centro de la isla, las crestas y los barrancos dibujan un territorio que parece mucho mayor de lo que indican sus dimensiones.
Degollada de Becerra: frente a los gigantes de piedra
Muy cerca encontramos otro de los miradores esenciales de la zona central: Degollada de Becerra, situado entre los municipios de Vega de San Mateo y Tejeda y en plena Reserva de la Biosfera.
La panorámica se abre aquí directamente sobre la cuenca de Tejeda. Frente al visitante aparecen el Roque Nublo y el Roque Bentayga, dos de las grandes formaciones volcánicas que identifican el paisaje del interior de Gran Canaria. Además, su Centro de Visitantes permite profundizar en la formación geológica de la isla, su biodiversidad y las formas de vida tradicionales vinculadas a estas montañas.
Pinos de Gáldar: volcanes, pinar y mar de nubes
El paisaje vuelve a cambiar al desplazarnos hacia el norte. A 1.546 metros de altitud, el Mirador de Pinos de Gáldar se encuentra en el entorno de Montañón Negro, una de las zonas que mejor permiten acercarse al pasado volcánico relativamente reciente de Gran Canaria.
Desde el mirador se contempla la Caldera de Pinos de Gáldar y, dependiendo de las condiciones meteorológicas, uno de los fenómenos más característicos de las zonas altas de Canarias: el mar de nubes.
Los vientos alisios empujan la humedad contra el relieve del norte y pueden dejar las medianías cubiertas bajo un manto de nubes mientras las zonas superiores permanecen despejadas. El resultado transforma completamente el paisaje.
Degollada de las Yeguas: asomarse al gran barranco de Fataga
Desde la humedad del norte podemos saltar a un paisaje radicalmente distinto. El Mirador de la Degollada de las Yeguas, situado en el borde occidental del macizo de Amurga, se asoma al espectacular Barranco de Fataga.
Aquí predominan los tonos ocres y rojizos y la vegetación adaptada a condiciones mucho más secas. Tabaibas y cardones colonizan unas laderas excavadas sobre antiguas coladas volcánicas mientras, en el fondo del barranco, aparecen las palmeras canarias.
Es un buen ejemplo de por qué Gran Canaria ha sido definida tantas veces como un pequeño continente. En unas pocas decenas de kilómetros hemos pasado de los pinares y las nubes de las vertientes septentrionales a un ambiente prácticamente semidesértico.
Además, el paisaje conserva huellas de una larga presencia humana. Desde el mirador se distingue el entorno de Arteara, donde se encuentra una importante necrópolis prehispánica formada por centenares de estructuras funerarias.
Y el viaje puede continuar desde aquí hacia Fataga y San Bartolomé de Tirajana, enlazando la contemplación del paisaje con la visita a los pueblos del interior.
El Balcón: donde la montaña se precipita al océano
En el oeste de Gran Canaria la relación entre montaña y mar alcanza otra escala. El Mirador del Balcón, en el municipio de La Aldea de San Nicolás, se encuentra literalmente colgado sobre los grandes acantilados que dominan esta parte de la costa.
Aquí el protagonista es el Atlántico. Las montañas se precipitan hacia el océano formando una sucesión de crestas que, vistas en perspectiva, dibujan uno de los perfiles más reconocibles del litoral occidental.
Es también un enclave especialmente interesante al final de la jornada. La orientación hacia poniente permite contemplar cómo el sol desaparece sobre el mar y, después, aprovechar la oscuridad de una zona alejada de los principales núcleos urbanos.
Miradores que también son puntos de partida o de llegada
La propuesta no tiene por qué limitarse a llegar en coche, contemplar el paisaje y continuar. Muchos de estos lugares se encuentran conectados con la extensa red de caminos de Gran Canaria y pueden convertirse en el inicio, el final o simplemente una parada dentro de una jornada de senderismo.
Otros miradores ayudan a descubrir territorios menos conocidos. Los de Barranco de Azuaje y Barranco de Las Madres acercan a los paisajes más verdes del norte; Caldera de los Marteles permite observar otro de los grandes escenarios volcánicos del interior; Inagua nos introduce en los pinares del oeste, mientras que Las Tederas ofrece una panorámica sobre la Caldera de Tirajana, sus pueblos, palmerales, cultivos y arquitectura tradicional.
La red llega incluso al litoral, con enclaves como Playa de La Garita, Taliarte, Salinetas o Tufia, demostrando que observar Gran Canaria desde un mirador no significa necesariamente estar en la montaña.
Cuando cae la noche
Hay otra Gran Canaria que comienza precisamente cuando termina el día. La isla cuenta con la certificación de Destino Turístico Starlight, y varios de sus miradores están acondicionados específicamente para la observación astronómica.
El Pico de los Pozos de la Nieve es uno de los más espectaculares. Su altitud, cercana a los 2.000 metros, permite situarse con frecuencia por encima del mar de nubes y contemplar un cielo especialmente limpio. Desde aquí pueden observarse estrellas y constelaciones del hemisferio sur que resultan muy difíciles o imposibles de ver desde la Europa continental.
Merece la pena incluir alguna visita nocturna dentro de un recorrido por los miradores. La misma montaña contemplada unas horas antes cambia completamente cuando desaparecen las referencias del paisaje y la mirada se dirige hacia arriba.
Sin reloj, pero con tiempo para detenerse a mirar
Recorrer los miradores puede convertirse por sí solo en una forma de organizar un viaje por Gran Canaria. No hace falta acumular lugares. Al contrario: probablemente la mejor estrategia sea escoger una zona cada día y combinar algunos de sus balcones naturales con pequeñas caminatas, pueblos y espacios protegidos.
Una jornada puede recorrer las cumbres y la cuenca de Tejeda; otra descender hacia los barrancos del sur; otra seguir el accidentado oeste hasta encontrarse con el Atlántico, y otra adentrarse en los paisajes más húmedos del norte.
El resultado es una Gran Canaria muy diferente de la que se descubre permaneciendo únicamente junto al litoral. En una isla donde barrancos, volcanes, pinares, pueblos y océano se suceden en distancias sorprendentemente pequeñas, mirar desde arriba puede ser una de las mejores maneras de empezar a conocerla.
Más información en la Red de Miradores de la web oficial de Turismo de Gran Canaria y en www.grancanaria.com


















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